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martes, 14 de octubre de 2014

Stefan Zweig


M
Mediocridad
“Algunos hombres nacen mediocres, otros logran la mediocridad y a otros la mediocridad les cae encima”.
                                                       Joseph Heller
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LAS NOVELAS CORTAS



          El escritor austriaco de ascendencia judía Stefan Zweig se suicidó un 22 de febrero de 1942, en Petrópolis, Brasil, a donde había llegado exiliado, cuando Hitler en Europa aun parecía invencible. Murió junto a su segunda esposa, Lotte Altmann, enferma sin posibilidades de curación, y el propio Zweig que, a sus sesenta años, padecía una profunda depresión y un agotamiento tras deambular de un país a otro, privado de su gran biblioteca y sin un hogar y sosiego para seguir trabajando. Había cosechado el éxito, y sus libros se traducían a más de cincuenta idiomas. Sus magistrales ensayos sobre Nietzsche, Hölderlin o Dostoievski eran respetados por un público culto que alternaba su obra leyendo algunas de sus insuperables biografías sobre María Antonieta y María Estuardo; lo mejor de sus ensayos, su capacidad de transmitir sentimientos, descubrir pasiones, mostrar una inquebrantable personalidad o vislumbrar el giro inusitado que el destino les otorgaba a las vidas de sus biografiados.
         Balzac, Tolstói y Chéjov fueron sus admirados maestros y se enamoró de la literatura francesa del XIX. Empezó su obra literaria componiendo relatos y posteriormente novelas que enseguida destacaron por su inconfundible estilo, ágil, conciso y sin concesión alguna. Exploraba las pasiones de sus contemporáneos cotejándolas con algunas personalidades importantes del momento como tema para sus argumentos, y era capaz de mimetizar o transcribir las pasiones de esposas seducidas o tentadas por la aventura de una relación con un extraño, e incluso de jóvenes con deseos inconfesables. Por su carácter, siempre mostró cierta ternura con las debilidades humanas, fue un crítico extremadamente duro con la falta de compromiso tanto político como social, tan es así que sus obras, sobre todo sus novelas y nouvelles, siguen ocupando un lugar privilegiado en la literatura universal y deleitando a generaciones de lectores. La editorial española, Acantilado, que ha venido publicando la obra de Stefan Zweig (Viena, 1881- Petrópolis, Brasil, 1942) reúne toda su obra de ficción, novelas extensas y breves, en un solo volumen que muestran la sutilidad de su prosa y el complejo proceso de creación de ambientes y caracteres, ocurre en, Ardiente secreto (1911), Miedo (1920), Carta de una desconocida (1927), Los ojos del hermano eterno (1922), Confusión e sentimientos (1926), Veinticuatro horas en la vida de una mujer (1929), El candelabro enterrado, La impaciencia del corazón (1939), Novela de ajedrez (1941), Clarissa, y La embriaguez de la metamorfosis (1931-1942).



       Zweig se caracterizó por su interés en la introspección psicológica, evitando los detalles superfluos que pudieran dotar a sus historias de tonos melodramáticos y  exagerados. Y es aquí donde radica uno de sus grandes aciertos. Él mismo aclara estos conceptos en algunas notas de su propia biografía.”El inesperado éxito de mis escritos proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal: soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un deleite perfecto (…)”. Aunque vencido por el desencanto, prefirió ser actor principal de su propia destrucción, abandonando, rindiendo armas ante la barbarie, el olvido y un presente sin sentido. A lo largo de su vida conoció los laureles del éxito, incluso llegó a tocar las llamas del infierno. Fue aclamado, adorado por la más selecta sociedad europea, y terminó olvidado, exiliado en una tierra lejana, ajena a todo cuanto en él era esencial. Y, pese a todo, el alma del brillante escritor no pudo soportarlo porque en su memoria conservaba como fue el declive de Centroeuropa, lo que provocaría en él una intensa agonía y el adiós a una esperanza.
     En definitiva, Zweig no fue capaz de asimilar la pérdida de un mundo perfecto, su mundo. Agotó toda su fuerza intelectual y vital en sus recuerdos, los de su querida patria: la vieja Europa. Se consideró un judío errante, viajó por todo el mundo, sin olvidar en ningún momento sus orígenes. No supo sino mirar hacia atrás toda su vida y así quiso acabar con ella, agradecido y libre, pero anhelando con nostalgia un ayer dorado:
     ”Antes de abandonar esta vida por mi propia y libre voluntad, quiero cumplir un último deber: Quiero dar las gracias más sinceras y emocionadas al país de Brasil por haber sido para mí y mi trabajo un lugar de descanso tan amable y hospitalario. Cada día transcurrido en este país he aprendido a amarlo más y en ningún otro lugar podría con más gusto tener la esperanza de reconstruir mi vida de nuevo, ahora que el mundo de mi lengua madre ha perecido por mí y Europa, mi hogar espiritual, se destruye a sí misma. Pero comenzar de nuevo requeriría un esfuerzo inmenso ahora que he alcanzado los sesenta años. Mis fuerzas están agotadas por los largos años de peregrinación sin patria. Así, juzgo mejor poner fin, a tiempo y sin humillación, a una vida en la que el trabajo espiritual e intelectual ha sido fuente de gozo y la libertad personal mi posesión más preciada”.



Sus novelas              
        El autor describe con maestría y con un lenguaje sencillo pero muy efectivo las pasiones humanas que pueblan algunas de sus mejores novelas. En la época en que se desarrollan, priman las apariencias y dominan los prejuicios sociales sobre todo lo demás. Zweig es un narrador clásico, de impecable técnica, absolutamente comprometido con su obra. Un tipo culto y con una clara vocación de escritor transmisor de la cultura y del entretenimiento, como puede comprobarse en algunas de sus más significativas. En Carta de una desconocida, un escritor famoso y mujeriego recibe una carta cuya caligrafía no reconoce. La carta es la confesión de una mujer profundamente enamorada que le declara su amor en los últimos momentos de su vida. ¿Conseguirá el escritor saber quién es esta desconocida y por qué le escribe? Un magnífico relato corto que pone de relieve las cualidades que le han convertido en uno de los autores más apreciados por todos los públicos: humanidad, ternura, dramatismo y apasionante interés. Ardiente Secreto, transcurre en un hotel austriaco antes de la Gran Guerra y narra como es el descubrimiento del mundo adulto por parte de un niño a través de su fascinación por un caballero. Como el fin de la infancia llega con el descubrimiento de las debilidades adultas, sus mentiras y la soledad. Pero, también, con la necesidad de respuestas, las conclusiones apresuradas y la falta de información sobre la naturaleza humana. En la tercera apuesta, La embriaguez de la metamorfosis, la acción se desarrolla en el año 1926, y la novela está divida en dos partes, que guardan una estrecha relación, pero están claramente separadas en cuanto a los hechos y al ambiente. Al principio el núcleo está constituido por las experiencias vividas en el mundo brillante de una estación de verano suiza, en la segunda muestra, su reverso, la atención se centra en la atmósfera opresiva de la época de postguerra y de una existencia pequeño burguesa, que hace madurar el proyecto de un desfalco de grandes proporciones. De nuevo, Zweig, demuestra su arte para desvelar esas motivaciones psicológicas que motivan los actos y los comportamientos humanos.




    



Stefan Zweig, Novelas; Barcelona, Acantilado, 2012; 1550 págs.


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