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jueves, 8 de noviembre de 2018

Los olvidados


ESPAÑA SIN DEFENSA


              
       Manuel Chaves Nogales (1897-1944), subtitula, A sangre y fuego (2011), acertadamente, «Héroes, bestias y mártires de España», una curiosa colección de cuentos, historias reales sobre la contienda española que, incluso, hoy se leen como un duro testimonio y curiosos reportajes de un periodismo hecho a pie de noticia. Sin duda, una de las pasiones del hombre, uno de esos temas que literariamente inspira a los narradores, es la guerra, y quizá porque humanamente ha sido desde siempre su aventura máxima, un experimento ancestral por enfrentarse con la muerte. Pero la sangre derramada durante siglos, la miseria y el dolor provocados, no han conseguido librar a la Humanidad de este innoble sentimiento.
               Cada guerra constituye un trauma para la generación que la lleva a cabo, una secuela que se propaga y se extiende en el futuro de los más jóvenes. La Guerra Civil que se inició en España en 1936 y terminó tres años más tarde, es el acontecimiento de mayor importancia en el siglo XX español. La bibliografía sobre este tema bélico es tan abundante como para que podamos contemplar con algo de serenidad algunos de estos episodios violentos, tanto de uno como de otro lado: conocidas novelas y repertorios de relatos han dado testimonio durante las últimas décadas en la narrativa española contemporánea. Quizá por eso sorprende que un libro como A sangre y fuego apareciese por primera vez en Chile (1937), meses después, en Nueva York (1937) y, una vez más, en Londres-Toronto (1938), y desde entonces estuviera desaparecido hasta que la Diputación de Sevilla reunió la Obra Narrativa Completa, en 1993, una edición a cargo de María Isabel Cintas Guillén. El libro reaparecía en las librerías españolas en 2001 (Espasa), en 2004 (Asociación de Libreros), en 2009 y ahora de la mano de Libros del Asteroide (2011), editorial que está recuperando casi todas las obras del autor sevillano.
               Con una introducción de María Isabel Cintas, los nueve cuentos o relatos extensos cuentan episodios de la contienda con esa equidistancia y lucidez con se escribe la buena literatura. La mirada en estas historias es la un hombre de izquierdas, liberal y pequeño burgués, antifascista y antirrevolucionario que supo ver en esta guerra la estupidez, el sufrimiento y la crueldad, y tal vez por eso sus cuentos relatan cómo las bombas caían sobre las buenas gentes en las largas cuando recogían el pan, o los señoritos jerezanos cazaban obreros montados en sus caballos, al tiempo que escribe acerca de anarquistas practicando el bandidaje en el Levante, añade datos sobre la quintacolumna, y se lamenta sobre las atrocidades de milicianos o las de falangistas, legionarios y moros en su avance hacia la capital de España. Chaves Nogales habla de la izquierda desde la izquierda misma, de las desafortunadas acciones de los comités obreros en un Madrid ocupado, la suya es la aguda perspectiva sobre un país sumido en el odio, y se lamenta del grave atentado contra la inteligencia. Libro duro, aunque revelador, y aun más triste, muestra la amarga causa de una libertad proclamada, pero que nadie defendió en una España libre.







A SANGRE Y FUEGO
Manuel Chaves Nogales
Barcelona, Libros del Asteroide, 2011

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Miguel Sanfeliu


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LA VIDA BREVE


              
       El mundo de Miguel Sanfeliu (Santa Cruz de Tenerife, 1962) ese que se traduce en un espacio sin reglas y donde, bajo una aparente normalidad, se vive una realidad distorsionada, poblado de gente corriente que intenta y consigue, en ocasiones, escapar de las trampas de la vida, quiénes pretenden subsistir cuando las cosas empiezan a ir mal, es en definitiva, por así decirlo, el único lugar donde uno siente que debe disfrutar de los pequeños placeres. Por este, y quizá no otro, motivo en su nuevo libro, Los pequeños placeres (2011), se recogen un puñado de relatos en los que no hay otra salida sino enfrentarnos a nosotros mismos, a nuestros propios temores, doblegarnos al juego real de la subsistencia desde ópticas y planos tan diferentes como los ensayados por el narrador, solo justificables con actitudes tan reales como si uno recibiera un fuerte golpe en la cabeza. Con respecto a su literatura, el propio Sanfeliu, ha señalado que sus cuentos surgen de la necesidad de explicarse en su propia realidad, aunque de manipularla e interpretarla al mismo tiempo, dejando constancia por escrito, reinterpretando a la mayoría de sus protagonistas que hablan de una concreción que no les gusta.
       Una vez más el mundo de Sanfeliu se puebla de melancolía y de desengaño, de dolor compartido, actitudes que de alguna manera suponen su visión fragmentada del ser humano contemporáneo, alejado de una esperanza y de una promesa de felicidad. Cuando el narrador explora la psicología de sus personajes, dirige su atención al comportamiento y a esa reacción que moralmente se supone imperceptible, siempre a la espera de un drama mayor aunque significativamente pase inadvertido en la cotidiana observación. Su visión de lo rutinario pasa por el barrio, las amistades, el fracaso, el éxito, o las pequeñas confidencias sin mayor trascendencia de dos viejas amigas, como ocurre en «El reencuentro». En ocasiones, la dureza llega a extremos, como en «Dolor» una amarga visión del suicidio, contraste entre la brutalidad del hecho y la realidad vivida por un padre. Los veintiún cuentos se suceden y comparten esa franqueza que suponemos en esa inalienable muestra de nuestra vida, tan determinada por la hipocresía y el engaño, una concepción de la vida que casi nunca compartimos con los demás; sin duda, un buen ejemplo de esta locura cotidiana sea, «El hombre invisible», cuento irónico, socarrón, narra la historia de un hombre ignorado como tantos, frente a las oscuras actitudes de nuestro alrededor. Y no falta la emoción, el homenaje sentido en «Remordimiento», un breve recuerdo del padre, con una mirada distinta ante la muerte y los recuerdos que, transcurrido el tiempo, pesan en el alma, y se añaden otras visiones, menos agradables, sobre tema tan literario y extendido con ejemplos muy diferentes, «La morgue» y «Eutanasia». Sin necesidad de agotar la visión del resto de estos relatos, el conjunto provocará en el lector reacciones diversas, tantas como la visión que tengamos de nuestros miedos, de la incomunicación, de la soledad, y de todas y cada una de esas trampas que nos procura esta vida, que en ocasiones resulta tan melancólica como surrealista.







LOS PEQUEÑOS PLACERES
Miguel Sanfeliu
Sevilla, Paréntesis, 2011.

martes, 6 de noviembre de 2018

Javier Marías


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IMPUNE VERDAD


             
       Quién contemple la nueva novela de Javier Marías (Madrid, 1951), Los enamoramientos (2011), se detenga en alguna de sus primeras páginas, e intente descubrir en ella una reflexión profunda sobre el concepto del amor, o ese estado previo, considerado como harto positivo y jubiloso, y aun mejor período felicísimo que salvaría muchas de nuestras injustificadas acciones, se encontrará con un relato muy distinto puesto que se habla sobre la horrible fuerza que causan ciertos hechos externos y la inconveniencia que provocan los mismos. Y, teóricamente, un texto mucho más reflexivo porque, paradójicamente, esta es una novela que comienza relatando una absurda muerte, o mejor expresado, el burdo asesinato de un productor de cine a manos de un gorrilla, un indigente de quien apenas sabemos puede ser un trastornado mental. En una amplia segunda parte, contada en primera persona por María Dolz, narradora y protagonista, se responderá a ese complejo proceso que supone el enamoramiento, cuando tras el suceso, Dolz, una vez que conoce el asesinado a través de una noticia de prensa, visite a Luisa, viuda de Miguel Desvern, en su propia casa, por afinidad y una profunda admiración y simpatía hacia la pareja, con quienes coincidía, de forma anónima, cada mañana en un restaurante durante el desayuno. Será en esta casa donde conozca a un tal Javier Díaz-Varela, amigo íntimo de los Devern. Surge tras el encuentro, el primer caso de enamoramiento, porque María se sentirá deslumbrada por tan original personaje. El novelista  ensaya a lo largo de las siguientes páginas, y como es habitual en su prosa, toda una teoría de ese estado de ánimo, incluso se permite calificarlo de hechizo o de contaminación, aspectos que de alguna manera justificarían en que centramos nuestras energías, en esas cuestiones que afectan a una realidad de la que pronto abjuramos temporalmente, hasta convertirnos en títeres de un inmenso escenario.
       La novela inicia desde este momento una vuelta de tuerca porque Marías teoriza sobre una ficción que justificaría el título mismo, es decir, da voz al personaje de Díaz-Valera, enamorado a su vez hasta la locura misma de Luisa, viuda fiel al recuerdo del marido asesinado. María se derrumba y acepta la situación, admite su propia debilidad para seguir luchando, aunque muy pronto le asaltarán dudas cuando averigua que Javier Díaz sabe más de la muerte de su amigo que muchas de las explicaciones dadas en sus íntimas y reflexivas conversaciones con él. Marías dota a su relato de cierta intriga y suspense que se convierte así en una historia de éticas diversas, habituales en toda la prosa narrativa del madrileño: crítica a la industria del libro, esbozo de editores sin imaginación alguna, disección de autores engreídos, y sobre todo su firme propensión a sustentar todo el relato bajo el poder de la palabra, como si a la vista del conjunto se tratara de un ejercicio lúdico o para que inmersos en un mundo harto discutible podamos, al menos, servirnos de la ficción para conllevarlo.






LOS ENAMORAMIENTOS
Javier Marías
Madrid, Alfaguara, 2011

domingo, 4 de noviembre de 2018

Desayuno con diamantes, 142


El tiempo histórico de Las afueras
El debut narrativo de Luis Goytisolo


       Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) ganó la primera edición del premio Biblioteca Breve, que convocaba la refundada empresa por Víctor Seix y Carlos Barral, con Las afueras (Seix Barral, 1958) y, seis décadas después, el propio autor reconoce que aquel galardón lo cambió todo: “Para mí lo importante era ser escritor, y aquello me resolvió la vida. Empecé a trabajar como lector para la editorial y pude dejar Derecho”, así explica cómo fueron sus comienzos, y después publicaría Las mismas palabras (1962), los días en la cárcel de Carabanchel y, sobre todo, el vuelco narrativo que supuso la monumental Antagonía (1973-1981), su obra más ambiciosa, aunque su primera obra, Las afueras, había sido un auténtico ensayo, un inicio del camino, una novela que subrayaba la osadía suficiente para abrir nuevos caminos en la narrativa española del momento.


Los comienzos
       El narrador exponía, recientemente, algunas consideraciones sobre su novela, en una obra que ha titulado, El sueño de San Luis (2015), y a propósito de la lectura que se obligaba a hacer ante la reedición que el editor de Anagrama, Jorge Herralde, le proponía, seis décadas después de su primera edición, y así dejaba constancia y argumentaba el autor su primera incursión en el mundo narrativo: “Las afueras fue mi primera novela —cuando la empecé era todavía menor de edad—, y aunque de inmediato alcanzó una gran resonancia y aún ahora sigo topándome con lectores entusiastas, yo siempre tuve la íntima convicción de que no me había quedado redonda. Cuando su aparición, suscitó una gran controversia: novela formalista para unos, social para otros; radicalmente innova­dora para unos, serie de relatos más que novela para otros, etc. Yo la había escrito de acuerdo con las estrictas normas del “realismo objetivo”, teori­zado por Gertrude Stein y desarrollado por nove­listas como Hemingway o Pavese. Y lo que ahora me temía era que si tantas novelas de aquel en­tonces no habían aguantado el paso del tiempo, algo parecido sucediese con Las afueras (…).


       Las afueras desde un punto de vista argumental es una novela de gran dureza. No es que en mis obras posteriores no sucedan cosas simila­res o peores, pero la forma de exponerlas es otra, hasta el punto de que la presencia del humor en el relato puede dar pie a que el lector acabe sol­tando una carcajada. En Las afueras, por el con­trario, lo que se está exponiendo sin tremendismo de ninguna clase, con total objetividad, resulta con frecuencia despiadado debido precisamente a la frialdad del tono narrativo adoptado. Y fueron algunos de estos hechos, irrelevantes en sí mis­mos para cualquier lector, los que de pronto me revelaron cuestiones para mí hasta entonces ano­dinas no ya de la obra sino de mí mismo (…)”.

La obra
       El empleo de algunos procedimientos técnicos llevaría a algunos críticos tradicionales a considerar la novela de Goytisolo como una colección de siete relatos, aunque el narrador consigue que dos temas esenciales de la novela social del momento subrayen su valor novelístico por encima del tratamiento del relato: la maltrecha condición de las clases trabajadoras y la situación de privilegio de la burguesía, tanto en sus abusos como en su creciente aislamiento, sin que en sus páginas se vislumbre crítica política o social, y parece palpable el sentido unitario del texto que en algunos aspectos difiere notablemente de un libro de relatos al uso. Se observa, no obstante cierta intencionalidad coincidente en los siete relatos que integran Las afueras y no revelan lo suficiente para proporcio­nar esa unificación temática, y sí proceda, tal vez, de un común emplazamiento espacio-temporal para todas las anécdotas: Barcelona o sus alrededores, sus afueras y a los dieciocho años de la guerra civil (1957), y cada uno de los relatos ofrece una historia distinta, sin vinculación con las restantes excepto en el hecho de que los personajes coinciden en el nombre Augusto, Víctor, Ciríaco, Domingo, Antonio, Alvarito, Bernardo, Magdalena, Claudina, o Amelia; pero la coincidencia es onomástica, que se traduce como compleja organización de nombres, y se convierte en uno de los propósitos concordantes de cada una de las historias del libro, no solo como una intención, sino en cuan­to un logro final. Pero nunca hablaremos de una personalidad o actitud semejante de los protagonistas de esta novela, aunque sí exista vinculación en su sentido de conjunto. Estos nombres pertenecen a diversos grupos generacionales y sociales: Augusto (y sus esposas, Magdalena) representa una clase aco­modada pero vacía, y se corresponde con la generación mayor; Víctor forma parte de la siguiente, participó en la guerra y, pese a su posición acomodada, muestra de un apático sentido vital, una existencia frustrada o esa mala conciencia que le lleva a un simulado acercamiento al pobre; Domingo (y sus correspondientes Ame­lia) es la generación mayor de tipo servil y doméstico; Ciríaco es la generación siguiente de clase modesta, trabajadora; que­dan, finalmente, los jóvenes o niños Álvaro, Antonio, Dina, Bernardo. Nombres protagonistas de una historia colectiva que, situada en ese año concreto de 1957, mediante una recuperación del pasado, nos ofrece una pano­rámica de la Barcelona reciente. Esta panorámica se hace ver­dad literaria, sin embargo, a través de argumentos singulares y de historias particulares.
       Muchos de los protagonistas de estas historias viven situaciones de absoluto aislamiento, y desde ese espacio es desde donde el narrador reconstruye el pasado del personaje protagonista, y siempre que vuelve atrás comparte con el lector parte de lo vivido y apunta a esa evolución hacia la situación de crisis a que ha llegado, como exclusivo resultado de su distanciamiento progresivo de esa clase opuesta a la suya, y en una cre­ciente y constante visión de insolidaridad tanto de una como de otra. La ordenación de las distin­tas secuencias y la evolución de los personajes queda patente en esa persistente conclusión pesimista sobre la posibilidad de una reconciliación de ambas clases, y ni siquiera una nueva generación que no ha conocido el pasado y los efectos de la guerra logrará el propósito. El tono obsesivo de todos los relatos, y por extensión de todo el conjunto, está persistentemente acentuado por toda una serie de procedimientos reiterativos, y los personajes no sólo viven sus expe­riencias, contemplan o viven en paisajes parecidos y en perspectivas idénti­cas, sino que incluso tienen las mismas ensoñaciones, recurso con que se logra una atmósfera de pesadilla que pesa en los personajes, y por añadidura llega a apoderarse de la sensibilidad del lector.

60 años después
       La edición de Anagrama actualiza, de alguna manera, el mundo novelesco de Luis Goytisolo sesenta años después, y en un apéndice crítico reproduce los textos de J.M. Castellet publicado en Acento Cultural, 1959; de Antonio Vilanova que editaría Destino en 1959, y una mirada de Juan Antonio Masoliver en noviembre de 2017, una revisión para la presente edición, que confirma como “Las afueras es un libro que se ha ido enriqueciendo con el paso del tiempo. Tiempo en cierto modo inmóvil, atemporal, donde la realidad es un desolado estado de ánimos, marcado por la incomunicación, por la dureza, por la esterilidad sentimental, por la lesionada sensibilidad de sus protagonistas”.





Luis Goytisolo, Las afueras; Barcelona, Anagrama, 2018.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Tiempo de castañas

Para nosotros, este es el tiempo de las castañas...


...y el homenaje a nuestras castañeras.