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lunes, 20 de octubre de 2014

TRAVESÍAS


CAFÉS LITERARIOS

     El tiempo, los hábitos, la tecnología o las horas dedicadas a las redes sociales han cambiado los intereses o las percepciones de nuestra vida cotidiana, raramente acudimos a tomar un café y prolongar ese deleite con una amena charla que derive en cuestiones interesantes. Actitud que ha motivado el abandono de los cafés-literarios, lugares que mantienen su esencia y sus mesas, donde tertulianos debaten o cuestionan aspectos culturales y sociales. Algunos de esos cafés conservan ese sabor añejo de la Historia de un país tertuliano, capaz de mezclar cafeína y cultura. En 1888 abría sus puertas, en la  mismísima Plaza del Castillo, el Café Iruña de Pamplona. Hemingway tenía allí uno de sus rincones favoritos. Desde finales del XIX y comienzos del XX, el Café Gijón, se convirtió en el auténtico epicentro cultural de la capital: Valle-Inclán, Ramón y Cajal o García Lorca lo frecuentaron, aunque durante el franquismo Cela lo convirtió en uno de los habituales de tertulias literarias que congregaban a escritores y bohemios de la época. Menos conocido El Comercial, situado en la Glorieta de Bilbao, donde Blas de Otero y José Hierro fueron asiduos, y aun hoy puede verse por allí a Arturo Pérez Reverte. Fundado en 1905, el Café Novelty reunió a intelectuales y a universitarios, y presume que en una de sus mesas se fundó la Unión Deportiva de Salamanca en 1923, y Laín Entralgo, Ridruejo y Foxá, Radio Nacional de España en 1936. Gonzalo Torrente Ballester preside, en estatua y a tamaño natural, su salón.
    Los estudiantes de la Universidad de Compostela formaron el “Batallón Literario” que en 1808 combatió a los franceses durante la Guerra de la Independencia. El Literarios, junto a la famosa Catedral, debe su nombre a esta gesta.

                            Sábado, 13 de abril, 2013; pág., 8


3 comentarios:

  1. Una pena que hayan desaprecido porque si el café está bueno, no digo nada de lo agradable que tendría que ser tomárselo entre unos buenos tertulianos. Divino de la muerte.
    Mª Ángeles.

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  2. Nunca he participado en ninguna tertulia literaria, pero me puedo imaginar lo reconfortante que debe ser estar en uno de esos cafés, en invierno, rodeado de personas con los mismos intereses que tú.
    Una pena que las inquietudes de este tipo hayan casi desaparecido en mi generación...

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  3. Sí, Antonio, es una auténtica pena. En estos lugares se conocían los escritores, hablaban de sus proyectos y obras, se cocía todo y eran tertulias gratificantes y se hablaba de todo, de todo. Estamos perdiendo la capacidad de comunicación, pero claro es mejor, según hoy, teclear en un móvil y estar mirarándolo constantemente. Cuando quedo con amigos que usan los móviles y piden perdón constantemente por atender las llamadas, ya no vuelvo más con ellos. Porque, te aseguro, como mirar a los ojos a las personas, no hay nada.

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