María Ángeles Pérez
AMANECERES
EL HALDA
Aun conociendo el significado de la palabra halda, ya en desuso casi total, siento la curiosidad de recurrir al diccionario y me la recuerda como: “hueco que forma entre la cintura y las rodillas la falda de una mujer”. Vienen a mi mente recuerdos de la infancia cuando a lo lejos, sobre la era donde se quebrantaba la mies, aparecía mi madre, pletórica, con su halda repleta de productos frescos, recogidos en su huerto, destinados a la comida que ese día pondría sobre la mesa. El halda de nuestras madres, en aquellos tiempos, servía de soporte improvisado y multiusos, pero también eran capaces de adaptarla, en un instante, para arrullar a sus hijos; equivaldría a lo que hoy llamamos foulard-portabebés y que se prepara para el ajuar de futuros nacimientos como algo original y novedoso, posiblemente por el desconocimiento histórico que tenemos de la lucha y la habilidad maternal de estas grandes y precedentes antecesoras vamos, que el famoso contacto piel con piel, del que ahora presumimos, estaba ya más que inventado con el significado de esta anticuada pero entrañable palabra: halda.
