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viernes, 7 de noviembre de 2014

Ricardo Menéndez Salmón



U
Utopía
“Si les parece esto utópico, les ruego reflexionen por qué es utópico”.
                                                                  Bertold Brecht

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Niños en el tiempo


      La obra de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 19771) quedó marcada desde el principio por ese proyecto que, él mismo, o la crítica bautizaba, con el nombre de Trilogía del Mal, y que incluye los títulos, La ofensa (2007), Derrumbe (2008) y El corrector (2009), la suma de una metafórico visión sobre este concepto que, además, de tremendamente literario queda ejemplificado en la versión que el propio autor otorga a la maldad humana. Sin duda, una búsqueda personal que surge de esa exploración de nuevos territorios donde concretar un paisaje posible. Y, en posteriores entregas, la apuesta narrativa del asturiano, se concretaba en desafíos doblemente arriesgados, La luz es más antigua que el amor (2010) y Medusa (2012), textos en los que ahora, de alguna manera, continúa en Niños en el tiempo (2014) y que viene a confirmar algunas de las preocupaciones estructurales y temáticas de Menéndez Salmón con respecto a escritura y vida, lenguaje y realidad circundante, o tiempo e Historia, esta última precisamente concebida como algo perdurable.
   La novela Niños en el tiempo muestra el desmoronamiento familiar que conlleva la tragedia de la pérdida de un hijo, el dolor extremo a que se ven sometidos sus personajes y así “La herida”, la primera historia se sustenta con esa sencillez de frases y puntualizaciones que provoca los momentos en que sobran las palabras, y aunque la estructura narrativa convierta al conjunto en tres partes proporcionales, cada una de ellas condiciona a las restantes, y así la tercera concluye de alguna manera con esa visión de herida abierta que nos adelanta la primera, y la segunda, en realidad muestra una íntima y sorprendente recreación de la infancia de Jesús, y como resulta totalmente inventada, Menéndez Salmón se esfuerza en glosar su ficción con una delicada prosa, que incluye imágenes luminosas con que disfrutamos de esa milenaria tradición cristiana que nos descubre a un Jesús, niño inquieto en Nazaret, protagonista de una infancia que como afirma el autor “dura poco, pero dura siempre”, y lo mismo ocurre con un José que aporta su nobleza a la historia, y María de una complejidad psicológica no menos destacada, que compone esa segunda entrega, “La cicatriz”, para así llegar al final, una tercera, y definitiva parte titulada, “La piel”, donde se cuenta la esperanza de una nueva vida, liberando así a su protagonista de esa necesidad interna de autojustificarse a través de ese pez que lleva dentro, porque en la isla de Creta llegará, de alguna manera, a ser feliz, con la ayuda de Antonio, el extraño personaje con quien pasará unas semanas y, que finalmente, dejará atrás para cerrar un ciclo propio de su vida.


      Menéndez Salmón sigue hablándonos del amor sin caer en ese lugar común, aunque solo él es capaz de dotarlo de una elevación trágica, aumentando así la capacidad simbólica del sentimiento matriz que presupone la vivencia de concebir un hijo.





NIÑOS EN EL TIEMPO
Ricardo Menéndez Salmón
Barcelona, Seix-Barral, 2014


                                                                                 Carict. Pablo García


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