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martes, 4 de abril de 2017

Ignacio Martínez de Pisón



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UNA VERDAD

       Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) ilumina, con una asombrosa agilidad narrativa, uno más de esos capítulos oscuros de nuestro pasado reciente y ofrece, en un rompecabezas que irá armando a lo largo de su relato, la reconstrucción de la misteriosa desaparición de José Robles Pazos, un republicano ferviente, que transcurridos unos meses  de la contienda será detenido y posteriormente fusilado sin dejar rastro. Con Enterrar a los muertos (2005), Martínez de Pisón, encamina su obra literaria a ese concepto de novela-reportaje que incluye buena parte de dosis documental y algo menos de ficción para restaurar y justificar una historia que de otra manera no sería posible. Así lo expresa el propio autor cuando afirma haber descubierto en un libro de finales de los setenta la relación entre el norteamericano John Dos Passos y el español José Robles Pazos. El libro se titula, Rocinante pierde el camino, uno de los primeros textos que el matrimonio Robles-Villegas vertiera del inglés al castellano. La historia se remonta al primer encuentro de Dos Passos y Robles ocurrida en el invierno de 1916.
       Dos líneas de investigación establece Martínez de Pisón a la hora de relatar el destino trágico del intelectual español,  profesor a los veinticuatro años en la prestigiosa universidad Johns Hopkins, de Baltimore, desde donde continuará a lo largo de dos décadas su amistad con Dos Passos y otros prestigiosos críticos y profesores del momento. Por una parte desentrañar los motivos del gobierno de la República para hacer desaparecer a su colaborador y de otra acompañar al norteamericano en sus pesquisas para esclarecer los motivos de semejante atrocidad. Paralelamente, el escritor reconstruye, paso a paso, los entresijos de una red de conspiraciones dentro del aparato gubernamental en manos entonces de escisiones idealistas que propugnaron una purga dentro de los partidos afiliados, constatando el espectáculo vergonzoso que ofrecían entonces las familias comunistas, marxistas, estalinistas, troskistas o anarquistas, vigilados bajo la atenta mirada de la NKVD que, como afirma Martínez de Pisón, campeaba a sus anchas con absoluta libertad. Otra de las claves del relato se concreta en la amistad Hemingway-Dos Passos, rota para siempre por la actitud del primero con respecto a Robles y el desencanto del segundo por la causa comunista, actitud que le llevará a un recelo posterior sobre la izquierda norteamericana.
       En esta crónica se reconstruye de una forma inteligente, en una acertada impostura, contada en una primera persona sabiamente ausente, el mundo de las relaciones personales de no pocos nombres conocidos que irán desfilando por estas páginas, desde la sombra de Antonio Machado o Constancia de Mora, los papeles que desempeñaron Rafael Alberti y María Teresa León, incluso Ricardo Muñoz Suay o los norteamericanos Edmund Wilson y Malcolm Cowley. Finalmente, Martínez de Pisón se compromete con su libro, Enterrar a los muertos, a una simple justificación como la que se le supone a iluminar el valor de una memoria, frente a esa rotunda frase puesta en boca del propio Hemingway ante la negativa de Dos Passos de cejar en su propósito de esclarecer la desaparición del amigo de juventud, «¿Qué es la vida de un hombre en un momento como éste?». Tal vez nada, salvo el mérito de restablecer una verdad.









ENTERRAR A LOS MUERTOS
Ignacio Martínez de Pisón
Seix-Barral, Barcelona, 2005

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