Vistas de página en total

domingo, 7 de mayo de 2017

Hoy tomo café con…



María Tena

 “Ahora soy china y soy gay”, afirma María Tena que rompe una barrera literaria y retrata un amor homosexual en el marco de la Expo de Shanghái en su novela El novio chino.



       María Tena (Madrid, 1953) pasó su infancia en Irlanda y Montevideo, entre libros y escritores paseando por el mundo con un padre diplomático, una madre poeta y ocho hermanos que también acabaron escribiendo o siendo lectores compulsivos. Se licenció en 1975 en Filosofía y Letras especialidad en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, y al mismo tiempo en Derecho. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado, y siempre ha trabajado y desempeñado cargos en la Administración en temas culturales y educativos. Estuvo a cargo de la Dirección del Centro del Libro y de la Lectura y de la Dirección del Centro de las Letras Españolas del Ministerio de Cultura de España.
       Semifinalista del Premio Herralde 2002 con su novela Tenemos que vernos,  publicó su segunda Todavía tú en 2007, que también fue semifinalista del Premio Herralde. Su tercera obra, La fragilidad de las panteras, fue finalista del Premio Primavera de Novela 2010. Recientemente ha obtenido el Premio Málaga de Novela por su cuarta entrega, El novio chino (2017), ambientada en el Shanghái de la Exposición Universal de 2010, cuenta la historia de Bruno, que consigue un puesto de jefe de protocolo en la delegación española, y allí conoce a Ben, un muchacho que ha huido de su aldea y vaga por la ciudad.

¿La ficción, de alguna manera, completa nuestra vida real?
       También es real la ficción. Ocupa un espacio,  pesa y a veces significa mucho en una vida. El escritor comercia con los límites, con lo que sueña, con lo que nunca tuvo o podrá tener. El mundo imaginario es lo que nos regalamos los escritores para saciar la insatisfacción. Todos esos retazos de realidad reconstruida de pronto tienen sentido. Sí, de algún modo, eso nos completa.

¿Para escribir recurrimos a nuestra memoria, quizá porque de alguna manera ordena nuestra existencia?
       La memoria ordena y tranquiliza, y la imaginación, “La loca en la casa”, desordena y mezcla las imágenes. Las pone a parir, es decir a crear. Las convierte en semillas de sus locas historias. Son esas dos fuerzas lo que llena de sentido nuestros libros.

Sus novelas están pobladas, en cierto modo, de paisajes, ¿qué representan para sus personajes?
       El espacio físico, en literatura, no solo hace que nuestros personajes sean creíbles sino que también funciona en clave psicológica. Un elemento que refuerza el sentido de nuestras historias. En el siglo XXI el paisaje ya no puede ser un  adorno. Si no funciona, dramáticamente, a través del personaje, ya no sirve. Sucede igual en el arte contemporáneo. Hemos incorporado el paisaje al hombre como algo que ya no puede estar fuera de él.

La crítica ha calificado su prosa de “transparente” y “natural”, ¿es un obligado propósito para usted, o en realidad fluye con el lenguaje mismo?
       “La única obligación moral del escritor es el esmero”, decía Carver. Intento llevar esa cita al límite.  Trabajo en ello igual que el mar trabaja a cada instante con las piedras de la playa. Escribir es contar historias pero el lenguaje, para mí, tiene que ser exacto, conciso, transparente.

Y por insistir, ¿cómo consigue usted acercarse a sus personajes con tanta sencillez?
       Intento no andarme las ramas y, a la vez, poner emoción en lo que hago.


Clara, el arquitecto, Itziar, Laura y Teresa, incluso Bruno, están caracterizados por sostener fuertes deseos en su vida, ¿es una forma de enfrentarnos a nuestro cotidiano subsistir?
       Dice la ciencia que es el deseo lo que nos mantiene vivos. Estructuro mis historias contando con esos deseos, esos conflictos. Mis personajes existen  por eso. Ese es su motor, el modo en que  consigo que tengan relieve, que parezcan humanos.

¿Pasión y fuerza, sobre todo, en su propósito exclusivo para escribir una historia?
       Más que un propósito es una manera de vivir. No consigo templarme con la vida ni con la literatura. Soy una extremista tranquila.

La Exposición Universal de 2010 es el trasfondo de su nueva novela, El novio chino (2017) ¿cabría imaginar otra historia parecida sin el escenario de Shanghái?
       Sí, claro que sí. Las historia de dos seres distintos y solos que se quieren, que luchan por  encontrarse, porque lo suyo dure en el tiempo, sucede cada día y en todas partes.      Pero Shanghái con sus disparatadas contradicciones y sus 24 millones de almas es el lugar ideal para esta historia. A la vez refinada y canalla, poderosa y miserable, bellísima y asquerosa… tenía todas la papeletas para ser elegida.

¿La cultura tan diferente de ambos personajes condiciona la relación de ambos, o más bien se dejan arrastrar por una pasión?
       Todo les condiciona. Cuando se encuentran ni siquiera tienen un idioma común, pero quieren estar juntos. La fuerza de ese deseo mueve la historia. Y los transforma. Al final ninguno se parece al que conocimos antes de que empezara su historia juntos.

¿Es un atrevimiento escribir una historia homosexual literariamente hablando?
       Es algo que, al principio,  ni me planteé. Pero es verdad que esta novela  me ha obligado a afinar mucho. A meterme en la cabeza de un chino y en las relaciones entre dos hombres. Y he intentado hacerlo con naturalidad. Como si nada. (y, mientras lo digo, me doy cuenta de que estoy citando la última frase de la novela).

La sutilidad y una delicada relación entre Bruno y John es lo más sorprendente de la novela, ¿quizá no estamos tan alejados como creemos de una cultura tan ancestral?
       Esa sutileza es querida. No es un rollo solo sexual, están enamorados. Y en ese amor pesa la historia  de sus dos países. Sus costumbres y sus prejuicios. Todo pesa.

¿Lo hermoso y lo ignominioso de la condición humana nos permite vislumbrar ese oscuro fenómeno que llamamos amor?
       Dices muy bien al mencionar la palabra “vislumbrar”. Todos sabemos lo que es el amor pero ninguno conoce bien de qué materia está hecho o cuáles son sus límites. Un misterio con el que vivimos y morimos. Por eso nos apasiona tanto.

¿Se ha sentido usted tentada de establecerse en China?
       Me hicieron una oferta tentadora. Y fui muy feliz en China. Pero el amor, todos los amores, estaban aquí. No hay nada que pueda con eso.

sábado, 6 de mayo de 2017

Gaspar Sánchez Salas



…me gusta

 
QUERIDO CELA
              
       El autor de La familia de Pascual Duarte (1942), Viaje a la Alcarria (1948), La colmena (1951), Oficio de tinieblas 5 (1973) o Madera de boj (1999), Camilo José Cela, ese controvertido personaje en las últimas décadas de su vida, ha sido, desde muy diferentes puntos de vista, injustamente tratado, en alguno de los libros que, sobre ciertas etapas de su vida o de su obra, se han sucedido tras su muerte ocurrida el 17 de enero de 2002. Gaspar Sánchez Salas, vinculado al escritor gallego durante dos décadas, ha publicado hasta el momento una serie de monografías tituladas, Mis mejores anécdotas junto a Cela (2002), Cela: mi derecho a contar la verdad (2004) y Apuntaciones críticas sobre la obra de Cela (2004), en un intento de ordenar y desbrozar ciertos aspectos sobre quien fuera su mentor o maestro durante una etapa fundamental de su vida académica posterior, y ahora entrega Maestro Cela (2006), ensayos, anécdotas y una, interesante, entrevista, inédita, realizada el 4 de abril de 1992 en la finca “EL Espinar”.
     El libro, que no dejará indiferente a nadie, recoge en su índice apartados con datos nuevos acerca de las obras más significativas del Cela más clásico: La familia del Pascual Duarte y Viaje a la Alcarria, y un interesante capítulo dedicado a la «Dictadología tópica», el ambicioso proyecto inacabado del escritor para realizar el Diccionario geográfico popular de España, con la posibilidad de representar todas y cada una de las provincias españolas con sus refranes, cantares, chascarrillos, como señala Sánchez Salas; ensayo donde enumera el complejo proceso llevado a cabo durante años y el ingente material que quedó sin publicar, desechado por la viuda desde la muerte del escritor, que aseguraba no tener sentido alguno seguir con ello; denuncia que expresa Sánchez Salas porque según se percibe en el elaborado capítulo se trataba de una investigación rigurosa e interesante.
      Podemos leer el proceso creativo de una de las grandes novelas de la última etapa celiana, Madera de boj, y sobre todo las prisas del autor gallego por terminar una obra iniciada en 1989 y retomada casi diez años más tarde; curiosamente se reproducen las dos hojas conservadas durante una década y los cambios sufridos en su posterior redacción hasta las doscientas cuarenta y ocho páginas a las que Cela puso punto y final. La novela se presentaría en una especie de acto de Estado en el año 1999, con la presencia de los principales políticos del gobierno. La entrevista realizada en la finca El Espinar reproduce el diálogo entre el joven universitario, entonces, y el maestro Cela en torno a su novela La colmena; y en un anexo se incluye el currículum completo de Camilo José Cela, aunque el libro no resulte ser una minuciosa monografía, si ofrece esos datos que conformarán el material para esa gran biografía que el escritor merece tener en un futuro.






MAESTRO CELA
Gaspar Sánchez Salas
Córdoba, Berenice, 2006

viernes, 5 de mayo de 2017

Félix J. Palma



…me gusta

                                
PUZZLE
              
        Todos los comienzos, las primeras líneas, en la prosa de Félix J. Palma (Sanlúcar, 1968) resultan de una precisión y de un nivel tan elevado que siempre sorprenden al lector  por el vértigo, a veces, absurdo que imprime a sus historias. La suya es una realidad de espejos cóncavos donde la soledad acentúa el dramatismo de la existencia humana. Los mejores ejemplos se encuentran en sus colecciones El vigilante de la salamandra (1998), Métodos de supervivencia (1999), Las interioridades (2001) o Los arácnidos (2003). También ha publicado la novela La hormiga que quiso ser astronauta (2001) y ahora entrega su segundo relato extenso Las corrientes oceánicas (2006), XV Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, la última pieza de una historia que recompone el dramatismo de unas vidas, una novela escrita en la misma línea de sus mejores relatos, aunque ahora en un proyecto de mayor envergadura.
        El protagonista, Alberto Ballesta, cuenta desde el inicio mismo de su relato como se siente cada vez más distanciado en su relación de pareja, con Salomé su esposa, e incluso en su papel de padre, con Sergio, su hijo de siete años, a quien lleva cada mañana al colegio y quien excepcionalmente le ha permitido realizar una excursión escolar con otros veintinueve compañeros. El primer capítulo responde a esa calculada precisión que caracteriza la prosa de Palma y, ya en las primeras páginas, plantea el desarrollo posterior que se convertirá en una novela de más trescientas páginas, una historia que irá tomando forma a partir del accidente en que se verá envuelto el autobús escolar y la muerte de veintinueve de los niños, incluido el hijo de la pareja protagonista. Empieza, a partir de aquí, una narración truculenta cuando el protagonista, cuya vida ha sido destrozada definitivamente, decide tras la separación de Salomé, suicidarse,  aunque el destino hará que su decisión quede, momentáneamente, relegada porque cuando entra por última vez en la habitación de su hijo descubre el puzzle que habían estado haciendo juntos y observa que le falta, precisamente, una última pieza, para completar la gran cabeza de tigre. Ante este hecho aplaza su decisión y se lanza a la frenética búsqueda de la pieza perdida.  Es a partir de aquí donde Palma despliega todas sus dotes de excelente narrador porque el protagonista, una vez perdido todo, inicia una auténtica bajada a los infiernos para investigar dónde se encuentra la minúscula pieza, el ojo del tigre. Entrará en contacto la secta satánica de Sir Duncan Madox, la justificación última de la narración. En esta búsqueda se suceden escenas de un dramatismo perfectamente diseñado y la trama urdida, con extrema minuciosidad, en la que se ve envuelto el personaje lleva a los lectores a seguirlo en esa frenética búsqueda por conseguir completar el puzzle de un nuevo universo al que, por último, se enfrentarán Salomé y Alberto.






LAS CORRIENTES OCEÁNICAS
Félix J. Palma
Sevilla, Algaida, 2006

jueves, 4 de mayo de 2017

Hoy invito a...



     Alejandro López Andrada que acaba de publicar la siguiente reflexión sobre El secreto de las beguinas (Trifaldi, 2016).
     El texto aparece en Turia. Revista Cultural (Teruel), núm. 121-122, Marco-Mayo, 2017; pp., 432-433.



miércoles, 3 de mayo de 2017

Luisa Castro



…me gusta



¿ACASO AMOR?
              
       Luisa Castro (Foz, Lugo, 1966) consigue con La segunda mujer (2006) contar, y bastante bien, el proceso sentimental de una pareja formada por una joven escritora y un profesor maduro para, así, poder ahondar en ese trasfondo psicológico que le permite inventar una relación como la ensayada. Es en realidad, un relato inmerso en un denso episodio cotidiano con el que consiguió el prestigioso Premio Biblioteca Breve del presente año.
       La escritora Julia Varela se enamora del intelectual Gaspar Ferré porque la joven verá en el hombre maduro una relación que la liberará de su narcisismo de triunfadora; al mismo tiempo, el distinguido crítico la seducirá con un discurso de tremendo lustre social, pero en su relación, a medida que avanza la historia, una desconocida Julia, llega a tales extremos de sumisión que, a medida que avanza el relato, el lector llega a preguntarse cómo una joven culta, independiente, acostumbrada a vivir una existencia en libertad y con éxito, puede soportar el autoritarismo y la violencia, tras los primeros momentos de un apasionado idilio, hasta llegar a un matrimonio y un ambiente familiar desconocido para la narradora. Una reflexión más profunda sobre el trasfondo de lo narrado muestra cómo Luisa Castro ensaya sobre sus personajes para mostrarnos una sociedad establecida en la falsedad y en la mentira puesto que el maduro crítico de arte, Ferré, miembro de una familia burguesa catalana, basa buena parte de su vida en la austeridad, la pusilanimidad y la procacidad, como queda demostrado cuando consigue que Julia se someta, definitivamente, a sus deseos y a los de su familia, incluso a los caprichos de su hijo Frederic, el personaje más aborrecible de la obra, que llegará a odiarla con todas sus ganas hasta destruírla. En realidad, la protagonista femenina se convierte en ese títere que se resigna ante una familia que no conoce porque pertenece a un mundo muy alejado del suyo.
       La novela se sostiene porque la narradora gallega ofrece, en sus páginas, muy lejos de los tópicos de una cursilería al uso, esa voluntad de prevención ante la razón o la necesidad de someterse un sentimiento, con unos excelentes estados de ánimo de la protagonista femenina, y la visión masculina de las cosas, con unos diálogos que nos describen esa crisis de pareja como base de la narración. Se convierte, también, un relato sobre dos generaciones antagónicas, dos clases sociales opuestas, dos maneras de entender la vida, o esa narración psicológica que disecciona a una sociedad y se convierte en la crónica de unos hechos a quien nadie parece interesar.








LA SEGUNDA MUJER
Luisa Castro
Premio Biblioteca Breve 2006
Barcelona, Seix-Barral, 2006

martes, 2 de mayo de 2017

Luis Mateo Díez



…me gusta

  
LA VOLUNTAD
       La obra de Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) es lo suficientemente conocida en el panorama narrativo español de los últimos treinta años que sobraría explicación alguna sobre ella en un espacio tan reducido como una reseña periodística y, aunque siempre es noticia por cada uno de sus libros, lo que sorprende de su última entrega es el giro que ha querido darle el autor a un texto como La piedra en el corazón (2006), un relato de ficción que podríamos calificar entre una narración, una reflexión, un monólogo interior, un recuento de recuerdos, o incluso un cuaderno o dietario de dos padres separados, Liceo y Áurea, que escriben sobre su hija Nima, aquejada de un terrible enfermedad cuya naturaleza desconoce el lector, aunque el hecho no importa demasiado en el relato.
       Las voces de los padres de Nima tejen, de una parte, una auténtica historia de amor y, de otra, se asoman las de aquellas personas que vivieron, en la mañana del 11M, la barbarie terrorista, y en ambos casos esta honda reflexión, articulada por Mateo Díez en diez capítulos, aparece como los fragmentos de una vida o de unas vidas, enumerados en varios registros que se convierten en una conversación, en unos diálogos, alguna carta, incluso reflexiones a mitad de camino entre un diario personal o anotaciones sueltas, fórmulas en suma que confirman esa doble tragedia que nos quiere contar el autor: la personal y la colectiva, ambas desde perspectivas que reclaman un espacio propio, que resumen la frágil consistencia humana, tantas veces inexplicablemente quebrantable. Y esa doble perspectiva es lo que hace grande esta obra que, de otra manera, formaría parte de las sagas literarias del autor leonés. Es decir, este es un relato más intimista porque a medida que avanzamos en el libro asistimos al dolor de unos padres que reflexionan acerca de una hija y exploran a través de ese sufrimiento el corazón humano como espejo de una familia ya rota; y al mismo tiempo, en la mañana del 11M, ocurre la tragedia vivida en Atocha y en otras estaciones limítrofes en el radio metropolitano de Madrid para que el personaje, Nima, de una vez por todas, sienta que su propia enfermedad o su propio dolor, no han sido sino la constatación de un egoísmo que ahora verá reflejado en el dolor de una colectividad.
       Y así el suceso más trágico que ha vivido la sociedad en la que la protagonista vive, le servirá al escritor para ofrecer en su relato esa visión de un destino que no repara en ningún inocente, bien sean los padres protagonistas de su novela, culpables por no haber superado su propia tragedia, o esa gente anónima que aquella mañana fatídica vio truncada una historia personal y, solo entonces, es cuando la protagonista decide llamar a su médico habitual con la secreta esperanza de fortalecer una auténtica voluntad de superación. Porque la otra, la de los viajeros anónimos, que el destino ha arrojado a la muerte, ya no es posible  reparar.







LA PIEDRA EN EL CORAZÓN
Luis Mateo Díez
Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo
de Lectores, 2006

lunes, 1 de mayo de 2017

Desayuno con diamantes, 108



¿SON LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES LOS MEJORES CRÍTICOS LITERARIOS?



       Bolonia, la capital del libro infantil y juvenil, acoge este año a España como país invitado. A la cita acudirán sesenta y tres países y la representación española contará con más de sesenta editoriales, un sector que publica, más de diez mil títulos anuales, y se confirma como un mercado en crecimiento.
      
       ¿Son los niños y los jóvenes los mejores lectores, los más cualificados para establecer lo que podríamos denominar como la auténtica literatura?
       Los denominados, lectores mayores, se encandilan con las grandes obras y con los grandes nombres de la literatura. Estudiosos, profesores, críticos en general se han empeñado durante años en convencer a millones de personas en el mundo de que si un libro no desencadena una auténtica revolución social no tiene valor alguno. Sociológicamente el fenómeno funciona de esta manera en todas las lenguas del mundo. Pero el joven lector no suele sucumbir ante opiniones de este tipo porque pes aún en él ese indiscutible don de la lógica y le gusta la claridad. Y, aún más, el lector joven pide una historia real, con un principio, con un desarrollo y un final siguiendo ese tipo de narraciones que se han venido contando desde hace miles de años. Los jóvenes siguen siendo esos lectores independientes que solo confían en su propio criterio. Como contrapartida, pese a lo que podamos pensar, aunque hemos reemplazado muchas de nuestras actividades por una sociología de aficionados y una psicología poco efectista, la literatura necesita narraciones bien construidas e imaginativas. Un libro auténtico puede y debe tener muchas interpretaciones, docenas de mensajes, montañas de comentarios posteriores que originan nuevas pasiones.

Escribir para los niños             
       Un autor como Isaac Bashevis Singer afirmaba que cuando se sentaba a escribir procuraba, antes que nada, tener un tema o un asunto real. También, debía tener, añadía, un fuerte deseo o pasión por escribir la historia y, finalmente, aseguraba, la convicción o la ilusión de ser el único capaz de escribir esa historia y no otra. Si estas tres condiciones se daba, aseguraba Singer, escribiría un cuento o una novela para niños, para jóvenes o para adultos, poco importaba el lector. Para este escritor, en la literatura como en la vida, todo es específico, todo ser humano persigue unas señas de identidad, unas reales y otras espirituales. Y aunque en ciertas fábulas el lugar específico no es necesario, también es verdad que no toda la literatura es una fábula.

Los clásicos
       ¿Deberíamos pensar, por con siguiente que no ha existido jamás  una literatura infantil o juvenil, aunque durante mucho tiempo se han editado muchos libros para niños o para adolescentes?  ¿Por dónde debiéramos empezar para definir la literatura infantil o juvenil?
               La verdad es que no es una pregunta fácil de contestar ni fácil de explicar. Durante muchos años, si echamos la vista atrás a ese tipo de libros o de novelas clasificadas por la historia de la literatura universal como juveniles, la cuestión se complica aún más todavía. Me estoy refiriendo a clásicos como La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, a Moby Dick, de Herman Mellville, Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift, que tienen en común ser libros de aventuras con el mar como trasfondo, o Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, El último mohicano, de James Fenimore Cooper, Mujercitas, de Louise M. Alcott, Miguel Strogoff, de Julio Verne o incluso, Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, que, evidentemente, no son novelas juveniles o al menos escritas para un público lector juvenil. Podríamos calificarlas, sin lugar a dudas, de literatura de gran calidad, sin adjetivo alguno más. Es verdad que, posiblemente, a algún editor avispado o a algún experto en la materia se le ocurrió un buen día colocarles la etiqueta de «juveniles» y a partir de ese momento todo el mundo se justifica diciendo que, «cuando él era pequeño leía este tipo de novelas».
       Esta etiquetada novela infantil y juvenil o al menos esa que protagonizan niños o adolescentes data en nuestro país de la segunda mitad del siglo XIX, cuando se conocen las iniciativas de algunos autores de intentar escribir para niños y para jóvenes. Algunos se sorprenderían con clásicos como Fernán Caballero y el Padre Coloma, pero el mismo intento realizaron posteriormente autores como Jacinto Benavente, Ramón del Valle-Inclán, poniendo en escena obras de teatro denominadas infantiles o, también, las denominadas antologías de gestas heroicas y de poesía recitable que propiciaron editoriales para difundir nuestros clásicos. Existe una encomiable  labor en la historia editorial de nuestro país que realizaron editores como Saturnino Calleja en 1876 que posteriormente continuaría uno de sus hijos en 1915, con la famosa Editorial Calleja, una empresa que por entonces creaba el denominado Pinocho español y nuestras abuelas leían con verdadero entusiasmo las historias de Celia que Elena Fortún publicó, en la revista Blanco y Negro, durante largos años, al menos desde 1928 a 1936, cuando la guerra civil española truncó tantas perspectivas. 


       Una larga postguerra alentó aún más la confusión literaria en cuestiones infantiles y juveniles aunque al margen de uno u otro bando surgieron los fondos editoriales de tanto prestigio, tales como Aguilar, Cid, Molino, Juventud, hasta llegar a algunas de las más conocidas de la actualidad como pueden ser Anaya, Santillana, S.M., Edebé, y los nombres de Gloria Fuertes, María Luisa Gefaell, José María Sánchez Silva y su famoso Marcelino pan y vino, un libro que, curiosamente, le ocurre algo parecido a los que hemos señalado anteriormente, porque el único ingrediente juvenil que contiene es su protagonista, un niño huérfano que es recogido en una congregación de frailes que lo adoptan como si de su propio hijo se tratara, hasta tentar la suerte de autores como Camilo José Cela, Ana María Matute, Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite, Medardo Fraile, todos de diferentes generaciones de novelistas que de alguna manera colaboran en el amplio panorama de esa literatura juvenil de los años 80 y 90 del pasado siglo XXI.
       Precisamente, en la década de los 80 los planteamientos de esta realidad infantil va mucho más allá, porque desde los 70 el tratamiento que se venía dando a esta literatura tenía mucho que ver con su propio mundo, es decir, la realidad social, la defensa de ciertos valores, animales, ecológicos, realismo, fantasía, de acuerdo, por supuesto, con las nuevas tecnologías que invaden el mercado y a José María Merino, Rosa Montero, Juan José Millás, Andreu Martín, se les han ido sumando otros muchos nombres que, de alguna manera, han ido tratando estos temas y otros muchos más, consolidándose como los grandes autores del género, racionalizando, incluso, los productos por edades, como se recomienda en las contraportadas de los libros. Algunos de estos nombres dominan el panorama editorial: Fernando Alonso, Montserrat del Amo, Alfredo Gómez Cerdá, Fernando Lalana, Pilar Mateos, Manuel Gisbert y sobre todo Jordi Sierra i Fabra.

Literatura infantil/ juvenil
       ¿Cuál es el momento de esta literatura denominada infantil o juvenil? Hoy en día es un mercado óptimo para aquellos autores que de alguna manera se han instalado en este tipo de relato sobre todo porque las preocupaciones sociales de algunos valores han llevado a instituciones, promociones de lectura, formaciones del profesorado, cursos, simposios, asociaciones, ha crear nuevas perspectivas sobre un público lector infantil y juvenil. Las editoriales se han lanzado a crear colecciones, exclusivamente, para este joven público lector y hoy con conocidísimas: Alfaguara, Doncel, Miñón, Olañeta, Everest, Lumen, Espasa Calpe, Altea y un largo etc.
       Si hacemos un salto en el tiempo, si por arte de magia nos olvidáramos de los siglos XIX y XX, y nos asentamos en una actualidad rabiante, el fenómeno editorial Harry Potter, ha revolucionado el género, porque su autora Joanne K. Rowling, según ha manifestado en muchas ocasiones, sí pretendió escribir una auténtica novela juvenil o al menos para ser consumida por un público lector determinado, los niños y los adolescentes. Hoy existe una harripottermanía que se ha extendido a las pantallas del cine con las versiones de los libros que se ha realizado hasta el momento. Cada nueva entrega de la serie la expectación llega hasta la locura misma de encargar los libros por adelantado en una reserva de riguroso orden. ¡Y menuda novela que ha desatado la imaginación de millones de jóvenes lectores en todo el mundo!
       ¿Cómo se fabrica una novela juvenil? Parece ser que es aconsejable, al escribir una novela juvenil, elegir un protagonista con el que el lector pueda siempre identificarse y, una vez elegido y creado, conviene situarlo en un ambiente también identificable. La mayoría de las novelas fabricadas para la ocasión tocan temas de comprobado interés general para la edad que están destinadas, la música, el deporte, los primeros escarceos sentimentales, problemas de adaptación o cierta intriga y algo de acción. A partir de este momento toda fórmula vale y todos los planteamientos serán realizables aunque, por supuesto, siempre será conveniente meterse en la mente de una niño o un adolescente. Y, por supuesto, la fórmula mágica sigue siendo despertar la imaginación de los adolescentes como uno de los grandes retos de estos adolescentes lectores, pero también es verdad que esta imaginación cada vez se desborda más y una vez que los lectores consiguen atraparse en la redes de un Harry Potter lo que venga después será difícil de superar.
       Ana Matute afirma que cuando reunía a los niños de su vecindario para contarles cuentos inventados, solía hacerlo para esa gente entre los 14 y los 16 años y procuraba, en gran manera, que sus textos cuando se publicaban, no se les cayeran de las manos a los que superaban esas edades. Quizá el secreto está en esa visión de la narradora, confiando en que cuando contaba sus historias lograba, al menos, en algunos momentos vivir en ese mundo, el de los niños que todos hemos sido. Seguimos estando al servicio de la aventura, cualquiera que sea, y sobre todo valorar esa energía que nos caracteriza como seres humanos.