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lunes, 8 de diciembre de 2014

TRAVESÍAS



BIBLIOTECAS
        Ptolomeo fundaba en el año 283 a. C. una de los más fabulosos centros de cultura del mundo antiguo, la Biblioteca de Alejandría, parangón de una exquisita modernidad contemporánea que ha renacido de sus cenizas hace apenas unos años, tras ser pasto de las llamas en el 48 a.C., cuando Julio César conquistaba Egipto. Y aun más, durante el siglo II y a lo largo del III, una serie de desastres se abatieron sobre la antigua capital de los Ptolomeos. 
        En una época de futilidad cultural como la presente, recorrer los espacios donde se albergan los tesoros bibliográficos más importantes del mundo, resulta un paseo de lo más estimulante. La Palafoxina, de Puebla, México, está considerada como la primera biblioteca pública de América, cuando el obispo Juan Palafox, en 1646, donara 5.000 volúmenes, a condición de permitirle el acceso a cualquier persona que supiera leer, y no sólo a los miembros de la iglesia. João V proyectó en Portugal dos de las más importantes bibliotecas del XVIII, la del Palacio Nacional de Mafra, ubicada en un edifico barroco de 1717, con 40.000 volúmenes, y la Joanina de la Universidad de Coimbra, de la misma época, con obras impresas de los siglos XVI a XVIII. Tampoco importaría otorgarnos un pequeño paseo por Libros Raros Thomas Fisher, en Toronto, que custodia primeras ediciones de los libros de Lewis Carroll, el Trinity College de Dublín (Irlanda), Santa Genoveva (París), que forma parte de la Universidad de la Sorbona, el Beinecke de Manuscritos y Libros Raros de Yale (EE UU), donde se guardan ejemplares impresionantes, la primera Biblia de Gutenberg, el Real Gabinete Português de Leitura (Brasil), fundado en 1837 por un grupo de emigrantes portugueses, o la Biblioteca del Monasterio Benedictino de Admont (Austria), el mayor centro/ espacio monacal del mundo.



                  Sábado, 16 de febrero, 2013; pág., 8

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