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martes, 21 de octubre de 2014

Rodolfo Walsh


O
Optimismo
“He llegado a la conclusión de que el optimista piensa bien de todo excepto del pesimista, y que el pesimista piensa mal de todo, excepto de sí mismo”.
                                                       Gilbert K. Chesterton

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Cuentos completos


     La vida de Rodolfo Walsh transcurrió entre momentos de tensión por su activa militancia política y su vocación literaria. Así se deduce de la intensa biografía que Viviana Paletta reconstruye para la edición de sus Cuentos completos (2010), reunidos por primera vez, y de la que se desprende un alto nivel de compromiso en su Argentina natal. En el prólogo titulado, «Walsh: el oficio de narrar», Paletta nos acerca, con minuciosidad, a la biografía de Rodolfo Jorge Walsh, nacido en 1927, en la provincia de Río Negro, cuyo padre, de ascendencia irlandesa, pertenecía a la clase media rural. Durante su niñez, la familia cambió en numerosas ocasiones de domicilio, y pronto el padre se arruinó, por lo que el niño Walsh fue a parar a un colegio de huérfanos y pobres, experiencia que trataría en sus cuentos. Hasta la década de los cuarenta, no se trasladará a Buenos Aires para completar su educación secundaria. A partir de 1944 empieza una actividad febril: intentará ingresar en el Liceo Naval, trabaja para la Editorial Hachette, participa en la Alianza Libertadora Argentina, cursa algunas asignaturas en la Facultad de Humanidades, y en 1950 obtiene una mención en el Primer Premio de Cuentos Policiales que organiza la revista Vea y Lea. El relato se titula, «Las tres noches de Isaías Bloom», que en el apartado «Otros cuentos» (1950-1967), de la presente edición, aparece en sus dos versiones, la segunda, según Adolfo Pérez Zelaschi, en Tiempo de puñales (1964). Desde 1951 se dedica al periodismo y trabaja para, Vea y Lea y Leoplán, donde publicará cuentos, artículos de crítica literaria y divulgación cultural. Sin embargo, 1956 marcará, de alguna manera, su vida porque denuncia la feroz represión que siguió al levantamiento peronista del general Valle, y dio lugar a Operación masacre (1957), un  hito del género testimonial en la literatura argentina, aunque posteriormente denunciará nuevos crímenes, el «Caso Satanowsky», un abogado a quien los Servicios de Inteligencia del Estado asesinan para hacerse con el poder del periódico La Razón. En 1959 viaja a La Habana donde se hace cargo de la agencia de noticias Prensa Latina, empresa a la que se sumarán grandes escritores del periodismo americano, García Márquez, Onetti, García Lupo, Triveri, Díaz Range, citados por Paletta para ilustrar tan importante paso en el argentino. De vuelta a Argentina intensifica su actividad literaria, nuevos relatos de corte policíaco, obras de teatro (La batalla y La granada (1965) y dos colecciones, fundamentales, de cuentos, Los oficios terrestres (1965) y Un kilo de oro (1967).



Sus continuas colaboraciones en la prensa lo señalan como la cumbre del periodismo argentino, a las que, en ocasiones, añade fotografías que convierten sus reportajes en auténtico periodismo gráfico sobre los temas más diversos (puede verse al respecto, El violento oficio de escribir. Obra periodística, 1955-1977, publicado por Planeta, 1995, 438 págs, que Daniel Link amplia, con nuevos textos, en De la Flor, 2008, 448 págs.). Volverá en numerosas ocasiones a Cuba, como jurado para el Premio Casa de las Américas o en el Congreso Cultural de La Habana, en 1967. En 1969 publica un nuevo libro polémico ¿Quién mató a Rosendo?, donde acusará al mayor representante de la burocracia sindical del momento, Augusto Vandor, por su responsabilidad en el asesinato del dirigente metalúrgico Rosendo García, en mayo de 1966. A partir de 1970 milita en las Fuerzas Armadas Peronistas, y sigue publicando notas sobre política internacional, y todo lo relacionado con América Latina. El 29 de septiembre de 1976 cae en combate su hija Victoria, y en el contexto de una desesperación y terror por este hecho, escribirá desde la clandestinidad, hasta que cae en una emboscada, el 25 de marzo de 1977, no se entrega, es acribillado a balazos, y su cadáver trasladado a la Escuela Mecánica de la Armada.

Los cuentos


                La edición de Veintisieteletras recoge sus colecciones publicadas, Variaciones en rojo (1953), Los oficios terrestres (1965), Un kilo de oro (1967), Un oscuro día de justicia (1973) y Otros cuentos (1950-1967), veintitrés relatos publicados en Vea y Lea, Leoplán, Fénix, firmados, generalmente, con seudónimo, e incluye las versiones de «Las tres noches de Isaías Bloom» (1950 y 1964), relato con que, según Viviana Paletta, Walsh ingresa en el mundo del cuento, de corte policíaco, premiado por un jurado compuesto por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Leónidas Barletta. Sus modelos de escritura iniciales son los maestros del relato breve en lengua inglesa: Ambrose Bierce, a quien elogia en sucesivas ocasiones, aunque en sus narraciones se ve la huella de Poe, sobre todo, para la construcción de sus textos breves, e incluso a H.G. Wells y Jack London.
                En Variaciones en rojo aparece Daniel Hernández, el corrector de pruebas, que remite al Daniel bíblico, el primer detective de la historia, según Walsh. El libro ofrece textos clásicos, plagado de referencias literarias y guiños al lector; sobresale su preocupación por el habla, cómo se cuestiona la justicia, y sobre todo el humor. También el paisaje argentino está ampliamente tratado: su ciudad natal, Choele-Choel, el litoral entrerriano, un pueblo perdido de Santiago y esencialmente, la pampa donde ambientará el resto de sus colecciones, Los oficios terrestres, Un kilo de oro y Un oscuro día de justicia. Elige la pampa porque en ella el hombre se halla solo ante la inmensidad de una geografía, se convierte en un ser silencioso e introspectivo, y sus eternos interrogantes sobre el sentido de la vida se confunden con el paisaje, de manera que la naturaleza adquiere atributos tanto de irrealidad como de animismo. Los ejemplos son numerosos, «Los nutrieros», «Cartas», «Fotos», y esa veneración por la tierra en «Los dos montones de tierra». Con el paso de los años, Walsh irá sometiendo su escritura a una extrema labor de depuración, ejercerá un dominio de la condensación y la elipsis, así como un mayor examen social y denuncia política que estrecharán la relación entre el hombre y el paisaje. Resulta curiosa la denominada «saga de los irlandeses» que recupera la infancia del escritor en los cuentos: «Irlandeses detrás de un gato», «Los oficios terrestres» y «Un oscuro día de justicia», ambientados en un internado de curas, retratan al Walsh más alegórico.

  

La obra de Rodolfo Walsh ha sido valorada desde distintos ángulos: su obra testimonial, su periodismo de acción, sus inconfundibles crónicas, o el cultivo de un género popular, el relato policíaco, sin olvidar que forma parte de una significativa generación argentina del 50, que incluye a David Viñas, Haroldo Conti, Di Benedeto y Andrés Rivera, conocida como los «parricidas» por su intención de rebelarse contra todo, superar modelos anteriores, y por su fuerte compromiso político y social. 



         









Rodolfo Walsh, Cuentos completos; ed. y prólogo de Viviana Paletta; Madrid, Veinsieteletras, 2010; 644 págs.
 

                                                              

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