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viernes, 14 de noviembre de 2014

Juan José Millás



A
Ambición
“Muchos triunfarían en cosas modestas, si no estuvieran obsesionados por grandes ambiciones”
                                                                              Henry W. Longfellow

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La mujer loca


      La posibilidad de decidir qué es verdadero y qué es falso cubre cualquier límite sobre ficción y realidad porque, en esencia, un autor transmite con su escritura aspectos como la honestidad, la perfección, y la inteligencia, unas características que, por otra parte, son capaces de proponer una estructura narrativa que, como en esta ocasión, se sustenta y se nutre de excepcionales diálogos, muestra una interesante provocación y queda envuelta en un chispeante humor para salvaguardar cualquier escritura que se asemeje a todo un clásico. Es así como Juan José Millás (Valencia, 1946) transforma la realidad y la reinterpreta en La mujer loca (2014), una crónica periodística que, casi sin proponérselo, lo convierte en personaje de su propia narración y de quienes como él, conforman el mundo de Julia, una mujer loca, punto de partida de esta nueva novela que, como anteriores, rompe con la penosa rutina de contar fragmentos de toda una vida.
       La mujer loca es una novela que nace de un encargo, de un reportaje sobre la eutanasia, aunque podría considerarse, en igual medida, un reportaje en forma de novela sobre este peliagudo asunto. Millás comienza escribiendo la historia de Julia, una apasionada de las palabras y de la Filología, excusa para acercarse a su jefe. A esta mujer le asaltan palabras y frases a las que intentan ayudar con una explicación convincente. Vive realojada en casa de Serafín y Emérita, una enferma terminal, que visita Millás, con el pretexto de escribir un reportaje sobre ella, y será entonces cuando empieza a cambiar su vida, porque muy pronto, el autor realiza un giro en su escritura y despistará al lector durante el resto de la historia a contar. Los pares realidad/ficción, reportaje/novela, el Millás de aquí/ el Millás de allí, volverán loco al lector más tenaz, aunque lejos de aburrirse y abandonar la novela, queda enganchado en este juego, porque la historia se va conformando y, al final, se resuelve de una manera satisfactoria. Para enredar aun más, el propio autor está acudiendo a una psicoterapeuta para superar su bloqueo creativo, obsesionado con escribir, reseña la relación con su madre, las colonoscopias que debe hacerse, y con propio su doble: el mejor/ peor Millás que se enfrenta a la falsedad de novelar, es decir, convertir su historia en una novela falsa.
                La novela de Millás establece una diferencia entre lo verdadero y lo falso, algo que resulta cada vez es más difícil de establecer, porque según el propio autor, vivimos inmersos en el mundo de la copia, y alejarnos del mundo real significa no correr excesivos riesgos, frente a lo que se supone en la verdad. Vida y muerte se enfrentan a diario, según postula Millás, ambas como esas dos partes de nuestra existencia que van unidas y, sin embargo, la muerte se nos antoja como algo fúnebre y clandestino desde siempre, nos sentimos alejados de ese concepto como si el propio hecho de la muerte no fuese con nosotros y jamás fuésemos a morir. Para el narrador, la eutanasia resulta “una solución válida para determinadas situaciones en las que uno mismo debería tener derecho a decidir sobre su vida”.












LA MUJER LOCA
Juan José Millás
Barcelona, Seix-Barral, 2014


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