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martes, 5 de junio de 2018

D.H. Lawrence



     Una fábula, El hombre que amaba las islas, de D.H. Lawrence
Una edición publicada por Traspiés e ilustrada por Begoña Fumero



       Durante el siglo XX pocos autores han sido tan discutidos y polémicos como D. H. Lawrence. Algunas de sus novelas fueron prohibidas en Inglaterra por obscenas, y a pesar de haber revolucionado la técnica novelística, su estilo ha sido a menudo cuestionado. Al final de su vida escribiría tres relatos que forman parte de la mejor muestra de su última época, La mujer que se fue a caballo, El gallo huido, y sobre todo, El hombre que amaba las islas, publicadas, originariamente, junto a otras novelas breves como, The Woman Who Rode Away and Other Stories (1928), aunque en España han sido publicadas anteriormente por la editorial Atalanta (2007); y en realidad, se trata de tres secuencias finales con una mirada filosófica sobre la vida, y una vigorosa parábola sobre los peligros del aislamiento, aunque como ha llegado a afirmar el escritor mexicano Juan Villoro, en sus cuentos, Lawrence mantiene una firme convicción de mitógrafo, y en realidad no escribe parábolas sino historias que admiten lecturas múltiples.

La edición

       El hombre que amaba las islas es un relato breve donde el protagonista intenta realizar un proyecto de vida, y en la historia se mezcla lo salvaje y lo onírico puesto que Lawrence, a través de su personaje principal, nos muestra la sensación de incomodidad ante una sociedad de la que no se siente partícipe y cómo, en su búsqueda de una isla idílica, descubre que el Paraíso, una vez descubierto, no dista tanto del Infierno. Y así leemos que su protagonista, Cathcart, comprará una isla tras otra, un total de tres, a donde quiere retirarse cada vez para formar su propio mundo, un espacio reducido para encontrar ese auténtico paraíso terrenal que una vez vivido y experimentado, tampoco, conseguirá.
       La edición de Traspiés, en su Colección Vagamundo Libros Ilustrados, en esta ocasión por Begoña Fumero, obedece a un proyecto de de fin de curso del Taller de traducción literaria de Billar de Letras, de Granada, que ha coordinado Maite Fernández, un texto traducido con las características peculiares de la escritura de un autor como D.H. Lawrence, de prosa repleta de elucrubantes sensaciones por lo absoluto. 

 El autor
       D. H. Lawrence nació el 11 de septiembre de 1885 en Eastwood, Nottinghamshire, Inglaterra. Era el cuarto hijo de Arthur Lawrence, un minero casi analfabeto y aficionado a la bebida, y de Lydia Beardsall, una antigua maestra, amante de la cultura, hecho que provocó el interés por la pintura y la lectura del pequeño David, quien desde niño sufrió de frágil salud. La diferencia cultural entre sus padres fue clave en la psicología de Lawrence, quien sufrió en su niñez el enfrentamiento habitual entre sus progenitores.
       Gracias a una beca estudió en el Nottingham High School y en la Universidad de la misma ciudad, aunque dejó los estudios y comenzó a publicar sus primeros textos y a impartir clases desde 1908 en la Davidson Road School de Croydon. Un año después publicó, gracias a la mediación de Ford Madox Ford, sus primeros poemas en la revista “The English Review”.
       En 1910, su madre enferma de cáncer, y fallece auxiliada en su muerte por su propio hijo, quien le ayudaría a ingerir una sobredosis de somníferos.
       Su primera novela publicada fue El Pavo Real Blanco (1911), un libro que comenzó a escribir en 1906. En 1912 Lawrence inició una relación sentimental con Frieda von Richtofen, mujer del profesor Ernest Weekley y familiar del famoso piloto Barón Rojo, Manfred von Richthofen. Frieda abandonó a su esposo e hijos para convivir con el joven David Herbert en Bavaria (Alemania). Ambos viajaban con frecuencia por numerosos países y se casaron en 1914. Había publicado El Transgresor (1912) e Hijos y Amantes (1913), una novela de carácter autobiográfico en la que aparece la figura de uno de sus primeros amores, Jessie Chambers, con el nombre ficticio de Miriam.
       En plena guerra mundial cuando vivía en Inglaterra, Lawrence publica El Arco Iris (1915), su primer libro censurado por obscenidad sexual. A raíz de esta censura, varios personajes, de ideología liberal, mostraron su apoyo a Lawrence, como Lady Ottoline Morrell, Aldous Huxley o Bertrand Russell. Tras publicar Mujeres Enamoradas (1920), Lawrence se trasladó a Taormina, Italia, lugar en donde escribió La Niña Perdida (1920), texto que vuelve a incidir en los vínculos amorosos entre personas de distinta índole social. Después aparecería El Mar y Cerdeña (1921) y La Vara de Aarón (1922). Su estancia en Italia se convirtió en el libro de viajes, Italia a Media Luz.
       En la década de los 20, D. H. Lawrence viajó por Australia, Asia, Estados Unidos y Europa, y asentado de nuevo en Italia, cerca de Florencia, escribió su título más famoso, El Amante de Lady Chatterley (1928), un libro acusado de nuevo de obsceno que narra de manera explícita la relación sexual entre una mujer culta y adinerada y un guardabosques al servicio de su esposo aristócrata.
       D. H. Lawrence falleció a causa de una tuberculosis el 2 de marzo de 1930 en Vence (Francia). Tenía 44 años. Está enterrado en el Kiowa Ranch Cemetery, ubicado en San Cristóbal, Nuevo México (Estados Unidos).







D.H. Lawrence, El hombre que amaba la islas; prólogo de Begoña Mansilla; ilust., de Begoña Fumero; Granada, Traspiés, 2018.

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