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jueves, 31 de enero de 2019

Literatura y cine


Dieciséis obras literarias buscan su adaptación al cine o televisión


       Un total de 16 obras literarias, entre ellas novelas de Marta Sanz, Edurne Portela, Rafael Reig o Clara Usón, participarán en la segunda edición de 'Rodando páginas, los libros van a las pantallas', un foro que busca facilitar la adaptación de novelas a las pantallas de cine y televisión.
       La Asociación Madrileña Audiovisual (AMA) y la Federación de Gremios de Editores de España, celebrará un foro el próximo 28 de febrero en la Casa del Lector de Madrid, con la participación de productores y titulares de los derechos.
Las obras finalistas han sido seleccionadas, entre un total de 135 presentadas, por un comité de expertos formado por el director y guionista Fernando Franco, la guionista Lola Mayo, la productora Nina Frese (Pandora Film) y la periodista Jara Yañez (Cuadernos de Cine).
Las elegidas son tres novelas de infantil y juvenil y 13 novelas de diferentes géneros que firman 11 autoras y 6 autores: se trata de 'Mejor la ausencia' de Edurne Portela, 'La mano izquierda de Peter Pan', de Silvia Herreros de Tejada, 'El ladrón de minutos', de David Lozano, 'Sálvora. Diario de un farero', de Julio Vilches, 'Una sola palabra', de Joaquín Berges, 'Las madres negras', de Patricia Esteban Arlés, 'Black, Black, Black', de Marta Sanz. También 'Para morir iguales', de Rafel Reig, 'Las ventajas de la vida en el campo', de Pilar Fraile, 'El asesino tímido', de Clara Usón, 'Piara', de Mónica Rodríguez y Patricia Metola, 'Mandíbula' de Mónica Ojeda, 'La señorita Keaton y otras bestias', de Teresa Colom, 'Feliz final", de Isaac Rosa, 'Desastre', de Mamen Moreu y 'Estabulario', de Sergi Puertas.

       La primera edición de 'Rodando páginas', celebrada el pasado año, permitió alcanzar cuatro acuerdos de adaptación que se encuentran en fase de desarrollo: 'Tea Rooms. Mujeres obreras', de Luisa Carnés con Tandem Films; 'Una madre', de Alejandro Palomas con Morena Films; 'Lamia', de Rayco Pulido también con Morena Films y 'El asesinato de Pitágoras', de Marcos Chicot, con Scenic Rights.

López Mondéjar/ Zapata


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LUZ QUE MARAVILLA


       Lola López Mondéjar (Murcia, 1958) explora con su narrativa breve sobre quiénes somos, o quiénes podemos ser, cuantifica nuestras ilusiones y desencantos, nos transporta con sus personajes a un singular viaje, a un mundo que a la narradora le resulta maravilloso, y una vez allí, se interroga acerca de nuestras diferencias, o la singularidad de esas ilusiones que muestran su vulnerabilidad y nuestra fragilidad frente a la realidad de un mundo en apariencia tan maravilloso.
       Los personajes protagonistas de los cuentos de la primera parte de Qué mundo tan maravilloso (2018) son mujeres, Marta, Mara, Marie y Malak, Marina, Mayte, Miriam, Marisa y Magda que buscan respuestas a las preguntas que angustian a cada una de ellas, y solo se resuelven en un nivel íntimo y mental. Como si en los viajes que emprenden, en esa actitud viajera, desprovistas de una rutina cotidiana que las atenaza, se vieran de golpe enfrentadas con el conflicto latente y esencial que las define como humanas.
       La sabia decisión de López Mondéjar para ilustrarnos con tan irónico título resulta obvio en esa confrontación entre un mundo maravilloso y bello, artificial y calculado a medida de un turismo de aventura y complaciente, y el incómodo deseo que ha llevado a estas mujeres y a sus parejas a buscar una naturaleza idílica que mitigue brevemente su tensión interior, y solo parece actuar como un elemento catalizador porque todas se han traído en la maleta un matrimonio, una familia, una amistad, y entonces la vida real, incluida la muerte, irrumpe sin previo aviso en el viaje para devolver a las protagonistas a la línea inicial de su existencia. La duda y la resignación predominan en estos relatos porque la narradora murciana pretende mostrarnos su punto de vista sobre ese sentimiento claustrofóbico que calificamos de amor romántico, aunque el amor familiar también se ve contaminado por la incapacidad, el despecho y la desilusión.


        















      En los relatos de la segunda parte del libro, “Mundos futuros” se habla sobre un mundo imaginario, tema recreado por la literatura y el cine, y ya no hay viajes, ni conflictos, solo se perciben las consecuencias, y la narradora, a modo de advertencia, dibuja un futuro donde ya no es necesario hacerse preguntas, un mundo donde sobran habitantes y los más conscientes, responsables o desesperados, optan por suicidarse, de manera ritual o en una actitud descarnada.
       El cuento para Ángel Zapata (Madrid, 1961), conviene despejar una duda razonable, es un género tan riguroso como imaginativo, repleto de posibilidades. Nos exige como lectores un desafío con cada nuevo libro porque sus relatos siempre nos llevan a una doble realidad inventada que se parece bastante a nuestro universo cotidiano, y en ocasiones nos obliga a una concienzuda reflexión. La senda por la que transita Zapata es otra manera de escribir sobre lo humano, para ejercer un modo de contacto distinto, sobrevivir a una experiencia que le lleva a contar creando o reflejando situaciones que ponen en juego las posibilidades de reinventar, una y otra vez, el mundo como esa innegable posibilidad de negar cuanto existe, y con él celebrar así nuestra libertad más absoluta.  


















     Luz de tormenta (2018), tan surrealista como meditativo, se convierte en un hecho de conciencia que propone un discurso desde la exterioridad del mismo, y sobrepasa esos lugares donde nuestra vida se muestra tan limitada, tan deficitaria como aturdida y forma parte de ese paisaje interior que se nos supone como sujetos, e invita a los lectores a participar en esa zona que media entre la consciencia y la inconsciencia para llegar al conocimiento de lo profundo de nuestra existencia, y vislumbrar esa “luz en la tormenta”.


QUÉ MUNDO TAN MARAVILLOSO
Lola López Mondéjar
Madrid, Páginas de Espuma, 2018
                             
LUZ DE TORMENTA
Ángel Zapata
Madrid, Páginas de Espuma, 2018





miércoles, 30 de enero de 2019

Hoy invito a…


José Antonio Sáez

La narrativa de Villaespesa

Berenice publica las novelas cortas del escritor almeriense

 

       Decía Valle-Inclán, a propósito de Lope de Vega, que era «un Villaespesa, pero con más talento». Con ello, el autor de las Sonatas quería aludir, seguramente, a la prolífica producción literaria de ambos escritores, a su gran facilidad para escribir; aunque incidiendo en la superioridad intelectual de Lope sobre el modernista almeriense. Evidentemente, esa «facilidad creativa» del almeriense de Laujar de Andarax, nacido en 1877 y fallecido en Madrid en 1936, perjudicó su imagen como escritor ante sus contemporáneos, que vincularon tal vez esa facilidad con la ausencia de rigor o con la carencia de exigencia del escritor consigo mismo, por su conservadurismo o su estancamiento estético en las coordenadas del modernismo externo. La producción literaria de Villaespesa alcanza, en sus 58 años de vida, alrededor de cincuenta y un libros de poemas, veinticinco obras de teatro y once novelas cortas. Sea como fuere, por la desconsideración de algunos de sus contemporáneos o por la crítica acomodaticia, la figura de Francisco Villaespesa no ha sido justamente valorada en su más amplia significación como uno de los principales fundadores del Modernismo español, junto a Rubén Darío. El almeriense fue comedido en el cultivo de la novela corta y sus obras parecen surgidas más como fruto de una demanda lectora y editorial, que proporcionaría al escritor una vía para ganarse el sustento. Villaespesa sabe que no puede competir con el talento de Valle-Inclán para la prosa o con el de otros grandes escritores contemporáneos de la Generación del 98 a los que trató. No obstante, hemos de decir que la producción narrativa de Villaespesa, manifestada en el cultivo de la novela corta y el cuento, es expresión de un alto nivel creativo, si la situamos en el primer modernismo y como fruto de las exigencias estéticas del momento. Quizás el error de Villaespesa fue vincularse excesivamente a ellas y no fue capaz de evolucionar hacia posiciones estéticas más comprometidas, despegándose del modernismo más externo y escapista, tal y como hicieron otros autores, entre ellos el mismo Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán o Antonio Machado.
       El último Abderramán y otras novelas cortas se nos presenta con el propósito de recoger la narrativa completa de Villaespesa y reúne once obras que el escritor fue publicando, refundiendo y agrupando según sus intereses o los intereses editoriales del momento, por lo que no es raro que cambie títulos o cree nuevos que agrupan a varias de ellas, lo cual puede despistar al investigador, no así en el caso de Pedro M. Domene, autor de esta edición crítica que ha trabajado en ellas a lo largo de veinte años de su existencia y que, por consiguiente, sabe de lo que habla. Es la suya una edición crítica que integra el esclarecedor estudio preliminar que introduce al volumen, el cual no llega nunca a abrumar al lector con farragosos datos eruditos, pues es la suya una edición destinada al gran público lector y no solo a los especialistas. El citado crítico añade una somera bibliografía y esclarece términos, expresiones y datos que aparecen en los textos con notas a pie de página, nunca tan desmesuradas ni agobiantes que lleven a distraer la atención del lector del itinerario central de la lectura.
       Podemos dividir el estudio introductorio en cinco apartados: el modernismo y Francisco Villaespesa, la prosa de Villaespesa (1907-1917)», pues Domene considera que en esos diez años se produjo la publicación de toda la obra en prosa de Villaespesa; la clasificación de las novelas cortas, las notas a la edición y la bibliografía esencial. Como adalid del Modernismo y entre la bohemia y la Generación del 98, heredero de un romanticismo tardío, así como del realismo y naturalismo contra el que reaccionó como modernista, se nos aparece un Villaespesa en sus momentos de penurias económicas y del auge de su fama; un escritor que se gana la vida colaborando en periódicos y revistas hasta que surge su teatro y se dedica a viajar por los países de Iberoamérica con gran éxito, participando en la vida social y cultural de los mismos, impartiendo conferencias y ofreciendo recitales de su poesía.
       En las páginas de la introducción, el lector interesado hallará la caracterización de cada una de las obras que se recogen en este volumen, lo cual no cabe en una reseña como ésta. Baste decir que el elemento definidor de todas ellas es su heterogeneidad en cuanto a técnicas narrativas utilizadas e influencias (romanticismo, naturalismo y realismo, fundamentalmente); aunque en su temática predomina la fascinación orientalizante por la cultura árabe. Y dentro de ella, la admiración por Granada y La Alhambra resultan realmente seductoras. A mi entender, Villaespesa encontró un filón literario que lo encumbró en su tiempo. Explotó ese filón en demasía y quizás no supo o no quiso salir de él porque se encontraba cómodo, instalado en el conservadurismo, anclado en un pasado legendario, poco o nada crítico con los problemas históricos y sociales. Esto le hizo desmerecer ante muchos de sus contemporáneos, cuando ya el Modernismo había sido sobrepasado por la Generación del 98.
       En la clasificación de las novelas cortas que integra el volumen, Pedro M. Domene coincide con el profesor de la Universidad de Almería José Heras Sánchez, en la siguiente: Breviario de amor y Resurrección pertenecerían a la novela lírica; Zarza florida a la novela bizantina/griega; Amigas viejas, novela de ambiente rural; El último Abderramán, a las novelas de carácter plenamente oriental y Las garras de la pantera, Las granadas de los rubíes y Las pupilas de Al-Motadid a las calificadas de «carácter parcial»; El milagro del vaso de agua sería novela de tesis o de fuerte contenido religioso y, finalmente, como novela de misterio se califica a La ciudad de los ópalos.
       Se trata de un volumen que se lee con amenidad y con cuya lectura disfrutará, sin duda, el lector actual que repare en la fantasía, el deslumbramiento y la sensualidad que destilan imágenes, personajes y ambientes.
El último Abderramán y otras novelas cortas. Autor: Francisco Villaespesa. Edición crítica, introducción y notas de Pedro Domene. Editorial: Berenice, Córdoba, 2018.

martes, 29 de enero de 2019

Sara Mesa


Me gusta…
                                   Zona de sombras  



               Un mundo tan denso como dramático caracteriza a las historias que Sara Mesa (Madrid, 1976) entrega a sus lectores para contarnos el relato de una vida, la de sus protagonistas que se mueven en las zonas de sombra de una realidad donde se aprecia el valor de la intimidad, y aún más queda insinuado el territorio de lo misterioso.
               La narradora madrileña ha dado sobradas muestras de su buen quehacer narrativo y ha publicado las novelas, El trepanador de cerebros (2010), Un incendio invisible (2011), Cuatro por cuatro (2013) y Cicatriz (2015) que propone un moderno y excelente relato de aprendizaje, la historia de dos jóvenes que establecen una particular correspondencia basada en un simple intercambio, un texto tan valiente como morboso, y las colecciones de cuentos, La sobriedad del galápago (2008), No es fácil ser verde (2009) y Mala letra (2016), un alegato al miedo infantil, los secretos, el sentido de la culpa, y por añadidura una considerable valoración de la muerte.
       Su última entrega, Cara de pan (2018), cuenta la historia de dos seres marginados, en cierta medida, autoexcluidos de una sociedad que no comparten, aunque se sienten independientes, con un firme deseo de conquistar un espacio propio en un mundo libre de las convenciones sociales; en realidad, es una historia simple, intrascendente, y en las primeras páginas se concentra el encuentro fortuito de una adolescente de casi 14 años y de un hombre bastante mayor, de algo más de 50. Por esta razón de edad, la autora los nombra con los simbólicos Casi y Viejo. El primer escenario, donde se irán encontrando sucesivamente, es un parque, y cuando temen ser descubiertos en su escondite y en sus continuos y sospechosos encuentros, el escenario se traslada a una cafetería, la segunda parte del relato, bastante más breve. En las primeras imágenes el lector percibe que esta relación de pareja se presta a equívocos, el encuentro provoca sospechas y los personajes ofrecen esa doble perspectiva: inocencia y madurez. El viejo y la niña parecen estereotipos aunque Mesa confiere a sus vidas y actuaciones matices de una extraordinaria delicadeza y ha sido capaz de manejar el argumento con mucha habilidad, porque la historia está repleta de abundantes elusiones, y pese a su brevedad no resulta nada esquemática, aunque destila ingenuidad, humor, lirismo y una abundante dosis de patetismo.
       Casi es una niña rebelde que no acude al instituto donde estudia, sufre un complejo físico, afirma tener “cara de pan”, engaña a sus padres y no se entiende con sus compañeros, solo la visita esporádica de un hermano mayor la reconcilia con el mundo; Viejo no trabaja, esconde un pasado oscuro, fue acusado de abuso, siempre va con el mismo traje, buenos zapatos y calcetines de hilo, y una mochila. Charlan sobre naderías, cosas intrascendentes y los dos parecen celosos de su intimidad, pero poco a poco van intimando. Viejo sorprende a Casi con su sabiduría sobre el mundo de los pájaros y le descubre su pasión y la profundidad emocional que siente por la música de Nina Simone. El énfasis en la cantante sirve como esa auténtica protesta contra la marginación que ambos esgrimen en sus actuaciones, y que de alguna manera le sirve a Casi y Viejo para unir voluntades frente al mundo.
       Las escenas se suceden, el lector la siente encadenadas en un orden temporal, y ofrecen una visión paralela de la abundante conversación que mantienen ambos personajes, y de una forma sobria la narradora utiliza un estilo directo, como corresponde a esa fluidez conversacional con que habla Casi y le responde Viejo, todo envuelto en una absoluta naturalidad que deja ver alguna que otra malicia, porque la libertad a la que aspiran la niña y el hombre se muestra en un desgarrado deseo con tintes de felicidad y dramatismo; y Sara Mesa, dueña absoluto de su mundo, añade aún incomunicación, una absoluta deslealtad humana, y ese concepto de irracionalidad que caracteriza a nuestros semejantes, y cuanto tiene que ver con esa noción de familia.
              




CARA DE PAN
Sara Mesa
Barcelona, Anagrama, 2018.


domingo, 27 de enero de 2019

Por tierras del Bierzo

El Castillo de Cornatel...




Villafranca del Bierp. Tierra de Gil y Carrasco





Adiós, Pilar




     Pilar Quirosa-Cheyrouze (Tetuán, Marruecos 1956-Almería 2019) desvela los infinitos enigmas de sus palabras y permanece serena, segura, indagadora en su refugio: “Acqua Alta” (Playa de Ákaba, 2018). Es su último poemario publicado, pero no el final de su poética inmortal. Horizonte y esperanza de luz, en una dedicatoria al infinito, cuando todavía suena el eco de su reciente desaparición.
                                                                    Miguel Ángel Blanco, periodista.

sábado, 26 de enero de 2019

Sabías que...




     “Si quieres ir rápido, camina solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.
                                                           Proverbio africano

viernes, 25 de enero de 2019

Cuaderno en blanco, enero


Cuaderno en blanco

Enero

       He despedido a un nefasto 2018, en lo personal y en lo literario, no porque aquellos aspectos relacionados con la literatura me hayan jugado alguna que otra mala pasada, sino porque despido a algunos escritores, que incluyen a amigos, y que de alguna manera formaban parte de mi vida literaria: Nicanor Parra, Tom Wolfe, Philip Roth, Fernando del Paso, Amos Oz, y especialmente, tras largos años de amistad, también a Sergio Pitol y a Julio Alfredo Egea.
       Y así 2018 se ha convertido en uno de esos años para no recordar, aunque instalados en el 2019, debemos hacer recuento de las fortunas y de las adversidades: de las primeras, dos libros publicados, la edición de El último Abderramán y otras novelas cortas, de Francisco Villaespesa, tras años de estudio y buscar editorial, y una antología de Poetas de campo. Neorrurales; de las segundas, enfermedades familiares de profunda amargura y dos despedidas, los padres.
       Enero se nos viene encima repleto de acontecimientos, un agradable encuentro literario en Valladolid, día 15; dos días, después, repetimos, en Ponferrada (León), lectores, un magnífico anfitrión, Manuel Ángel Morales, y la suerte de conocer su tierra, el Bierzo; y a lo largo del mes, con algo de suerte ver las primeras páginas e ilustraciones de Las ratas del Titanic.
       Luego vendrá Febrero, y un tiempo con nuevas perspectivas.

jueves, 24 de enero de 2019

miércoles, 23 de enero de 2019

Antón Castro


Un artista en la vendimia

Realidad, memoria y autoficción para contar en Cariñena (2018) cómo el joven Antón Castro llega desde su Galicia natal a Zaragoza.

Foto José Miguel Marco

       Un adolescente de 19 años, tan inexperto como angustiado, se verá obligado a abandonar su tierra natal, Galicia, huyendo de un servicio militar obligatorio. Viaja a la ciudad de Zaragoza para convivir con un grupo de objetores de conciencia que, como él, se resisten a servir en el ejército; emocionalmente frágil, el joven es un tímido  aspirante a poeta, y durante algún tiempo irá anotando en un cuaderno Sagitario cuanto vive, siente y le ocurre con el propósito de transcribirlo cuando se cumpla su deseo de convertirse en un futuro escritor; una vez instalado en la ciudad, las circunstancias económicas le obligarán a viajar hasta Cariñena para, una vez allí, conseguir “engancharse” en la vendimia, donde descubrirá un mundo de sensaciones desconocidas para él hasta el momento, incluso el valor de algunas amistades que se han convertido en personajes de esta narración autobiográfica: Miguel Setién, Mar y Cris Gálvez, Andrés Serra, Eliseo el Riojano o Pepe Mainar.


       En Cariñena y en Paniza, pronto, el Gallego, como apodan al protagonista, establece relaciones en el pueblo; encuentra gente que le ayuda, o le puede dar el trabajo; unos personajes con sus pequeñas historias, que conviven en los escenarios de la plaza, en el bar, en un cobertizo, o en los barracones donde descansan. Y las  conversaciones, anécdotas, confidencias, la puesta en común de gustos, sobre todo culturales, de algunas películas de la época, libros, cantantes y cantoautores de moda, pero sobre todo muchos proyectos aún por definir. Y se constata el durísimo trabajo con el farcino en la mano, recorriendo las hileras de viñedos hasta deslomarse al sexto día, y quedar tronzado, abatido por el lumbago del cierzo. Al mismo tiempo, el narrador emplea párrafos bellísimos sobre la tierra, sobre la uva, y la técnica, la dura tarea y el esfuerzo de recogerla para dejarla suavemente sobre los cuévanos.

       Antón Castro utiliza una prosa limpia, delicada, con detalles eficaces que complementan las numerosas descripciones que el escritor hace sobre el paisaje y las gentes de la tierra, y todo ese esfuerzo se solidariza con el duro trabajo y la complicidad luminosa de un paisaje asumido con el paso de los años que, como se aprecia finalmente en este curioso texto, mitad ficción y biografía, resulta profundamente poético.






Antón Castro, Cariñena; Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2018.

lunes, 21 de enero de 2019

Presentaciones, 2

Las beguinas viajaron hasta Ponferrada, y allí de la mano de Ruy Vega y Manuel Ángel Morales, disertamos, en La Casa del Libro, sobre el secreto de estas singulares mujeres del XVII.





domingo, 20 de enero de 2019

Presentaciones

La cita fur en Valladolid.
Martes, 17 hablando de las beguinas y su secreto, presentado por Juan Pedro Martín Escolar-Noriega. 


domingo, 13 de enero de 2019

Beguinas



Hoy invito a…


MANUEL ÁNGEL MORALES ESCUDERO*

       Fue Miguel de Unamuno el que acuñó el término "intrahistoria" para referirse a esa otra historia, la no oficial, aquella que no está escrita, pero que camina de la mano de la primera, la que cuentan los profesionales y que conforman a su antojo.
       Esa intrahistoria la protagonizan las personas con sus vidas, sus sentimientos, sus lances, aventuras y desventuras. La historia oficial en la que se centra la obra del crítico literario y novelista Pedro M. Domene, El secreto de las Beguinas, se inscribe en la época del Imperio español y las campañas que mantuvo en Flandes de la mano de los famosos e invencibles Tercios. Es una historia en la que se enfrentan los nobles flamencos, con ayuda de los ingleses, al mayor poder militar de aquellos tiempos: un Imperio que sujetaba en una mano la espada y en la otra el crucifijo, y que con ellos se imponía a sangre y fuego sobre el resto de las potencias occidentales.
       Pero no estamos hablando de una novela histórica al uso. No es esa la pretensión del autor. Estamos ante una novela en la que brilla con fuerza el amor. Es en realidad una historia de amor en unos tiempos en los que el amor romántico es denostado por esa parte desnortada de la sociedad que el tiempo barrerá como siempre les ocurre a los que se enfrentan a Cupido. Con razón el libro comienza con una cita de Miguel Servet:

       “La fe, si se considera en su propiedad esencial y pura, no contiene tal perfección como el amor...El amor es superior a todo... durable, sublime, más parecido a Dios...”

       En esta sección he comentado algunas de las grandes novelas de amor que son grandes obras literarias: La hija del capitán de Pushkin, Primer amor de Turgueniev, El rumor del oleaje de Mishima, El Dr. Zhivago de Pasternak... La novela de Pedro M. Domene está en esa línea. Es cierto que no es solo una novela de amor, o mejor dicho, es más que una novela de amor, puesto que introduce la intriga y la aventura a la vez que una crítica sutil al fanatismo y al ambiente en el que, muchas veces, las vidas anónimas se ven envueltas sin culpa ninguna, cuando predomina la codicia, el fanatismo o la barbarie.
       Pues, en efecto, la novela de Domene se centra en una época histórica de lucha política en la que se le da un fuerte protagonismo a la Inquisición, exponiendo con brillantez lo que significaba un proceso inquisitorial.
       El argumento se engarza en una estructura trepidante en la que se intercalan dos épocas separadas por más de cuatrocientos años: la época del sitio de Ostende y la actual. Alternando ambos tiempos en cada capítulo, se nos presentan dos historias que el lector va conectando e hilvanando paso a paso. En un tiempo in crescendo, los personajes modernos, representados por un investigador y su hermano, se desplazan a la ciudad de Brujas para investigar el auto de fe por el que se condenó a  un grupo de Beguinas – mujeres que cuidaban de pobres y enfermos– y que fueron quemadas en la hoguera. Poco a poco, van descubriendo un oscuro secreto ocultado durante siglos –que no revelaré aquí– y que solo con insistencia y tesón lograrán, por fin, revelar. Pero ese secreto oscuro y terrible encierra una sorpresa aún mayor: una historia de amor entre un noble caballero español y una dama flamenca alojada entre los muros del Beguinato.
       La estructura es cinematográfica. El lector pasa los capítulos como si fueran escenas de una película de misterio. La trama progresa y mientras avanza va cogiendo velocidad. Los acontecimientos se precipitan en la parte final de la novela en un clímax en el que confluye la historia de amor, la cruel labor de la Inquisición y la trama político-criminal urdida en el Beguinato.
       Siempre me han llamado la atención las historias de personajes atrapados en el tiempo por unas circunstancias que les son ajenas. Como las vidas de Lara y Yuri en “El Dr. Zhivago” de Pasternak,  las de Elisabeth y Jorge de Deza en la obra de Domene se entrelazan como si un sino inexorable las hubiera destinado a encontrarse. Fuera de ellos, el dolor de una guerra, la envidia, la crueldad y el asesinato y, por encima de todo, una ideología fanática que no entiende de amor y que lo rechaza porque le resulta insoportable. Nada hay peor para el fanático que el amor romántico porque en su reino de odio y miseria el amor puro y prístino no puede existir... malas gentes que caminan y van apestando la tierra, como diría Machado.
       Es el fanatismo inquisitorial uno de los temas protagonistas en la obra de Domene. La figura de los inquisidores, sobre todo la del Inquisidor Giordano, torturando con el cordel para no dejar huella a las mujeres, es una fiel imagen de lo que representa el terror fanático. Frente a él solo cabe escapar, como hacen los protagonistas, pues del mal hay que alejarse, es la única salida que nos queda. Recientemente, he visto muestras de fanatismo en muchos ámbitos, también en el literario. He visto la cobardía de los que se ocultan con seudónimos para esparcir odio, de los que se valen del anonimato para extender su mediocridad dañina, de la envidia que encierra, en el fondo, el carácter del fanático. Domene construye dos grandes personajes en este ámbito: Diego de Santo Domingo y Giordano. No lo hace de forma plana sino que ambos están llenos de matices. En uno se aprecia al fanático estudioso, aunque con dudas en su labor de Inquisidor; en el otro reina la crueldad más sádica, la cruenta imaginación del psicópata refugiado en la religión, cuna de los mismos. Ese fanatismo, junto con la guerra de fondo, es el decorado en el que se mueve la historia de amor que, sin embargo, aparece como pura y cristalina, contrastando con el mal. Es el amor que todo lo puede, que todo lo limpia; es lo más parecido que existe a la divinidad, como decía Servet.
       Domene destaca como novelista tanto como en su labor de crítico literario. Redescubre talentos ocultos en Disidencias o profundiza en interesantes autores caídos en el olvido como Villaespesa en su reedición de El último Abderramán. Es uno de esos personajes que merece la pena conocer. 

     Los bercianos estamos de suerte, pues de la mano de esta sección, de la Torre de los Sueños, del Club Petronio y la Editorial Trifaldi –con la presencia de su impulsor, Máximo Higuera–  podremos compartir y departir con el autor el próximo 17 de enero en La casa del Libro del C.C. El Rosal a las 19:00 horas. Allí quizás nos desvele alguno más de los secretos ocultos de su obra además del que se esconde tras las Beguinas.

* Ponferrada (1968), Licenciado y Doctor en Derecho. Ha publicado los poemarios, Poemas (1988) y Allá en la montaña (1998). En narrativa ha publicado, Cuentos del durmiente (1997) e Insectalia (2011), además de Hikikomori (2018

jueves, 10 de enero de 2019

Ricardo Reques


me gusta…             
EL TAMAÑO DEL MUNDO 

        

       El universo narrativo de Ricardo Reques (Madrid, 1967) propone que el lector se enfrente a una lectura tan intensa como plagada de referencias y guiños en una multiplicidad de aspectos que le interesan acentuar al autor, y que se presupone nos obligarán a no dejar de pasar sus páginas sin descanso alguno. Ejercitado en el relato y el microrrelato, Fuera de lugar (2011), El enmendador de corazones (2011) y Piernas fantásticas (2015), encomiables por su técnica y contenido, ahora nos sorprende con una novela de envergadura por su planteamiento narrativo y su extensión, sobrepasa las 300 páginas, y se titula curiosamente, La rana de Shakespeare (2018). 
       Un texto como La rana de Shakespeare quedaría simplificado por la definición o interpretación que el propio narrador hace, en un inteligente guiño, entre otros muchos a lo largo del relato, al final del libro, cuando afirma que “ahora está escribiendo una especie de novela construida con citas literarias sobre anfibios, una historia en la que suceden cosas que, de un modo extraño o no explicado, tienen relación con las citas”; y aún, insiste, y subraya, “un rompecabezas, una acrobacia que nace de sus múltiples lecturas, de las que ha ido seleccionando fragmentos de historias en las que se nombran a los anfibios”; 
       Ricardo Reques estructura y establece su relato como una narración lineal y cuenta un viaje científico por el Gran Chaco y la selva misionera, en el norte de Argentina, donde el protagonista, acompañado por varios científicos locales, inicia una aventura que evidencie la posibilidad de que los anfibios de todo el planeta puedan estar en peligro de extinción por culpa del cambio climático. El científico español se debate entre el recuerdo de un frustrado amor secreto, Libelia, una joven postdoctoral adscrita a su proyecto de investigación que vive en Madrid, y por el motivo fundamental de su narración, las sucesivas toma de muestras, y la constancia escrita de su viaje en unos cuadernos que, de alguna manera, reflejan su forma de mirar un mundo que apenas ya si entiende; y al hilo, nos muestra su empeño en algunas de sus inclinaciones, tan obsesivas como fantásticas, su interés por la variedad de ranas que va encontrando como por sus compañeras femeninas, las presentes y las ausentes en un acusado tono erótico, y que en cierta manera ofrecen al lector las reflexiones y la naturaleza humana y sexual del protagonista. El conjunto debe interpretarse técnicamente como una intertextualidad de géneros narrativos, descripción detallada de lugares y espacios geográficos, perfectamente documentados,  reflexiones y citas textuales de autores y obras literarias de elevada y amplia calidad y, como buena obra narrativa, se insiste en algunos retratos psicológicos de los personajes secundarios que confieren al relato su voz propia y le otorga a la historia un auténtico juego original que envuelve la trama del relato.  
       Los frustrados deseos carnales del científico se alternan con la profunda visión de un problema contemporáneo que preocupa a la humanidad, en un relato que nos deja percibir su visión más irónica, o añade esa evidente necesidad de la expresión sexual humana, como actitudes y sentimientos tan perversos como tan inocentes al mismo tiempo. La voz de Vogli, ese alter ego literario tan conocido del autor, ilustra desde la lejanía mensajes al personaje protagonista con citas narrativas en las que ranas, sapos, y toda una colección de criaturas anfibias tienen una presencia más o menos acertada en una curiosa selección literaria: Quiroga, Joyce, Bolaño, Vila Matas, o Cervantes y el propio Shakespeare. La voz del protagonista sostiene todo el relato, aunque el lector percibe cierta sensación coral cuando los personajes periféricos con sus particulares visiones y actuaciones son los que hacen girar la acción en uno u otro sentido, e intensifican la percepción que tiene el protagonista del conjunto, y así como vamos conociendo las variopintas personalidades de la sensual Teresa, de Alcadio, de Felisberto, de Yaci, y en el espacio opuesto el novio de Libelia, que según el narrador, se parece a Wittgenstein, personajes que de la mano de Reques tienen sus propia identidad y corroboran ese aire coral de un relato tan fresco en muchas de sus páginas como surrealista en otras tantas, tan irónico como deslumbrante, tan ajustado en su prosa y preciso en cada uno de los experimentos de que nos hace partícipes su autor.







LA RANA DE SHAKESPEARE
Ricardo Reques
Tenerife, Baile del Sol, 2018

miércoles, 9 de enero de 2019

Estrellas





Nicanor Parra
       Fecha de nacimiento, 5 de septiembre de 1914, San Fabián de Alico, Chile
          Fallecimiento, 23 de enero de 2018, La Reina, Chile.

Sergio Pitol
       Fecha de nacimiento, 18 de marzo de 1933, Puebla, México.
            Fallecimiento, 12 de abril de 2018, Xalapa-Enríquez, México.

Tom Wolfe
       Fecha de nacimiento, , 2 de marzo de 1930, Richmond, Virginia.
            Fallecimiento, 14 de mayo de 2018, Manhattan, N.Y.

Philip Roth
       Fecha de nacimiento, 19 de marzo de 1933, Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos.
       Fallecimiento, 22 de mayo de 2018, Manhattan, Nueva York, Estados Unidos.

Julio Alfredo Egea Reche
            Fecha de nacimiento 4 de agosto de 1926, Chirivel, Almería.
               Fallecimiento, 23 de septiembre de 2018, Chirivel, Almería.

Fernando del Paso
       Fecha de nacimiento, 1 de abril de 1935, Ciudad de México, México.
               Fallecimiento, 14 de noviembre de 2018.

Amos Oz

       Fecha de nacimiento, 4 de mayo de 1939, Jerusalén, Israel

               Fallecimiento, 28 de diciembre de 2018, Tel Aviv, Israel.
 

Marcos Giralt Torrente


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LA VIDA MODULADA

   
                  

       Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) vuelve al mundo de la familia, a la infancia compartida, a las historias de un pasado repleto de heridas, de afectos y desafectos, y con Mudar de piel (2018) ofrece el ejemplo de una perfecta estructura narrativa breve, y consigue que sus relatos se conviertan en ese perfil psicológico que enfrenta a sus personajes tanto a sus miedos como a sus anhelos. El narrador madrileño ensaya sobre la inmensa capacidad de la institución familiar que construye y destruye a las personas, en especial a algunos de sus miembros más vulnerables, en dos de sus etapas significativas: la niñez y la adolescencia. Aunque los relatos están unidos por el tema y el mismo tipo de narrador, cada uno aborda un aspecto distinto de ese trastorno infligido a la familia. Las nueve historias quedan hilvanadas de un modo sutil y compacto, ofrecen tramas diversas que dejan a sus personajes heridos por el sentimiento de los afectos y de los desafectos, la vida cotidiana limitada por el azar o esas determinaciones que convierten el final de cada relato en algo distinto aunque la sensación de culpa presida muchas de sus acciones. El lector siente los lazos de sangre: padre y madre; el sentimiento de infidelidad o traición y busque el perdón, quede acorralado por el tiempo, y sometido a las cuestiones del azar para finalmente aceptar una determinada condición social: la de hijo único. Todas las familias esconden algo, resultan anómalas en algún un sentido, afirma Giralt Torrente capaz de seducir y conseguir el poder de embaucar porque no escribe sobre vidas glamorosas, o inaccesibles, se resuelven en existencias corrientes y cotidianas, y de ahí ese potencial desconcierto en el lector.   
       La fuerza, la virtud formal y su expresión misma radica en la indagación de los diversos estados de conciencia de sus protagonistas, en la persistencia y recuerdo del pasado, en la percepción del presente de los personajes, algunos no inmunizados contra las ansiedades de sus semejantes, capaces de levantar acta de cuanto acontece a su alrededor. Ocurre en la primera historia, esa conversación entre Lucía y su hermano porque han perdido a su madre y su padre no llena el hueco dejado, y aunque él le habla de “familias normales” ella asegura con bastante clarividencia y cierta soberbia adolescente que “ninguna lo es”; en el relato, “Rendijas, islas”, el narrador se siente alejado de un padre al tiempo que comprende las incertidumbres de la vida, ante las que cierras los ojos; en “Abrir ventanas” el protagonista es un escritor, pero es un padre que cría a su hija sin madre y trata de no perderse en la evolución de niña a mujer; hijos a los que los roces de los padres y las ausencias vuelven ásperos, como el protagonista de “Un refugio imprevisto”, un chico con más dinero y niñeras que cariño, dispuesto a no pasarle ni media a su madre, que por su profesión de actriz debe ausentarse en exceso. Curioso es “Mudar de piel”, el cuento que da título al libro, nos recuerda a esos padres inventores, soñadores y desastrosos, y muestra dos hijos vulnerables, una historia que como otros relatos casi se erige en una auténtica novela en miniatura. En todos palpita el afán de rebañar en buena parte de la realidad que vive el propio escritor, y así lo deja escrito para que la esencia quede especificada como en la técnica de una resonancia magnética. Sin artificios, Mudar de piel, se lee a golpe de sutileza, es una narración descarnada, y de una absoluta realidad revelada.







MUDAR DE PIEL
Marcos Giralt Torrente
Barcelona, Anagrama, 2018