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miércoles, 22 de septiembre de 2021

Esther García Llovet

      Un cuento chino

                          

     


                        

       La narradora Esther García Llovet (Málaga, 1963) ha ido creando un Madrid a su medida, o quizá en la dimensión de una poética narrativa que ella elabora con profundas resonancias a partir de la simplicidad del significado. En Coda (2003) describía una atmósfera asfixiante para unos personajes que convertía en seres sujetos a códigos no establecidos, y cuyas relaciones cruzadas constataban que existe una sociedad suburbana de tintes tan inquietantes como imprevisibles; Cómo dejar de escribir (2017) iniciaba todo un ciclo urbano, y su protagonista quiere, mientras deambula por los barrios más anónimos de un Madrid reconocible, encontrar un manuscrito perdido de su padre fallecido años atrás, al tiempo que se propone reconstruir su figura escribiendo una biografía de la que apenas lleva redactada media página; en Sánchez (2019) recrea el extrarradio de un Madrid fantasmagórico y real, donde surge lo inesperado, y por afinidad temática esta nueva entrega se convierte en la segunda parte de esa “Trilogía instantánea” de un Madrid, cuyo escenario vuelve a estar presente en Gordo de feria (2021), aunque ahora se atreve a curiosas excursiones al resto de la geografía, a Tabernas, el mítico desierto de Almería, o a localidades como Níjar y Huércal-Overa, donde desarrolla las aventuras descolocadas de Castor, un desorientado y monologuista televisivo de éxito, y de Julio, camarero circunstancial, un clon parecido al cómico.

       Un encuentro casual desencadenará un plan sin pies ni cabeza, Castor invita a un desubicado y despedido Julio a vivir en su millonario piso de la calle Martínez Campos y le propone, dado su prodigioso parecido, que le sustituya en sus compromisos públicos e, incluso, en su trabajo. A partir de aquí García Llovet nos conduce por las vidas desvariadas de sus protagonistas que no pueden atenerse a lógica alguna, abundan las muchas elipsis que proceden en su cotidiano devenir a un auténtico cataclismo vivencial. La narradora deja las explicaciones para ya se verá cuándo, aunque en tan caótica que parece como si la narración funcionara como una ráfaga de disparos en todas las direcciones, y siempre con Madrid, la ciudad y sus límites al fondo, porque, además, todo se describe en una trepidante acción, tan frenética como constante, un ir y venir de un sitio a otro, una ciudad que García Llovet señaliza con los nombres de las calles y de los locales, del mismo modo que concreta la época, en una rabiosa actualidad, y con un lenguaje descriptivo que reproduce el habla y los giros de sus personajes, que reproducen diálogos veloces y cáusticos, párrafos y frases, en escenas casi cinematográficas, capítulo a capítulo, así la novela misma, en su brevedad, ensancha sus límites hasta la perfección, puesto que las historias de la malagueña son una cosa y, sin dejar de serlo, son otra a la misma vez; léase una novela negra, con esas verdades reconocibles y datos de una realidad donde lo social, incluso lo político tienen cabida, como ese esperpento presente con que nos despertamos cada mañana tras el resacón del día anterior, porque por mucho que nos opongamos, evidenciar una glosa a la tesis que afirma como la vida es una lucha permanente, una carrera de obstáculos para alcanzar alguna sugestión de tranquilidad, algo tan improbable como esquivo.

 


 

                                      Gordo de feria

                                    Esther García Llovet

                               Barcelona, Anagrama, 2021

 

martes, 14 de septiembre de 2021

Luis García Jambrina

                          Una singular peregrinación jacobina

                                                

 

 

        La novela histórica experimentó un sorprendente giro a lo largo de la década de los 80 del pasado siglo XX, supuso su definitiva consagración a un género que diversificó el gusto en los lectores, aquellos que gozaban con una novela culta, con escenarios y ambientes bien descritos y concretaba una época, y otros se sorprendían por una intriga policíaca, con asesinos en mitad de la historia, independientemente de la época novelada. El curioso narrador, Luis García Jambrina (Zamora, 1960), iniciaba una saga literaria ambientada en la pícara y estudiantil Salamanca del siglo XV, con un joven Fernando de Rojas como protagonista, un excepcional investigador de sucesos cuya trama necesitaba un agudo pesquisidor. La primera novela, El manuscrito de piedra (2008), combinaba una verdad histórica y una trama policial: a finales del siglo XV, el joven Fernando de Rojas estudia Leyes en la Universidad de Salamanca y por encargo de don Diego de Deza, obispo de la ciudad, investigará la muerte de fray Tomás de Santo Domingo, catedrático de Prima de Teología en el Estudio General salmantino; la  segunda, El manuscrito de nieve (2010), repite protagonista, ciudad y ambientación, aunque profundiza en el retrato social, e insiste en el aspecto picaresco de los bajos fondos de la ciudad: embaucadores, tahúres, meretrices, buscavidas que deambulan por los barrios y se mezclan con el clero y los estudiantes; la muerte de uno de ellos, con las manos amputadas y dentro de un barril, desencadenará la trama que juega con la historia literaria porque quien descubre el asesinato es un mozo llamado Lázaro de Tormes.

        Fernando de Rojas vive alejado de la corte y de sus intrigas, en Talavera de la Reina, cuando es llamado por la Emperatriz Isabel de Portugal y vuelve a ser nombrado pesquisidor real: El manuscrito de fuego (2018), contempla un Rojas entrado ya en años, que acude a Medina del Campo, donde recibe el encargo de investigar el asesinato del antiguo hombre de placer del Emperador, su bufón, Don Francés de Zúñiga, expulsado recientemente de la Corte aunque había gozado durante muchos años del cariño del rey y de la reina. La propuesta, El manuscrito de aire (2019), más ambiciosa y comprometida, es cronológicamente anterior a El manuscrito de fuego, comienza el 6 de enero de 1515, en una pequeña aldea de indios taínos, próxima a la ciudad de Santo Domingo, en la isla La Española, arrasada por el fuego, una tragedia que conmueve a la pequeña congregación de frailes dominicos que enviará a España a dos de sus miembros para rogar al rey que envíe a alguien a la isla para que haga las pesquisas necesarias y descubra a los culpables y se haga justicia.

        El manuscrito de barro (2021) es la quinta entrega, y en esta ocasión la aventura del pesquisidor Fernando de Rojas está ambientada en el año 1525, cuando un peregrino aparece asesinado en el trayecto del camino, un poco antes de llegar a Burgos, y lo destacable de este caso es que es el primero y al que se sucederán algunos crímenes más, tienen, además, una curiosa connotación, los asesinatos siguen un patrón previo, una marca característica que por diversas razones presentan cada uno de los cadáveres. Rojas deberá hacer el camino francés, por expreso encargo del arzobispo de Santiago, y con la secreta intención de buscar al criminal o criminales que están haciendo que la peregrinación no sea segura, un hecho que podría tener funestas consecuencias, puesto que al extenderse la noticia de que el principal camino de llegada a Compostela no es seguro los peregrinos podrían optar por no realizar dicho viaje terrenal y espiritual. A Fernando de Rojas le ayudará el clérigo Elías do Cebreiro, y para ambos caminantes se abre un desconcertante horizonte cargado de amenazas, retos y encuentros misteriosos. Juntos se enfrentarán a una historia con un trasfondo detectivesco, vivirán episodios que tratarán de resolver con el misterio sobre la identidad del asesino, aunque, también, otras curiosidades y secretos completarán el relato de García Jambrina que otorga un peso específico sobre la ruta jacobea y la suerte de sus historias.

       La historia contada equilibra el concepto de novela histórica, con sus variantes, y la novela de intriga. El lector descubre fantásticos detalles de época adornados con misterio, leyendas y enigmáticos crímenes, además de una curiosa visión sobre la religión, la expiación y el pecado que nos traslada a recorrer las etapas de un viaje a pie repleto de sorpresas y no menos culpas.

 


                                   El manuscrito de barro

                                   Luis García Jambrina

                                  Madrid, Espasa, 2021

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Carmen Canet

 Una geografía lingüística

              

 

                                                         

       El filósofo Emilio Lledó afirma y, por extensión, confirma, esa máxima que asegura que, “no hay escritor sin lector, y se puede ser lector y elector: leer (legere) es elegir (eligere); es decir, demostramos nuestra capacidad de leer, o decodificamos el mensaje que nos quiere transmitir el autor porque la lectura es un proceso un tanto mental como visual, un desarrollo donde se deduce el significado de un texto, se interpreta su contenido, comprendemos el mensaje, se realizan inferencias y cuestionamientos pero nunca consideramos la lectura como reproducir un texto en sonidos, sino que se convierte en una actividad de interacción; aunque ante “legere” existe esa posibilidad de “eligere”, o elección , una palabra cuya etimología latina puede traducirse como “escoger”, fruto de la suma de un prefijo y un verbo, componentes léxicos que nos llevan a seleccionar algo o a alguien con un cierto fin, o en el mejor de los casos para alcanzar un determinado objetivo.

       La literatura se convierte en esa geografía de una ancestral tradición que se surte de la conciencia individual y conforma una identidad propia, una manera singular de concretar la realidad y la existencia del ser, y de esa realidad y el concepto de formas devienen los ejemplos en sentencias y en procesos que, a lo largo de la historia, han conformado la exactitud de “una concreta frase breve y doctrinal que propone un principio de manera concisa, coherente, y de una forma cerrada”; es decir, el arte del aforismo, a medio camino entre el apotegma y el ars poética, una propuesta extensible a otros géneros que alguien como Carmen Canet (Almería, 1955) ha convertido en su particular proyecto literario, tras entregarnos un sorprendente conjunto, Malabarismos (2016), al que siguieron Él mide las palabras y nos tiende la mano (2017), una selección de aforismos de la obra lírica de Luis García Montero, otras propuestas propias, Luciérnagas (2018) y La brisa y la lava (2019), o un curioso experimento con la colaboración y autoría compartida de Javier Bozalongo que titulaba, Cóncavo y convexo (2019), nueva colección de aforismos que titulaba, Olas (2020), y su última entrega, tras una coherente y ensayada vocación docente y la relación que a lo largo de su vida ha mantenido con los libros, y cuya sintética precisión, los amantes del libro, admiramos en Legere, eligere (2021).

       Carmen Canet realiza un auténtico rescate reflexivo a través de las páginas de su nuevo libro que, en cierto modo, convierte a la lectura en un cruce de ideas, juicios, convicciones y pensamientos en libertad; refrendan esas palabras las voces prestadas de muchos escritores que se convierten en el mejor bagaje que la lectura nos proporciona y, por qué no, incluso nos concede un amplio acceso como lectores, porque este nuevo libro de 99 aforismos profundiza en el conocimiento del yo y, al mismo tiempo, ofrece una continua reflexión de los contenidos desplegados en los ámbitos en torno a la lectura y su mundo; sobresalen la imaginación y la creatividad, como exponentes de un arcano, o un enigma. Y, a medida que pasamos sus páginas, se nos acerca a la música de García Lorca, la templanza de Tierno Galván, la sabiduría de Lledó o la magia de Irene Vallejo y, en igual proporción, se nos muestra como modelo la experiencia lectora de la propia Canet, “De niña jugaba a leer. De mayor, solo leía”. Se constata el interés metaliterario de la escritora en sus reflexiones acerca del diálogo verbal que traza en un esquema sencillo y conciso: “La lectura es alma y materia, corazón y cabeza, faro y luz, hilo y cometa. Una barca sobre las olas”.

       La literatura, en un sentido lingüístico, parece algo enigmático, casi un misterio que convierte el sentido de la creatividad en un término raramente reconocido en manuales o ensayos, y ofrece esa connotación cómplice como leemos en el aforismo: “La literatura tiene rasgos y trazos humanos. Por eso debe pasear por las calles habitar las casas. Debe rozar el suelo, pese a flotar”. Carmen Canet nos regala otra perspectiva creativa que, de una manera tan sutil como acertada, queda integrada en el mismo plano aforístico; se trata de una brevísima selección de collages, cinco en total, formas integradas en el conjunto de las páginas que otorgan color al negro de las líneas, y así cada imagen corrobora una interpretación visual que aporta su propia característica crematística, porque eso sí, se desborda en imágenes y colores. Legere, eligere muestra el carácter profundo, aunque esencial de los mensajes emitidos por la almeriense que media en el conocimiento y la comprensión de sus afirmaciones, con un fondo tan juicioso como ecuánime, de una originalidad e inteligencia que rompe con aquellos prejuicios sobre la brevedad, y sobre todo porque quien lee, abre cauce a una identidad expandida, que va ajustando sensaciones y pensamientos al devenir sosegado del concepto de libro: “En la vida y en los libros pasar páginas es avanzar”; y, por extensión, “La lectura está siempre abierta, nunca cierra por descanso del personal, ni reserva el derecho de admisión”.

       Los aforismos de Carmen Canet buscan el diálogo con el lector, le propone que cierre su argumento, lo discuta o lo acomode a su voluntad, huye de las máximas altisonantes o sentencias que en épocas precedentes fueron signo distintivo del género doctrinal, porque este libro es una invitación sincera y cómplice para hacer de la lectura una actividad placentera, enriquecedora y necesaria en ese prolongado discurrir que va desde la infancia hasta la edad adulta.

 


                                      Legere, eligere

                                      Carmen Canet

                     Sevilla, Apeadero de aforistas, 2021

 

 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Centenarios

 

Efemérides 

01 de septiembre de 1921, nace Willem Frederik Hermans, novelista satírico holandés.
06 de septiembre de 1921, nace Carmen Laforet, novelista española.
       10 de septiembre de 1821, muere Franciszek Zabłocki, dramaturgo satírico polaco.
12 de septiembre de 1921, nace Stanislaw Lem, escritor polaco.
       14 de septiembre de 1321, muere Dante Alighieri, poeta italiano.
22 de septiembre de 1921, muere Ivan Vazov, escritor búlgaro.
       24 de septiembre de 1821, nace Cyprian Kamil Norwid, poeta, dramaturgo y pintor polaco.
25 de septiembre de 1621, muere Mary Sidney, poetisa británica.
       26 de septiembre de 1921, nace Cyprian Ekwensi, escritor nigeriano.
       27 de septiembre de 1821, nace Henri Frédéric Amiel, profesor y escritor suizo.

 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Julio Castedo

                                Leyenda del rey Cruel                       

    

       

      El reinado de Pedro I de Castilla estuvo marcado por una leyenda negra y determinado por el continuo pulso que el joven monarca llevó a cabo con la nobleza de su tiempo. Hijo legítimo de Alfonso XI, heredero por derecho al trono, su padre tuvo una familia paralela con su amante Leonor de Guzmán que le daría una prole de diez bastardos que se disputarían el poder. Enrique de Trastámara encabezaría un sinfín de guerras civiles, y asesinaría al legítimo rey para usurpar el trono.

       La novela histórica, según Kurt Spang, no es la única forma literaria que  hace  especial hincapié en la problemática del tiempo, se  han  ido  formando manifestaciones literarias que sitúa al novelista histórico muy cerca del historiador; en otros casos, algunos historiadores ni siquiera reconocen una diferencia  entre  lo que están haciendo  ellos  y el quehacer  del literato. Julio Castedo (Madrid, 1964) es un veterano autor de episodios históricos de gran calado narrativo que con Rey Don Pedro (2021) entrega un relato contado con una hábil y extraordinaria introspección, traslada su relato a una convulsa Castilla del siglo XIV, y la apuesta resulta singular, una aventura calculada y medida, construida con una acertada precisión, un proyecto que dio forma tras, Apología de Venus (2008), y El jugador de ajedrez (2009) y El fotógrafo de cadáveres (2012), tres muestras de una exigencia narrativa sobria y eficaz, y concluida tras Redención (2015), una novela de una estructura bastante compleja, diversas historias convergen en un alegato sobre la crueldad y la violencia.

       La novela Rey Don Pedro arranca en los momentos previos a su muerte, durante el sitio de Montiel, donde Enrique y sus aliados franceses tienen cercado al monarca castellano, y sirviéndose de una argucia, reclaman su presencia en la tienda de Bertrand Duguesclin, y Enrique cometerá el vil asesinato, pero antes de abandonar este mundo, el propio rey, utilizando el recurso de la primera persona, retrocede en el tiempo hasta su infancia y coronación cuando, apenas con dieciséis años, en 1350, sucedió a su padre. Detallará, con todo lujo de especificaciones, su desazón ante la imposibilidad de distinguir entre las propias intrigas de la reina madre, María de Portugal, y su favorito y amante, Juan Alfonso de Alburquerque, o su desacuerdo con la política exterior de ambos orientada hacia Francia, su infelicidad tras un matrimonio concertado, con Blanca de Borbón, una desconocida que despechará en favor de María de Padilla, el gran amor de su vida; obligado a ceder, se confina en Toro, de donde escapará para a lo largo de las páginas con que nos deleita Castedo, recuperar la iniciativa, y dar comienzo a una guerra civil que terminaría con la extraña muerte del monarca. La violencia de los peores momentos de un rey, calificado de cruel y justiciero, crecerá a medida que toma ciudades, ejecutará en represalia a la mayor parte de los sublevados, aunque Enrique refugiado en sus tierras de Asturias, la guerra civil se convertiría en un asunto exterior cuando Pedro I de Castilla se enfrente a Pedro IV de Aragón, Inglaterra se alinea con los partidarios de don Pedro y Francia con don Enrique, en el marco histórico de la Guerra de los Cien Años que enfrentó a ambos países.  

       El autor irá salpicando su relato cuestionando esas difíciles etapas en las que lidiaba con las facciones que disputaban su poder, el fracaso en su intento por construir una Castilla unida y próspera, aunque en su narración, Castedo, va más allá de una seudo biografía o crónica pormenorizada de los hechos, y hace reflexionar al protagonista en una ajustada ficción sobre la naturaleza del mal, los conceptos del amor, el ardor y los celos, la traición y la ambición, bajezas y grandezas de cualquier humano, y así Castedo dará vida a un rey tan reflexivo como duro en sus decisiones, en ocasiones humano y víctima de la ambición. Sobresalen como configuraciones literarias reales, Leonor, una mujer querida y respetada, que hizo feliz al rey Alfonso durante veinte años, y María de Padilla con quien, el Cruel, compartió sus días más dichosos.

 

      


                                    Rey Don Pedro

                                    Julio Castedo

                           Córdoba, Berenice, 2021

 

martes, 31 de agosto de 2021

Cuaderno en blanco


Agosto

 

       Agosto es el mes de la incomunicación, de los vacíos, del silencio más absoluto, del propósito siempre de dejar las cosas para después de las vacaciones, y este año según los expertos, además, esos días marcarán un tiempo atmosférico atípico y disfrutaremos de tormentas y bajas temperaturas a lo largo de las semanas próximas. Como suele ser habitual, lecturas pendientes, miradas hacia esas cosas que van surgiendo, los relatos almerienses de cada verano, con la misma nómina de siempre, pocas sorpresas, la nueva novela de Lorenzo Silva, Castellano, una reivindicación personal e histórica del germen de toda una nación. 

       También los expertos se equivocan y las playas de llenan de gentes en busca de sol, y de este hay lo suficiente en los días transcurridos de agosto, incluso disfrutamos de una o varias olas de calor, ¿estamos ante la perspectiva más evidente del cambio climático? Sin duda alguna, y mientras no pensemos en un remedio a medio plazo, vaticino que las olas de calor, las tormentas y las catástrofes naturales se sucederán, ¿qué hacen, entonces, nuestros políticos? Evidentemente, nada.

       Historia de dos ciudades se confirma como ese gran clásico que es: Dickens en estado puro para una vuelta al Club de Lectura. El otoño nos traerá nuevas propuestas, personales y colectivas. Y mientras, nuevos días de calor, tregua por las noches, y nos encaminamos hacia un final de los días de agosto. Septiembre, espero, será otra cosa.

 


 

jueves, 26 de agosto de 2021

María Fernanda Ampuero

                                                   Ética del terror

                     

   

                               

            María Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1976) publica, Sacrificios humanos (2021), su segundo volumen de cuentos, tras Pelea de gallos (2018), relatos sobre los vínculos y las relaciones de poder dentro del hogar, donde Ampuero iluminaba los oscuros espacios de violencia en el ámbito doméstico; con Sacrificios humanos revisa vidas y cuerpos a los que se les resta todo valor, se entregan en nombre de un sistema endeble desde el punto de vista ético y desigual, y trazan esa línea de continuidad entre la propuesta formal, su proyecto ético-político, o la atención a la problemática social que sacude a su país y a parte de Latinoamérica. Sus relatos se apegan a la tierra, evocan esa carnalidad y corporalidad que contraste con los horrores psicológicos descritos, emplea una imaginación salvaje para las metáforas y un estilo narrativo tan lírico como mágico de antiguas leyendas ecuatorianas.

       Estos relatos hablan de mujeres que se ayudan mutuamente, incluso desde el más allá, castigan las atrocidades del Señor de la Noche, o buscan justicia poética, como en “Biografía”: extranjeras que subsisten en un hábitat extraño e inhóspito, forzadas a sobrevivir, dan las gracias y no miran el rostro de quienes las someten, y siendo forasteras, mujeres y pobres, se convierten en objetivo de la violencia de género, otra forma de maldición, efecto de esos espíritus malignos. El patriarcado se convierte en verdugo de madres, hijas, hermanas y abuelas, ocurre en “Silba”, sentenciadas por su cárcel de sufrimiento, se les impide gritar ante tales horrores, aunque si comienzan a contar, una vez expulsen sus tormentos, no serán capaces de saber cuándo callar ni en qué momento el cuento debe cerrarse.

       Las protagonistas son las excluidas, en ellas el deseo es una de las peores formas del horror, más que víctimas descubrimos a personajes femeninos que de tanto ser objeto de acoso y abuso se vengarán del modo más concluyente, léase “Elegidas”, y acusadas en su día a día por múltiples delitos connaturales al hecho de existir se desatan a la profanación de cuanto es sagrado y representa el paraíso físico al que nunca se les permite el acceso, son las excluidas, “Hermanita”, un deseo que se traduce en terror. Las historias de Ampuero dibujan la inocencia como el escenario de las experiencias más cruentas, entre la soledad y las fobias, la repulsión y las barbaridades que revisten todas las inmundicias de la vida en los vínculos de sangre, incluso los de clase, porque si hay un lugar donde refugiarse, existe la posibilidad de que alguien lo invada, como en “Invasiones”, penurias de innegable fatalidad, o niñas expuestas en ese escenario de pesadillas que viven en un entorno de apariencia segura, el hogar “Pietà”. No teme la ecuatoriana hacer brillar las contradicciones entre las pasiones feroces y el dolor, “Edith”, o la violencia sexual como expresión de ese deseo desbordante que, llevado al extremo, deviene una fantasía donde se pierde el control, una adicción al trauma en el corazón extenuado de una mujer envuelta en un enamoramiento fugaz, la promesa fallida del enésimo hombre en su vida, “Lorena”. El terror se apodera del dormitorio, en la casa de una mujer se mete la oscuridad, y aunque ella estalle, será difícil que las tinieblas nos abandonen después de leer estos relatos.

 


 

                                  Sacrificios humanos

                             María Fernanda Ampuero

                      Madrid, Páginas de Espuma, 2021

 

martes, 24 de agosto de 2021

Narradores almerienses (IV)

 

Relatos del verano de tu vida en Almería

 

“La magia de Carboneras”, de Ana María Romero Yebra; “Noche de fiesta”, de Carmelo Martínez Anaya; “Historia de dos pueblos”, de Mónica Sánchez; “La Maritoñi”, de Diego Reche Artero.

La apuesta veraniega de Arráez Editores

 


 

viernes, 20 de agosto de 2021

Rosario Ferré

 Rosario Ferré o la búsqueda de una identidad histórica                   

 

 


 

       La producción narrativa de la escritora Rosario Ferré (Ponce, 1938-San Juan, 2016) forma parte de la llamada generación de los setenta en Puerto Rico, su país natal. El movimiento surge con la intención de crear una producción literaria que no solo cuente una  historia sino que adopte una posición alejada de la tradición, una nómina de escritores que rompa con las concepciones ideológicas de la generación anterior de 1950, y postule su concepto sobre el puertorriqueño, su antifeminismo, su concepción histórica e ideología de clase, incluso su actitud ante el devenir de los acontecimientos. Rosario Ferré sobresale bajo esos parámetros que distinguen a su obra de sus precedentes, en su mayoría escritores varones, con temas esenciales: una identidad propia, y los abusos del poder. Su oposición frente a la opresión caracterizará a la mayoría de sus obras, La muñeca menor (1976), El cuento envenenado (1976) y Papeles de Pandora (1976), y apunta a conflictos étnicos, políticos y sociales en la sociedad puertorriqueña, une sus historias a acontecimientos históricos de la isla y maneja diferentes técnicas literarias innovadoras que incluyen el uso de un vocabulario mordaz y directo respecto a la crítica de algún acontecimiento, con personajes de una ideología específica que exponen situaciones diversas a través de la ficción, apoyadas por acontecimientos reales, y subrayan la importancia de las frecuentes incursiones de la realidad en el discurso ficticio, y una variedad de temas que proyectan diferentes circunstancias de su país. Sus primeras obras conllevan puntos de vista diversos y perspectivas variadas de la sociedad, textos que incluyen ideas de un evidente matiz feminista, y permiten un acercamiento al tema de la búsqueda de la identidad, principalmente en los personajes femeninos que, en realidad, se buscan con la intención de encontrarse a sí mismas como independientes en una sociedad patriarcal elitista. Esta es la forma de leer a Ferré, de interpretarla, de sentirla y representarla, porque sus discursos descriptivos e informativos explican cómo esa falta de identidad, además del control político y religioso, matizan los prejuicios étnicos, una línea de separación social y racial que retrata a la sociedad puertorriqueña.

 

La novela  

      

       Maldito amor (1986) es una novela corta que, con otros tres relatos, forma parte del volumen que ahora edita La Navaja Suiza, y sus referencias a raza y género adquiere especial relevancia en el discurso de los hablantes, y la presencia de las voces de mujeres que interactúan en un entorno de valores establecidos, difícilmente modificables respecto a consideraciones raciales y de género, aunque para Ferré el concepto de “humano” cobra especial relevancia en cuanto a la raza, categoría social que incide en cómo es visto el individuo, o se percibe a sí mismo. Una conciencia que provoca el propio cuerpo como objeto valorado o devaluado por la cultura, y un hecho histórico y cultural relacionado con el sutil juego social que destaca, esconde o transforma la apariencia corporal que conforma esa construcción y fragmentación de la identidad nacional: blanco, negro o mulato, e incluye la subjetividad individual. La novela cuenta el cambio drástico que se produce en el sistema económico y productivo cuando las centrales azucareras de Guamaní, lugar ficticio trasunto de Puerto Rico, pasan a manos de accionistas norteamericanos.

 


       La apariencia física carga de sentido la historia de Ferré cuando se convierte en ese lugar de distinciones que establece la comunidad e influyen en la identidad individual, entonces aparece la voz de Hermenegildo Martínez, abogado, periodista y apasionado novelista, que describe una sociedad paradisíaca aunque el trasfondo sea el retrato del prócer Ubaldino de la Valle, cuya historia se propone contar. El narrador se presenta como una autoridad, aunque a medida que avanza en su relato lo que prometía ser una apología del prócer y de una comunidad idílica, dará un vuelco cuando varios narradores interrumpen sus elogiosas descripciones y ofrecen otras versiones de la historia de la familia de la Valle. Hijo de Doña Elvira de la Valle, y de Don Julio Font, Ubaldino comparte, con las tías maternas, obsesionadas por la pureza de sangre, la afición a leer libros de genealogía. La primera en interrumpir las descripciones del narrador es la antigua sirvienta de la casa e hija de una esclava liberta, Titina, con un estilo oral y preocupaciones cotidianas que contrastan con el discurso altisonante del novelista. Otros miembros de la familia aportan sus propias perspectivas, Laura, mujer de Ubaldino, hijo Arístides y Gloria Camprubí, “una mulata hermosa, de esas que detienen el tráfico”, que según Arístides, estudia para enfermera cuando la conoce, pero una vez en la casa se opone a que Gloria se siente a la mesa con la familia porque es negra; en cambio Laura la acoge y la emplea para que se haga cargo de su marido enfermo de sífilis. De amante de Arístides, Gloria termina casándose con su hermano Nicolás, se transforma en amiga y confidente de Laura, cuida a Ubaldino hasta su muerte y es la madre de Nicolasito. La relación de Gloria con los tres hombres revela no solamente la promiscuidad sexual en las familias de abolengo, sino que agrega nueva información sobre Julio Font, importante para establecer la genealogía familiar, y pondrá al descubierto los valores de la sociedad guamaneña; tres mujeres desbaratan el relato de Hermenegildo, Titina, Laura y Gloria, que desmontan la leyenda fundacional que pretendía inmortalizar a Hermenegildo. 

       Las voces femeninas muestran cómo la clase dirigente ha contribuido a construir una comunidad en la cual sus ciudadanos estaban sujetos a un tipo de circulación social propugnada por los valores de un grupo que privilegia determinados rasgos físicos o ciertos orígenes. El discurso narrativo sugiere que estas narradoras son muestra de cómo la circulación social permite oportunidades en las relaciones subjetivas que influyen en la plasmación de personalidades únicas, subjetividades que no pueden ignorar su concepto de clasicismo corporal.

 

Tres relatos

 

       Rosario Ferré concibe los tres relatos siguientes como una extensión menor, y aunque pueden leerse como independientes, en su conjunto ofrecen una visión completa de ese devenir de la sociedad puertorriqueña. El primero, “El regalo” define y matiza la división de la sociedad, y ese esfuerzo que despierta conciencias y transforma las estructuras sociales que impiden la plena unión de los individuos. La historia cuenta la situación de dos educandas en El Sagrado Corazón, un colegio católico femenino. Ferré marcará una contradicción en cuanto al aspecto religioso, se acepta de forma general que la religión católica apoya la hermandad de sus feligreses sin importar la clase social de los mismos, pero en la narración se percibe lo contrario, y las apariencias de las dirigentes del colegio construyen un espacio que dará cuenta de los oportunismos sociales, políticos y culturales creados a conveniencia de un grupo separatista y preocupado por la pureza de sangre.

       El cuento "Isolda en el espejo," remite, una vez más, a esa búsqueda de la identidad histórica desde una perspectiva femenina, y la protagonista decide tomar las riendas de su situación y obrar en consecuencia; se trata de un cuento con diversos niveles de lectura, un ejemplo de como la crisis de la identidad nacional de Puerto Rico se refleja en el conflicto básico de cada individuo frente a la sociedad de la que forma parte, una sociedad que se encuentra dividida por los que apoyan el convertirse en una estrella mas de la bandera de los Estados Unidos, y por los que quieren vivir en un país independiente y soberano de toda infiltración extranjera.

       La extraña muerte del capitancito Candelario cuenta la historia de la “Gran Batalla de la Salsa”, qué ocurrió y por qué el protagonista fue tan alabado. En el relato se vislumbran distintos temas respecto a Puerto Rico y Estados Unidos, y a lo largo de la historia existe esa continua referencia hacia la metrópoli, y aunque en una primera instancia parece que se habla de la capital de la isla, a lo largo de la lectura esa suposición se vuelve errónea. Se habla de Estados Unidos y Puerto Rico es una colonia de dicho país. Rosario Ferré inventa que, en un futuro hipotético, Estados unidos ya no tiene interés por la isla caribeña, y parece que la isla tuvo su independencia sin un movimiento armado, aunque todo obedece a una estrategia por parte de la Metrópoli si consideramos un alejamiento político porque la realidad ya no vive ese período de colonias, sino de un poder económico mucho más ventajoso.

 


 

                                          Maldito amor

                                         Rosario Ferré

                             Madrid, La Navaja Suiza, 2021

 

 

miércoles, 18 de agosto de 2021

85 años del asesinato de Federico García Lorca

 

     El 18 de agosto del 1936, un mes después del golpe de Estado, fue asesinado a manos de las autoridades franquistas por "socialista", "masón" y "homosexual". Fue de madrugada cuando asesinaron al granadino, cerca de un barranco, a dos kilómetros de Fuente Grande, en un terreno que todavía abraza sus restos ante la dificultad de hallarlo

 


 

martes, 17 de agosto de 2021

Narradores almerienses (III)

 

Relatos del verano de tu vida en Almería

 

“El ocaso de Hemingway, de Fernando Martínez López; “Noches de <Puerto Rey”, de Antonio Ortega; “Ama la vida”, de Carmen Lorenzo; “Mi abuela, mi madre y yo”, de María A. Leonardi.

 

La apuesta veraniega de Arráez Editores