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jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo



     “Nosotras, las mujeres, somos de alguna manera extranjeras en el idioma que hablamos y escribimos“, señala la escritora y crítica peruana Patricia de Souza.


                                                          Madrid, Trifaldi, 2017



¿Existe una escritura femenina?
Esencialmente no, es decir, que existen muchas formas de “feminidad” (tenemos que descolonizarnos de esa idea que nos pesa desde hace mucho tiempo) porque otorgarle un poder determinante al género termina resultando un encierro. La opción sexual no nos define si aspiramos a ser personas enteras. Es caer en el comunitarismo. En ese caso deberíamos ensanchar el género a otras identidades, y creo que es un proceso lento, pero que funciona, solo que termina produciendo ciertas formas de “tribalismo” por lo que siempre desconfío. Lo que habría que preguntarse es qué sucede con las mujeres que escriben, encarnar la historia más que entramparla en el género, sino hay que preguntarse de entrada si existe una escritura masculina.

Juan Eslava Galán



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VIDA DE UN HÉROE
              
       El cabo Juan Castro Pérez vive algunos de los episodios de la Guerra Civil con esa otra mirada que le otorgan tanto su oficio como su condición social. Con respecto a lo primero es acemilero y recorre el frente cordobés con sus mulas y, en cuanto a su condición humana, ha sido criado en la finca «La Quintería» del Marqués de la Pineda, situada en la provincia de Jaén, sobrevive con la esperanza de volver con sus padres y su señor. Una vez acabada la contienda piensa llevarse un botín de guerra: una mula abandonada que encontró una mañana mientras buscaba espárragos en el monte. Este es el planteamiento inicial de La mula (2003), la última novela de Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948), un autor que aprovecha el marco bélico para contar, con una mirada amable, no exenta de cierta ironía, algunas de las difíciles situaciones y experiencias vividas en ambos bandos.
       El marco histórico de la guerra es el frente de Sierra Morena, localizado geográficamente en muchos de los pueblos de la provincia de Córdoba, con recuerdos de su Jaén natal. El cabo acemilero se afana, en los últimos meses de contienda, porque no descubran al animal que no pertenece al regimiento y, así, sobrevive en el bando sublevado, esto es, el nacional, al que, poco antes, se ha pasado por su estricta condición servil. A trazos es un relato divertido sobre el sinsentido de un país levantado en armas pero cuyos soldados viven, a veces, en condiciones de verdadera camaradería. Y esto es lo más significativo de la novela, el tono humorístico de algunas situaciones y actitudes de sus protagonistas. Al cabo le ocurre algo que llevará a la novela por esos otros derroteros, el de la comicidad y el sarcasmo, cuando un mañana que pierde a la mula Valentina y, en medio de un bombardeo, sale a buscarla. La aventura termina felizmente, incluso un grupo de milicianos, ante la inminencia de un final, se entregan al acemilero para salvar la vida. Un avispado periodista de ABC aprovechará la gesta para convertir a Juan Castro en un héroe de guerra, condecorado por el mismísimo General Franco. A partir de la creación del héroe, los sucesos se precipitan para este antihéroe que debe viajar a Córdoba y rodar un documental para la industria cinematográfica alemana, seguirá hasta Burgos para asistir a la pantomima de una ceremonia que celebrará su valor frente al enemigo. En la ciudad, Eslava Galán, le hará vivir una experiencia sexual, denigrante, cuando una joven falangista se aprovecha de su torpe condición para saciar su apetito de macho obrero. Es su contribución a una superioridad de clase. De vuelta en el regimiento, algo ha cambiado, su antigua novia le ha perdonado sus mentiras, sus compañeros lo admiran; pero, en realidad, en una vuelta de tuerca  el joven acemilero percibirá cómo forma parte de una mentira, aprende que la guerra misma  unos la inician por interés y otros la padecen con el único deseo de sobrevivir. Y, finalmente, descubre su realidad más cercana cuando encuentra el cadáver de Churri, su vecino y amigo, y tiene que enterrarlo con sus propias manos o cuando se entera de que su novia, Conchi, lo ha dejado por un brigada de mejor familia. Para colmo, en el último recuento de acémilas y caballería descubren que, durante todo ese tiempo, no ha sabido contar los animales y su vuelta la realizará sin el ansiado botín después de haber participado en una guerra falsa que para él se ha convertido en una farsa donde tiene cabida tanto el dolor como la  muerte.





LA MULA
Juan Eslava Galán
Barcelona, Planeta, 2003

miércoles, 7 de marzo de 2018

“El Quijote” en el mundo



UNA NOVELA DE INTERÉS UNIVERSAL
(A propósito de “El Quijote” en el mundo)



       Durante todo un  fin de semana la Biblioteca Pública de Nueva York reunía a un nutrido  grupo de escritores para que Don Quijote tomara sus armas y acompañado de Sancho Panza, volviera a salir al mundo. Esther Allen, codirectora del acontecimiento señalaba que «El Quijote representa perfectamente el carácter universal de la literatura que podemos impulsar en un festival como el presente, donde nos acompañan escritores de la talla de Paul Auster, Claudio Magris, Salman Rushdie, Laura Restrepo o Antonio Muñoz Molina»

       A lo largo de la historia de la literatura universal hemos leído textos de Borges, Unamuno, Azorín, Maeztu, autores del 98 que vivieron la euforia colectiva del tercer centenario de la aparición del Quijote, Ortega y Gasset, Thomas Mann, Torrente Ballester, Savater en la actualidad y muchos más. De todos esos escritores que han comentado la novela universal, Vladimir Nabokov, fue, sin dudas, el más equilibrado, certero, completo y pasional de sus lectores, en una serie de textos recogidos en Curso sobre el Quijote.


       A lo largo de casi dos décadas, antes de alcanzar la celebridad definitiva con Lolita, el escritor Vladimir Nabokov impartió cursos de literatura en Wellweley y Cornell, y sus clases, con el tiempo, han llegado a constituir toda una leyenda. No es frecuente que los estudiantes tengan por maestro a uno de los mejores autores del momento, pero tampoco lo es que un novelista añada a su propio talento una vocación  didáctica  tan nítida y eficaz, y tan libre de convencionalismos académicos. Esta inusual libertad de criterio, brilla en el Curso sobre el Quijote con particular intensidad, pues frente a un libro como el de Cervantes, Nabokov no vacila en señalar tropiezos y fallas, precisamente para resaltar los valores de la historia de don Quijote y Sancho.
      
       Nabokov llegó a Estados Unidos en 1940. Con el plan preconcebido de trabajar como profesor de literatura en alguna universidad. El escritor ruso ya había preparado algún material sobre literatura europea. Las lecciones sobre el Quijote, recopiladas póstumamente en el libro mencionado fueron escritas cuando ya era profesor en la Universidad Cornell. Para preparar el material de su curso, el autor eligió la traducción realizada por Samuel Putnam, publicada en 1949 por la editorial Viking Press.

       La lectura que hace Nabokov de la novela de Cervantes es asombrosa por la profundidad de análisis, por su humor y sus ecuánimes puntos de vista. Nabokov no realiza un estudio achacoso y erudito del libro, sino que trata desentrañar de cara y sobre todo para sus alumnos esas magias parciales de las que ya había hablado Borges y no lo hace desde la crítica misma, sino como un acucioso, sistemático y contestario lector.

       El curso sobre la novela de Cervantes se inicia delineando lo real y lo ficticio. Trata de establecer los parámetros entre el mundo de las novelas y el mundo real. Por esa razón escribe: “Vamos a hacer todo lo posible por no caer en el fatídico error de buscar en las novelas la llamada vida real. Vamos a no tratar de conciliar la ficción de los hechos de la ficción”. Para el autor ruso las novelas eran sólo cuentos de hadas excelsos, y por consiguiente contenían mundos originales en sí mismas muy distantes/distintos del mundo real del lector.

       A Nabokov le interesaba el Quijote como expresión estética con sus defectos o sus aciertos artísticos y no como mito intelectualizado, como apología humanista ni revelación siquiátrica y moral. No estaba interesado en perderse en esa palabrería rebuscada de críticos que colocaban la novela en un altar lleno de mistificaciones tan disparatadas como el personaje principal de la historia. En torno al Quijote se desarrolla un choque de opiniones, a decir del mismo Nabokov, que algunas tienen el timbre de la mente firme pero pedestre de Sancho y otras recuerdan la furia de don Quijote contra los molinos.

       Y otro insigne lector, con respecto al hecho de cómo el Quijote se ha mantenido invulnerable hasta nuestros días, con cifras de ventas, con  naturaleza best-seller, Jorge Luis Borges había dicho ya en 1930, en “La supersticiosa ética del lector”, uno de sus textos sobre crítica literaria,  que el mayor mérito del Quijote no es el estilo, sino el manejo de los elementos psicológicos, y que a Cervantes le interesaban  demasiado los destinos de sus dos antihéroes para dejarse distraer por su propia voz.

       El profesor Javier Rubiera, de la Universidad de Montreal, comparaba recientemente en el periódico, El Norte de Castilla, al personaje del Quijote con el Charlot, de Chaplin. Hay que pensar que algo universal del Quijote es su imagen que está en la mente de todos. Ese hombre viejo y delgado subido a un caballo esquelético. Unos pocos rasgos lo identifican inmediatamente. Pues bien, un bombín, un bastón y un bigotito son suficientes para identificar a Charlot. Ambos personajes simbolizan dos momentos de crisis. Uno, la caída del Imperio español en el XVII y otro la crisis de 1929 en Estados Unidos y Europa.

        Otro sentido universal resulta de las comparaciones que hacen los eruditos y críticos especializados entre Cervantes y Shakespeare. Ambos escritores murieron en 1616. (Aunque por Nabokov nos enteramos que murieron bajo diferentes calendarios y existe por lo tanto una diferencia de diez días). La influencia intelectual de ambos en inmensa. Muchos críticos equiparan la inteligencia, la imaginación y el humor de dramaturgo inglés con el sentido de humor de Cervantes, su imaginación desbocada y su capacidad intelectiva. En un libro reciente “Cómo leer y por qué”, Harold Bloom repite los lugares comunes en torno a Shakespeare y Cervantes: “Si se me permite ser totalmente secular, a mi Cervantes me parece el único rival posible de Shakespeare en la literatura imaginativa de los últimos cuatro siglo...”
        Para terminar, el mismo Harold Bloom, afirma que «los dos héroes de Cervantes son simplemente los dos personajes literarios más grandes de todo el cannon occidental (...) su fusión de necedad y sabiduría y su indiferencia sólo pueden ser igualados por los hombres y las mujeres más memorables de la historia literaria. A estas alturas, ya no somos capaces de ver qué hace de Don Quijote una obra tan permanentemente original, tan profundamente extraña. Y a la hora de buscar el juego del mundo en la mejor literatura, ésta es la obra en donde siempre lo encontramos».

Curso: Charlas sobre El Quijote (2005)    

Pedro M. Domene
I.E.S. Albujaira (Huércal-Overa)

martes, 6 de marzo de 2018

Enfermedades y traumas que sufrió D. Quijote.



La ciencia en el Quijote
Enfermedades y traumas que sufrió D. Quijote.



        *En fin llegó el último de D. Quijote, después de recibidos todos los sacramentos y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como D. Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió+. Así relata Miguel de Cervantes el instante en que el personaje principal de su inmortal novela, Don Quijote de la Mancha, pasa a mejor vida.
        El Quijote es mucho más que una soberbia parodia de los libros de caballería. La novela de Miguel de Cervantes constituye un tratado científico que habla de astronomía, medicina, matemáticas, sicología...
        El análisis de la obra pone de relieve que Cervantes sabía de qué hablaba cuando tocaba temas relacionados con la medicina, una disciplina que efectivamente le preocupaba. *Es extraordinaria la intuición de Cervantes, así como es notable su sentido de observación, de la misma forma que sorprenden sus conocimientos médicos+, afirma el profesor José Manuel reverte en su libro La antropología médica y el Quijote.
        Hay quien asegura que para perfilar la semblanza de la condición física y mental del protagonista de la irrepetible parodia de los libros de caballería , Cervantes se inspiró en la obra del siglo XVI@ Examen de ingenios para las ciencias@, en la que el doctor Juan Huarte de San Juan incluye un pequeño tratado sobre lo que se identificó en la filosofía clásica y durante la Edad Media como la teoría de los cuatro humores- sangre, bilis, flema y melancolía. Según ésta, D. quijote estaba bajo el influjo de la bilis, y por tanto debería ser alto y delgado; de temperamento colérico, sabio ingenioso y propenso a la extravagancia debido a Ala destemplanza caliente y seca del cerebro@ que afecta a los dominados por el humor biliar, vinculado al aire y al hígado.
        Con un desparpajo encomiable, Cervantes hace referencia en la novela a la alimentación, el hambre, la obesidad, la delgadez, la salud dental, el sueño, los traumatismos y heridas, el dolor, la higiene personal, la lipotimia, la menopausia y una larga lista de síntomas y enfermedades variopintas que hoy conocemos como lepra, infarto, dermatitis serborreica, sordera, sonambulismo, malaria... De hecho algunos especialistas afirman que el escritor diluyó en El Quijote sus propios problemas de salud, sino todos algunos de ellos.


        En Enfermedad y muerte de Cervantes el doctor Antonio López Alonso, decano de la facultad de medicina de la Universidad de Alcalá de henares, en Madrid, afirma que@existe un estimable porcentaje de probabilidad de que la enfermedad que padeció Cervantes fuera una cirrosis hepática con diabetes secundaria que condujo a su muerte en 1616. Éste habla de lo que entendía por Ahidropesia@, que no es otra cosa que la acumulación de líquido en la cavidad abdominal. esta retención crónica que hoy se conoce como Aascitis@ está causado por una enfermedad del hígado, caso de la hepatitis y de la cirrosis ocasionada por la ingesta abusiva de alcohol, esto no significa que Cervantes fuera alcohólico, Así mismo él también tenía ganas permanentes y una necesidad imperiosa de beber agua, este síntoma es muy común en la diabetes; manifiesta también Cervantes una profunda sensación de agotamiento Cla asteniaC que se va acrecentando según avanza la enfermedad.
        Si nos centramos en los personajes, vemos a Sancho panza como un hombre obeso, incluso bulímico, la glotonería del escudero es criticada por su amo diciendo *verdad es que, cuando él tiene hambre, parece algo tragón, porque come apriesa y masca a dos carrillos+. Para el profesor Reverte Aeste comer apriesa es síntoma característico del obeso hipoglucémico, la bulimia, deseo de llenar urgentemente el estómago.
        Sin embargo, D. Quijote es la antítesis de su escudero glotón, el hidalgo imita la dieta hipocalórica y vegetariana de los caballeros andantes hasta el extremo de poner en peligro su salud, hasta el punto que dice a Sancho *Hágote señor Sancho, que es honra de los caballeros andantes no comer en un mes+. Si flaco lo vemos al comienzo de la novela, flaco, amarillo y con ojos hundidos regresa al final de su carrera andante, los ayunos de D. Quijote son tan prolongados que en algunos momentos Cervantes afirma que estaba tan seco y amojamado que no parecía sino hecho de carne de momia. Para el mencionando profesor Reverte D, Quijote estaba seco y amarillo de pura anemia, la ictericia o coloración amarillenta de la piel, ojos y boca es uno de los síntomas de esta enfermedad.
        Una de las ideas obsesivas de Cervantes es la de los traumatismos, hasta el punto que se pueden llegar a contar alrededor de 136. Los personajes centrales sufren un continuo vapuleo, interrumpido de vez en cuando por fases de reposo relativo durante las que se reponen de las lesiones y magullamientos sufridos, Cervantes hace que D. Quijote se caiga 14 veces de su caballo, de la cama o de otro lugar y describe cada batacazo con sus correspondientes lesiones. Le sigue en caídas su escudero Sancho, que da con los huesos en el suelo en al menos once ocasiones. Sus medios de transporte, Rocinante y el burro Rucio, tampoco se salvan de las caídas, y del resto de los personajes, 36 sufren traumatismos de diversa índole en una o varias ocasiones.
        Algunos ejemplos serían:
CEl vizcaíno Sancho de Azpetia le arranca media oreja de una estocada(IX)


CEl arriero celoso de Maritornes le propina puñetazos en la mandíbula hasta dejarle sin sentido(XVII).
CEl ventero le da unos puñetazos en la boca tras ver acuchillados los pellejos de vino (XXXV)
CUn mozo de mulas le apalea con su propia lanza hecha pedazos(IV)
CRecibe coces y patadas al pasar sobre él una piara de cerdos(LIX) y una manada de toros(LVIII)
CMaritornes y la hija de la ventera provocan erosiones en la muñeca de D. Quijote al atarla con un recio cordel (XLIII)
En el Siglo de Oro un alto porcentaje de la población española perdía íntegramente su dentadura debido a la falta de higiene bucal. Cervantes se hizo eco de este problema sanitario y lo refleja en su novela. D. Quijote pierde en el maxilar inferior derecho dos piezas y media a causa de sangramiento de las encías-gingivorragia- y confiesa que jamás sufrió neguijón o caries. Sin embargo por una violenta pedarda, Ale llevaron de camino tres o cuatro dientes y muelas de la boca desde lado derecho a la quijada alta@. Cervantes también menciona el reuma y los catarros como otras dos causas responsables del deterioro dental y expresa por boca del caballero andante su inquietud por el cuidado bucal: Amás vale un diente que in diamante@ A D. Quijote también le inquieta la limpieza dental, pues recomienda que el caballero, al terminar la comida Ase quedará recostado sobre la silla mondándose los dientes como es costumbre@.
Por último y de una manera muy esquemática mencionar algunas de las enfermedades que se citan claramente en la novela cervantina:
CCalenturas: las sufre D. Quijote cuando está moribundo y las preesenta un cadáver que unos frailes llevan de Baeza a Segovia.
CCefaleas: El hidalgo y su escudero las sienten constantemente, debido a los traumatismos.
CDiarreas: Sancho presenta sus síntomas después de tormar el bálsamo de Fierabrás.
CCatarro: Dice doña Rodríguez que se presenta de forma epidémica en Aragón.
CViruela: Se hace alusión a esta infección cundo Sancho, siendo Gobernador, se entrevista con el labrador. Su futura nuera tiene tremendos hoyos en el rostro.
CSífilis: Al hablar de Virgilio, Cervantes la menciona por su antiguo nombre: Amorbo gálico.
CMalaria: Se menciona en un juego de palabras entre Pedro y D, Quijote.
CPiojos: El hidalgo dice que todo caballero andante los sufre
CHipertrofia cardiaca: Cuando habla Montesinos por boca de D. Quijote advierte que el corazón que le arrancó al caballero Durandarte era grande y pesado.



Para concluir el tema tal y como lo hemos iniciado, nos seguiría quedando la incógnita de poder desvelar de qué murió D. Quijote.
)Fue un accidente vascular o una cardiopatía, fue una insuficiencia  suprarenal aguda, una crisis hipertensiva, una neoplasia o una simple consunción orgánica?
Cervantes no lo sabe o no pone voluntad en manifestarlo y no hay que descartar que la Aauptosia@ de D. Quijote quizá tampoco lo aclare.

Curso: Charlas sobre El Quijote (2005)    

M. Ángeles Pérez Sánchez
I.E.S., Albujaira (Huércal-Overa)

jueves, 1 de marzo de 2018

Hoy invito a…



José Antonio Sáez 

                        

EL ARTE DE CONTAR

       Siempre se caracterizó México por su receptividad hacia los intelectuales y escritores españoles y especialmente, por lo que en su proximidad nos afecta, a raíz del obligado exilio que conllevó el final de la guerra civil española. Creo que a nadie escapa ya la trascendencia de la significativa labor que la intelectualidad española del exilio llevó a cabo en algunos países hispanoamericanos, sobre todo en Argentina y México. Allí fueron a entregar muchos de sus mejores afanes escritores de la talla de Rafael Alberti, Claudio Sánchez Albornoz o Américo Castro, en Argentina; así como figuras de la talla de José Bergamín, que desarrolló una importante labor editorial a través de la editorial Séneca, Emilio Prados, Luis Cernuda o el cineasta Luis Buñuel, en México, por citar sólo unos casos. Evidentemente, España siempre tendrá una deuda moral y de gratitud con estos países hermanos de acogida y no sería justo olvidar que la gran mayoría de los españoles que llegaron allí eran republicanos derrotados que fueron en busca de subsistencia, tal como ha puesto de manifiesto el escritor veracruzano Luis Arturo Ramos en su novela, La ciudad de arena (1999).
       En ese ámbito vengo a situar yo la reciente edición de una antología del escritor Medardo Fraile (Madrid, 1925), celebrado autor de relatos breves, reputado cuentista, cuya obra ha sido considerada por la crítica especializada como una de las más sobresalientes de este género en la segunda mitad del siglo XX. El narrador español reside desde hace casi cuarenta años en Glasgow (Escocia), donde es catedrático emérito de la Universidad de Strathclyde. Y mucho, creo yo, han tenido que ver el interés que se ha despertado en Méjico por la obra narrativa de Medardo Fraile, los especiales vínculos que el crítico literario almeriense Pedro M. Domene (Huércal Overa, Almería, 1954), conocido autor de ediciones tales como Literatura Veracruzana Actual (1995) o Narrativa Veracruzana Actual (1999), tiene con los escritores mejicanos, en general, y los veracruzanos en particular; así como el gran predicamento que el cultivo del género en cuestión tiene entre esos mismos escritores.
       En la antología en cuestión se encuentran representados los siguientes libros de relatos del escritor madrileño: Cuentos con algún amor (1954), con cinco relatos, A la luz cambian las cosas (1959), con seis, Cuentos de verdad (1964), con cinco, Descubridor de nada y otros cuentos (1970), con cinco, Cuentos completos (1971), con seis, Contrasombras (1998), con cuatro, Ladrones del paraíso (1999), con tres y, finalmente, se incluyen dos cuentos recientes, inéditos en libro. Una amplia y selecta representación realizada por el mismo Fraile y no por el editor, Pedro M. Domene, que es autor del «Epílogo», un esclarecedor trabajo que sitúa convenientemente al cuentista en la «generación del medio siglo» o entre «los niños de la guerra», para posteriormente introducirnos en su biografía, los años vividos en Glasgow, las características de sus cuentos o de la selección de los mismos, para concluir con una extensa bibliografía que, si bien no es exhaustiva, sí es bastante representativa y completa. La calidad y el prestigio de la obra de Medardo Fraile viene avalada en la mencionada antología por una cita de quien es considerado en el mundo de habla hispana como uno de los maestros del género, el escritor Augusto Monterroso, quien ha dicho sobre él lo siguiente: «Fiel cultivador del género desde los inicios de su carrera de escritor, Medardo Fraile, el gran cuentista español, ha creado un singular mundo literario sobre la base de tres cualidades fundamentales. Su impecable manejo del idioma, su inagotable capacidad de invención, y su profundo conocimiento de los seres humanos de todos los días, de ésos que encontramos en las narraciones como si uno fuera de ellos, viejo ideal que sólo los grandes creadores alcanzan».
       Una antología, pues, en la que el autor y editor han trabajado en sintonía y que reúne una muestra altamente significativa de la obra de este gran contador de historias. Un libro, sin duda, desde todo punto recomendable para cuantos lectores y amantes del relato breve deseen acercarse a este singular escritor español de nuestro días que es Medardo Fraile. Todo un clásico.





DESCONTAR Y CONTAR
Antología
Medardo Fraile
Ed., de Pedro M. Domene
México, Universidad Veracruzana, 2000