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viernes, 29 de junio de 2018

Acabo de leer... y descubro


                                  
                                                 Amado pulpo
                       Francisco López Barrios
                       Granada, Dauro, 2017


                     
       La literatura de Francisco López Barrios (Granada, 1945) rebosa imaginación, ingenio, sabiduría y un punto de vista irónico que lo sitúa en ese inclasificable puesto de una narrativa española solo aplicable a quienes, de alguna manera, sobrepasan las fronteras de lo estrictamente aceptable con una amable prosa. López Barrios salió bastante airoso en su vuelta narrativa, tras unos años de silencio, con su anterior entrega, Yo soy todos los besos que nunca pude darte (2015), un libro, que incluye dos novelas cortas, la primera titulada “Cubanito”, y la segunda que da título al volumen, y en ambos casos se muestra, desde una mirada tan perspicaz como morbosa, la lúcida visión de temas universales como el incesto o la muerte.
          Vuelve a la narrativa con Amado pulpo(2017), un texto ingenioso e irónico, que se prodiga en imaginación y sabiduría para contar la historia, extraña y atípica de su protagonista: un pulpo que para otorgarle cierto sentido a su narración tiene la capacidad de oír, ha sido capaz de aprender a leer e, incluso, en ocasiones escribe; es decir, un pulpo humanizado que a lo largo del relato protagonizará unas increíbles vivencias que le llevarán a compartir dos mundos tan distintos y contradictorios como el animal y el humano, y una vez que este cefalópodo descubra la realidad de la superficie, sobre todo las maravillas de la costa almeriense y malagueña, embarcará al lector en toda una sucesiva correlación de vicisitudes. Y es así como se justifica todo el relato posterior, porque precisamente es un pulpo que piensa, se muestra reflexivo y calculador, observa las virtudes y las miserias humanas que López Barrios pone a su alcance y le hace (nos hace) comprender mejor el mundo, y de paso extraer las conclusiones pertinentes y entender sus propias contradicciones y diferencias con el resto que le van enseñando su trato con distintos humanos. Un López Barrios enamorado de la costa almeriense, granadina y malagueña cuantifica sus escenas en el mar, en el agua, como ese elemento imprescindible para el protagonista y los humanos con quienes se relaciona, ese lugar mágico y desconocido que tantas obras universales ha legado a la literatura. Curiosa la relación cuando llega al Levante almeriense, la costa de Villaricos con sus pescadores, Juan El Cananas, Paco el de La Maruja o Paco Portillo; y su deambular con María por la costa malagueña y los pueblos de la sierra, convirtiéndose durante algún tiempo en espectáculo circense y en admiración de propios y ajenos. 


        El lector debe comprender, desde las primeras páginas, que el narrador granadino se sirve del mundo animal como ese pretexto válido  para explorar cuanto pueda ser enjuiciado en el ser humano, sus virtudes y sus defectos, sus ambiciones y sus sueños, en definitiva, por esa capacidad exclusiva del individuo de discernir y de pensar, sensaciones y conceptos tan alejados de una realidad animal que sepamos, claro, pero que sopesamos en una permanente búsqueda por la esencialidad de la vida, y por añadidura del amor, desde la perspectiva humana y animal, como ocurre en bastantes pasajes de Amado pulpo cuando nuestro protagonista descubre la atracción que siente por Antía, una hermosa hembra-pulpo, y su deseo común por formar una familia; o quizá, cuando de la mano del escritor, el intrépido cefalópodo, descubre la sexualidad y el erotismo tan sutil como sublime en su experiencia amorosa con María.
       López Barrios intenta contarnos una auténtica fábula, no exclusivamente y en un sentido clásico, ni por su extensión o por alguna de sus características esenciales, sino que partiendo de una particularidad misma, nos invita a comprender el mundo animal que, indiscutiblemente, complementa a nuestros sentidos más humanos y, de paso, nos proporciona otra visión de ese otro universo vivo al que durante buena parte de nuestra vida intentamos comprender, y transcurridos los muchos siglos de estudio, aún no deja de sorprendernos en nuestros días.  Es la forma del granadino para que nos enamoremos, cual pulpos, de la vida, vista desde una perspectiva tan excitante como compleja, tan hermosa como repleta de ese dolor que no siempre satisface todas nuestras ambiciones. De prosa calculada, construye un discurso narrativo creíble con las acertadas expresiones que permiten al lector no dejar de sostener el libro entre sus manos, porque en sus páginas se nos ofrece la garantía de la buena literatura, algo que por otra parte ya nos tiene acostumbrados López Barrios desde hace algún tiempo. Y lo mejor, un divertimento del que con toda seguridad no quedamos descontentos.

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