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viernes, 29 de octubre de 2021

Ramón Sijé

 El espacio erudito y ensayístico de Ramón Sijé

 

                     

       La poesía, composición literaria que se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, aquella que está sujeta a la medida y cadencia del verso, ha ocupado, casi en exclusividad, la obra y dedicación literaria de José Antonio Sáez (Albox, 1957) desde que, en 1983, publicara Vulnerado arcángel, al que siguieron, La visión de arena (1987) y Árbol de iluminados (1991), una obra que se ha prolongado en las décadas siguientes con, La edad de la ceniza (2003), Limaria y otros poemas de una nueva Arcadia (2008) y Los ojos deseados (2019), entre otros; sin embargo, sus inquietudes lectoras y literarias le han llevado a tentar su ingenio en otros géneros, el narrativo, la prosa poética que, en algún sentido, complementa y ensancha su visión lírica, o la crítica y el ensayo en sus facetas, tanto periodísticas como académicas, y en este terreno ha centrado su atención en el espacio lírico y ensayístico alicantino que ocupaba Miguel Hernández y el resto de autores que, de alguna manera, constituyen el universo literario en torno al autor oriolano, y en especial su relación concluyente con un joven y destacado representante de la literatura del primer tercio del siglo XX: Ramón Sijé. 

 


 

       Tras varios años vinculado al estudio y cotejo de la obra y de una incesante búsqueda de los papeles dispersos en revistas y periódicos en torno a un desafortunado Sijé, el estudioso almeriense leía su Memoria de Licenciatura en la Universidad de Granada en abril de 1984, y lejos de abandonar un proyecto iniciado en su etapa de estudiante universitario, su dedicación durante las décadas siguientes ha ido creciendo y a la par descubriendo trabajos y papeles dispersos, publicando nuevos ensayos que ahora confirman la voluntad del estudioso Sáez Fernández para ofrecer un monumental volumen en torno a la obra dispersa de un joven Ramón Sijé que moría en plena juventud a los 22 años, y sobre el que ahora leemos con riguroso esmero este libro titulado, Ramón Sijé, del periodismo al ensayo (2021), que se convierte en el estudio más completo sobre el desafortunado erudito de Orihuela.

 

Sijé vive

 

       El monumental volumen está formado por un índice que recoge una completísima documentación de la vida y de la obra del autor. Presentado por Aitor L. Larrabide, director de la Fundación, y un prólogo de F. J. Díez de Revenga, el resto queda dividido en cinco grandes apartados que ofrecen una perspectiva muy amplia, y se concretan en: I. Aproximación biográfica a Ramón Sijé, que recoge los primeros pasos de José Marín Gutiérrez, alias Ramón Sijé, sus publicaciones locales, estudiante universitario, la República, la memoria de una amistad: Sijé y Hernández, primer viaje del poeta a Madrid, el homenaje a Gabriel Miró, datos de la Universidad Popular de Cartagena, primeras obras de Miguel Hernández y su segundo viaje a Madrid, la importancia de El Gallo Crisis, problemas en la relación Sijé-Hernández, polémica de Sijé con el grupo sevillano de Nueva Poesía, la temprana enfermedad y fallecimiento de Ramón Sijé y el homenaje de Orihuela al desaparecido joven, una documentada visión de todos los procesos en torno a la vida y amistad de ambos amigos con profusión de abundantes notas aclaratorias al final del capítulo. Se trata de un exhaustivo repaso biográfico y social del joven erudito de la amistad de grandes escritores, intelectuales y artistas del momento histórico junto a Juan Ramón Jiménez, Manuel de Falla, José Bergamín, Ernesto Jiménez Caballero, o Carmen Conde, entre otros; cuantiosos datos de la breve biografía de un prometedor prodigio de las letras alicantinas que dejó su huella en la primera mitad del siglo, y que ahora Sáez Fernández reconstruye con una minuciosa, exquisita y envidiable escritura aportando datos de una curiosa modernidad desconocida hasta el momento.   

 


 

       II. La figura intelectual de Ramón Sijé, sus comienzos en el periodismo como aprendizaje literario, su transición hacia el ensayo, la ideología política del autor, o lo político bajo el prisma de una óptica cristiana personal que derivaría en un conceptismo cristiano y su revista como apostolado militante. Este apartado muestra una inquietante faceta en un conflictivo tercio del siglo XX español convulso. Y se repasan sus primeros años y colaboraciones en la prensa local desde 1929, cuando apenas cumplía los dieciséis o diecisiete años, de la mano de su maestro y mentor, José María Ballesteros, y se insiste en su futuro hacía reflexiones mayores que terminarán en el género ensayo, sobre todo a partir de 1933 y sus colaboraciones en Letras & Artes, de La Verdad, de Murcia. 

       III. Hacia un estudio de los textos, es un pormenorizado repaso de la obra de Sijé, su puesta al día, y una visión completa de sus primeros textos, el localismo y regionalismo de los mismos, y sus primeras colaboraciones en el prestigioso periódico El Sol, entre 1931 y 1933, además de la clasificación de un texto póstumo fechada en 1936. Un curioso estudio de 1928 firmado por José Marín Gutiérrez sobre el escritor José María Gabriel y Galán, donde se expone el interés sobre el concepto de dialectalismo y de regionalismo que despierta en el joven Sijé; y se subraya, sus primeros pasos en la revistas Voluntad y Destellos, junto a otras colaboraciones en Actualidad y El Pueblo de Orihuela, órgano de la federación de Sindicatos Agrícolas Católicos.

       IV. Bibliografía general que recoge la obra de Sijé en sus variadas modalidades, artículos, ensayos, otras obras perdidas o inéditas y una no menos interesante bibliografía sobre el inquieto erudito.  Quizá lo más completo desde el punto de recensiones sobre las obras de Ramón Sijé, los artículos dispersos en periódicos y revistas, fechados desde su inicio; su único ensayo (1973); y la obra perdida o inédita; una amplia bibliografía sobre el autor, de carácter general; sobre la generación del 30 en Orihuela; en relación con Miguel Hernández; una bibliografía específica; y una esencial que fue apareciendo a partir de 1984; y unas composiciones poéticas dedicadas a Ramón Sijé.

       V. Obra periodística y ensayística dispersa (1923-1936), dividida, a su vez, en una Primera etapa, su formación periodística y aprendizaje; una Segunda etapa, el salto a la prensa provincial y nacional; una Tercera, la reflexión y la opinión a través del concepto de ensayo; y una última entrada, Últimos textos (1935-1936), los conceptos de “nueva literatura”, leer, comprender y falsificar, además de un Lapidario de arte.

 


 

       Este libro, como señala su prologuista Díez de Revenga, mantiene con firmeza la seriedad del pensamiento del oriolano, y demuestra la capacidad intelectual absolutamente excepcional de unos escritos permanentemente juveniles de un personaje con una formación tan sólida como la de Ramón Sijé en los medios de comunicación de la época, alguien que ensayaba un particular periodismo ensayístico, en ocasiones tan polémico como visceral.

       El ensayista y estudioso José Antonio Sáez Fernández muestra su inquebrantable devoción hacia el malogrado joven oriolano, con su libro, Ramón Sijé, del periodismo al ensayo, deja constancia de ese incuestionable valor que supuso su aportación a la figura universal de Miguel Hernández, y su profunda huella en las manifestaciones intelectuales de la literatura levantina que el almeriense ha ido recomponiendo como si de un auténtico rompecabezas se tratara.     

 

                     Ramón Sijé, del periodismo al ensayo

                         José Antonio Sáez Fernández

             Orihuela, Fundación Cultural Miguel Hernández, 2021

 

 

jueves, 28 de octubre de 2021

Cuaderno en blanco

 

Octubre

 

       Los días se acortan, las mañanas amanecen frescas, los medios días suaves. Y los atardeceres anuncian noches más largas y de asombrosa tranquilidad. Casi todo vuelve a la rutina y nos encaminamos a los encargos de medios como Cuadernos o Turia.

       Leo los cuentos de Esteban Erlés, fantasía de princesas, castillos, reyes, y ogros, un homenaje a la literatura de fantasía. Espero respuestas al cuestionario que le he enviado a Miguel Ángel Muñoz por su nuevo libro Aposento, y trato de escribir sobre la nueva novela de Muñoz Rengel, La capacidad de amar del señor Königsberg, curiosa, irreverente y sarcástica radiografía de un futuro casi presente.

       Otro Lunes, la revista cubana de Amir Valle, me anuncia nuevo número, y posible colaboración sobre la narrativa de María Luisa Bombal.

       Octubre llega a su fin, retraso de hora para que las mañanas se alarguen y las tardes se acorten, sin duda preámbulo de un anuncio del invierno, con sus características y posibilidades. 

 


 

domingo, 24 de octubre de 2021

Sabías que...

 

 “La diversión es como un seguro, cuanto más viejo eres más te cuesta”.

                                                                Anónimo

miércoles, 20 de octubre de 2021

Hoy invito a...

 


María Ángeles Pérez

 

amaneceres

 

De vuelta

 

 Una vez casi zanjado el periodo vacacional, medio zombi, sobre el cómodo sofá, escucho en duermevela los retazos de algunas repetitivas noticias que se almacenan en mi disco duro sin provocarme ningún tipo de inmutación. De repente llama mi atención, sacándome de esta siesta, medio veraniega, medio otoñal, un titular sobre el persistente machismo que sigue dominando nuestro descarrilado mundo en pleno siglo XXI. Se enciende una alerta que despierta mis cinco sentidos y los pone a pleno rendimiento. La noticia se centra en las respuestas que dan ciertos usuarios de WhatsApp, a las demandas de empleo de jóvenes chicas para limpiar casas o cuidar niños. Se pueden imaginar cuál era el contenido de las mismas, todas orientadas hacia la vejación y el desprestigio de la mujer, repletas de un machismo elevado al más grande de los infinitos aunque, eso sí, su trabajo iba a ser muy bien remunerado y las horas dedicadas extremadamente reducidas. Pues aquí estoy, de vuelta de mis agotadas vacaciones, pero me niego rotundamente a estar de vuelta de la continua humillación y ofensa hacia la mujer.

martes, 19 de octubre de 2021

Sabías que...

 

           “Creí que era una aventura y en realidad era la vida”.

                                                          Joseph Conrad

 


 

domingo, 17 de octubre de 2021

Sabías que...

        

 

              “El silencio es el único amigo que jamás nos traiciona”.

                                                                                        Confucio

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

Gustavo Valle

           Una literatura de la diáspora, la novela Amar a Olga

                                 

          La literatura venezolana contemporánea se caracteriza porque, en ocasiones, se hace con cierta premura, desde la angustia o el desconocimiento, y suele tener cierta prisa para concretar sus propósitos. ¿Existe, por consiguiente, una literatura de la diáspora, como manifiestan algunos jóvenes autores cuando afirman que el país se lleva donde quiera que se vaya? La realidad concreta para ellos, es demasiado desconcertante y no menos dramática, e intentan explicar con sus poemas, narraciones o crónicas que sus textos suponen el arraigo que les recuerda su lugar de procedencia. Poetas y narradores sobreviven y componen las voces de un exilio que se disemina por Madrid, Málaga, Las Palmas, o Buenos Aires, y presupone la identidad de Golcar Rojas (Mérida, Venezuela, 1964), Laura Gracco (Lara, Venezuela, 1959), Rodrigo Blanco Calderón (Caracas, 1981), Ángela Molina (Caracas, 1967), o Gustavo Valle (Caracas, 1967) que realizó su doctorado en Madrid, y durante dos años permaneció en la capital española hasta su definitivo traslado a Buenos Aires en 2005, donde reside actualmente, enseña en talleres literarios, escribe sus libros, y colabora en los suplementos, Revista Ñ. de Clarín, y en el suplemento cultural del diario Perfil.

       Autor de los poemarios, Materia de otro mundo (2003) y Ciudad imaginaria (2005), y los libros de crónicas, La paradoja de Ítaca (2006) y El país del escritor (2015); también, ha publicado las novelas, Bajo tierra (2009) y Happening (2014) y recientemente, en Pre-Textos, la editorial española, Amar a Olga (2021), un relato sobre esa pérdida y recuperación del amor, según el propio Valle, un concepto manoseado por el poder y que, con su texto, pretende rescatar de esa manipulación obscena; en realidad, se trata de dejar constancia de esa alegría misma que forma parte de esas otras categorías donde todo significa lo contrario.

       Una novela como Amar a Olga (2021) sobresale por sus personajes, y concretamente el narrador protagonista llevará todo el peso de la narración en una exclusiva función introspectiva que engrandece la visión de conjunto de la historia que nos cuenta Gustavo Valle; en realidad, es la búsqueda obsesiva del pasado, de un recurrente recuerdo, el espejismo de un amor que se deshace en la medida en que el protagonista pierde lo más cotidiano y fácil de su matrimonio. El libro ofrece una incuestionable muestra de esos avatares que cuestionan la vida interior y la sensibilidad de sus protagonistas, convertidos en las proezas ideológicas del autor, y en tipos que representan una realidad y actúan con cierto fondo didáctico que acerca a sus criaturas a la condición humana, dotadas de una inverosímil autonomía, gentes que intentan vivir sus propias vidas. En un texto como Amar a Olga convergen dos géneros, esa narrativa de formación y, esa otra que se concibe como epistolar con una profunda inmersión sentimental, sin que Valle desdeñe ese horizonte o trasfondo social político conflictivo que supondrá un voluntario exilio que, al final, genera el fondo mismo de la narración porque desde el comienzo, el narrador piensa en Olga, ese amor juvenil, como el espejismo de toda una vida, la sombra de ese recuerdo que lo ha acompañado durante tanto tiempo y, además, ha llevado al fracaso de su relación con Marina y la descripción de la gris cotidianidad y la carencia de atracción que siente por ella, cuando coinciden con el triste panorama de Venezuela en esos momentos, ruidos en la calle, gritos lejanos, detonaciones de armas de fuego, la sirena de una ambulancia o de una patrulla.

       La novela se concreta en una correspondencia entre la vida privada y la pública, un binomio que se convertirá en tangible y extremadamente cruel, cuando el protagonista, años después, en su intento por recuperar el amor adolescente que perdió, sufra en carne propia las consecuencias de transgredir la autoridad en una Venezuela convulsa, y vislumbre un auténtico inframundo militar de poderes absolutos. Desde las primeras páginas, el narrador despierta cierta simpatía que a medida que avanzamos en su lectura resulta cuestionable, pronto el dato de que se encuentra en una auténtica encrucijada que, como lectores, nos obliga a preguntarnos, a pesar de su versión, si los acontecimientos narrados reflejan una realidad, o si su problema como individuo se localiza en una falta de coraje para admitir las limitaciones que le impone la madurez, y es así como el novelista concreta su apuesta en al menos dos respuestas,  solidarizarse con un personaje doblegado por la fuerza inexorable de un amor, juvenil y romántico, o someter a un cauteloso proceso a través de la escritura y la narración, esa obsesiva vuelta a la adolescencia de un cuarentón. El narrador se convierte en un doble personaje y Amar a Olga confunde según la lectura que hagamos, la versión que nos entrega el narrador, o evaluando esa ficción que proviene de una fuente no del todo confiable, lo que exige un cotejo más incisivo de los hechos porque el lector observa que las reacciones de ese personaje se ajustan a lo que desde una perspectiva psicoanalítica considera un mecanismo de defensa; en realidad, una auténtica regresión, el sujeto involuciona en aquellas etapas ya superadas en su desarrollo psíquico, y solo así acepta que el matrimonio con Marina ha llegado a un callejón sin salida donde no hay nada que decirse por ambas partes y que, como pronto se verá, concluirá en breve, solo entonces resultará imperiosa y nada sensata la necesidad de desenterrar un romance juvenil terminado hace lustros, el narrador pretende devolverlo a su vida e inicia una búsqueda frenética y, sin duda, con una tenacidad detectivesca que, a cierta altura del relato, pondrá en riesgo las vidas tanto de Olga casada como de, ahora, un pretendiente algo más maduro. Olga representa la obsesión de alguien que no ha dejado de recordar la pérdida de su virginidad con ella, y el amor es lo que queda atrapado en los sueños, en un incesante recorrido por una ciudad imaginaria, la del pasado, y el reencuentro con ella lo convertirá en otro personaje; surge el miedo, ocurren atentados, se vive el terror o experimenta la pérdida del país donde vive.

       El narrador Valle propone con su historia una lectura profunda, alejada de una superficialidad que convierta su relato en un folletín, léase en una primera parte, “La espiral en ascenso”, porque quién no ha sentido escalofríos con el primer beso, o se ha iniciado en otras destrezas, succión de cuello, orejas, dedos, talones, hombros, axilas, acrobacias iniciales, como evidente principio de una inquieta mocedad, cuando aún no se materializaban los deseos sexuales con las chicas, en este caso con una espectacular Olga, aunque el relato nos ofrece sobradas pistas de un cuadro regresivo, bastante psicológico, que nos aleja de un héroe de culebrón o melodrama  y, a partir de “La separación” y “Desplazamientos” se nos obliga a percibir en él la complejidad, las ambigüedades de un personaje verosímil porque, el narrador, queda retratado como una víctima indiscutible de las circunstancias fuera de su dominio, incluso en el final mismo de la historia cuando los militares lo acosen por su intento de volver con Olga, sucumbirá, de nuevo, en otro fracaso afectivo abrumador que lo situará con los pies en la tierra, ocurre en “El futuro es un fantasma”, pero sobre todo, el vacío concluye en “Besar sus ojos”, la huida, con la salida abrupta de la ciudad, del país por los intentos de asesinato contra el amoroso sujeto que ahora pasa a ser un expatriado. Y en la última escena, un avión surca el cielo hacia Buenos Aires, el personaje dialoga una pasajera francesa, Claudine, que afirma con absoluta rotundidad que, “el amor siempre ocurre en el pasado”, y este breve personaje se le presenta, como para asegurarse de que esta vida no tiene límites puesto que, mientras el narrador sostiene su mano delgada, de dedos esqueléticos, suaves y de yemas redondeadas, solo entonces él se identifica y se presenta como Sebastián.

       La novela, en un apresurado resumen, es la persistencia de la soledad más absoluta, del cansancio existencial, de una psicología desfasada, de alguien que no se encuentra cómodo en sí mismo y en una ciudad donde con el paso del tiempo todo ha ido desdibujándose, incluso el amor, el adolescente y el verdadero, se ha traducido en una osadía de madurez, con una mínima y escasa posibilidad de rescate de aquella mujer imposible que hoy, más que nunca, resulta inalcanzable por las circunstancias a que nos somete la barbarie humana.

                    


 

                                         Amar a Olga

                                       Gustavo Valle

                             Valencia Pre-Textos, 2021

 

viernes, 8 de octubre de 2021

Beatriz Montañez

  Una vida brota alrededor 

 

 

                                                

          Vivimos en un extraño mundo y en un constante y convulso ambiente que día a día nos somete a una compleja aventura y convierte nuestra actitud en la búsqueda de ese proceso ambivalente para encontrar la sencillez de las cosas, ese otro proceso de vida que nos acercaría a vivir en contacto con la naturaleza y en soledad, tal vez en un intento por conocerse a uno mismo y, de alguna manera, volver al origen.

       La escritura sobre la naturaleza, convertida en un auténtico género de características propias, nos obliga a enumerar algunas referencias, los acertados textos de Thoreau, Hubble, Hegland, Haskell y Araujo recientemente, ofrecen una literatura que, a menudo, se basa en gran medida en proporcionarnos información científica, detallada y precisa sobre hechos y acciones del mundo natural; escrita con frecuencia en primera persona, en su relato incorpora, a menudo, observaciones y sensaciones personales que incluyen reflexiones filosóficas sobre la naturaleza, y cuanto es posible vivir en ella.

       La constante información sobre crisis ambiental y sus efectos a corto plazo, el calentamiento global, la subida incontrolada de temperatura en algunas regiones del mundo, y esa angustia colectiva y personal están motivando el auge y renovación de un cambio de escena de una literatura centrada en la relación entre el ser humano y la naturaleza de la que, desde siempre, ha formado parte. El proceso de una urgente revisión del problema medioambiental se repite periódicamente, y medios de comunicación y televisiones del mundo nos muestran un futuro de catástrofes naturales y espacios en un progresivo avance de desertificación agudo. Sin duda, un prodigio mediático como la periodista Beatriz Montañez (Almadén, 1977) ha devuelto a la escena este fenómeno con Niadela (2021), su primera obra que por su sensibilidad y capacidad nos muestra las contradicciones de nuestro día a día consumista, y el desgaste a una forma de vida a la que ella, según leemos, renunció hace cinco años. Compañera de mesa junto a Gran Wyoming en El Intermedio, abandonó el programa en 2011, a pesar de la fama, el dinero y sus posibilidades de éxito en una sociedad capitalista, sin embargo desapareció para llevar a cabo algunos viajes por medio mundo an tes de refugiarse en una cabaña, ilocalizable, sin luz ni agua corriente para vivir en soledad y en un absoluto contacto con la naturaleza. Durante diez años la presentadora dejó de ser noticia para volver, con un diario, donde retoma los elementos clásicos de algunos autores citados, sin duda el más evidente, el norteamericano y pionero, Henry David Thoreau, aunque la española esgrime la sensibilidad necesaria y el oficio para adaptarse a un medio que se concreta en un bosque mediterráneo, un paisaje que no es el de los grandes espacios prácticamente vírgenes, sino un entorno de aires, flora y fauna mediterránea y que, por otro lado, la periodista se inspira en una tradición literaria española, que tiene como modelo el beatus ille.

       Beatriz Montañez comienza un diario que combina reflexiones y vivencias personales acerca de lo que va observando y su cotidiano devenir, y a lo largo de los capítulos, que irá fechando, escribe cómo se va adaptando y descubre nuevos espacios, paisajes y organismos con los que deberá convivir, en ocasiones desde la empatía misma, otras desde el desconocimiento de un medio hostil que le produce tanta inquietud como miedo, aunque con el tiempo es capaz de profundizar y explicar en su soledad, un sentimiento que se convierte en el espejo donde se reflejan los excesos de la vida en sociedad. Convertida en una persona zen, mantiene la mente abierta y una actitud de aceptación ante lo que vive, sus conocimientos sobre el budismo practicado en sus viajes antes de su retiro en Niadela se convierten en una de sus enseñas y en el camino óptimo hacia el desprendimiento del consumismo y lo material, propiciando la meditación y la introspección de su personalidad, y el intento de resolver un pasado marcado por el fallecimiento prematuro de su padre y la ausencia personal de duelo que ha estigmatizado buena parte de su vida; un recuerdo que, en cierto sentido, ha acabado motivando su éxodo a la humilde cabaña, y Niadela es la catarsis que le permite convivir con ese trauma dentro de un nuevo marco de felicidad basado en la sencillez y en el más absoluto de los silencios. Abundan las páginas de un preciso y calculado lirismo cuando la narradora describe el entorno y las decenas de habitantes que irá descubriendo en Niadela, curiosos especímenes de todos los tamaños, indefensos y peligrosos, así la prosa poética de Montañez se cargará de abundantes metáforas y una sustanciosa adjetivación que motiva, en ocasiones, la absoluta certeza de la belleza de cuanto va descubriendo, a diario, la narradora.

       La joven comparte con zorros, jabalíes, arañas, escorpiones o murciélagos sus emociones y vivencias, de alguna manera verá en ellos cualidades humanas bajo esa ética que igualaría a todas las formas de vida y que provoca otra dimensión de ver las cosas, casi de una manera doctrinal, quizá porque Niadela trata de trasmitir una enseñanza de convivencia descarnada con ese abandonado medioambiente y de poner en valor el contacto íntimo con la tierra, algo que la joven irá consiguiendo poco a poco y a medida que transcurre su vida apartada en el lugar y algunas páginas brillan por su agudas reflexiones e impresiones, mide las palabras y con un calculado vocabulario nos asombra con lo aprendido,  sobresale la honestidad con que se nos muestra el difícil camino hacia un aprendizaje que emprende la joven, saber vivir con poco, quizá porque pretende subsistir con poco. Niadela es una invitación múltiple que nos lleva a contemplar, a escuchar, a cuidar, en definitiva, a amar el medioambiente y, por supuesto, a leer y recrearnos en sus páginas de una exquisita sensibilidad, envueltas en esa maravillosa ambición que supone el silencio.

 


                                                             Niadela

                                   Beatriz Montañez

                            Madrid, Errata Naturae, 2021

 

martes, 5 de octubre de 2021

Centenarios

 Efemérides 

 

04 de octubre de 1721, muere Abraham Alewijn, poeta y dramaturgo holandés.


       07 de octubre de 1621, muere Antoine de Montchrestien, soldado, dramaturgo y economista francés.

08 de octubre de 1921, nace Jaime Sáenz, literato boliviano.

       09 de octubre de 1921, nace Tadeusz Różewicz, poeta, dramaturgo y escritor polaco.

29 de octubre de 1921, nace Julio Aumente, poeta español.

       31 de octubre de 1821,  nace Karel Havlíček Borovský, periodista, poeta y ensayista checo.