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martes, 4 de noviembre de 2014

Pablo Martín Sánchez



T
Tiempo
“Somos rehenes de la eternidad, cautivos en el tiempo”.
                                                                 Karl Spitteler

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El anarquista que se llamaba como yo



      Desde el punto de visto histórico, el anarquismo en el territorio español, influyó en la sociedad con un amplio respaldo desde la época misma de la Primera República, 1873 y 1874, hecho que se repetiría años después, a comienzos de siglo, cuando una organización sindicalista que fundamentaba sus principios en las prerrogativas de una absoluta libertad del individuo, la abolición del Estado y la supresión de la propiedad privada, la denominada Confederación Nacional del Trabajo, logró agrupar a miles de trabajadores para que contribuyeran a forjar una sociedad mejor durante los años de la Segunda República, y así fue como jugaron papel importante durante la posterior Guerra Civil.
                Contar la historia de un personaje, ambientarlo en una determinada época, describir detalles lo suficientemente novelescos para mantener al lector atrapado, aunque para ello la historia juegue un papel predominante, es lo que Pablo Martín Sánchez (Reus, 1977) ha querido narrar cuando encontró la breve biografía de un anarquista que se llamaba como él y se le ocurrió seguir su pista hasta conseguir una voluminosa primera novela que tituló en ese sentido, El anarquista que se llamaba como yo (2012), y que una avispada editorial publicaba poco antes de fin de año con una suerte de éxito, porque en este relato se condensan momentos capitales del devenir de una Europa convulsa en muchos sentidos, aparte del nacimiento del cinematógrafo, los movimientos anarquistas y sindicales, la vida de los exiliados del París de los años 20, la Semana Trágica de Barcelona, o la crispación social que conllevaría a una encarnizada guerra en los primeros años del siglo al viejo continente. De otra parte, ofrece la vida de un joven anarquista acusado de atentar durante la dictadura de Primo de Rivera, juzgado y ajusticiado el 6 de diciembre de 1924, personaje a quien el narrador desdoblará en una alternativa narración, su vida en París a donde ha recalado tras tortuosas vicisitudes y donde trabaja en una modesta imprenta y comienzan sus simpatías por el activismo ácrata después de asistir a encendidos discursos de Blasco Ibáñez, Pestaña o Durruti, además de conocer a Unamuno y sentirse alentado por participar en una intentona golpista que traspasaría ilegalmente la frontera española; y es así como Pablo Martín Sánchez reconstruye la vida de su homónimo, el origen familiar y la relación con su padre, su infancia, juventud y el despertar a la vida en un largo peregrinaje por tierras castellanas, Madrid, Barcelona, Vera de Bidasoa hasta aventurarse en Argentina y finalmente llegar a París, escenarios sin duda a los que se ve empujado el personaje como si de un destino prefijado se tratara, aunque su implicación en esa revolución le viniera algo impuesta, y solo se viera arrastrado sin ni siquiera creer en ella. 



      La puesta en escena de la trama novelesca resulta implacable y los múltiples sucesos que se suceden en la extensa narración nunca cansan ni aburren, la documentación empleada por Martín Sánchez resulta rigurosa y medida para sostener la credibilidad de una época convulsa donde el mundo se agrietaba por momentos y las generaciones de entonces sentían la necesidad de convertirse en protagonistas de una cambio que arrastró a muchos de ellos hasta la muerte misma, sin que su causa no por justa fuese rubricada por una legalidad.















EL ANARQUISTA QUE SE
LLAMABA COMO YO
Pablo Martín Sánchez
Barcelona, Acantilado, 2012
 

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