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martes, 29 de septiembre de 2020

Cuaderno en blanco

 


Septiembre

       El mes que acabamos de estrenar viene fresco, y cargado de novedades que se irán transformando en variadas y curiosas lecturas y con el tiempo, y algo de suerte, en posibles colaboraciones. De vuelta a una esperada y “apacible normalidad” entregamos una curiosa e inteligente entrevista con Ernesto Calabuig en Cuadernos del Sur, suplemento programado para los primeros días de octubre. Entretanto se nos anuncian novedades de amigos y extraños que irán sumándose a la nómina que iremos configurando como próximas lecturas. Y nos van llegando novelas de Sonia Fides y Esther Ginés, Javier Sáez de Ibarra, Vicente Luis Mora y los cuentos de Pedro Ugarte.

       Esbozando una doble página sobre Miguel Delibes para Cuadernos, entrado el mes de octubre, aniversario de su centenario.

       Cerraremos el mes con interesantes propuestas, lecturas estimulantes y encarando un otoño que se nos antoja diferente. Un libro de cuentos, La moneda de Carver, de Javier Morales, me devuelve a la memoria mis fantasmas literarios, Carver, Gabriel y Galán, Aldecoa, o Juan Manuel González, en una estupenda colección que estoy disfrutando.

sábado, 26 de septiembre de 2020

José María Guelbenzu


Una señora de provincias
              
       El creador de la juez Mariana de Marco, y autor de 'El río de la luna', publica 'En la cama con el hombre inapropiado' que se centra en la Transición            

 Copy. Juan Carlos Arcos/ Heraldo.

       Los novelistas de la segunda mitad del siglo XX recurrieron a la memoria y al recuerdo buscando respuestas, se aproximaron desde el objetivismo que dotaría a su literatura de una subjetividad sugerida, mezcla de ese metódico razonamiento que conlleva un aprendizaje vital y sensiblero durante aquellos difíciles años, y en un claro intento por recuperar rasgos de una identidad perdida que José María Guelbenzu (Madrid, 1944) abordaría como expresión dialéctica del ser humano en sus comienzos a través de un experimentalismo que dio lugar a serie de obras que marcaron el resto de su obra, una primera novela sorprendente, El mercurio (1967), a la que seguiría Antifaz (1970), con rasgos semejantes, una estructura fraccionada, una total libertad estilística, que culminaría en El pasajero de ultramar (1976), y años después con otros procedimientos innovadores, sin abandonar muchos de sus temas habituales, técnica narrativa, personajes, atmósfera y ambiente que, el madrileño, concretaba en El amor verdadero (2010), una historia compleja, de amplia y profunda visión sobre la existencia humana que completa un auténtico ciclo novelesco, la crónica moral de una generación de españoles que vivieron, con pasión, sus años universitarios en los 60, una década alimentada por las ilusiones de cambio y de apertura, y una secreta militancia antifranquista, jóvenes que protagonizarían el paso a la transición política durante los 70, se comprometerían en los difíciles 80, y sufrirían el desencanto en los 90, logradas unas transformaciones sociales y políticas que derivarían en una red de corrupciones y engaños políticos.
       José María Guelbenzu vuelve a la novela no de género, En la cama con el hombre inapropiado (2020), cuyo referente más cercano, con algunos puntos en común, es Los poderosos lo quieren todo (2016), por ese enfoque de ciertos toques esperpénticos y un cáustico humor, que Guelbenzu ha manejado, desde siempre, con una amplia perspectiva que resulta un excelente recurso para la crítica y pone en la picota ciertos comportamientos, y a personajes de un tiempo cercano, la transición española, vicios y actitudes que hoy en buena medida perduran, y no resultan precisamente de ejemplar seguimiento.
       María del Alma es la protagonista de esta divertida fábula ambientada en el Madrid de los ochenta, recién estrenada la libertad en una España que dejaba atrás una larga dictadura; en realidad, una historia de amor y desamor sobre una mujer, una malcasada de provincias, ingenua, romántica y soñadora que decide abandonar su matrimonio tradicional cuando España pasa del nacionalcatolicismo a las libertades que abren las costumbres y las mentes de los españoles. María del Alma, que sigue los consejos de su amiga y guía Amalita Muscaria, quiere vivir su vida, más allá de esa existencia provinciana que la aburre y mortifica. Y, así, trasladándose de Jerez de la Frontera a la capital de España, irá cayendo en brazos de ejecutivos, políticos, escritores superventas, intelectuales, banqueros, o algún otro gorrón y chorizo, una variopinta fauna dibujada con mucho sarcasmo. El lector percibe el trasfondo de una Madame Bovary, por supuesto en clave burlesca, y ejemplo de la mejor picaresca. Su primer trabajo en Madrid será en una editorial, y su primer romance fallido, con un escritor con ínfulas de curioso nombre, Gregorio del Párrafo. El resto de trabajos que María encontrará en la capital madrileña en plena efervescencia de la movida serán de lo más variopinto, como los amantes y pretendientes, todos ellos con nombres que nos vienen a describir su profesión o la cualidad que les caracteriza. Guelbenzu nos sirve una desternillante novela, que tiene, no obstante, su poso amargo, porque entre otras muchas cosas, el autor hace una defensa de la ingenuidad como un auténtico valor a través de este amable personaje, una mujer que se encuentra con la modernidad de golpe y se verá obligada a defenderse en un mundo nuevo en el que entra con candidez, aunque irá evolucionando y mantiene cierta rectitud y decoro en sus actuaciones, pese a algunas otras barbaridades.








En la cama con el hombre inapropiado
José María Guelbenzu
Madrid, Siruela, 2020

viernes, 25 de septiembre de 2020

Sabías que...


 

“Cuando apuntas con el dedo, recuerda que tres dedos te señalan a ti”.

                                            Proverbio chino

domingo, 20 de septiembre de 2020

Tal día como hoy…

 

nacieron

       1897, Arturo Barea, escritor español, autor de la novela “La forja de un rebelde”.

       1951, Javier Marías, novelista español, miembro de la Real Academia Española. Una de sus obras más conocidas es “Tu rostro mañana”.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Sabías que...

“La única diferencia entre un loco y yo, es que el loco cree que no lo está, mientras yo sé que lo estoy”.

                                                    Salvador Dalí


 

Septiembre


 
                   Septiembre es frutero, alegre y festero.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Cervantes y Shakespeare


                       Una curiosa conversación

              
       ¿Y si Cervantes y Shakespeare se hubieran conocido?

                  
       El periodista y escritor Jesús Ruiz Mantilla (Santander, 1965) pone voz a Cervantes y a Shakespeare en un hipotético encuentro que les llevará a una imaginada conversación entre los dos grandes escritores de la historia literaria universal. Sin duda, puesto que resulta inevitable pensar que ambos genios nunca coincidieran, porque las vidas, tanto la del español como la del inglés, se han visto envueltas en un auténtico "misterio", con no pocas zonas oscuras en su biografía. Para Ruiz Mantilla podría ser una forma curiosa de ver cómo discurrieron sus vidas, asomarnos a sus preocupaciones vitales, escuchar de sus labios los temas que les interesaban, o su visión particular de la historia, sus inquietudes con el lenguaje, la temática de sus obras, o sus planteamientos en general sobre el mundo de la creación literaria.

Una conversación

       Ruiz Mantilla desgrana, en menos de un centenar de páginas, ese pretendido, o supuesto diálogo entre Cervantes y Shakespeare que se habría producido en la primavera de 1605, cuando un delegación inglesa de unas setecientas personas se desplazó a Valladolid, sede entonces de la Corte, para firmar la paz, entre una España y una Inglaterra, enfrentadas desde hacía décadas, un acuerdo tras el cual se repartirían a principios del siglo XVII la hegemonía mundial. Felipe III y Jacobo I acordaron firmar un tratado de paz que les permitiera repartirse el dominio del mar y de los territorios que ambos habían ido "conquistando".
       Las biografías de ambos autores están repletas de claroscuros en los que el narrador no profundiza, consciente de los muchos datos y detalles que desconocemos de sus vidas, inventó buena parte de la actitud de esas “personas nada ejemplares” y "aventureros" que sufrieron cárcel y protagonizaron escándalos o estuvieron metidos en continuas reyertas a lo largo de su vida. Para Ruiz Mantilla esas “zonas oscuras” de Cervantes son las de un soldado pendenciero, y las de un tipo que se busca la vida, y desde una perspectiva literaria, hasta que no publica El Quijote no triunfa porque, entre otras muchas virtudes de la obra, se ve como una parodia, algo gracioso en aquel momento, y comienzo de la novela moderna, camino por el que transita la vida y la novela contemporánea. Respecto a Shakespeare, son escasas las noticias y certezas, quizá sobresale su envidia a algunos contemporáneos que gozaron de mayor prestigio como dramaturgos, aunque la universalidad del mismo ha quedado patentizada por la fuerza de sus historias, y sus personajes. Las preguntas sobre ambos se suceden, cómo se libraría Cervantes de su presidio en Argel y de dónde sacarían el dinero del rescate, cómo era la dama oscura de Shakespeare, y sobre todo la relación de este último con Marlowe o del primero con Lope de Vega.
       Ruiz Mantilla sustenta su diálogo utilizando como fuente principal para la conversación imaginada los textos de ambos autores, porque interpretando esa lectura, podríamos imaginar el tipo de personas que podían ser. En el libro hablan, necesariamente, en castellano porque el narrador juega con la convención de que solo así se entenderán, Shakespeare irá afianzando su castellano a medida que lee El Quijote, y el lector comprende la osadía de imaginar que fue así si hablaron alguna vez.
       La literatura y el proceso de creación se convierte en uno de los grandes temas que ambos autores debaten, así como el poder del público, la política o las cuestiones económicas y la familia conforman
Ese agudo diálogo que con abundantes alusiones a sus obras mantienen ambos notable.










Jesús Ruiz Mantilla, El encuentro; Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2020; 95 pp.



domingo, 13 de septiembre de 2020

Sabías que...




      “Nunca hagas apuestas; si sabes que has de ganar al otro, eres un tramposo. Y si no lo sabes, eres un tonto”.
                                                                              Confucio

viernes, 11 de septiembre de 2020

Centenarios

 
14 de septiembre de 1920, nace Mario Benedetti, escritor uruguayo.
               16 de septiembre de 1920, muere Dan Andersson, poeta sueco.

       17 de septiembre de 1820, nace Émile Augier, poeta y dramaturgo francés.

               30 de septiembre de 1920, nace Eileen Chang, escritora china.

jueves, 10 de septiembre de 2020

Giuseppe Ungaretti


                    La singularidad expresiva de Ungaretti                     

       La Asociación Internacional de Críticos Literarios rinde homenaje a Ungaretti a los 50 años de su muerte con un volumen al cuidado de Neria De Giovanni.



       Giuseppe Ungaretti se sitúa en la vertiente opuesta al futurismo, en plena ebullición de la exterioridad, muestra una fervorosa interioridad en su obra para ahondar en ella con el paso del tiempo, y traducirla en una síntesis depurada que capta esa esencia ajena a las sucesiones que, a pesar del marco histórico en que se produce, dará pie a unos poemas nítidos y deslumbrantes por su exclusiva y rotunda verdad. A medida que el poeta italiano evoluciona, su intensidad se despliega, y aunque conserva una melodía esencial, su construcción será más cerrada y, en ocasiones, ofrecería cierta dificultad si no la iluminaran las palabras con sus destellos; el poeta afirma, “siempre he diferenciado entre vocablo y palabra”, porque, “encontrar una palabra significa penetrar en la abisal oscuridad de sí sin turbar ni lograr descubrir el secreto”, añadirá poco después. La española María Zambrano afirmó que, “el secreto se muestra al escritor, pero no se le hace explicable”, como ese presupuesto gozoso de la poesía, hecho que, sin duda, no es ajeno al título, La alegría (1914-1919), un libro escrito prácticamente durante la guerra, pues si encierra algo de ironía, contiene aún más de saber. Se trata de exhalar el instante de vida en plenitud, es decir, de ensalzar lo opuesto a la muerte, presente siempre como un hito del horizonte humano. Y es este un instante que aparece como inagotable debido a que su enigma, al igual que el de la vida misma, no se puede descifrar. A su obra completa dio Ungaretti el título de Vita d'un Uomo (La vida de un hombre, 1977)), y hablando de su poesía afirmó que no tenía otra ambición “que la de dejar una hermosa biografía”.
       En España se han traducido y publicado las obras, Vida de un hombre: 106 poesías (1993), El cuaderno del viejo (2000), El dolor (2000), Un grito y paisaje y últimos poemas (2005), Sentimiento del tiempo: la tierra prometida (2006) y Vida de un hombre (Poesía completa), Igitur, 2014.


Ungarettiana

       El volumen Ungarettiana (2020) reúne un homenaje al poeta italiano, una selección de trabajos y monografías al cuidado y coordinación de la presidenta, Neria De Giovanni, que pone de manifiesto la proyección del poeta en el mundo de la lírica universal porque la perspectiva o el punto de vista que ofrece este libro no es solo italiano, sino que encontramos trabajos enviados desde España, Rumanía, Albania, Venezuela, Francia o Argentina.
       Josefa Contijoch escribe un breve homenaje a Ungaretti en catalán, Manuel Ángel Morales Escudero y Francisco Morales Lomas lo hacen en español y desde perspectivas muy diferentes, un Ungaretti redescubierto por parte de Morales Escudero que, curiosamente, en su trabajo lo aleja de ese hermetismo atribuido por una crítica universal  para acercarlo a ciertas claves más o menos veladas en sus versos que permitirían entender los arcanos que no resultan evidentes; curioso el acercamiento del poeta al español Jorge Guillén, cuyas poéticas quedan unidas a las de Góngora, y no menos interesante la reflexión del crítico español respecto a la relación de Ungaretti, Marinetti y Puccini con el régimen italiano de los años 30 que, en cierto modo, alejaba, ya en la democracia española, al poeta de los lectores en este país aunque no se pueda hablar de una auténtica marginación sino de esa costumbre  ancestral de prejuzgar al individuo por motivos políticos e ideológicos; Morales Lomas centra su trabajo en el análisis pormenorizado de unos de sus libros más significativos, El dolor (1947), ese inmenso sufrimiento por la guerra mundial, la muerte de su hermano, y más tarde la del hijo, un dolor  personal que a lo largo del poemario se convierte en la expresión del sufrimiento humano que rodea al poeta. Y una no menos curiosa comparación de síntesis y brevedad en América Latina respecto al cuentista y fabulador Monterroso que hace el venezolano Antonio Mendoza. El resto de autores, esencialmente italianos, ofrecen una visión de las particularidades de la poesía y el valor de las palabras en Ungaretti, o la curiosa relación que establece Neria De Giovanni con Grazia Deledda, o el misterio de un encuentro cancelado. Carlo Vitale, desde Argentina, reúne y traduce un puñado de poemas del italiano, de su obra, Vida de hombre (Poesía completa, 2014).    


El autor
       Giuseppe Ungaretti (Alejandría, 1888 - Milán, 1970) fue un poeta italiano vinculado en sus inicios al hermetismo, en su obra se advierte una tensión existencial y un continuo viaje interior hacia la memoria que representa una singular recuperación de la tradición lírica, tras los excesos del crepuscularismo de Guido Gozzano y el futurismo  de Filippo Tommaso Marinetti.
       Hijo de una familia burguesa emigrada a Egipto por motivos de trabajo, el joven Ungaretti pasó su adolescencia en su ciudad natal, cerca de esos paisajes del desierto que serían los temas más recurrentes de toda su obra. En 1912 se marchó a París para completar sus estudios en la Sorbona, y allí conocería a los mayores representantes de las vanguardias europeas, a Guillaume Apollinaire, André Gide, Max Jacob y Pablo Picasso. Dos años después se instaló en Milán y se enroló en el ejército para tomar parte en la Primera Guerra Mundial. Una vez terminado el conflicto, vivió en París, donde se casó, y luego en Roma, donde trabajaría como corresponsal de distintos periódicos que le permitiría viajar por Italia, Europa y Egipto. En 1936 aceptó la cátedra de literatura italiana en la Universidad de São Paulo, donde vivió hasta 1942, año en que regresó a Roma para ejercer de profesor de literatura italiana contemporánea en la universidad de la ciudad.
       El conjunto de su obra poética distingue tres etapas, la primera está ligada a su experiencia en la guerra: la inmediatez lírica, el ansia de pureza, el lenguaje esencial y las influencias vanguardistas de sus primeras composiciones, El puerto sepultado (1916) y Alegría de naúfragos (1919), le convirtieron en uno de los iniciadores del hermetismo. Forman parte también de esta tendencia poemas que publicó durante esos años en distintas revistas y reunidas en Poesie disperse (1945), aunque luego renegó de ellas.
       Después de la guerra, su temática se volvió más reflexiva y evocadora de la misteriosa y dramática condición del hombre frente a la naturaleza, mientras que rítmicamente se advierte una mayor complejidad y un uso de los procedimientos técnicos de la literatura moderna europea, sobre todo del simbolismo. Pertenecen a esta época Sentimiento del tiempo (1933), El dolor (1947), que recoge las poesías escritas en Brasil, muchas de ellas inspiradas en la muerte de su hijo Antonietto y, La tierra prometida (1950), reflejo del espíritu barroco que iban adquiriendo sus versos. Resultan significativas las traducciones de los grandes poetas barrocos y simbolistas que llevó a cabo en ese período, entre ellos William Shakespeare, Luis de Góngora y Stéphane Mallarmé.
       Por último, Un grido e paesaggi (1952) señaló el comienzo de su tercer momento poético, marcado por el sólido esfuerzo de recuperar la tradición lírica italiana, con especial atención a Petrarca, Torquato Tasso o Giacomo Leopardi, y en el que la estructura métrica se convierte en parte básica de su discurso lírico-dramático. Siguieron El cuaderno del viejo (1960), Apocalissi (1961), Morte delle stagioni (1967) y Dialogo (1968), colecciones sobre todo de poesías de amor en las que se manifiesta su interés por el clasicismo. En 1966 recibió el premio Taormina de poesía. Su obra completa quedó reunida en distintos volúmenes bajo el título de Vida de un hombre, libros que atestiguan su peculiar y riguroso concepto del proceso creativo, ya que en ellos aparece un enorme número de variantes y reescrituras de sus antiguos poemas.






Ungarettiana
Asociación Internacional de Críticos Literarios
50 años de la muerte de Giuseppe Ungaretti
Alghero, Nemapress Ediciones, 2020

domingo, 6 de septiembre de 2020

Frida Kahlo


                         Un romance en París
              
       En enero de 1939 Frida Kahlo llega a París para exponer en una galería, allí conocerá a un joven Michel Petitjean.
      


       La historia de amor entre Frida Kahlo y Michel Petitjean comenzaba cuando ella fue a París, con motivo de la exposición México que había montado el grupo surrealista encabezado por André Bretón.
       Frida Kahlo pasó buena parte del invierno de 1939 en París, alejada de su casa y de Diego Rivera. Viajó desde Nueva York a la capital francesa y llevó diecisiete de sus cuadros, una desconocida por entonces en ambientes parisinos, dejó al público europeo boquiabierto con su tremenda historia, su fuerza expresiva y su arrolladora personalidad. La muestra incluía obras tan inquietantes como Mi nacimiento, Mi nana y yo, Hospital Henry Ford, Ella juega sola o El Marco, adquirida por el estado francés, la única obra que se vendió. Breton que había conocido a Frida Kahlo en su casa de Coyoacán, durante una visita en México, creyó que la obra de Kahlo era genuinamente surrealista, y ella se desmarcaba de la consideración, que tanto respetaba, alegando “yo no pinto mis sueños, pinto mi propia realidad”.

Kahlo en París

       Durante los dos meses que Frida Kahlo pasó en la capital francesa recorrió parte de la ciudad de la mano de un joven, Michel Petitjean, aunque aquejada de una infección renal pasaría más de veinte días ingresada en el Hospital Americano. Durante su estancia había estado alojada en casa de los Breton, en el hotel Regina, después, en la casa de los Duchamp. El joven Petitjean, amigo y amante, le ayudó, la cuidó y la acompañó para que se sintiera cómoda durante su etapa parisina, y ella como muestra de agradecimiento, de amor o de cariño, tras la exposición cuando preparaban los cuadros para su vuelta, el último día, Frida, le dijo al joven que eligiese una de aquellas obras como regalo. Michel se decantó por El corazón, un autorretrato, donde se puede ver cómo una barra metálica atraviesa el cuerpo de la pintora Kahlo y deja un vacío en el lugar que debería ocupar este órgano. Un corazón enorme y sangrante yace en el suelo y se derrama en ríos de rojo sobre el campo. Un uniforme de colegiala y un traje folclórico mexicano cuelgan del cielo y señalan a Frida que, con el pelo corto, bañada en lágrimas, vestida con falda blanca y lisiada de un pie, interroga con su dura mirada al espectador. El cuadro fue pintado en 1937 y se lo regaló el 23 de marzo del 39, en París, la víspera de su regreso a joven de veintiocho años, el padre del autor de este libro.



       El niño Marc nunca supo el verdadero significado del cuadro, pese a verlo siempre colgado en el salón de su casa familiar, hasta que un desconocido Óscar, periodista mejicano, contactó con él para contarle el secreto de esa curiosa relación. Todo ocurrió veinte años después del fallecimiento del padre. “Tenga. Aquí está lo que he descubierto basándome en los archivos de la pintora Frida Kahlo“, fueron las palabras que escuchó Marc. Se trataba de un artículo que salió a la luz en 2004. Nunca antes se había sabido nada de este testimonio porque antes de que murieran Frida y su marido, Diego Rivera, la Casa Azul, lugar donde vivieron, fue sellada por orden de ambos.



       Marc Petitjean, hijo de aquel inquieto acompañante de la mejicana, ha recogido la anécdota, o la breve historia de amor, en un libro, El Corazón. Frida Kahlo en París (2019) y el fotógrafo y cineasta, ha recreado la época, ha aportado una encomiable tarea de documentación para reconstruir de forma amena los días de Frida en Francia y rastrear los datos sobre la relación que tuvo con su padre, incluye testimonios y cartas de aquellos momentos vividos, con un París de fondo prebélico, y las noticias inquietantes de la Guerra Civil española y sus últimas batallas antes del triunfo de Franco. Lo más curioso del libro es que Petitjean logra que el lector se sienta por momentos parte de ese ambiente poblado por figuras que la historia ha convertido en iconos del siglo XX, como Man Ray, Dalí, Breton, Picasso, Dora Maar, Kandinsky o Duchamp, y que, a escasos meses del inicio de la Segunda Guerra Mundial, hacían que París viviese esa efervescencia de arte e inquietud cultural que nunca volvería a repetirse.

¿Quién era Michel Petitjean?

       Michel Petitjean era etnólogo, ingeniero agrónomo, militante de izquierdas y periodista, y frecuentaba el ambiente artístico parisino y los círculos mundanos. Claude Mauriac lo describe como un “campesino risueño de rostro mofletudo, divertido y encantador”. Parece que Frida Kahlo tenía gustos muy particulares, no solo por Diego Rivera, sino por el romance que se le atribuye con León Trotsky. Anne Marie Mergier da cuenta de una grabación en la que la periodista Ruth Thorne entrevista a Michel Petitjean sobre la exposición que llevó a Frida Kahlo a París aquel 1939 y señala que el francés coordinó la muestra Mexique, concebida por André Bretón para la galería Renou et Colle, que se inauguró el 8 de marzo, que incluía diecisiete cuadros de Kahlo, fotos de Manuel Álvarez Bravo, piezas prehispánicas y artesanía popular. En la grabación, el mismo Michel, considera el romance como “una gran pasión, una pasión que nació el día en que cayó Barcelona (26 de enero de 1939, noventa mil soldados franquistas ocupan la capital catalana). Estábamos cenando en casa de Marie Laure y al final de la velada me enteré por radio de la caída de Barcelona… Lloramos tanto… Lloramos tanto… que finalmente pasamos la noche juntos… llorando… Así fue… En el Hotel Regina… Fue bello… Muy bello… Algo muy en la línea de Breton… en la línea de L’Amour Fou de Breton…”, aseguraba el etnólogo francés, según el artículo de Mergier escrito a propósito de la publicación de Le Cœur en Francia, el volumen que Océano publica bajo el sello Circe sobre el idilio entre el etnólogo y la pintora, un suceso que ocurrió durante la estancia de la artista en París, del 21 de enero al 23 de marzo de 1939.
       Marc Petitjean reitera en su libro la discreción de su padre, y de aquel idilio solo quedó un testigo: el cuadro El Corazón, realmente un autorretrato de la pintora, famosa en todo el mundo por sus dolorosos autorretratos.













El corazón. Frida Kahlo en París
Marc Petitjean
Barcelona, Circe, 2019

sábado, 5 de septiembre de 2020

Sabías que...



   


     “Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta”.
                                                   Proverbio chino.

martes, 1 de septiembre de 2020

Ricardo Menéndez Salmón:


 Rabia y más rabia

 

 

       La obra de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971) quedó marcada en sus primeras incursiones narrativas por ese proyecto que él y la crítica bautizó como Trilogía del mal, que incluye La ofensa (2007), Derrumbe (2008) y El corrector (2009), la suma de una metafórica visión sobre ese concepto ejemplificado que el autor otorga a la maldad humana. Una búsqueda personal que explora nuevos territorios que concrete un paisaje posible, continuado en posteriores entregas, en desafíos arriesgados, La luz es más antigua que el amor (2010), Medusa (2012) y Niños en el tiempo (2014), que confirman esas preocupaciones estructurales y temáticas de Menéndez Salmón respecto a escritura y vida, lenguaje y realidad circundante, o tiempo e historia que concibe como algo perdurable; después ha publicado, El sistema (2016) y Homo Lubitz (2018).
       El último libro que ha entregado Ricardo Menéndez Salmón no es un texto al uso, es una elegía, una auténtica expiación tras muchos años de proceso creativo literario porque No entres dócilmente en esa noche quieta (2020) es ese intento que reconstruye una existencia encaminada a una temprana madurez, la de quien ha hecho de la escritura su causa vital, aunque se construya como un proceso de existencia agotado, sin remedio alguno. A medida que avanzamos en su lectura, otros temas vertebran el libro que gira en torno a la figura de su padre, aunque reconoce que escribe mucho más de sí mismo, del largo padecimiento paternal o cómo influyó la enfermedad durante tres décadas en su vida.
       El comienzo marca el tono y la distancia, una exactitud en la concisión de los términos y esas emociones que convierten al texto en una especie de sumario; y si avanzamos en su lectura, uno de los planos que Menéndez Salmón desvelará en su escritura será un juego de espejos y referencias al pasado que llevan al autor a episodios de una memoria infantil, a otra adolescente y, finalmente, de adulto, unos recuerdos confiscados por la enfermedad del padre, previo al desenlace final. Se trata de recuperar la vida de este hombre, de este padre de Ricardo Menéndez Salmón, a quien el hijo escritor debe su nombre, la historia de una sucesión de resurrecciones luminosas, de descubrimientos sorprendentes, aunque se apunta el oscuro desgaste físico y personal de un hombre al que la fatalidad dramática de sus dolencias va limando todos los contornos de su identidad.
       Menéndez Salmón expone su propósito de honestidad, cuando su padre muere, escribe sobre él, y afirma que lo logra ganando distancia, y lo hace como si fuera el padre de otro; olvidará lo leído sobre otros padres sujetos a elegías o clamores íntimos de duelo en la literatura reciente. Será una honradez que exige un doble juego, porque nosotros lectores de No entres dócilmente en esa noche quieta deberíamos olvidar, también, esas referencias leídas para entrar en este relato aparentemente frío y objetivo, minucioso y distante, con esa carga interna entre el encuentro de un padre y de un hijo, entre la enfermedad y la juventud, entre el éxito y la muerte.
       El texto reclama nuestra atención, entabla un diálogo con nosotros desde una posición contemplativa y la notoria objetividad cotidiana del narrador, desvela ese reverso existencial, la abnegada voluntad de la madre cuidadora, o la impotencia de un hijo de once años que observa el paisaje familiar arrasado y lo que queda del cuerpo del padre, un infarto a los treinta y ocho años que condicionará el resto de su vida. Para el niño, Menéndez Salmón, este testimonio es anticipación de la angustia de vivir de la que se libera, en la veintena, yéndose a vivir solo, al hilo de la voracidad de los años que forjaron su vida de escritor, y que coincide ahora con el crepúsculo definitivo del padre. Ese niño destinatario de todo su sufrimiento por una correa de transmisión genética, se hará hombre frente al dolor, y encuentra la razón final de su vocación de escritor en el sufrimiento del padre, regresado de la muerte tras una intervención a corazón abierto.
       La escritura, esa gramática del valor, rescata al autor tras un pacto con los hechos de un hombre que vive en la bondad, pese a su padecimiento, poco antes de morir. Vivir se traduce en aguantar, huir de sus fantasmas, de sus miedos, y línea tras línea perderá el pudor al escribir un texto como el presente. Y si el decoro vuelve, recurrirá a la memoria del padre para volver a desnudarse y añadir un buen puñado de palabras.






                             Ricardo Menéndez Salmón
                  No entres dócilmente en esa noche quieta
                          Barcelona, Seix-Barral, 2020.