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domingo, 31 de julio de 2016

Desayuno con diamantes, 74



AIRE DE NUESTRO TIEMPO



         E. L. Doctorow hijo de judíos rusos afincados en Nueva York ocupó, desde sus comienzos, un lugar singular en la narrativa norteamericana de la segunda mitad del siglo XX. Su obra, a caballo entre dos generaciones significativas: Bellow, Malamud, Roth y Updike y los posmodernos: Kerouac, o los poetas Creely, Duncan, Ginsberg o Corso, quedó fuera de esas dos corrientes sin que su producción narrativa se resintiera por ello. Característica esencial, su capacidad de abarcar asuntos muy variados en la historia y/o el tiempo de su país; comprometido con los derechos humanos, la justicia, o la realidad social, no se consideró un escritor de combate, testimonial o didáctico. Sus novelas, profundas reflexiones que comparten espacio común en el pensamiento, la acción, o la lucidez, siempre bajo una estricta mirada literaria; y así, enfoques e historias se asocian a una estética específica en sus planteamientos. Excepcionales, los títulos, Billy Bathgate (1968), un joven prometedor a quien acoge un capo de la mafia: Dutch Schlutz; El libro de Daniel (1971), crónica de la guerra fría, juicio y condena de los esposos Rosenberg; Ragtime (1975), fascinante visión de la América de principios de siglo través de una familia, con una variada línea argumental y personajes secundarios de lujo; dos muestras de la amplitud de su propio mundo, El Lago (1980) y La gran marcha (2005). Y un último vigor personal, su espléndida novela, Homer y Langley (2009), escrita a los 80 años.
          El Doctorow de estos Cuentos completos (2015), reunidos por primera vez, según Eduardo Lago, es un escritor distinto del novelista, porque “leer un cuento de Doctorow es una experiencia estética un tanto desasosegante. No falta nada en estos relatos, y sin embargo dejan en el lector una desazón muy profunda, como si exigieran que ocurriera algo más, cosa que de hecho sucede, sólo que, extrañamente, fuera de la página”. Transmite tal desasosiego que en ciertos casos vuelve tediosas o extrañas algunas de sus páginas, caso de “Willi”, relato de corte onírico, con trasfondo familiar y violento, o el extraño e inquietante “La depuradora”, el soliloquio de “Todo el tiempo del mundo”, e incluso el relato extenso que cierra el libro, “Vidas de los poetas”. Cuentos que al lector le costará entrar para familiarizarse por su tono enigmático, aunque contrastan con otros sobresalientes que dejan entrever el talento de Doctorow, agudo observador de la vida americana. Elige perfiles de ciudadanos maltrechos, nacidos o crecidos en condiciones muy particulares, y convierte sus pequeñas historias en una radiografía del vivir cotidiano, soñadores en grandes ciudades o en la carretera, huérfanos, mujeres maltratadas o inmigrantes. El propio autor aseguraba, “ni el cuento ni la novela tienen reglas. Y si las tienen, están ahí para ser rotas”. Él las rompe, cuesta percibir sus intenciones, los mencionados son textos experimentales, otros ejercicios interesantes, “Wakefield”, una vuelta de tuerca al sensacional cuento de Hawthorne: un hombre abandona sin decir una palabra a su mujer para vigilarla durante años y regresar a casa como si nada; “El cazador”, retrata una maestra frustrada y algo desequilibrada, “Una casa en la llanura”, recrea la huida de una madre y su hijo al antiguo Chicago, o “Niño muerto”, un chiquillo encontrado sin vida en las inmediaciones de la Casa Blanca. El lector disfrutará de cuentos de una perfección absoluta, repletos de fuerza e intensidad, entretenidos y palpitantes, con personajes de cuerpo y psicología magníficamente trazados: “El escritor de la familia”, un adolescente es impelido a redactar cartas para contentar a su abuela, que pasa su ancianidad en un asilo; o “Jolene”, sobre una chica de sexualidad y matrimonio precoces cuya suerte a la hora de encontrar nuevas parejas se le volverá en contra; “Bebé Wilson”, una mujer loca y tierna rapta a un recién nacido ante el miedo y la lealtad que manifiesta su novio; o “Integración”, un matrimonio de conveniencia para conseguir los papeles con los que dos emigrantes pretenden quedarse en Estados Unidos, con un telón de fondo mafioso y al fin esperanzadamente amoroso.
               Magistrales, las traducciones de Carlos Milla Soler, Isabel Ferrer Marrades, Gabriela Bustelo y Jesús Pardo de Santayana.








CUENTOS COMPLETOS
E. L. Doctorow
Barcelona, Malpaso, 2015; 460 págs.


Caricaturas

... ¿Y por qué no, nuestros clásicos infantiles? o ¿acaso no tan infantiles?

sábado, 30 de julio de 2016

Ricardo Reques



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PIERNAS FANTÁSTICAS

 


     Las piernas de mujer son, sin duda, para Ricardo Reques ese imaginario lugar donde transcurren la mayoría de sus fantasías y por ese, y no otro motivo, titula su última colección de relatos, Piernas fantásticas (2015), y para alejarse de ese exclusivo mundo de la ficción, el narrador añade algunas notables reflexiones sobre el ideal de belleza. Lo más curioso de este libro, esa lírica visión del ideal femenino que deriva hacia un auténtico cuento seudopoemático porque se basa en la evocación de una emoción o un sentimiento,  y se convierte entonces en una impresión fugaz y en toda una serie de emociones de carácter lírico, y además provoca una extraña fuerza evocadora; y si añadimos ese mágico poder de sugerencia, ambos conceptos se convierten en valores fundamentales de esta colección, de forma que de alguna manera muchos de estos cuentos se suavizan de esa radicalización característica que son esenciales en la temática elegida por Reques, y que desde el punto de vista técnico se concretan en historias de una asombrosa síntesis, de una calculada intensidad, de una extrema condensación y de una aguda capacidad evocadora. Otra de las características a destacar, el tratamiento elegante, imaginativo y tremendamente literario de una parte de la anatomía femenina que resulta tan fascinante como el resto. Lo cuestionable es, solo como profundiza y soslaya el autor, nuestra inequívoca obsesión por mirar y cuantificar nuestro sentido de la posesión ajena, símbolo sin embargo de la sensibilidad femenina nunca ajena al deseo masculino.
       ¿Es Ricardo Reques un fetichista? Según la definición académica, resultaría obvio porque un fetichista es una persona, casi siempre hombre, que se siente atraída sexualmente por esta zona de la anatomía humana, en este caso las piernas. Para un fetichista, la simple visión de un pie, de un zapato de tacón, y en el caso de escritor de una pierna desencadena un proceso de sensaciones sexuales agradables y muy estimulantes. El referente más evidente es Elmer Batters, el fotógrafo norteamericano que dedicó su labor a la fotografía erótica y/o fetichista, sobre todo las piernas femeninas, aunque su obra, construida a partir de finales de la década de los 40, no tenía cabida en la sociedad puritana estadounidense, con lo que normalmente era tachada de perversa y pornográfica. Solo así pueden entenderse los numerosos problemas que Batters sufrió con las autoridades y que sus fotografías solo tuvieran salida en revistas eróticas que el mismo fundó, y hablamos de la época del apogeo de las pin-ups.
       En los diecisiete cuentos que contiene el libro, y en la mayor parte de las historias no coincide la apariencia con lo que presuntamente se describe, y más bien se reproduce el sentido de la fragilidad, de la culpa, o incluso cierta tristeza y el alivio, por añadidura, tras un acusado proceso de envidia y de celos, y nuestro consuelo o desconsuelo se hace patente, aunque finalmente se muestra el placer y un inmenso halo de felicidad a la hora de llegar al final de muchos de estos relatos. Y dos de ellos, preferentemente, justifican la colección, me refiero a “El secreto de Tramell” y “Tarde de playa”, el primero porque con su precisa y justa medida, con su técnica elaborada y consecuencia final, esboza cuanto Reques nos quiere mostrar, ese sugerente símbolo de la sensualidad femenina y el afán de posesión que confieren nuestras miradas; el segundo subraya que la belleza es una idealización sublime de una aparente realidad y más allá de esto puede, incluso, no haber nada; el tercero, “Loba” muestra el exceso de abarcar con su extensión, toda una imaginería en torno al mito de la transformación. El resto de cuentos pese a su evidente factura literaria donde lo fantástico y lo imaginario se convierte en motivo esencial de la prosa de Reques, notable por su ejecución, ofrecen al mismo tiempo reflexiones filosóficas, psicoanalíticas, referencias pictóricas y cinematográficas, en suma pequeños ensayos que confieren al conjunto la dimensión fetichista y erotómana que escritor otorga a las piernas de mujer. No dejemos de leer, “Las medias de Nicole” tan sensual como erótico, o ese ensayo seudo-psicológico que se sugiere en “Relación entre las variables morfológicas de los miembros inferiores, éxito de apareamiento y tiempo de supervivencia en humanos”.
       La edición está ilustrada por la mexicana Soledad Velasco que aspira con sus dibujos a transmitir esa realidad que viene concretada visualmente por un determinado contexto tan acertado como resulta ese poder de transmitir la auténtica y verdadera realidad cotidiana.






PIERNAS FANTÁSTICAS
Ricardo Reques
Madrid, Adeshoras, 2015; 204 págs.


jueves, 28 de julio de 2016

Edvard Munch


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EL FRISO DE LA VIDA



MUNCH HABLA
Quizá la mejor manera de comprender la magnitud y la extensión de una vida dedicada al arte sea la visión de un atormentado carácter, y su inequívoca manifestación en un lienzo como El grito (1893), donde una figura andrógina, en un primer plano, simboliza a un hombre moderno en actitud de profunda angustia y desesperación existencial. El paisaje de fondo es Oslo, y el cuadro, parte del movimiento expresionista, es hoy una imagen icono-cultural. De luz semioscura, pese a sus abundantes colores cálidos de fondo, la figura principal muestra a alguien gritando; fuera de escena, dos figuras con sombrero no se distinguen con claridad; el cielo parece fluido y arremolinado, igual que el resto.
       Edvard Munch (Løten, 1863-Ekely, Oslo 1944) desarrolló una amplia y variopinta obra calificada entre un realismo a ultranza y un posimpresionismo; su técnica e intelecto, proclives a la experimentación le llevaron a sufrir continuas crisis nerviosas y aislarse en un sanatorio de Copenhague. “El friso de la vida” es la gran empresa de Munch, y su obra magna, una serie de expresivas pinturas y estudios gráficos centrados en tres temas: amor, angustia y muerte en las que volcó, de forma muy personal, inquietudes y angustias existenciales; y propenden a la manifestación de los sentimientos más violentos en su pintura. Munch se preocupó por dar realce al sentido simbólico-narrativo de los cuadros en un momento en el que, por lo general, se empezaba a desdeñar ese aspecto “literario” de la pintura. En este sentido, cobra particular importancia conocer sus escritos sobre lo que pintó y, en general, sobre el arte, aunque su frenesí vital agostara prematuramente su existencia.
       El volumen El friso de la vida reúne una selección de sus textos, y queda ilustrado por su propia obra, una selección que realiza Victoria Parra. La editorial Nørdica ha contado con Hilde Bøe, una de las máximas responsables del Munchmuseet, para escribir el prólogo: “Munch escribió toda su vida”. “Escribió —y guardó— redacciones y cuadernos del colegio, anotaciones en diarios, poemas en prosa, esbozos literarios y dramáticos, cartas de viajes, contribuciones en periódicos, contratos, solicitudes, prosaicas listas de tareas y, obviamente, cartas. (...) Los demás textos consisten en escritos de un amplio espectro de géneros literarios”. Este libro dibuja un recorrido por su prolífica obra, literaria y artística, y concreta su mítico concepto pictórico, “En general/ el arte surge/ de la necesidad de un ser humano/ de comunicarse/ con otro”, esboza Munch, en uno de los aforismos. Su desbordante ingenio le llevó a plasmar pensamientos y emociones más allá de lienzos y grabados; descarnados textos cargados de lirismo, reflejan apreciaciones sobre el arte en general o su obra en particular, ambientes y figuras que dejaron huella en su excepcional sensibilidad. En lo literario juega y experimenta con los géneros, lírica y aforismo, poemas en prosa y relatos (“El gato blanco”); de nuevo, el amor, recuerdo de Millie Thaulow; la angustia, elemento característico del mundo nórdico; y la muerte, en un ambivalente significado: despedida y/o ausencia.
       Sumergirnos en el mundo de Munch es una estimulante travesía pictórico-textual, que nos mantiene despiertos, percibimos que un vasto territorio se abre ante nosotros. Si hay algo que define al artista, constatado en este volumen, es su capacidad para crear tanto imágenes como esos relatos que nos cuentan historias, nos hablan de anhelos, o dibujan carencias humanas universales.









EL FRISO DE LA VIDA
Edvard Munch
Madrid, Nørdica, 2015; 192 págs.

 


lunes, 25 de julio de 2016

Desayuno con diamantes, 73



HISTORIA DEL CRONOPIO Y SUS AMIGOS

VIAJE AL CORAZÓN DE CORTÁZAR
EL CRONOPIO, SUS AMIGOS Y OTRAS PACHANGAS ESPASMÓDICAS, DE JUAN CAMILO RINCÓN E ILUSTRADO DE DANIELA GARAVITO



Julio Cortázar vive 100 años después, y no existe mejor ejemplo que un libro como, Viaje al corazón de Cortázar (Libros & Letras, 2015), ensayo en el que Juan Camilo Rincón (Bogotá, Colombia, 1982) ofrece sus mejores páginas sobre las amistades literarias del escritor argentino; encuentros, correspondencia, lecturas y vínculos con el universal Borges, la eterna suicida Pizarnik, el diplomático amigo Paz, Neruda y sus amistad desde Isla Negra, Lezama desde La Habana, o la devoción con los amigos que contribuyeron al boom, Fuentes, Vargas Llosa y García Márquez, y un largo etcétera que incluye a  Benedetti, Galeano, Gelman, Onetti, Bioy Casares y muchos otros.
¿Por qué, una y otra vez viejas y nuevas generaciones de lectores de Cortázar, volvemos no solo a su literatura, cuentos y novelas, ensayos y conferencias, sino también al mundo privado de las relaciones y de la vida cotidiana del mayor de los cronopios y de la sincera amistad que cultivó con sus amigos? Juan Camilo Rincón nos responde en cada una de las páginas de su ensayo, y a esos libros que giran en torno a su figura, los propios y los ajenos, aquellos que en la década de los 60 del pasado siglo XX, conformaron la historia de la nueva literatura hispanoamericana, y ofrece así la imagen más humana de una de las plumas más brillantes del pasado siglo, también nos permite revivir aquella época dorada de las primeras publicaciones de nuestros consolidados narradores universales. Por estas páginas recordamos algunos de los títulos más significativos, Sobre héroes y tumbas (1961), Ernesto Sábato, La muerte de Artemio Cruz (1962), de Carlos Fuentes, La ciudad y los perros (1962), de Mario Vargas Llosa, El siglo de las luces (1962), de Alejo Carpentier, Rayuela (1963), del propio Julio Cortázar, Juntacadáveres (1964), de Juan Carlos Onetti, Doña Flor y sus dos maridos (1965), de Jorge Amado, Tres tristes tigres (1965), de Guillermo Cabrera Infante, El lugar sin límites ( (1966), de José Donoso, Paradiso (1966), de José Lezama Lima, o Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez.



Un rico anecdotario

El lector conocerá un rico anecdotario y algunas de las historias que conformaron la vida del argentino y de algunos de los protagonistas de la época, la forma, por ejemplo, en que Borges ayudó a un desconocido Cortázar y le publicó su primer cuento, “Casa tomada”; el inolvidable viaje en tren que Gabo, Fuentes y el propio Cortázar hicieron de París a Praga, sus recorridos por la India con el Nóbel mexicano Octavio Paz, y su inquebrantable amistad con la escritora argentina Alejandra Pizarnik que ayudaría a remendar su corazón innumerables veces en la breve y atormentada existencia de la poetisa. Y aun algo más curioso, leemos como existió la posibilidad de que Luis Buñuel llevara al cine una obra de Cortázar, o las referencias que hace Gabriel García Márquez en su libro Cien años de soledad a personajes de conocidas obras de Carlos Fuentes, Alejo Carpentier y Julio Cortázar.

 La edición

Editado por la Fundación Cultural Libros & Letras, de Bogotá (Colombia) el libro incluye 36 ilustraciones de la reconocida artista visual Daniela Garavito, quien da vida a los capítulos creados por el autor, para quien este libro “es una especie de manual para recorrer y entender la historia de nuestra literatura (…) de una forma dinámica, cercana y afectiva, llena de datos y anécdotas hermosas”. Y aun añade que, “este libro significa poder poner a disposición de los lectores el resultado de alrededor de diez años de una investigación que, según se aprecia, proporciona datos muy valiosos e interesantes sobre algunas de las historias que construyeron la literatura de América Latina del siglo XX”. Y, por otro lado, representa el lazo entre esas dos formas de concebir el arte de la literatura a lo largo del pasado siglo y, por extensión, hasta el presente. El texto de Rincón, junto al diseño de las 36 ilustraciones de la artista visual Garavito, convierte al libro en objeto de colección, como afirma el joven autor. 











Juan Camilo Rincón; Viaje al corazón de Cortázar; ilustr., de Daniela Garavito; Bogotá, Libros & Letras, 2015; 206 págs.


sábado, 23 de julio de 2016

Hoy tomo café con…



Ángel Zapata


       Ángel Zapata nació en Madrid, en 1961, es profesor de escritura creativa en la Escuela de Escritores,  y autor de La práctica del relato (1997), Las buenas intenciones y otros cuentos (2001), El vacío y el centro. Tres lecturas en torno al cuento breve (2002), y La vida ausente (2006). Tuvo a su cargo la edición de Escritura y verdad (Cuentos completos de Medardo Fraile), en Páginas de Espuma; ha publicado igualmente la traducción de André Breton y los datos fundamentales del surrealismo, de Michel Carrouges. Ha sido antologado en Pequeñas resistencias. Antología del nuevo cuento español; Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual, Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español y Cuento español actual (1992-2012). Su reciente libro de cuentos, Materia oscura (2015), simultanea la escritura con esos conceptos entre lo pulsional y lo exploratorio.

¿Es verdad que hoy se practica una literatura sin vida, sin esperanza y sin futuro?
No sé si es verdad, es lo que yo creo. Más culta o más de consumo, la gran mayoría de la ficción literaria que se publica hoy está compuesta por productos de entretenimiento, o bien por esas narrativas acríticas que retratan las desventuras de la subjetividad en el capitalismo tardío, y que Constantino Bértolo caracterizó con mucho acierto como “autoayuda para la clase media”. De todos modos, al decirlo pensaba sobre todo en la novela, cuy@s autor@s, por regla general, suelen estar mucho más sometidos a los imperativos del mercado. Tanto la poesía como el cuento respiran ahora mismo con bastante más libertad.

¿Estamos obligados entonces  en dejarnos atrapar por esa materia oscura?
Pues no lo sé, dependerá de lo que queramos. ¿Vamos a ser capaces de desear una vida, una subjetividad, unas formas de vinculación y una sociedad distintas, con las narrativas que les correspondan? Reconozcamos que los indicios no son muy alentadores y todo apunta a lo peor. Pero precisamente lo peor y lo mejor de una situación como la que estamos viviendo es que no puede descartarse nada.

Usted da clases como profesor de Escritura Creativa, ¿su libro, Materia oscura (2015) pretende enseñar más que divertir?
Yo creo que ni una cosa ni otra. No es, desde luego, un libro que haya escrito en tanto profesor, y fuera de las clases no me siento autorizado a enseñarle nada a nadie. Y es también una obra en la que el registro del humor, tan presente en mis dos libros de cuentos anteriores, se atenúa bastante. Hay humor en los textos de apertura, pero ese humor se diluye después en una ironía de fondo, que abre paso a un registro específicamente poético y visionario.



El concepto de género ¿hasta qué punto es importante para usted?
Curiosamente, el concepto de género es muy importante en mi trabajo como profesor, más que nada porque en una narración el régimen de la verosimilitud lo define, desde el principio, el género. En el terreno de la creación, en cambio, busco más bien disolver el género en el acto de escritura mismo; a condición, claro, de que esa escritura consiga crear en cada caso su propia legalidad y su propio plano de consistencia.
Pese a la complejidad textual que pueda desprender, Materia oscura, subyace mucho de ironía y de humor, ¿tenemos tanta necesidad de sonreír?
En “Materia oscura” yo encuentro más ironía que propiamente humor, como apuntaba antes. ¿Tenemos necesidad de sonreír? No lo sé. Es verdad que ponerle al mal tiempo buena cara es una estrategia elemental de supervivencia. Pero también es verdad que a veces, cuando se rebasan límites que son irrebasables, enseñar los dientes puede ser práctico, y hasta sencillamente imprescindible. Estamos muy necesitados de un poco de felicidad, es cierto. Lo que pasa es que la felicidad, poca o mucha, es casi siempre una conquista.

Recientemente se ha descubierto que “la materia oscura” podría hacer crecer “pelos” alrededor de estrellas y planetas, ¿estamos más cerca de localizar sus propiedades? ¿o usted ya las ha localizado en su libro?
No, en absoluto. Y lo de esa materia oscura que hace crecer  las cosas es de hecho una gran noticia, ahora que hay tanta gente que se toman a sí mism@s por estrellas.


El primero de sus cuentos, con perdón, es irreverente, ¿es este el comienzo que usted quiere para que el lector intuya cómo será el resto?
Bueno, el cuento juega despreocupadamente con puros iconos y creo que en materia de irreverencia se han escrito cosas bastante más fuertes que “Cosmogonía”. Es más bien un cuento sobre (y contra) la creación, en todos los sentidos de la palabra. Lo puse como prólogo al libro porque es el texto que más se parece a mis cuentos anteriores. Y también porque transmite un sentimiento que es fundamental en mí, y que hace poco encontré bellísimamente expresado en esta cita de Simone Weil. “La creación: el bien hecho trozos y esparcido a través del mal”. Este es mi sentimiento de las cosas. Al contrario de las teodiceas clásicas, yo nunca he pensado que el mal que hay en el mundo necesitase justificación. A mí lo que me asombra, muy al contrario, es que en medio de esta monstruosidad haya inexplicables destellos de bien, porque no veo cómo ese bien puede tener su origen en un mundo y una realidad esencialmente caóticos.   

¿Es verdad que usted, servidor de la causa, reivindica el surrealismo en este libro?
El surrealismo no necesita que lo reivindique nadie. Es una práctica, y un modo de sensibilidad y de vida, intensamente vigente en los distintos grupos que forman la comunidad surrealista internacional. “Materia oscura” es un libro interno a este movimiento. Y nunca habría sido lo que es sin el contacto y la inspiración constante de mis compañer@s del Grupo Surrealista de Madrid.

Vamos, que no le gusta su mundo actual, ¿pretende quizá cambiarlo con la literatura?
En tanto institución, la literatura misma es parte del mundo que rechazo. Como surrealista, pienso más bien en un mundo muy distinto, un mundo que cambiase la literatura, y la convirtiera en una poesía ubicua, expansiva, peligrosa, e incluso indistinguible muchas veces del transcurso espontáneo de la experiencia. Es decir: pienso en un mundo donde la palabra y el acto inspirados, la intensidad, la belleza, la maravilla y la aventura no fuesen algo extirpado del tejido de la vida común, y abocado a experimentarse únicamente en las páginas de los libros.

¿Escribe usted con una “pulsión inconsciente”? ¿Debemos entender así Materia oscura?
“Materia oscura” no es, en principio” un libro que haya que entender. No es un libro de y para el intelecto, sino un libro del alma, en el sentido no religioso ni doctrinal de la palabra. También por eso no es un libro del “yo”, porque el “yo” –para decirlo con Heidegger- es “inmediata y regularmente los otros”. Cuando uso terminología freudiana como la pulsión y todo eso es para no parecer demasiado marciano. La propuesta del libro es ceder la palabra a eso que en el sujeto no tiene ni puede tener palabra, y dejarse atravesar por una escritura que acontece en la tensión de esa imposibilidad.

¿Un libro de escritura fragmentaria para los tiempos que corren? ¿O hablamos mejor de posibilitar el significado de la forma?
 No, el valor significante de la forma me preocupaba hace años, pero ahora estoy muy lejos de eso. En “Materia oscura” no hay forma como tal. O si la hay, es en tanto devuelta a su realidad material, es decir: la forma como resto, como huella de una duración. 

Si alguien no entendiera, Materia oscura, ¿con qué le diría usted que se quedara de todo lo que usted pretende decir con él?
Si alguien no entiende “Materia oscura” es que no es un lector para ese libro y no pasa nada. Yo mismo no soy un lector para bastantes libros de cuya calidad no dudo. Sé que como libro “Materia oscura” es una propuesta muy especial, y por eso me siento afortunado de que esté encontrando una recepción muy amplia y hasta muy entusiasta entre l@s lector@s.


miércoles, 20 de julio de 2016

Caricaturas



          La caricatura es un dibujo que sintetiza y agudiza una eventualidad o una personalidad. A través del uso de las líneas, el contraste y el color, las caricaturas representan con precisión aquello que puede ser motivo de mofa o de ironía. La caricatura surgió como un arte menor que criticaba la política francesa del siglo XIX, y su máximo exponente es Honoré Daumier. A partir de entonces, en cada diario encontramos a los caricaturistas y a sus cartones, intentando criticar con humor lo cotidiano. Por supuesto que una de sus derivaciones son los tebeos, en donde se construyen historias a partir de personajes de ficción.

 Javier Tomeo.