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lunes, 17 de abril de 2017

Ana Morilla y Miguel Á. Cáliz



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 Libertinos, pornógrafos e ilustrados se asoman a los misterios del sexo.

    
La editorial granadina, Traspiés, publica Libertinos, pornógrafos e ilustrados, de Ana Morilla y Miguel Á. Cáliz

¿Qué debemos leer?

       La curiosidad puede/debe llevar a los lectores a abrir las páginas de un curioso libro de título tan sugerente como atractivo, Libertinos, pornógrafos e ilustrados (2017), que Ana Morilla Palacios y Miguel Á. Cáliz publican con esa innegable premisa que afirma cómo desde el principio de todos los tiempos el erotismo ha formado una parte importante y singular de las cultura y de la vida social del ser humano. Y para su propósito se empeñan en ilustrar, de manera doble, con abundantes datos e ilustraciones de época, su tratado que viene a resumir que durante el siglo XVIII tanto la sexualidad como la pornografía se entendieron como una estrategia de liberación y desde la clandestinidad, el anonimato o, incluso, desde la cárcel se produjeron docenas de obras que cambiaron la mentalidad de los europeos, y no solo por el atrevimiento moral sino porque iban unidas a unas ideas de cambio que propugnaba la Ilustración.


Siglo XVIII hasta hoy

       La forma de entender la sexualidad en la actualidad, según los autores, debe mucho a aquellos aventurados escritores libertinos y ese imaginario erótico que, sin pudor alguno, hoy nos muestran los medios de comunicación y la industria del entretenimiento estaría emparentado con aquellos ilustradores que se aventuraron a tan libertinas estampas. El libro realiza un recorrido cronológico desde la antigüedad para situar la aparición de aquellos escritores libertinos en la Francia del XVIII. Las razones, las formas y los impulsores de un movimiento artístico y moral que contribuyó a la divulgación de los valores de la Ilustración, y cambió las costumbres de toda Europa en apenas unas décadas. No es un libro pornográfico, y pese a su brevedad ofrece un compendio ameno, divulgativo e ilustrado sobre literatura erótica que los autores sitúan en la Antigüedad para centrarse en el siglo XVIII, y en algunos de sus principales impulsores: Diderot, Sade, Casanova, Choderlos de Laclos, Restif de la Bretonne, o John Cleland. Escrito con absoluto rigor, aporta datos y con mucho sentido del humor.
       Según leemos, parece que los griegos atribuyeron a Astianasa, esclava de Helena de Troya, uno de los primeros manuales de erotología, y a Fileanis de Samos un tratado erótico. Otra autora utilizó el pseudónimo de Elefantis para sus textos pornográficos ilustrados.


Clásicos

       El pensamiento neoplatónico cristiano en la Edad Media supuso un profundo cambio, una represión de toda sexualidad que no condujera a la procreación dentro del matrimonio, se ensalzaba la castidad y se recomendaba la abstinencia; pero Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, en su Libro de buen amor, afirmaba que, “el mundo por dos cosas trabaja: la primera por aver mantenencia; la otra era por aver juntamiento con fembra placentera”.
       Y otras obras como el Decameron de Boccaccio o Los cuentos de Canterbury de Chaucer están llenas de escenas eróticas, y su mundo compuesto por prostitutas y alcahuetas, mujeres adúlteras, maridos cornudos, frailes y monjas fornicadoras.


El siglo XIX y XX

       Durante el XIX y a comienzos del XX numerosos creadores dieron rienda suelta a su imaginación erótica, y según Morilla y Cáliz, con obras que, de alguna manera, pretendían esa abolición de los tabúes y con sus textos rechazaban las prohibiciones. El libro Libertinos, pornógrafos e ilustrados, termina su recorrido con este breve apunte y señala que una obra, best seller, como 50 sombras de Grey, de E. L. James no es un referente aconsejable para un género que forma parte de la humanidad desde el principio de los tiempos, porque muchos autores escribieron sobre él sin tapujos ni prejuicios; y, salvando las distancias, en la literatura erótica todo está dicho desde hace milenios.

Los autores

       Ana Morilla es doctora en Teoría de la Literatura y máster en Estudios Literarios. Dirige la editorial Artificios, y fue directora de la Escuela de Escritores Valparaíso de Granada, subdirectora de la revista Garnata de divulgación de la historia, y coordinadora del Aula de Cultura del diario Ideal de Granada. Ha publicado diversos trabajos de investigación literaria y artículos de divulgación. Relatos suyos se han incluido en numerosas antologías.

       Miguel Á. Cáliz ha recibido el I Premio de Narrativa Carmen Martín Gaite por la novela La felicidad en blíster (2016). Ha publicado los libros de relatos Inventario (2003) y Rupturas y ambiciones (2011), así como la novela Horas para Wallada (2009). Sus relatos están incluidos en numerosas antologías, como Relatos para leer en el autobús o Pirañas, antología del microrrelato en España.








Ana Morilla y Miguel Á. Cáliz; Libertinos, pornógrafos e ilustrados; Granada, Traspiés, 2017; (Col., Cardinales); 124 págs.

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