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jueves, 31 de octubre de 2019

Socorro Venegas


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                           UN AIRE MELANCÓLICO
                   
La mejicana Socorro Venegas publica en Páginas de Espuma, La memoria donde ardía, una colección de cuentos.

  
                      
  
       Los personajes de La memoria donde ardía (2019) se enfrentan a la vida con un cierto desasosiego y no menos hastío, como otros muchos viven sopesando cierto enfrentamiento con esa vida que no terminan de aceptar, pero sobre todo porque no terminan de aceptarse a sí mismos; y en ese reconocerse tiene bastante que ver con la pregunta acerca del rol que les ha tocado en su existencia, algo que será importante para las mujeres protagonistas de muchos de estos cuentos, porque Socorro Venegas (San Luis Potosí, 1972) que hasta ahora había publicado las colecciones de cuentos, La risa de las azucenas (1997), La muerte más blanca (2000), Todas las islas (2002) y las novelas, Será negra y blanca (2009) y Vestida de novia (2014) muestra, en esta nueva colección de relatos, una especial sensibilidad hacia las mujeres en general, pero esencialmente a las mujeres en su relación con la maternidad; pero en realidad, la mayoría de estos diecinueve relatos, muestran la expresión de quienes ha sufrido una pérdida, y según vamos leyendo, esa pérdida y otras, no sabemos si podrá trascender el dolor o terminará por destruirse.
       La reflexión, como tema esencial, y esa aceptación del propio papel que está muy presente en todos los relatos, se concilia con el tema apuntado de la maternidad, que no resulta reiterativo, sino que va más allá y, en ocasiones, resulta diferente porque en el relato “El coloso y la luna”, una niña sale en busca de su padre alcohólico y en esa búsqueda trata de comprenderlo, de entender qué le ha llevado a esa situación; el intento por desentrañar la situación deplorable de su padre lleva a la niña a preguntarse sobre sí misma y a adoptar un singular papel que, por su edad, le viene grande. Su madre la envía a por su padre, porque para ella su mayor preocupación es el hombre con el que vive; la niña asume estar en un segundo plano y la responsabilidad de rescatar a su padre para, consecuentemente, rescatar a su madre; es así como el alcohol se convierte en otro motivo literario en este libro, que pretende ver el mundo interior de los que beben, y en algunos de estos cuentos visto desde la perspectiva de los niños, como esa niña que busca al padre alcohólico y tomará decisiones con mucho sentido común, aunque prevalece el amor a su padre, con quien estrecha una nueva relación porque llega a probar el alcohol en un intento de saber cómo es, o se siente su padre. Es curioso, con que sutileza Venegas se acerca a la figura de los niños, con esa mirada de honestidad que ellos mismos proyectan y se refiere a ellos como interlocutores válidos, incluso protagonistas absolutos como el relato que narra la experiencia de una historia de amor entre dos niños enfermos en un hospital “Los aposentos del aire”, muy conscientes de que sus días están llegando a su fin, y ya no hay espacio para esa inocencia de la que deberían disfrutar siendo niños, entonces asumen su condición, crecen con la misma rapidez con la que agotan sus últimos días, y se ven marcados por ese amor incondicional que se tienen, y en un momento del cuento se preguntan, ¿Entonces ya no somos niños?, y la contestación no puede ser más demoledora, somos lo que van a morir. La infancia se convierte en un universo único, un territorio lleno de misterios y de poesía, casi un lugar sagrado, poderoso y frágil al mismo tiempo, un espacio de sombras y claroscuros que cuenta la literatura.
       Venegas crítica, en la mayoría de sus relatos, a una sociedad patriarcal, que condiciona el mundo de las mujeres, que las circunscribe a criar hijos, cuidar del marido y de la casa, pero que, en realidad, no resultan las opciones deseadas de las mujeres, y aunque la mejicana insista en no convertir sus historias en reivindicaciones feministas o, incluso, con esa matiz ideológico que pueda derivarse de sus temas, sobresale su vindicación de un mundo justo e igualatorio. Y lo mejor, en este libro se subvierte la realidad en la que viven todos y cada uno de los personajes, donde mujeres y niños son marginales, considerados débiles y tratados con condescendencia, pero de la mano de Venegas, tanto ellas como los niños, son personajes poderosos, vadean en la oscuridad, e intentan ordenar el mundo desolado que les ha tocado vivir, y quizá por eso sobreviven. Son capaces de hacerse preguntas, y se cuestionan todo, miran de frente, nos muestran esas verdades ocultas.







LA MEMORIA DONDE ARDÍA
Socorro Venegas
Madrid, Páginas de Espuma, 2019

martes, 29 de octubre de 2019

Cuaderno en blanco, octubre


Cuaderno en blanco





      El mes de las castañas y las frías mañanas, los atardeceres de auténtica fotografía, y el cambio de hora, me trae una interesante entrevista con Leticia Sánchez Ruiz, autora a quien he leído desde sus inicios, y ahora nos ofrece un thriller, Cuando es invierno en el mar del norte. 
       Un encargo de mi admirado Raúl Maícas, para Turia, la revista de Teruel que tantas satisfacciones me viene dando en estos años, y una vez más escribiré sobre Andrés Neuman y su más reciente entrega, un curioso libro, Anatomía sensible (Páginas de Espuma).
       Edito dos entrevistas para Cuadernos del Sur, a la mexicana Socorro Venegas y la argentina, Yanina Rosenberg, que irán apareciendo en los próximos números del suplemento.
       La vuelta a una realidad me devuelve colaboraciones en Artes & Letras (Heraldo de Aragón), Turia, Zas! Madrid y mi ademirado suplemento, Cuadernos del Sur (Diario Córdoba).


Peter Handke en mi blioteca, 4



       Peter Handke nació el 6 de diciembre de 1942 en Griffen, en la región de Carintia, cerca de la frontera con Eslovenia.

       Handke y su madre, Maria Sivec (una eslovena que suicidó en 1971), vivió en el barrio Pankow en la zona ocupada por los soviéticos de Berlín. Su progenitora se relacionó con el padre biológico de Peter,  ya casado y empleado de banco, Erich Schönemann. Antes de su nacimiento, su madre se casó con un conductor del tranvía de Berlín y soldado de la Wehrmacht, Adolf Bruno Handke, su padrastro.


       En 1959, se trasladó a Klagenfurt, donde estudió secundaria, y en 1961, comenzó estudios de Derecho en la Universidad de Graz, finalizando en 1965.

       Pensador, ensayista, novelista, poeta, dramaturgo y cineasta, cuando comenzó a escribir, tocó varios géneros literarios: novela, teatro, poesía y ensayo, intentando distanciarse de las convenciones literarias establecidas.

       Muy influido por autores como Goethe o Kafka. Handke se inició en el teatro de vanguardia y se considera a su obra representativa del estilo de la Neue Subjektivität.

       Su primera novela se publicó en 1966, Los avispones y estrenó tres obras de teatro, entre las que se encontraba Insultos al público, una controvertida obra de antiteatro en la que cuatro actores discuten con el público.


       En 1969 se presenta su primera colección de poemas, El mundo interior del mundo exterior del mundo interior.

       A partir de su narración detectivesca El miedo del portero al penalty (1970), escribió en colaboración con Wim Wenders el guion para la película que este último dirigió; una colaboración que se repitió en el film Cielo sobre Berlín (1987).

       Realizó algunas películas como La mujer zurda (1977), a partir de un cuento suyo. Entre sus obras de teatro se encuentra Kaspar (1968), basada en la historia de Kaspar Hauser.

       Entre sus novelas destacan El chino del dolor (1983), La ausencia (1987), La tarde de un escritor (1987) o El juego de las preguntas (1991).


       Sus opiniones sobre las guerras yugoslavas y el posterior bombardeo de Yugoslavia por parte de la OTAN con críticas a la posición occidental y su discurso en el funeral de Slobodan Milosevic provocaron controversia, y fue calificado como apologista del nacionalismo serbio de extrema derecha.

       En 1996, su diario de viaje Eine winterliche Reise zu den Flüssen Donau, Save, Morawa und Drina oder Gerechtigkeit für Serbien fue muy controvertido, ya que Handke retrató a Serbia entre las víctimas de las guerras yugoslavas.

       En 2014, Handke fue galardonado con el International Ibsen Award. En 2017, la Universidad de Alcalá de Henares le concedió el doctorado 'honoris causa'.


Concesión del Premio Nobel, 2019

       El jurado ha dicho que Peter Handke recibe el Nobel de Literatura 2019 "por un trabajo influyente que, con inventiva lingüística, ha explorado las periferias y la especificidad de la experiencia humana", y que "Handke se ha asentado como uno de los escritores más influyentes de Europa después de la Segunda Guerra Mundial".

sábado, 26 de octubre de 2019

Adiós a Patricia de Souza


       Patricia de Souza (Coracora, Ayacucho, 1964- Pau, Francia, 2019) literata, escritora y profesora peruana. Publicó una docena de novelas e impartió cursos en universidades de América y Europa.


       Licenciada en Letras, también realizó estudios de ciencias políticas, periodismo y filosofía. Hizo su tesis doctoral en Literatura francesa y comparada sobre Flora Tristán y Lautréamont en la Sorbonne, París.


Libros publicados

  • Cuando llegue la noche (Lima, Jaime Campodónico, 1995).
  • La mentira de un fauno (Madrid, Lengua de Trapo, 1999).
  • El último cuerpo de Úrsula (Barcelona, Seix Barral, 2000). (Lima, [sic], 2009), traducida al alemán, Lateinamerika verlag, Solothurn 2005.
  • Stabat Mater (Madrid, Debate, 2001).
  • Electra en la ciudad (Madrid, Alfaguara, 2006).
  • Aquella imagen que transpira (Lima, Sarita Cartonera, 2006).
  • Ellos dos (Lima, editorial San Marcos), 2007. Jus, México 2009.
  • Erótika, escenas de la vida sexual (México, editorial Jus), 2008. Barataria, 2009, España.
  • Tristán (novela), Lima, Ediciones Altazor, 2010.
  • Eva no tiene paraíso (ensayo), Lima, Ediciones Altazor, 2011.
  • Vergüenza (novela), Casa de Cartón, Madrid, 2014.
  • Descolonizar el lenguaje (ensayo), Los Libros de la Mujer Rota, 2015.
  • Mujeres que trepan a los árboles, Trifaldi, Madrid 2017.

     Fragmento de mi reseña a Mujeres que trepan a los árboles (Trifaldi, 2017), publicada en Los diablos azules, de InfoLibre, Caleidoscopio de color; 18/05/2018


       “Su proyecto narrativo ha convertido la variedad de sus textos en una ferviente crítica porque nunca ha dejado de ocuparse de la problemática del lenguaje y de la consecuente visión de lo femenino, y se formaliza así en un auténtico repaso que para la escritora le brinda, al mismo tiempo, la ocasión de profundizar en el uso del lenguaje como un modo de someter el pensamiento y, también, de silenciar un discurso discordante, cuestionamientos por otra parte que la autora se plantea como una invitación a proseguir en una reflexión más allá de sus propuestas, y en ese concepto que en su prosa se calificaría como la exigencia misma al derecho legítimo a la palabra en un entorno social, político y literario que nunca debería condicionar a la mujer a ser considerada como subalterna y la aleja, por supuesto, de sentirse colonizada por un lenguaje patriarcal que la anula asumiendo exclusivamente la palabra en un estricto concepto machista. Con una de sus últimas obras, Vergüenza (2014) su narrativa se convierte en un aleatorio muestrario de espejismos donde su pasado queda expuesto en fragmentos distanciados en el tiempo, y cuyo resultado se parece a una posible biografía que solo se sustenta por una auténtica transfiguración, y esta forma particular de escritura se acentúa, aún más, en su última entrega, Mujeres que trepan a los árboles (Trifaldi, 2017), una especie de deriva hacia un desdoblamiento literario en su estado puro, y ha llevado a su narrativa hacia un concepto de ficción personal, que de su mano se convierte en un ejercicio lúdico de fijación de la memoria, aunque eso sí relativizada para sus lectores. En esta sorprendente novela estructura sus recuerdos en torno a una mágica morfología vegetal que todo lo envuelve: su realidad presente y sus evocaciones. Entonces el pasado de la narradora florece entre todo un catálogo de árboles distintos, que en sus páginas se propagan como una sinfonía de formas y de color perceptibles por el poder seductivo de la ficción. Flores y árboles como el olivar, el jabillo, ejemplo de árbol intertropical, el caucho, el mango, el apamate, de una extraordinaria belleza, el eucalipto, el sauce, o el ficus, toda una exposición de la flora americana cuyo recuerdo arraiga en la memoria de la narradora y se ofrece como un área fértil. Muchas de las curiosas y distintas experiencias de la narradora quedan simbolizadas por estos árboles, y expuestas según su fruto, o su flor, incluso según su madera, fortaleza y belleza, o la tierra dónde crece. Y así algunos recuerdos parecen trasplantados, ajenos con hermosas evocaciones y bellísimas imágenes, y el relato se organiza a través de una visión ecológica y el resultado se convierte en un diario personal tan heterodoxo, que mezcla vivencias, fechas, nombres, y sobre todo una abundante vegetación”. 
 


jueves, 24 de octubre de 2019

José Ovejero


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SECRETOS


       Algo turba nuestra existencia, aun en los momentos y situaciones más comunes, incluso en aquellos aspectos en que la cotidianidad se convierte en rutina y nuestra vida se levanta sobre un muro de silencios. Quizá por este motivo José Ovejero (Madrid, 1958) ensaya en sus novelas el arte de las relaciones humanas con una rabiosa actualidad como trasfondo, en una amplísima diversidad temática, como ocurriera en Las vidas ajenas (2005), con el fenómeno de la inmigración y sus problemas de integración. También en esta ocasión se sirve de una inmigrante para contar en Nunca pasa nada (2007) parte de la vida de sus personajes, protagonizada por la joven ecuatoriana Olivia. Una historia donde la perspectiva narrativa recae en sus personajes, cinco en total que encabezan otros tantos capítulos de la novela. Carmela y Nico forman parte de una pequeña burguesía que contrata como niñera y empleada de hogar a Olivia, quien arrastra una truculenta historia que sustentará parte del conflicto a narrar.
       A medida que avanzamos en Nunca pasa nada se suceden los secretos, las culpas y los miedos, de la mayoría de sus personajes, tanto en la suerte que corren el joven matrimonio y Olivia o las intervenciones de un extraño adolescente que aparece en sus vidas, Claudio, y que se configura como un perfecto inadaptado, un rebelde en su actitud y en sus actuaciones, pero que se muestra como el auténtico ser que denuncia, con su plante y su presencia, la hipócrita visión de una sociedad y de un orden establecidos. Sin que, por ello, su propia vida tampoco resulte un modelo de conducta; parece extraño que desaparezca de la escena sin apenas consecuencia alguna. Y Julián, el quinto personaje, el jardinero, que ha traído a la casa a la joven compatriota, se aprovecha de la situación y de, alguna manera, intenta sacar partido presionando a Olivia con la deuda contraída. La narración que arranca con un aire costumbrista, se va complicando una vez que el lector se sitúa en el origen de la historia y de la vida sus personajes. Quizá lo mejor está en el esbozado inicial, en la voluntad de la ecuatoriana por sobrevivir y sacar adelante a una madre enferma en su país; pero pronto verá cómo esta necesidad se convierte en una espiral de conflictos que incluso se proyectan sobre sus compatriotas o la pequeña Bertita. La relación que estable con los dueños de la casa donde trabaja es tal que, de alguna manera, descubre las fisuras de una pareja y las traiciones del matrimonio; la joven no ajena al conflicto se dejará arrastrar sin que la libertad que Nico se toma con ella llegue a mayores. Quizá por eso, en ocasiones, el relato decae porque se aleja del propósito inicial, es decir, las relaciones entre los buenos burgueses y sus empleadas domésticas inmigrantes o todo lo que pueda acarrear de su situación ilegal en el país. Al final, con algunas de las situaciones y personajes esbozados, se acelera el desenlace con víctimas incluidas. Todo se precipita porque, de alguna manera, hay que acabar una novela repleta de elipsis, de espléndidas situaciones y de un manejo del arte de narrar en que sobresale Ovejero.







NUNCA PASA NADA
José Ovejero
Alfaguara, Madrid, 2007

martes, 22 de octubre de 2019

Efemérides literarias, octubre


EFEMÉRIDES LITERARIAS/ CENTENARIOS DE 2019





    06 de octubre de 1919, muere Ricardo Palma, tradicionista, escritor y periodista peruano.

    07 de octubre de 1719, nace Jacques Cazotte, literato francés.

       13 de octubre de 1919, muere Karl Adolph Gjellerup, escritor danés, Premio Nóbel de Literatura en 1917.

    14 de octubre de 1619, muere Samuel Daniel, poeta e historiador inglés.

       22 de octubre de 1919, nace Doris Lessing, escritora británica, Premio Nobel de Literatura en 2007.

   30 de octubre de 1919, muere Ella Wheeler Wilcox, poetisa y periodista estadounidense
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domingo, 20 de octubre de 2019

Sabías que...



      “No mires hacia atrás con irá, ni hacia delante con miedo, sino alrededor con atención”.
                                                    J. Thurker

viernes, 18 de octubre de 2019

Bloom


Adiós a Harold Bloom, autor de ‘El canon literario’

       El sublime pope de la literatura y majestad de la crítica literaria ha fallecido a los 89 años. Convirtió a los grandes maestros de la literatura de todos los tiempos en accesibles, llevando a los lectores por caminos jamás soñados
       Bloom publicó a lo largo de su trayectoria de cerca de seis décadas dedicado a la enseñanza más de 40 volúmenes de crítica, muchos de los cuales ocuparon los primeros puestos en las listas de los más vendidos. Tras El canon occidental publicaría Shakespeare (1998) o Cómo leer y por qué (2000), donde intentó mostrar al lector común la manera de emprender viajes de autoconocimiento por los textos literarios. Rehuyó decirles qué leer, centrándose en aconsejarles sobre cómo debían hacerlo. Antes había publicado libros como La ansiedad de la influencia (1973), en la que ofrecía una hipótesis sobre la génesis y el desarrollo de la historia de la poesía y en donde hablaba de que cada gran poeta surge como una reacción a los que le precedieron.
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Tres mujeres y tres hispanohablantes en su canon
1.   William Shakespeare
2.   Dante Alighieri
3.   Geoffrey Chaucer
4.   Miguel de Cervantes
5.   Michel de Montaigne
6.   Molière
7.   John Milton
8.   Samuel Johnson
9.   Johann Wolfgang von Goethe
10.                  William Wordsworth
11.                  Jane Austen
12.                  Walt Whitman
13.                  Emily Dickinson
14.                  Charles Dickens
15.                  George Eliot
16.                  Leo Tolstoy
17.                  Henrik Ibsen
18.                  Sigmund Freud
19.                  Marcel Proust
20.                  James Joyce
21.                  Virginia Woolf
22.                  Franz Kafka
23.                  Jorge Luis Borges
24.                  Pablo Neruda
25.                  Fernando Pessoa
26.                  Samuel Beckett

jueves, 17 de octubre de 2019

Hoy invito a…


Mariángeles Pérez

 

 

 

Amaneceres

 

Camino de Santiago

     Con el proverbio sufí de no esperar a que pase la tormenta y bailar bajo la lluvia, inicié mi tan ansiada aventura hacia el Camino de Santiago. Dudas, incertidumbres, miedos, pero sobre todo mucha ilusión hacia esa andanza que, hacía algún tiempo, no paraba de runrunear sobre mi mente.
      Encuentros con sentimientos ocultos en grandes corazones peregrinos, rupturas de hielo para establecer esa charla amiga, indagaciones en miradas furtivas y misteriosas de esos ojos que no volvería a ver y, sobre todo, escalada hacia el techo de la libertad a través de la anhelada soledad.
       La mochila descansa a mis pies, rebosante de ilusiones, en el tren que me llevará a mi destino. Los recuerdos van quedando desdibujados y lentos bajo el tórrido sol de la estepa castellana. Santiago quedó atrás. Un trocito de nuestros corazones bailará con las meigas bajo la lluvia y no esperarán, bajo ningún concepto, a que pase la tormenta.

 


miércoles, 16 de octubre de 2019

Gustavo Martín Garzo


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                            MALDITO AMOR
                     
                     

       Las historias que cuenta Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948) contienen esa sabiduría que se sabe en los grandes maestros del género: la originalidad y el rigor del estilo, la tensión en el relato y la arquitectura del mismo, características que el vallisoletano fundamenta en los personajes y en la atmósfera donde estos se desenvuelven; y aún añadimos que las buenas obras narrativas se sintetizan en una breve anécdota para, en definitiva, dar paso a una historia más compleja. Martín Garzo es hoy un reconocido autor desde que publicó Luz no usada (1985), después El lenguaje de las fuentes (1994), Premio Nacional, Las historia de Marta y Fernando (1999), Premio Nadal, El valle de las gigantas (2000), la estremecedora novela, La soñadora (2002), una nueva alegoría sobre el amor, representada por las historias paralelas, aunque dilatadas en el tiempo, de dos mujeres que verán frustrados sus amores de juventud: Adela y Aurora verán cómo sus respectivas relaciones con el ingeniero Monzó y Juan se han convertido en símbolos de perdición y se sienten unidas por un mismo trágico final. Y han seguido, en un calculado ritmo, Los amores imprudentes (2004), El jardín dorado (2008), Tan cerca del aire (2010), Donde no estás (2014), La ofrenda (2018), entre otras, y la reciente, La rama que no existe (2019), una novela lírica, contada con subjetividad y una precisa atención al mínimo detalle.
       La historia está contada en primera persona por Gonzalo, un profesor de Ciencias Naturales en un instituto de bachillerato en un pueblo costero de Cantabria. Al centro escolar llega una joven profesora de Literatura francesa, Claudia Serra, de la que se siente pronto atraído el narrador y con la que vivirá una íntima relación más allá de la amistad. Claudia es una mujer compleja, y sabremos que arrastra el peso de una culpa por la muerte de su hijo Daniel en un accidente de coche que ella conducía. La relación entre ambos personajes y la tragedia se convierten en la trama principal e iremos descubriendo experiencias de la protagonista, y como entra en escena un tercer personaje, cuando la joven conoce al pintor Eduardo Blanchard, quien ha disfrutado de éxito durante años, pero ha dejado de pintar retirado en un pueblo cercano, Caviedes, a donde acude Claudia atraída por el aura del artista.
       Martín Garzo construye una excelente novela, un texto que cuida en todos sus aspectos, acertadas elipsis, mezcla de unas historias narradas de forma extraordinaria, se agradece la brevedad de los capítulos, pero sobre todo elabora sus páginas combinando sencillez y ese sostenido aliento lírico que caracteriza a su obra en general; las perspectivas que integran la narración autobiográfica de Gonzalo, quedan anotadas en un cuaderno que le regaló Claudia, y llevan a personajes y a lectores por los misteriosos territorios del amor y del sufrimiento, territorios que en esta novela se alejan de lo banal, y nos descubren esas otras bellezas, aunque insistamos en que el mundo está lleno de dolor, y veamos cómo buena parte de esa belleza nos remite a la pintura de María Blanchard, ese otro personaje real que se asoma a la novela a través de un supuesto sobrino-nieto, Eduardo Blanchard, personaje ficticio, pintor y co-protagonista de La rama que no existe, y que junto a Eduardo y a Claudia quedará envuelto en una relación surcada de misterio y sorpresas.
       La vida de estos tres personajes transcurre en el presente, y se alterna una fragmentaria rememoración de sus vidas pasadas, con los triunfos y los fracasos de una obsesionada Claudia por sus recuerdos, que Martín Garzo combina en la voz del narrador y la visión de otros personajes cuyas experiencias comparten. Gonzalo narra en primera persona, y cuando cambia el espacio una tercera persona acaba revelando que aquello lo contaba su amiga Claudia; ocurre cuando el narrador habla de la vida del pintor Blanchard y su esposa en el pasado y sigue con la de Claudia y su relación con el pintor y sus cuadros, cuyas figuraciones enfermizas, de misterio y belleza se funden para dejar constancia explícita de que Claudia revela aquellas historias a Gonzalo, quien las escribe unos veinte años más tarde, fundiendo en su relato lo contado por Blanchard a Claudia y lo que ésta le transmite al narrador. En el último capítulo se incluye una carta de Claudia que lleva a un final misterioso e inquietante, nacido de los sueños, el arte y la belleza en su razonada irracionalidad.







LA RAMA QUE NO EXISTE
Gustavo Martín Garzo
Barcelona, Destino, 2019

lunes, 14 de octubre de 2019

Sabías que...




“Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad”.
                                            Miguel de Unamuno

sábado, 12 de octubre de 2019

jueves, 10 de octubre de 2019

¿Por qué habría que editar los textos de Colombine sobre Portugal?


Carmen de Burgos
Colombine
Visión de Portugal

                   
      Uno de los aspectos del perfil multifacético y singular que caracteriza la obra de Carmen de Burgos, Colombine, fue la especial vinculación que mantuvo a lo largo de toda su vida con Portugal. Ese vínculo se debió a la combinación de factores muy diversos que no empezaron a actuar hasta el momento en que se dieron una serie de importantes transformaciones en la vida del país vecino, las mismas que alentarían, aunque en menor medida, la curiosidad de una buena parte de los intelectuales españoles, indiferentes hasta entonces hacia todo lo que viniera del país ibérico, con la excepción de Miguel de Unamuno. Dos acontecimientos estuvieron en el origen de ese súbito interés por Portugal de los intelectuales hispanos: la proclamación en 1910 de la República Portuguesa, un acontecimiento que, tras el período de excepcionalidad que se había iniciado en España en 1909 con la Semana Trágica y su represión, convertía a Portugal en ejemplo político para los intelectuales españoles de ideología más radical; y seis años después, con su entrada en la Primera Guerra Mundial, Portugal daba ejemplo de nuevo y se reafirmaba en sus posiciones a los intelectuales aliadófilos y republicanos de su vecino ibérico.
        Estos acontecimientos suscitaron en España un gran interés por las noticias procedentes de Portugal e hicieron que los periódicos enviaran por primera vez corresponsales a cubrir la actualidad portuguesa, aunque, en ocasiones, los periódicos se limitaron a aprovechar los viajes privados de algunos de sus colaboradores para encargarles crónicas políticas, como ocurriría en más de una ocasión con la propia Colombine. Y ese interés por Portugal coincidió con el resurgir que desde el fin de siglo habían experimentado en España las ideas iberistas. Por lo que respecta al caso de Colombine hay que decir que fue la Guerra Mundial la que, unida a la relación con Ramón Gómez de Serna, acabó encaminando sus pasos hacia Portugal. Las particulares características de la relación que la autora mantenía con Ramón desde 1909 habían convertido los viajes al extranjero en una necesidad para la pareja. Por esa razón, después de que la guerra la obligara a interrumpir el viaje por Europa que había emprendido en el verano de 1914, y después también de la breve escala en la playa de Figueira da Foz que hizo a su regreso, Colombine le propuso a Ramón que su siguiente viaje al extranjero tuviera como destino Portugal. El viaje tuvo lugar en 1915 y quedó reflejado en la novela autobiográfica La Flor de la Playa (1920), donde la autora narraba la aventura portuguesa de una pareja de novios españoles.
A ese primer viaje siguieron otros muchos que fueron consolidando la relación de Colombine con Portugal. Así, en el que hizo en 1919, la autora envió a El Heraldo de Madrid una serie de entrevistas con personajes públicos de la joven República, mientras que en 1920 impartió un curso de Literatura Española en la Universidad de Lisboa y un ciclo de conferencias en la Academia de Ciencias de Lisboa, institución a la que pertenecía la almeriense que, por la defensa que había hecho de la República Portuguesa en España, había sido nombrada asimismo Comendadora de la Orden de Santiago de la Espada. Por esos mismos años, Colombine colaboró en el diario O Mundo con la sección “Coisas de Espanha. Crónica de Colombine”, dedicada a la actualidad literaria española, mientras hacía otro tanto, aunque en sentido inverso, en las páginas de El Heraldo y la revista Cosmópolis.
La relación de la autora con el país ibérico se estrecharía más después de que Ramón emprendiera, a comienzos de 1922, la construcción en Estoril del chalet “El ventanal” que permitió a la pareja residir de forma estable en Portugal entre finales de 1924 y marzo de 1926. Tras abandonar el país en este último año, Colombine volvería a Lisboa en 1927 y, unos meses antes de su muerte, en 1931.
Gracias a sus viajes, la autora logró entablar estrechas relaciones con el mundo literario portugués y, sobre todo, con las escritoras y feministas lusas, como Ana de Castro Osório, autora de Às Mulheres Portuguesas (1905) y fundadora de la “Liga Republicana das Mulheres Portuguesas”, a quien Colombine llamó en 1916 “la escritora portuguesa más representativa”. Vínculos personales que explican la significativa presencia del país en la obra de Colombine. De hecho, además de las crónicas ya mencionadas, la autora publicó hasta siete novelas cortas de tema portugués a raíz de sus distintos viajes por el país vecino. Las tres primeras parecen haberse gestado en los viajes de 1915-1916: Los míseros (1916), ambientada en la colonia de veraneantes españoles de Figueira da Foz; Las tricanas (1916), que narra la historia de la amante de un estudiante de Coimbra, y Don Manolito (1916), inspirada en un personaje real, un republicano español exiliado al que Carmen y Ramón conocieron en Lisboa. Las restantes fueron escritas a comienzos de los años veinte, aunque todas antes de instalarse en “El Ventanal”: La Flor de la Playa (1920), Los amores de Faustino (1920), ambientada en el zoológico de Lisboa; El suicida asesinado (1922), construida sobre las notas de un ahogado en Cascais, y finalmente El hastío de amor (1923), basada en las Lettres Portugaises (1669). A ellas hay que añadir El retorno (1922), una novela extensa de tema espiritista que fue publicada simultáneamente en portugués y español y que transcurre en los ambientes cosmopolitas de Estoril.
La imagen de Portugal que encontramos en los textos de Colombine sobresale un importante componente de subjetividad que hace que lo que en un principio no es más que un simple viaje de “descubrimiento“ del país acabe convirtiéndose en “peregrinación”, es decir, en un proceso de autodescubrimiento. Donde mejor se muestra ese componente subjetivo de la visión que Colombine tiene de Portugal es en capítulo dedicado en Mis viajes por Europa, capítulos LIX- LXXI, y en sus novelas, como en la autobiográfica La flor de la playa, donde, como refugio de la pareja de amantes, el país aparece presentado como paraíso terrenal.