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miércoles, 3 de diciembre de 2014

TRAVESÍAS



AMADO MONSTRUO
               
      ¡Sorpréndeme muerte, en medio de mi trabajo!—aseguraba, con algo de razón, el autor latino de La Metamorfosis, uno de esos libros donde la mitología convierte épica e historia en auténtica fuente de sabiduría. Javier Tomeo ha seguido a quienes mejor han provocado la metamorfosis en sus personajes: el clásico Ovidio, y el exagerado Kafka. Tomeo pasará a la historia de la literatura como el creador de tipos solitarios, de fábulas animales que aúnan lo cotidiano y lo fantástico, y muestran cuanto de imprevisible tiene nuestra vida.
     Ha muerto Javier Tomeo, nacido en Quicena, Huesca, 1932, y lo ha hecho en Barcelona, a donde llegó joven para dedicarse a la literatura. Fue un devoto irreverente por las abundantes referencias al expresionismo estético del citado checo, la iconografía de Buñuel, los negros y grises de Solana, o las greguerías del atrevido Gómez de la Serna, que unen su nombre a ciertos autores que nos interesa destacar en su obra literaria, y proporcionan al autor todos los guiños posibles para dejar constancia de su irreverencia narrativa. Amado monstruo (1985), una conversación insólita de dos personajes que descubren un vínculo común en su extensa charla, sería adaptada para salas de París, Coimbra, Madrid, Barcelona y Ginebra. Para quien aun no haya descubierto su literatura, él mismo afirmó “no escribo sobre lo que veo, sino sobre lo que imagino a través de lo que veo. Puede que padezca alguna especie de astigmatismo, o de problema óptico que me impida dar la medida exacta de las cosas (…) Lo que hago, pues, es rodear a mis personajes de espejos cóncavos, o convexo, y ponerlos en marcha, pero son ellos lo que dejan de actuar cuando se les acaba la cuerda”. Nos deja una novela póstuma, El amante bicolor, que publicará Anagrama.
                Adiós, amado monstruo



                     Sábado, 29 de junio, 2013; pág., 8

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