Alejandro López Andrada
HERMOSO FRESCO DE LA TRANSICIÓN
ADIÓS, AMOR, Pedro M. Domene
Editorial Trifaldi. Madrid, 2026.
Si un lector joven, de veinte o treinta años, quisiera conocer cómo vivía y cómo amaba hace más de cuatro décadas la juventud que creció en la Transición, no tendría que buscar ningún ensayo de rango histórico, político o social para palpar la imagen de ese tiempo. Mucho se ha escrito fuera y dentro del país sobre la Transición desde una óptica esencialmente política e ideológica; pero no se ha escrito mucho, sin embargo, en formato narrativo de ficción de cómo amaban los jóvenes de entonces. Por eso esta novela, “Adiós, amor”, del escritor y crítico Pedro M. Domene, tiene un valor no solo literario, sino también testimonial y sociológico, pues dibuja muy bien cómo pensaban los universitarios del postfranquismo: “…Cuando yo llegué a Granada no se respiraba el mismo ambiente, el aire era más espeso…, Franco murió al año siguiente y nos sobrevino, sin esperarla, la esperanza del cambio” (Pág. 114).
Pedro M. Domene (Huércal-Overa, 1954), crítico literario de este suplemento desde hace ya unas décadas, ha dado a la luz un manojo de novelas sustanciosas como las juveniles: “Después de Praga nada fue igual”, (II Premio de Narrativa Los Pedroches en 2004), “Conexión Helsinki” (reeditada en Toromítico, 2026) y “Las ratas del Titanic” (reeditada en la misma editorial en dos formatos distintos). Pero es en el campo de la narrativa de adultos donde dio a la luz su novela más famosa, “El secreto de las Beguinas” (Trifaldi, 2016), con varias reediciones hasta el momento. En su novela “Así empezó todo” (Trifaldi, 2024), reseñada en este suplemento, nos regalaba un dinámico relato de amor vivido por varios adolescentes en un paisaje marítimo del Sur. Ahora, en esta hermosa y lumínica novela ambientada en la romántica Granada durante el tiempo de la Transición, incide nuevamente con acierto en cómo amaban los jóvenes de antaño dentro de un marco geográfico genuino. Así el relato, además de enorme crónica de la ciudad nazarí hace unas décadas, nos habla de una relación afectiva entre dos jóvenes universitarios que, como debe ser, sin pretenderlo, van hilvanando junto a otras chicas de su edad un fresco narrativo peculiar donde se muestra el fragor de un tiempo histórico en que nuestro país cambiaba al fin la niebla de la hedionda dictadura por el azul solidario y cristalino que fraguó la anhelada democracia: “Hemos vivido los primeros años deprisa…, las primeras elecciones generales…, la ley de la Amnistía que nos hará olvidar” (Pág. 115), y unas líneas después, en la misma página, los dos protagonistas de la historia, Miguel y María Teresa, reflexionan en torno a la impaciencia por saber a dónde llevarán todos los cambios sociales y culturales que, de golpe, se van amontonando en torno a ellos. Y ese matiz enriquece la novela.
Si en la anterior de Domene aparecían las relaciones juveniles ocurridas en el tardofranquismo a través de una cadena de diálogos jugosos, fluidos y chispeantes, en esta, “Adiós, amor”, hallamos el vértigo de una historia amorosa dibujada paradójicamente en tempo lento, ubicando a sus dos protagonistas en el bellísimo y sereno decorado de la Granada más poética y romántica. Así la estrecha relación ente los dos jóvenes, Miguel y María Teresa, nunca nubla ni distorsiona a la de ella, la chica, con sus compañeras de clase que habitan el mismo piso. Al contrario, más bien la enriquece. Largas conversaciones, confidencias, sueños y promesas, deseos de alcanzar lo antes posible un futuro laboral relacionado con los estudios realizados van conformando la sustancia narrativa de un libro singular en cuanto a que es crónica de una época crucial de este país, ocurrida años después de morir Franco. No estaría mal que muchos jóvenes de ahora, que no conocen nada de aquel tiempo, se adentraran con gozo en este libro para entender mejor cómo vivió la juventud de entonces la desaparición de la posguerra. Un hilo musical recorre el texto, un hilo con canciones de ese tiempo como las del recordado Carlos Cano, aquella “Murga de los currelantes” que llegó a ser casi un himno en nuestra tierra junto a la inolvidable “Libertad sin ira” de Jarcha. Y en este aspecto, el cierre hermoso del relato –que ocultaremos por no hacer spoiler- es la guinda musical de una novela profundamente generacional que hechiza por su hermosa construcción de personajes y escenas cotidianas que el lector degustará con entusiasmo, pues son la imagen certera de una España, la de la Transición, que, aunque queda demasiado atrás, más de una vez hoy solemos echar de menos.
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