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martes, 17 de marzo de 2015

TRAVESÍAS



TURIA, 30 AÑOS



   Las revistas españolas dedicadas exclusivamente a la literatura tienen en nuestro país una corta vida asegurada, solo perpetuada por el tesón y esfuerzo de su/s director/es, o a ese empeño personal que se resiste a dejar desaparecer una publicación de excelente contenido, y mantener el pulso de lo que se viene escribiendo actualmente. De estas características disfruta Turia, la revista aragonesa, fundada en 1983, una publicación con vocación de convertirse en una ventana nacional e internacional para la cultura. Desde sus comienzos esgrime esa capacidad de mestizaje literario, e integra en sus páginas diversas corrientes creativas y de pensamiento. Su permanente propósito lector le valió el Premio Nacional al Fomento de la Lectura en 2002, se edita en papel y con esa vocación inicial de permanencia, pese a los constantes vaivenes políticos o económicos.
  Turia publica textos rigurosamente inéditos, y agrupa algunos de sus cuatro números anuales en monográficos que permiten conocer, obra/ autor, referencia ineludible para curiosos y lectores, críticos y estudiosos: Ana María Navales, Martínez de Pisón, Antonio Machado, Jorge Amado, Soledad Puértolas, Vargas Llosa, Ramón Gaya, Mateo Díez o Ángel Crespo, son algunos de los homenajeados por la revista en estos 30 años de andadura, que ahora celebra; adelantos de edición, poemas, entrevistas y reseñas en profundidad convierten sus 500 páginas en un objeto impreso para guardar. El tesón de su fundador y director, Raúl Carlos Maícas, convierte cada número en una referencia ineludible para estar al día del presente y pasado literario. La mano mágica de Maícas, subraya la necesidad de permanencia de esta publicación referente hoy del más inestimable buen quehacer cultural turolense y universal.



viernes, 13 de marzo de 2015

TRAVESÍAS


KAFKA



      Todo escritor tiene derecho a que le sobrevivan esos textos que, durante su experiencia creativa, considere oportunos. El caso de Franz Kafka no es distinto, uno más de la extensa lista a quién no respetamos su deseo. Sufrió una dolorosa enfermedad y temprana muerte, y desde entonces sus escritos calificados por él de mediocres no han dejado de reeditarse. Sus devotos lectores herederos de su literatura, no dejamos de sorprendemos cuando, pese a todo, leemos cual fuera su última voluntad: “Querido Max: Quizá ya esta vez no me levante. Después de este mes de fiebre pulmonar es muy probable que sobrevenga una inflamación seria de los pulmones (…) He aquí pues mi última voluntad respecto de todo lo que escribí para el caso de que se produzca lo que preveo: de todo cuanto he escrito pueden conservarse sólo las siguientes obras: La condena, El proceso, La metamorfosis, En la colonia penitenciaria, Un médico rural, y el relato Artista del hambre. Los pocos ejemplares de Contemplación pueden también conservarse; no quiero dar a nadie el trabajo de destruirlos, mas no han de imprimirse de nuevo. Al decir que pueden conservarse esos cinco libros y el relato no quiero significar que tenga el deseo de que vuelvan a imprimirse para ser trasmitidos a la posteridad; por el contrario, si se perdieran por completo, ello respondería a mi verdadero deseo. Sólo que no puedo impedir a nadie, puesto que ya existen, que los conserve si así le place. Pero todo lo demás escrito por mí (…) sin excepción alguna (…) ha de ser destruido y te ruego que lo hagas cuanto antes. FRANZ”. 
        Kafka que se calificaría mediocre, suplicaría a Brod que destruyera todos sus escritos, cosa que su amigo no lo hizo, por razones obvias, o para gloria de la humanidad literaria.


martes, 10 de marzo de 2015

TRAVESÍAS



N
Noche
“No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche”.
                                                                           Jalil Gibran

SENABRE


   Para quienes desde hace años hemos hecho de la crítica literaria sino una profesión, al menos una honrada devoción, hemos seguido el ejemplo de Ricardo Senabre, desaparecido recientemente, y calificado como un sabio de la Literatura. Quien lo conoció supo de su talante insobornable, nadie ejerció influencia sobre él respecto a los libros que debía leer, o como debía comentarlos. Su independencia, todo un proverbio en esta compleja “república de las letras”. Incisivo, minucioso, concreto en sus apreciaciones, y objetivo en el ejercicio de la crítica. Llegó a afirmar que “la Literatura es el más formidable instrumento de comunicación creado por el ser humano”.
  Catedrático de Universidad, ejerció gran parte de su vida en Salamanca, donde se había doctorado con una tesis sobre Ortega y Gasset; antes dejó un magnífico magisterio en la de Extremadura. Discípulo de la Escuela de Filología Española, recibió el legado de Ramón Menéndez Pidal, y después de Rafael Lapesa, Dámaso Alonso y de Fernando Lázaro Carreter, su maestro en Salamanca, quien lo recomendara a Luis María Anson como crítico literario, en cuyos suplementos ejerció un intensa labor, y donde llegó a escribir más de mil páginas, hasta los últimos momentos de su vida.
 Su amplia visión de la literatura le llevó a ensayar sobre autores consagrados y las nuevas generaciones del escenario literario. Su sabiduría quedó patente en ediciones modélicas de Fray Luis de León, Zorrilla, Valle-Inclán, Unamuno, Baroja y Ortega y Gasset. O su miscelánea entre La poesía de Rafael Alberti (1977), Gracián y El Critión (1979) o Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez: poetas del siglo XX (1991). Supo combinar reflexión teórica con el peso de la palabra y la literatura.

       Sábado, 28 de febrero, 2015; pág., 8.


viernes, 6 de marzo de 2015

TRAVESÍAS



CAMPOS REINA


   Uno descubre el mundo narrativo de un autor de muy diversas maneras, y solo la fortuna nos sorprende en ocasiones, nunca deja de ser una aventura, y tras haber leído el libro de un desconocido sopesamos si el intento ha merecido la pena: mi suerte se tituló Tango rojo (1992), una colección de relatos que me descubrían a (Juan) Campos Reina (Puente Genil, Córdoba, 1946), y su visión de la España negra y surrealista, un haz de tonalidades de profunda tradición literaria, cantares de ciego, asombros místicos, gacetillas decimonónicas, e historias de bandoleros. Luego vendrían, sus novelas, Santepar (1988) y Un desierto de seda (1996).
   Campos Reina vivió, parte de su vida, en un entorno cordobés, y se retiró al mar para ir componiendo lo esencial en su obra: Córdoba y Andalucía. El bastón del diablo (1996) fue una de sus novelas que más despertó mi interés, el mejor momento de un buen novelista, centra su atención en una época de nuestra historia reciente cuando ser de izquierdas o derechas significaba, vencedor o vencido. Lo mejor ese descenso a los “infiernos” con obligada referencia a su novela anterior, Un desierto de seda, que representaba el “paraíso” y La góndola negra (2003), el “purgatorio”. El narrador cordobés ya ha alcanzado un dominio de la técnica novelística, mezcla ficción e historia de una forma indisoluble. Su pluma recupera ese antagonismo tanto tiempo denostado en la España del XX, el ilustrado, inquieto e idealista hombre de izquierdas, y el conformista, iracundo de una ilusa razón personal que justifica todas sus actitudes, el hermano de derechas. El bastón del diablo contribuye a desvelar el lado oscuro de la psicología humana, de la falsedad política, espejo de una permanente actualidad.

lunes, 2 de marzo de 2015

TRAVESÍAS



ENCUESTAS


   Existen palabras que conforman el mundo, y  nombres capaces de explicarlo todo. En una encuesta reciente, a una variopinta y amplia representación de escritores, se les preguntaba, ¿Por qué escribe? Porque es una manera de vivir, sostenía con fehaciente sinceridad, el reciente Nobel, Vargas Llosa, y para sentirse uno vivo o muerto, añadía algún otro. La triste manera de ofrecer un testimonio, es como deberíamos entender el famoso diario de la adolescente Anna Frank. Un modo de sentir el vínculo con el tiempo, confesaría la poetisa rusa Anna Ajmatova, o simplemente, porque estamos aquí, aunque quisiéramos estar en otro lado, aduce Tabucchi. Por una añoranza, aquella que emula a la infancia, imagina Almudena Grandes, o, en un sentido práctico, porque me gustaban las redacciones en el colegio, inventar cuentos, escribirlos y dibujarlos, asegura Muñoz Molina.
   Lo cierto es que a lo largo de la historia, el escritor ha ido viendo crecer una singular muestra de la bíblica Babel y, con su escritura, no de ha dejado de contribuir a entender ese complejo y difícil tótem humano. De la destrucción de la torre, surgió una afortunada confusión de lenguas. Resulta evidente que, ante la conclusión producida por cualquier encuesta al uso en una sociedad mediática, cabría resumir: escribo porque me gusta, o porque respiro, para no tener jefe, ni nadie que me obligue a madrugar, incluso por insatisfacción y perplejidad, o, porque como muchos otros, soy un imitador, un eslabón en la cadena ininterrumpida de la tradición. Pero, sin duda, la mejor de todas las respuestas: sinceramente, porque no lo sé.

viernes, 27 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



EL CAMINO Y DELIBES


   Un año después, Miguel Delibes (1920-2010), sigue siendo el aclamado autor de la más prolífica y honrada obra literaria del panorama narrativo español de la segunda mitad del siglo XX. Delibes es Castilla: sus pueblos, sus gentes, y su lenguaje. La naturaleza y la caza fueron motivo esencial en muchas de sus obras. Ecologista convencido, la aniquilación de los espacios naturales, el éxodo rural, el desarrollo sostenible y el maltrato histórico de las labores rurales, o su visión cinegética sobre la caza de la perdiz, la pesca de las truchas, salpican muchas de sus páginas. Su mundo infantil lo protagonizan el cuco, la grajilla y el cárabo.
  El camino se edita por primera vez en diciembre de 1950: recuerdo de unos años que tan rápidamente pasan y constituyen el valor supremo de nuestra existencia.  Aunque Delibes ya había publicado, La sombra del ciprés es alargada ((1948) y Aún es de día (1949), no se sintió satisfecho, y solo con esta tercera entrega pensará que ha acertado y ha encontrado, por fin, su propia voz de narrador. La novela fue escrita en veintiún días, a capítulo por día. «Salió así —afirma el vallisoletano—, cogí el tono en que aquella historia tenía que ser contada, narraba yo, pero al mismo tiempo establecí cierto distanciamiento que me permitía un sinnúmero de libertades narrativas, y un sinfín de matices de humor, ironía, ternura...». En el año 2000, Destino, la editorial de su vida, publicó El camino. Edición facsímil, con introducción de Ramón García Domínguez, el original está escrito en cuartillas de papel de periódico (16 x 22), y a pluma estilográfica, como el resto de sus manuscritos. Hoy es una rareza, digna de tener en cuenta.


Sábado, 12 de marzo, 2011; pág.8                          

                       


martes, 24 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



CHEJFEC


  Sergio Chejfec (Buenos Aires, 1956) se adscribe a ese grupo de escritores que no tienen una concepción pacífica de la literatura, la observan como un lugar vacío que ocupar, lo literario se muestra como un territorio de entredichos permanentes. Admirador de una artista venezolana, un día llamó a su puerta y así nació, Baroni: un viaje (2007). En realidad, Rafaela Baroni es una escultora que vive al pie de la cordillera, en la población de Betijoque, en el estado de Trujillo. Talla, generalmente, figuras de madera con motivos religiosos, nadie queda indiferente ante su mirada, sabia y transparente, ella imagina permanentemente el mundo desde sus manos: vírgenes, santos, ángeles, flores y pájaros multicolores, fina declamadora, cantautora y poetisa, es dueña de una religiosidad muy personal. Todos los Viernes Santo del año celebra su propio funeral para exorcizar, de alguna manera, la muerte.
  La editorial Candaya presenta, en España, a Sergio Chejfec con Mis dos mundos (2008), una fábula sobre cómo recuperar el tiempo vivido de otra forma, en este caso, un paseo por un parque en una ciudad del sur de Brasil, una suerte de arqueología irrelevante. Y Baroni: un viaje (2010), ¿una novela? ¿un ensayo? ¿una crónica? ¿cuaderno de notas? ¿un testimonio vivo? Chejfec juega, muestra esa sensación de vacío que caracteriza a su obra, la suya es una forma de no vincularse con lo real, se sirve de la indeterminación para interpretar el mundo, y solo así reinventa un personaje, Baroni, tan esquivo como real. Su obra, sin duda, entreteje la trama con la reflexión. 

* Durante estos años, Chejfec se ha cnvertido en un autor de culto en nuestro país, y la mism editorial editaba La experiencia dramática (2013) y Modo linterna (2014).
 

viernes, 20 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



HÉROES



    Los hermanos Zipi y Zape fueron creados por el dibujante Josep Escobar en 1948, y en estos tebeos de la postguerra española se cuentan las travesuras de unos gemelos inquietos que durante décadas llenaron páginas y páginas de buen humor. Ambos héroes se distinguen porque uno es rubio, otro moreno y, pese a sus numerosas travesuras, subyace en ambos un buen corazón por hacer buenas obras que, generalmente, se malogran y cuyo resultado desastroso acaba con ellos en el cuarto de las ratas. Forofos futboleros, practican este deporte constantemente, aunque Zipi es del Real Madrid, y Zape del FC Barcelona.
     Escobar decidió hacerse dibujante con apenas 8 años y con 12 empezó a trabajar para Tacabalera, donde cobraba un duro al mes y adquirió el vicio de fumar: siempre lo hizo en pipa. Las mejores viñetas ocurrían en la casa de los Escobar, que nunca sonaban a chistes sino a otra manera de tomarse la vida; en realidad, era la mejor manera de desdramatizar la situación tras una serie de desdichas cotidianas, como el paso del dibujante por la Modelo de Barcelona por unas caricaturas políticas, y donde pasó un año y medio de su vida. Los mellizos sobrevivieron a su creador en ocho aventuras y durante un año, entre 2000 y 2001, porque el genio había avanzado mucho de su trabajo y sus originales se publicarían después de su muerte en 1994. Ahora los mellizos vuelven a la gran pantalla, de carne y hueso, de la mano del director Oskar Santos, ya tienen club de fans en Facebook, seguidores en Twitter y el estribillo de la canción copa el top de los iTunes, porque según el director, mientras haya niños habrá pequeños Zipis y Zapes, o aun mejor, persiste la gracia que Escobar supo verle a una realidad lamentable de la mano de sus pequeños traviesos.

 

martes, 17 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



MINGOTE


     Antonio Mingote (Sitges, 1919-Madrid, 2012)  ha muerto a los 93 años, y lo ha hecho calladamente para refugiarse tras una de sus viñetas y seguir colaborando, desde donde se encuentre, en su querido ABC. El agradecido matutino le dedica en estos días una pequeña antología que recoge una brevísima muestra de los más de 24.000 dibujos que, a lo largo de los 59 años de colaboración, llevó a cabo este dibujante calificado como elegante, humilde y sarcástico. Por sus dibujos y viñetas campea tanto el humor, como la ternura, la bondad, la emoción, e incluso el llano de los más pobres. Se inició como humorista gráfico en La Codorniz (1946) de la mano de Álvaro de la Iglesia, su director. En 1953 inició su fecunda labor en ABC y dos años más tarde, se le encomendó la dirección de Don José, un suplemento de humor del diario España, de Tánger, donde empezaron a publicar los escritores, Tono, Edgar Neville, José López Rubio, Ángel Palomino o Gila, y los dibujantes, Dávila, Ugalde, y los nuevos valores, Puig Rosado, Ballesta o Elgar. Mingote dedicaría números al fútbol, a las gordas, a los inocentes, a los pelotilleros y un extraordinario, Diccionario enciclopédico humorístico. José Luis Coll se encargó de escribir el editorial de despedida en marzo de 1958.
    Fue escritor y académico, pero sus mayores aportaciones artísticas se concretan en sus soledades o pésames característicos, viñetas que acompañan con sentimiento el trágico trance. Por su timidez espera, sin duda, que alguien le enseñe el camino del cielo para pasar allí un rato dibujando.   

*Esta columna fue escrita con motivo del fallecimiento de Antonio Mingote el 3 de abril de 2012; y por motivos varios, no se publicó y me parece que en estas páginas tiene, aun, su hueco.

viernes, 13 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



ANIVERSARIOS



   Cincuentenario, centenario y aniversario se confunden para celebrar que se cumple un número determinado de años desde un suceso, o se especifica y concreta en un nacimiento, una muerte, una obra, u otra ceremonia para conmemorar una efemérides. Este año 2011, literariamente hablando, será pródigo. Se cumplen seis siglos del nacimiento del poeta Juan de Mena, autor de El Laberinto de Fortuna, y los mismos para el mártir del libre pensamiento, teólogo protestante y estudioso Miguel Servet. Los nombres del filósofo inglés, Francis Bacon, y el poeta español, Luis de Góngora, se unen en el 450 aniversario. La lista aumenta a medida que bajamos cifra, 300 desde que el filósofo inglés, David Hume, viviera entre nosotros, 250 del escritor polaco, Jan Potocki, autor del Manuscrito encontrado en Zaragoza, los 200 de Domingo F. Sarmiento, autor de Facundo, muestra inequívoca del paralelismo entre civilización y barbarie, el periodista mejicano liberal Vicente García Torres, o el poeta español Nicomedes Pastor Díaz. Los mismos cumplirán el poeta inglés, W. Makepeace Thackeray, autor de La feria de las vanidades y la norteamericana, Harriet Beecher Stowe, autora de, La cabaña del Tío Tom (1852), cuyo tema de fondo es la esclavitud. A ellos se une el francés, Théophile Gautier, y 150 años cumplen el novelista y poeta filipino, José Rizal, y el bengalí, Rabindranath Tagore.
   Más cercanos Gabriel Celaya, Álvaro Cunqueiro, el guatemalteco, Mario Toledo Monforte, José Antonio Maravall y Antonio Tovar, aunque un caso especial, porque aún sigue vivo, el novelista y ensayista argentino, Ernesto Sábato, autor de los renombrados, El túnel y Sobre héroes y tumbas.


                      26 de febrero, 2011, pág., 8
 

martes, 10 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



D
Destino
“Llamaremos destino a todo cuanto limita nuestro poder”.
                                                                   Ralph W. Emerson


TÁNGER



   Algunas ciudades nos parecen hoy escenarios nacidos de la literatura, propias de las ilusiones de viajeros y escritores que encontraron en ellas un espejo donde mirarse, una evocación de lo exótico, o la patria moral que otros buscaron porque jamás podrían tener una, según escribiera Eduardo Jordá. Podemos leer acerca de la Alejandría de Cavafis, el Triste de Svevo y, sobre todo, de Tánger que Lotti calificaba como la vedette y puerta de África, por donde han pasado numerosos escritores durante los últimos cien años, y en cuyas laberínticas calles y plazas buscaban algo diferente, Burroughs, Bowles, Capote, Genet, Goytisolo, iban y venían como si la ciudad les hubiese otorgado una ciudadanía especial, una estancia válida para toda la vida. Bowles, dijo que Tánger era, en realidad, “una sala de espera entre conexiones, una transición de una manera de ser a otra”. Y vivió esa larga espera de cinco décadas, encerrado en su apartamento, donde concibió muchas de sus obras o se relacionó con la Gay Society y Beat Generation, cicerone de afamados escritores, e introductor de curiosas drogas marroquíes como el majoun. Un día tradujo algunos relatos de amigos lugareños porque observó que el Tánger que él y sus amigos habían vivido, ya no existía; habría que buscarlo en esas historias que mostraban la otra cara de la ciudad: la miseria, el abandono, la orfandad y los humildes placeres cotidianos que contrastaban con la realidad europea y americana.
  Si alguien quiere profundizar, o viajar literariamente que no deje de leer, Reivindicación del conde don Julián (1970), de Juan Goytisolo, El pan a secas (1973), de Mohamed Chukri, La vida perra de Juanita Narboni (1976), de Ángel Vázquez, El año que viene en Tánger (1998), de Ramón Buenaventura.


       Sábado, 7 de diciembre, 2013; pág., 8

viernes, 6 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



GATSBY


   Francis Scott Fitzgerald se abrió paso en la escena literaria norteamericana con apenas veinticuatro años, y tras abandonar las aulas de  Princenton, su paso por el ejército, y algunos escarceos en el mundo de la publicidad, publicó A este lado del paraíso, en 1920. Se casaría con Zelda Sayre, al tiempo que retrataba en sus cuentos la Era del Jazz, historias de jóvenes brillantes que intentaban conseguir el sueño americano del éxito y la felicidad. Hermosos y malditos, aparcería en 1922, su fama crecía, y las revistas le pagaban escandalosos honorarios por sus cuentos, Chicas y filósofos (1920) y Cuentos de la Era del Jazz (1922). Su tercera novela, El gran Gatsby (1925), tuvo un éxito económico menor, pero la opinión crítica fue más importante, y pronto se convertiría en el referente que la novela norteamericana está tomando: su notable economía y su disciplinada atención se traducen en detalles de enorme importancia simbólica. T.S. Eliot la calificaría “como el primer paso que ha dado la ficción americana desde Henry James”. El ritmo narrativo es rápido, siempre bajo control, mientras los acontecimientos aumentan en una creciente ironía.
    El director Baz Luhrmann lleva, una vez más, a la pantalla los años locos del gran Gatsby, y la música, los trajes de lujo, la lujuria, el champagne y las joyas, convierten al clásico literario en una arriesgada aventura años después de una notable ejecución anterior, dirigida por Jack Clayton, guión de Francis Ford Coppola y  protagonizada por Robert Redford, en 1974. Luhrmann absorbe la vida de la inmortal novela de Scott Fitzgerald, lo reemplaza con estilo, filigrana, y crea un vacío insoportable. Una vez te acostumbras a sus movimientos de cámara y a la música anacrónica, nada más se mantiene.


Sábado, 16 de marzo, 2013, pág., 8



martes, 3 de febrero de 2015

TRAVESÍAS



ANTONIO MUÑOZ MOLINA



     Los libros de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) expresan “los grandes cambios que han tenido lugar en España durante su transición de la dictadura a la democracia y han expuesto la traumática memoria colectiva”, ha manifestado el portavoz del Premio Literario Bienal de Jerusalén, un galardón que hasta el momento han conseguido autores de la talla del inglés Ian McEwan, el japonés Haruki Murakami o el sudafricano J.M. Coetzee. El otro español galardonado fue Jorge Semprún, en 1997. El jurado destacó además, “la simpatía que Molina expresa por los exiliados y los que sufren. Aquellas víctimas de las revoluciones históricas”.
    Por los 80 vivimos en las mismas calles y plazas de Granada, él siendo funcionario del Ayuntamiento de la ciudad, y yo universitario de la Facultad de Letras, que leía los textos periodísticos que, posteriormente, recogería en su Robinson urbano (1984). Luego llegaría, Beatus Ille (1986), una excelente primera incursión en la narrativa que aportaba una multiplicidad de narradores, y una gran cantidad de información sobre el pasado español en la figura de un olvidado poeta, Jacinto Solana. Después, El invierno en Lisboa (1987), Beltenebros (1989), o las espléndidas, El jinete polaco (1991) y Sefarad (2001), una galería de mujeres y de hombres, excluidos durante parte de su vida, víctimas de ese estremecedor proyecto destructivo de persecuciones, ideológicas y/o políticas de la primera mitad del siglo XX; y, después, El viento de la luna (2006) y La noche de los tiempos (2009). Y, en su último libro, reivindica El atrevimiento de mirar (2012), una colección de nueve ensayos sobre arte y artistas: textos de conferencias o catálogos de exposiciones, su particular mirada al mundo, donde ética y estética se traducen en conciencia y percepción. 



              Sábado, 2 de febrero, 2013; pág., 8

viernes, 30 de enero de 2015

TRAVESÍAS



28 de marzo y Miguel


     Juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940, arrastraría su desgracia desde la frontera portuguesa en un peregrinaje por las cárceles de Sevilla, Madrid, Palencia,  Ocaña hasta que, conmutada su sentencia a treinta años, fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde las innumerables vejaciones y miserias le provocarían bronquitis, luego tifus que se convertiría en tuberculosis. Miguel Hernández murió, abandonado en la enfermería, en la madrugada del 28 de marzo de 1942, a las 5:32 de la mañana, cuando aun no había cumplido los treinta y dos años. Se cuenta que no pudieron cerrarle los ojos.
   En su declaración ante el juez del Tribunal Especial de Prensa, Manuel Martínez Gargallo, reconoció y se reafirmaba en «sus ideales antifascistas y revolucionarios, no estaba identificado con la Causa Nacional, creía que el Movimiento Nacional no podría hacer feliz a España (...)». Y, en el sumario, se advierte, «que su libro, Viento del pueblo (1937) es una compilación de toda la labor que como escritor antifascista y al servicio de la causa del pueblo ha desarrollado el dicente durante la guerra, su identificación a la causa roja recomendando la resistencia a la invasión, y la noble causa marxista (...) ». Pablo Neruda señalaba que Miguel Hernández había desaparecido en la oscuridad, tendríamos que recordarlo a plena luz, como un incuestionable deber de España, un deseo de amor. Pocos han sido los poetas, como el muchacho de Orihuela —añadiría— cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. ¡Ese fue el hombre que en aquel momento España desterró a la sombra!

 

martes, 27 de enero de 2015

TRAVESÍAS



PERALTO & CÍA


     Francisco Peralto (Málaga, 1942) ha mostrado, desde siempre, un compromiso con cuanto dice, o cuando crea y ejecuta. Sin duda, la suya ha sido una modélica manera de afianzarse durante más de cincuenta años después de una fructífera creatividad que le ha llevado a experimentar, tras su paso por una poesía discursiva, en los difíciles 60 y 70, hasta una creativa dimensión entre contenido/forma, cuando visualiza y experimenta. Desde su Taller de Poesía Visual y Arte Correo Corona del Sur, junto a sus hijos, Carmen y Rafael, compone con absoluta libertad una amplísima obra de poeta experimental y promotor del arte-correo que pone de manifiesto el expresionismo visual de formas tan variadas como plásticas, y que a lo largo de las últimas décadas se concretan en talleres y exposiciones, junto a los nombres de Antonio Orihuela, César Reglero, José Brú, Dante Medina, Joseph Sou, Félix Morales Prado, Alfonso López Gradolí, o Francisco Aliseda, entre otros.
    Ahora, Tríada Experimental, muestra una interesante selección, piezas poéticas y collages de Francisco, Carmen y Rafael Peralto, que se recogían en la Sala de Exposiciones del edificio Rectorado y Consejo Social del Campus de Elche, Universidad Miguel Hernández, de Alicante. Convergían en la exposición la más variada expresión del veterano padre, compromiso y literatura, el reencuentro con la urbe más descarnada de la diseñadora Carmen, o la constatación de una realidad ambivalente, como atestigua el menor de los artistas, Rafael. Optan por unos mecanismos de significación que elaboren un nuevo orden, capaz de transformar nuestra vida y la sociedad.Tozuda resistencia la suya, en una inequívoca síntesis poético-plástica.



        Sábado, 23 de junio, 2012; pág., 8