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lunes, 10 de abril de 2017

Javier Cercas



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UNA SERENA TRISTEZA
      
       Un escritor siempre escribe sobre un personaje, o quizá sobre otros, para simular, de alguna manera, hablar de uno mismo y esto es lo que Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) acaba de hacer en La velocidad de la luz (2005), una novela esperada tras el éxito de Soldados de Salamina (2001). En este nuevo relato se nos cuenta, en primera persona, el proceso de una escritura porque su protagonista es un universitario que tiene aspiraciones de escritor y vive una experiencia en un campus universitario norteamericano que lo acompañará el resto de su vida. Quizá por esta extraña circunstancia se cuente el inicio de la construcción de una vida dedicada a la ficción hasta ese punto mismo en que la vida emerge por encima del proceso posterior de la escritura, cuando el joven conoce en Urbana (pequeña ciudad de Estados Unidos) a un compañero de seminario, Rodney Falk, con el que vivirá la edificante experiencia de ser el depositario de sus vivencias en Vietnam sin que un final comprensible o el posterior desarrollo queden aclarados tras su regreso a España.
       La velocidad de la luz contiene buena parte de los elementos de El inquilino (1989), de El vientre de la ballena (1997), dos de las primeras entregas de Cercas, y de Soldados de Salamina, sobre todo de este último relato porque como en aquella historia hay un escritor, un proceso creativo, casi documental, y una guerra de fondo, y, aunque median años entre nuestra guerra civil y la sangrante guerra de Vietnam, los resultados de una y otra resultan demoledores. En ambas existen vencedores y vencidos, pero la diferencia estriba en que mientras en nuestra contienda la solución quedó, en manos de Cercas, y éste opta por un perdón, en el segundo caso, los héroes se tiñeron de sangre y se incorporaron pronto a una sociedad de total degradación. Una vez transcurridos más de quince años, y siguiendo el hilo del relato, cuando el protagonista se ha convertido en un autor de éxito y ha creado su propia familia, vuelve a encontrarse con Rodney porque éste ha venido hasta España en busca del antiguo confidente, para verse en Madrid. Pero sólo en un revés de su propia vida, el joven escritor que había interrumpido su novela, decide volver a Urbana para terminar de reconstruir los datos sobre esas circunstancias oscuras en a su amigo y a la guerra, para poder así acabar una novela que de otra manera no sería posible. En realidad, Cercas escribe el relato de su amigo y de sus propias vivencias en ese hilo común en que se sitúan ambas historias marcadas por el sentido trágico de una existencia más allá de la conveniencia de subsistir y poco más. Tal vez porque lo que pretende expresar el extremeño es esa ambivalencia que se nos supone a las acciones humanas y que no tienen sentido salvo por el poder que el escritor le otorga a la palabra y porque La velocidad de la luz es un libro bien escrito, plagado de verosimilitud en el mensaje y en la expresión misma, como suele ocurrir con los buenos proyectos narrativos y éste es uno de ellos, en uno de los mejores ejemplos que podemos encontrar en la narrativa española contemporánea.







LA VELOCIDAD DE LA LUZ
Javier Cercas
Barcelona, Tusquets, 2005

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