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martes, 6 de noviembre de 2018

Javier Marías


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IMPUNE VERDAD


             
       Quién contemple la nueva novela de Javier Marías (Madrid, 1951), Los enamoramientos (2011), se detenga en alguna de sus primeras páginas, e intente descubrir en ella una reflexión profunda sobre el concepto del amor, o ese estado previo, considerado como harto positivo y jubiloso, y aun mejor período felicísimo que salvaría muchas de nuestras injustificadas acciones, se encontrará con un relato muy distinto puesto que se habla sobre la horrible fuerza que causan ciertos hechos externos y la inconveniencia que provocan los mismos. Y, teóricamente, un texto mucho más reflexivo porque, paradójicamente, esta es una novela que comienza relatando una absurda muerte, o mejor expresado, el burdo asesinato de un productor de cine a manos de un gorrilla, un indigente de quien apenas sabemos puede ser un trastornado mental. En una amplia segunda parte, contada en primera persona por María Dolz, narradora y protagonista, se responderá a ese complejo proceso que supone el enamoramiento, cuando tras el suceso, Dolz, una vez que conoce el asesinado a través de una noticia de prensa, visite a Luisa, viuda de Miguel Desvern, en su propia casa, por afinidad y una profunda admiración y simpatía hacia la pareja, con quienes coincidía, de forma anónima, cada mañana en un restaurante durante el desayuno. Será en esta casa donde conozca a un tal Javier Díaz-Varela, amigo íntimo de los Devern. Surge tras el encuentro, el primer caso de enamoramiento, porque María se sentirá deslumbrada por tan original personaje. El novelista  ensaya a lo largo de las siguientes páginas, y como es habitual en su prosa, toda una teoría de ese estado de ánimo, incluso se permite calificarlo de hechizo o de contaminación, aspectos que de alguna manera justificarían en que centramos nuestras energías, en esas cuestiones que afectan a una realidad de la que pronto abjuramos temporalmente, hasta convertirnos en títeres de un inmenso escenario.
       La novela inicia desde este momento una vuelta de tuerca porque Marías teoriza sobre una ficción que justificaría el título mismo, es decir, da voz al personaje de Díaz-Valera, enamorado a su vez hasta la locura misma de Luisa, viuda fiel al recuerdo del marido asesinado. María se derrumba y acepta la situación, admite su propia debilidad para seguir luchando, aunque muy pronto le asaltarán dudas cuando averigua que Javier Díaz sabe más de la muerte de su amigo que muchas de las explicaciones dadas en sus íntimas y reflexivas conversaciones con él. Marías dota a su relato de cierta intriga y suspense que se convierte así en una historia de éticas diversas, habituales en toda la prosa narrativa del madrileño: crítica a la industria del libro, esbozo de editores sin imaginación alguna, disección de autores engreídos, y sobre todo su firme propensión a sustentar todo el relato bajo el poder de la palabra, como si a la vista del conjunto se tratara de un ejercicio lúdico o para que inmersos en un mundo harto discutible podamos, al menos, servirnos de la ficción para conllevarlo.






LOS ENAMORAMIENTOS
Javier Marías
Madrid, Alfaguara, 2011

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