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lunes, 1 de diciembre de 2014

TRAVESÍAS



GOYTISOLO

      Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) forma parte de una curiosa saga familiar: José Agustín, Luis, y el hoy Premio Cervantes, simbolizan un triángulo literario que cubre la segunda mitad del siglo XX. José Agustín, poeta, será recordado por sus Palabras para Julia (1979), Luis, convierte su narrativa en el testimonio más preclaro de la época que le ha tocado vivir, expuesta en su tetralogía, Antagonía (1973-1981), y Juan ha sabido denunciar los claroscuros de una España mítica, en Campos de Níjar (1960), repetiría en La Chanca (1962), o su en mejor trilogía, Señas de identidad (1966), Reivindicación del conde don Julián (1970) y Juan sin Tierra (1975).
     El escritor catalán es autor de una vasta variedad de géneros literarios, novela, ensayo y una rica miscelánea. El Cervantes lo distingue por su “voluntad de integrar las dos orillas de una heterodoxia española, y su apuesta permanente por un diálogo intercultural”, primero desde un exilio francés y un posterior, marroquí. Allí ha desarrollado gran parte de su obra, y ha sido capaz de asimilar ese juego permanente de una continua huida, pese a estar adscrito a la generación del medio siglo. Sus convicciones políticas, su lucha antifranquista y una censura que tan mal tratara su obra, incluido su desencanto respecto al Partido Comunista, le han convertido durante décadas en un excéntrico de la literatura, lugar donde ha encontrado, según él, su verdadero refugio.
     Tras Makbara (1980), Paisajes después de la batalla (1982) o Las virtudes del pájaro solitario (1988) se ha entregado a la poesía, Ardores, cenizas y desmemorias (2012), nueve poemas, cuya continua heterodoxia se justifica porque “la poesía fue creada en función de algo ajeno a su propio impulso”.



                Sábado, 29 de noviembre, 2014, pág. 8

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