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martes, 28 de octubre de 2014

Eduardo Berti


R
Rebeldía
“No hay animal tan manso que atado no se irrite”.
                                               Concepción Arenal


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La vida imposible


     Cualquier escritor es susceptible de llevar una doble vida, de cuantificar todas las realidades posibles, vivir en un mundo paralelo con simétricos o inversos conceptos que le lleven a ensayar textos de un alto valor expresivo. Sobre la imaginación de Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) se ha escrito que discurre libremente por los territorios que le importan, y tal vez su particular geografía sea una excusa o, también, una forma de parodiar obsesiones donde el humor, la ironía y la parodia pugnan para hacer la vida (im) posible. Heredero de Cortázar, Wilcock, Calvino, Piñera, o Buzzati y de otros escritores fundamentales en sus años de formación como lector, cuyas obras juegan con los límites entre lo real y lo fantástico. La diferencia es que el argentino realiza un uso intelectual, nunca “emocional”, de lo fantástico: como juego, como ironía, pero también como metáfora de los fantasmas, de los temores y de los deseos del hombre actual.
          La vida para Berti es mucho más compleja y más inasible de lo que muchas veces por una excesiva comodidad, incluso por cierta pereza en no molestarnos, e incluso por esa precaución que siempre nos depara el destino,  llegamos a ver.  Detrás de cada rutina particular se percibe, o puede estar agazapado algo de lo más singular, o lo más excepcional, incluso “lo inolvidable” como titularía uno de sus libros. El humor, la ironía, las paradojas y lo absurdo conviven sin problemas en el centenar de minificciones de La vida imposible (2014), un relato que le gustó para titular el libro porque, según el propio autor, “se opone a la idea de vida posible, a la norma”. Los microcuentos que tienen, entre otras cualidades, esa facilidad de “romper los límites de lo verosímil y de aplicar una mirada extraña” ante el mundo que lo rodea, han ido creciendo desde que el libro se publicara, originariamente en Argentina (2002), y a la nueva edición de Páginas de Espuma incorpora las Ramonerías, un total de 208, que Berti escribió hace años, inspiradas en las greguerías de Ramón Gómez de la Serna y que solo habían visto la luz en Francia en una edición bilingüe. Berti estructura sus textos de una forma invariable, y a eso se añade que los lugares de la acción son infinitos, discurren entre Madrid y Munich, o nos llevan a Hawai y descansamos en Montecarlo. En la mayoría de estos relatos se descubre, o ha ocurrido algo sorprendente que llama la atención del lector, aunque sus consecuencias, o la explicación del fenómeno esgrimida por el argentino, nunca pueden ser expresados en términos de lógica pura; se inscriben en un calculado caos y quienes protagonizan estos relatos, resultan víctimas de las circunstancias, y en el mejor de los casos, el sentido común y cotidiano, ha dejado de funcionar, solo es posible adaptarse o sobrevivir. La imaginación del narrador argentino discurre libremente por esos territorios que le son familiares y, al tiempo, interesan al lector, es decir, cine, artes plásticas o el periodismo cotidiano, otorgando a sus temas una dimensión que los convierte en buena literatura, a lo que añade una prosa tan fluida como vigorosa en el trazo, precisa y sin concesiones a lo fácil o lo expresivo, tan simétrica como solo es capaz de mostrar el desorden de la imaginaria lógica.











La vida imposible
Eduardo Berti
Madrid, Páginas de Espuma, 2014



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