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jueves, 20 de abril de 2017

Joaquín Pérez Azaústre



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UNA GRAN MENTIRA
              
       La primera novela de Joaquín Pérez Azaústre (Córdoba, 1976) América (2004) corroboraba, una vez más, que el interés por la denominada «generación perdida» ofrece aún la suficiente materia narrativa para desentrañar pizcas de esa atmósfera literaria de la América del jazz y del glamour. Su segunda novela,  El gran Felton (2005), procede de buena parte de aquella primera entrega porque recupera un personaje secundario como Robert Felton, cuya sombra se proyecta ahora sobre la historia que se nos quiere contar, es decir, prolonga aún más esa mirada minimalista sobre la generación que fascina a Pérez Azaústre y a cuya cabeza se encuentran autores como Scott Fitzgerald o Hemingway.
       El gran Felton es una novela sobre literatura porque el narrador es un joven escritor que recibe el encargo de reconstruir la vida de este siniestro personaje, su relación con la novela El último magnate y las peripecias en torno a su amistad con Scott Fitzgerald, autor de la novela y  sobre quien se apunta un posible misterio: el supuesto engaño entorno a su muerte ocurrida, como es sabido, en 1940 y la posible falsa identidad adquirida por el agotado autor que se prolongaría hasta 1992, bajo el seudónimo de Richard Yates. Todo el relato gira en torno al final de la novela inacabada del escritor de la era del jazz, la búsqueda y las pesquisas a las que se somete Bruno Díaz, una especie de detective privado especializado en asuntos literarios, contratado por Roberto Lara para investigar que fue del enigmático Robert Felton y la continuación del manuescrito.
       El discurso que elabora Juan, alias Bronson, el narrador se mezcla con numerosos textos reproducidos que añaden luz al misterio, sobre todo casi al final cuando Bruno Díaz y Laura King, hija del escritor Joseph King, entablan una larga conversación en Nueva York hasta donde ha viajado Bruno y reaparecen en la escena, magistralmente ambientada, cartas, entrevistas, crónicas y semblanzas de los amigos del padre de Laura, albacea hasta su muerte de los poemas de Felton. El texto gana en profundidad por la multiplicidad de perspectivas narrativas y, sobre todo, porque Pérez Azaústre crea, entre otros, personajes, como Roberto Lara, para multiplicar un relato que se acerca, y bien, a escenas de la mejor cinematografía negra y que recuerdan, en el mismo texto, a Hammett, Chandler o a Cheever, añadiendo así una trama más compleja a su novela que se aparta de esa simple indagación inicial para realizar un verdadero ejercicio de buena literatura porque ha sido capaz de construir con eficacia toda una gran mentira.




EL GRAN FELTON
Joaquín Pérez Azaústre
Barcelona, Seix-Barral, 2006


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