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viernes, 24 de octubre de 2014

Irene Andres-Suárez



P
Pasión
“todas las pasiones son buenas cuando uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan”.
                                                       Jean Jacques Rousseau


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MICRORRELATO ESPAÑOL: UNA ESTÉTICA DE LA ELIPSIS



      Cuando hablamos de microrrelato —afirma Andres-Suárez— nos referimos a un microtexto narrativo en prosa de condición ficcional, que remite a una condición imaginaria del universo, sustentado por la narratividad, que permite distinguirlo de otras modalidades en prosa breves. El microrrelato español. Una estética de la elipsis (2010), de Irene Andres-Suárez, catedrática de Literatura de la Universidad de Neuchâtel, propone un repaso pormenorizado del género, plantea el «estado de la cuestión» y, añade, la «definición», «concepto», «genealogía» y «desarrollo», o la mínima expresión: intertextualidad, fantasía y humor. Además de esas formas fronterizas que han caracterizado al género con respecto al teatro, el diálogo en prosa o el ensayo. El libro se estructura en: «Historia y teoría», al que pertenecen los apartados expuestos, prácticamente la primera parte del ensayo, y en: «Autores y obras», recoge lo más característico de cuentistas de sobrado prestigio, con un pormenorizado y aclaratorio estudio sobre el narrador, y su estética acerca de lo breve, con ejemplos de su obra. Los autores estudiados: Antonio Fernández Molina, Javier Tomeo, Luis Mateo Díez, Juan José Millás, José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Julia Otxoa, Hipólito G. Navarro y Ángel Olgoso.
     Antonio Fernández Molina (1927-2005) vinculado, desde sus orígenes, al postismo y el surrealismo. En sus primeros libros los textos apenas tienen una página, su producción se haya muy dispersa, se resume en Sombras chinescas (1992), donde se recogen la mayoría de sus libros publicados, y añade «Confidencias de un personaje», secuencias breves separadas por un asterisco. Javier Tomeo (Quincena, Huesca, 1932), es uno de los primeros escritores españoles que, consciente y deliberadamente, escribió libros compuestos por microrrelatos: Bestiario (1988), Historias mínimas (1988), pero lo fundamental en su obra corta o extensa, es un magma en permanente ebullición, donde se funden géneros literarios múltiples: brevedad, humor, ironía y sátira caracterizan a un mundo de fábula y mito totalmente reciclados. Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) estimuló con Los males menores (1993) una afición a lo hiperbreve, un libro con dos partes desiguales, una de treinta y seis textos que habían aparecido en publicaciones anteriores, suponen una toma de conciencia, cuando el mismo autor define esta modalidad discursiva, «la extrema contención (del microrrelato) lo diferencia del cuento, su capacidad de significación lo acerca a la fábula (...) o a la poesía, siempre dentro de la intensidad narrativa». 


    El componente humorístico es consustancial a su producción, como el realismo metafórico, con dosis de imprevisible/ misterioso. Juan José Millás (Valencia, 1946), aúna en su literatura, cartas, fragmentos de diarios, argumentos de películas, informes, resúmenes de todo tipo, cuya visión fronteriza trasciende a cualquier clasificación sobre el género narrativo, que al valenciano le sirve para expresar su actitud ante la complejidad del mundo actual. Fernando Valls calificaba su producción de artículo/cuento/fábula/novela/periodismo/literatura, una especie de regeneración para el conjunto que se remonta a 1990, cuando inicia sus colaboraciones en prensa, con formas textuales diversas que abarcarían todo tipo de divisiones y que recogerá en Algo que te concierne (1995), Cuentos a la intemperie (1997), Cuerpo y prótesis (2000), Articuentos (2001) y Hay algo que no es como me dicen (2004). Los «nanocuentos» de José María Merino (La Coruña, 1941), que, el autor, había comenzado a escribir «por experimentar, de poner a prueba», datan de 1990. En Días imaginarios (2002) integró una docena de micro, más tarde en Cuentos del libro de la noche (2005) amplia su visión y compone un libro completo de microtextos, y La glorieta de los fugitivos (2007), recoge una amplia selección de sus microrrelatos hasta el momento. En Merino conviene recordar su interés por lo fantástico, cuyas manifestaciones en este país se remontan a la década de los sesenta aunque su desarrollo no llegaría hasta los ochenta, y en cuyo trasfondo se encontraban autores como Borges, Felisberto Hernández o Cortázar. Lo fantástico le sirve al autor para revelar lo extraño, o para contemplar la realidad desde un ángulo de visión insólita y familiarmente convierte esa extrañeza en algo cotidiano, normal, certero para percibir y comprender la realidad. En igual medida utiliza el sueño, con variantes: el sueño como premonición, la frontera sueño-vigilia, la imposibilidad de trasladar a la vigilia lo experimentado en el sueño, o las sorprendentes metamorfosis y sensaciones vividas en el mismo. Juan Pedro Aparicio (León, 1941) siempre mostró interés por el cuento brevísimo y en el prólogo a La mitad del diablo (2006), compuesto de microtextos, afirmaba que ya en, El origen del mono (1975), había descartado algunos cuentos por su brevedad. Después publicaría, El juego del diábolo (2008), complemento del anterior, forma parte de un proyecto de libro de 666 textos, cifra que simboliza el Maligno. Lo característico de Aparicio es que mezcla microrrelato, fábula, parábola, anécdota, escenas diversas, casi microensayos y estampas. Julia Otxoa (San Sebastián, 1953) ha cultivado, básicamente, la poesía aunque en estos últimos años ha afianzado su labor en el relato breve, Kískili-Káskala (1994), Un león en la cocina (1999), La sombra del espantapájaros (2004), o el más reciente, Un extraño envío (Relatos breves) (2006). En su obra confluyen corrientes artísticas diversas: surrealismo, literatura del absurdo, el existencialismo, aunque no haya seguido fielmente ninguno de esos modelos y, más bien, integra técnicas y recursos propios, un ejercicio de escritura como una mirada múltiple sobre lo narrado. Para Otxoa, las formas de la brevedad son representativas de nuestro tiempo convulso, es decir, la estética del escepticismo y la ironía. Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961), practica el relato breve, casi el micro desde hace varias décadas y desde sus inicios: El cielo está López (1990), Manías y melomanías mismamente (1992), Relatos mínimos (1996), El aburrimiento, Lester (1996), Los tigres albinos (2000), Sucedáneo, pez volador y otros cuentos (2005), y Los últimos percances (2005). La crítica ha calificado al autor como un «transgresor, rupturista e irreverencioso, muy proclive a la experimentación lingüística y técnica, algo que lo convierte en un escritor atípico e inclasificable». Sus cuentos se articulan en secuencias, separadas por espacios tipográficos, asteriscos o números que adquieren un grado de autonomía y, ostentan así, un carácter fragmentario o de puzzle. Sin embargo, en Hipólito G. Navarro, el lenguaje se convierte en «personaje principal» por esa experimentación ensayada, o como suele afirmar el narrador, «... pretendo que todo suceda dentro de los márgenes del lenguaje, y no fuera». En otras ocasiones, su experimentación le lleva a inventar discursos totalmente surrealistas, añade juegos lingüísticos. Ángel Olgoso (Cúllar Vega, Granada, 1961) está considerado un maestro de la brevedad. Tres libros ha publicado con microrrelatos, cuya maestría, queda puesta de manifiesto: Cuentos de otro mundo (2003), Astrolabio (2007) y La máquina de languidecer (2009). Dedica sus esfuerzos al relato hiperbreve y se muestra original, su perfección se sitúa en la línea de aquellos autores que no han necesitado cultivar la extensión para ser reconocidos como grandes: Borges o Chéjov. El mismo narrador señala que, «desde siempre he estado abocado a la brevedad, por carácter, por afición, por convicción y por una elemental cortesía hacia el lector». Son frecuentes en sus relatos las fábulas, los juegos lingüísticos basados en frases hechas, diálogos dramáticos y textos burlescos y satíricos, aunque abunda en su obra la literatura fantástica, con una inclinación al mundo onírico y el terror. 









EL MICRORRELATO ESPAÑOL
Irene Andres-Suárez
Una estética de la elipsis
Palencia, Menoscuarto, 2010.
 

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