...Ya, ya llegó...
el fin de semanaaaaa...
“Los buenos libros se escriben para que gusten a sus autores; luego a Dios o al Diablo, o quizá a ambos; y en tercer lugar, para nadie”. Juan Carlos Onetti
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domingo, 20 de mayo de 2018
sábado, 19 de mayo de 2018
viernes, 18 de mayo de 2018
Juan Manuel Gil
me gusta…
Mapa para
inventariar una isla
¿Qué lleva a una persona, que se
convierte en un personaje de novela, a esconderse en una isla, y a convivir con
extranjeros, una añadida y exclusiva extrañeza que corrobora una no menos turbadora
existencia? ¿Responderse a sí mismo
acerca de la desconcertante moral que arrastra en buena parte de su vida?
¿Olvidar la constante cobardía de un atormentado pasado? O en definitiva, y
pese a todo, ¿resulta el vano intento de preservar el mayor de sus secretos?
Las
islas vertebradas (2017) es una novela repleta de preguntas, y quizá sin
las respuestas que más convienen, pero Juan Manuel Gil (Almería, 1979) ha
construido, sin duda alguna, y con mucho acierto, una inteligente narración en
torno a la fragilidad y las muchas contradicciones humanas que, temáticamente,
y sin un atisbo de buen quehacer, hubiera desembocado en un realismo
sociológico al uso por cuanto le ocurre a Martín de Juan, un personaje que en
su huida se esconde entre las sombras y las luces que proyectan las imágenes de
la isla que con algo de suerte pueda convertirse para él en su única salvación.
El almeriense es autor
de Inopia (2009), o lo que es lo
mismo, indigencia, pobreza, escasez, una primera novela que proponía una
experimentación transparente tras algunas incursiones en la lírica, un
arriesgado texto de perspectivas narrativas muy variadas y cuyo análisis debe
realizarse con una mirada múltiple; un ejemplo de narrativa contemporánea que
ensaya un tipo de relato fragmentario, con esa híbrida imbricación que propone
una experimentación técnica en el terreno arquitectónico textual de la mejor
lírica, de la narración o de aquellos otros géneros literarios cuya frontera
aún estamos lejos de delimitar, y se construyen con una variedad formal, con
una técnica, una estilística y una temática que desde el punto de vista
narrativo se mueven entre el relato, más o menos extenso, y la novela, e
incluyen temas característicos como las relaciones humanas y la sumisión que
delimitan el conflicto de identidad, o rozan esa locura que lleva a los
personajes a la soledad, la incomunicación y el miedo, un terror físico que
condiciona al ser humano.
Las islas vertebradas, como propuesta,
ofrece toda una serie de disyuntivas entre lo real y lo onírico, lo mezquino y
la bondad más absoluta, y a lo largo de
sus páginas observamos que la víctima se confirma como su propio verdugo.
Disyuntivas que el autor enfrenta constantemente, y que de alguna manera conducen
a los personajes de la isla a una nueva dimensión de su existencia mucho más
primaria, y esas continuas interrogantes que guardan, sus secretos, que se irán
desvelando y entrelazándose. Pero la historia, en su estructura básica, es
sencilla aunque no por ello menos inquietante: Martín tras una serie de
infortunios decide huir a una isla para recuperarse de una enfermedad y dar
respuesta a sus permanentes dudas, un lugar remoto que se impregna de un hedor
de algas putrefactas insoportable, envuelto en un halo de misterio que viene
determinado por acontecimientos recientes: tras su breve estancia, comienzan a
producirse extraños robos y la infranqueable comunidad de vecinos, básicamente
extranjeros, empieza a tambalearse en ese idílico espacio que se conoce como el
Parque holandés, y a la escasa acción se une la inquietante desaparición de uno
de sus moradores. Lo curioso es que todo ocurre en ese espacio cerrado, a veces
asfixiante, la isla, y al hilo de todo el lector descubre el pasado de Martín,
narrado a través tres focos significativos: el valor de la amistad, de la
familia y, en última instancia, del amor. Juan Manuel Gil se sirve de dichas
aristas para dibujar las profundas heridas emocionales de un personaje que en
muchas de sus actuaciones se nos antoja miserable, pero que al final queda
redimido por sus encuentros con dos mujeres la joven Marina, que
sobrevive al amor imposible de Larry, y una no menos enigmática y sugerente,
contrapunto de cuanto sucede y se sugiere en la isla, Fatiha.
Los personajes, con sus diálogos,
contribuyen a esa atmósfera perturbadora que sobrevuela la historia, y el
propio narrador desaparece por completo cuando los personajes interactuan,
llevando ellos el peso de la narración, como ocurre en la escena de
“Clipperton” y de “Thule” con una estructura teatral que no añade tensión a lo
contado, aunque sí algo de incertidumbre
entre la realidad palpable que envuelve a los diálogos y el lirismo que
se desprende, o entre esa vigilia y el sueño que envuelve la precariedad de todas
y cada una de las vidas que intenta retratar el narrador Juan Manuel Gil; y en
estos diálogos se concentra, sin duda, bastante del artificio de Las islas vertebradas que pone en tela
de juicio lo mejor de la buena literatura.
LAS ISLAS
VERTEBRADAS
Juan Manuel Gil
Madrid, Playa de
Ákaba, 2017
jueves, 17 de mayo de 2018
Hoy invito a…
Mariángeles Pérez
AMANECERES
Libros
Con
buen tiempo, rosas y buenos recuerdos volveremos a celebrar el Día del Libro y
nos volverán a recordar que seguimos estando inmersos en uno de los porcentajes
más bajos de nuestra pasión por leer. Con frecuencia vemos y escuchamos
eslóganes de que leer es viajar, soñar, vivir, pero ni aún así parece que nos
atraiga meternos en ese maravilloso mundo de fantasía a la que nos lleva la
lectura.
A
los libros hay que quererlos, amarlos, mimarlos y crear ese sentimiento en
nuestros corazones, el mismo que nos lo pone cada vez más difícil la sociedad
en la que intentamos nadar cada día.
Volveremos
a celebrar el día del libro, haremos toda una fiesta más de la lectura y
seguiremos recordando palabras y más palabras sobre la pasión y el maravilloso
mundo de los libros, pero recordemos también la famosa frase del poeta
brasileño Mario Quintana: «Los verdaderos analfabetos son los que aprendieron a
leer y no leen».
miércoles, 16 de mayo de 2018
Isak Dinesen
…me gusta
Un cuento minimalista: El
festín de Babette.
Isak Dinesen la autora de Memorias de África (1937) y Cuentos de invierno (1942), escribe
sobre los principios religiosos de una comunidad de pescadores en un aislado
pueblo de la costa danesa, y lo titula El
festín de Babette (1934). Círculo de Lectores/Nórdica editan una nueva
edición ilustrada por Noemí Villamuza de este cuento.
El festín de Babette es un relato breve
que narra la historia de dos hermanas, hijas de un pastor luterano, que en el
pueblo noruego de Berlevaag había fundado un pequeño grupo piadoso. Una vez que
muere el venerable maestro serán sus hijas, educadas en la austeridad y
dedicadas a realizar obras de misericordia, quienes se encarguen de mantener
viva la memoria de su padre y sus enseñanzas. Tras el episodio de unos amores
frustrados, que convierten este relato en un auténtico cuento, Martine y
Philippa, recogen a una misteriosa mujer francesa, Babette, que llega huyendo
de la Comuna de París, y cuyo marido e hijo han muerto. Las hermanas, aceptan
con cierto recelo la llegada de la mujer, que viene de la ciudad del pecado, sin
embargo la admiten porque ha sido encomendada por un viejo amigo, Achille
Papin, y ellas en su vida solo conocen la caridad.
Desde la llegada de Babette han
transcurrido doce años, en los que ha servido a sus señoras con abnegación y
fidelidad, cuidando de los intereses de las hermanas. Por entonces se cumple el
centenario del nacimiento del padre y maestro, y la buena sirvienta demanda el permiso
de sus señoras para preparar una cena que celebre el acontecimiento. Las hermanas
consideran la ceremonia un lujo innecesario y pecaminoso, pero acceden al ruego
de su criada por ser la primera vez que demanda algo de ellas. Asombradas y
asustadas, asisten a los preparativos de un fabuloso festín, porque a Babette le
han enviado fabulosos manjares y exquisitos vinos de París, que ella misma ha
pagado con el premio de diez mil francos ganados en la lotería.
La noche señalada los viejos discípulos
y seguidores del venerable maestro viven una experiencia entre lo místico y lo
sobrenatural al saborear los deliciosos platos y los finos vinos, del menú
compuesto por Babette. Nadie es consciente de las finezas que saborean, a
excepción de un viejo general, que conoce la vida mundana, y reconoce alguno de
los elaborados platos franceses que en esa humilde casa noruega le sirven esa
noche.
Un sentimiento de felicidad, de alegre
hermandad, une esa noche a los asistentes a la cena, cerrando así viejas
heridas que amenazaban con disolver el pequeño grupo. Cuando, al terminar la
velada, las hermanas acuden a la cocina a agradecer a su fiel Babette la
espléndida cena que ha ofrecido a sus invitados, la criada les sorprende con la
confesión de que la cena no ha pretendido ser un obsequio en reconocimiento a
la caridad de las hermanas, sino una satisfacción que la propia Babette se
ha querido otorgar a sí misma: fue el más famoso chef del más famoso
restaurante de París, y cocinar es para ella un arte, a través del cual y por
su diestra ejecución es capaz de otorgar la felicidad a la gente que disfrute
de sus platos. Las hermanas piensan que Babette pretenderá regresar a su
patria, dejando la humilde casa de las caritativas hermanas.
En realidad, se trata de una sencilla pero
hermosa fábula acerca del genio que una persona tiene, ese que no puede
ocultar, y de la necesidad de dejarlo brotar cuando se presenta la ocasión,
tanto para el deleite de los demás, como para propia satisfacción.
Desde una perspectiva piadosa, Dinesen,
convierte a Babette, en un instrumento humano abnegado y generoso que revela un
estado de gracia en los personajes de esta historia. El halo de silencio que
rodea a la cocinera francesa, la convierte en un personaje minimalista porque
es una artista de la cocina, se recrea en la preparación de la cena, y muestra
su carácter más generoso. Babette, en definitiva, es tremendamente fiel a su
destino.
Las ilustraciones, como siempre,
acertadas de Noemí Villamuza (Palencia, 1971) que durante buena parte de su
infancia pasaba ratos estupendos dibujando, así que se fue a Salamanca a
estudiar Bellas Artes. Vive en Barcelona desde el año 1998, y lleva más de
veinticinco libros publicados, uno de ellos fue Premio Finalista Nacional del
Ministerio de Cultura, y otros han sido editados en Corea, Estados Unidos o
Japón. En 2007 recibió el Premio Junceda por sus ilustraciones para El festín de Babette. Le gustan mucho
los lápices suaves, vestirse de rojo y desayunar fuera de casa.
Isak
Dinesen, El festín de Babette;
ilustr., de Noemí Villamuza; Barcelona, Círculo de Lectores, 2017.
martes, 15 de mayo de 2018
LA NARRATIVA BREVE DE FRANCISCO IZQUIERDO
Una reflexión
Introducción
La guerra civil
española, que tanto destruyó, hizo desaparecer, entre otras cosas, el ideal
estético literario precedente. La larga postguerra, en un intento de resurgir,
propició la renovación de ciertos órdenes que, en literatura, se tradujeron en
la búsqueda de nuevos caminos que llenaran el largo y amplio vacío. La
perspectiva de conseguir una tradición
renovada hizo que los escritores del momento se lanzaran, con especial
dedicación, a buscar nuevas fórmulas de concepción literaria.
En los primeros años de la década de los
40, el panorama de la narración breve, escaso y poco afortunado, sirvió de
puente para la siguiente, en la que ya se puede hablar de una mayor presencia
de publicaciones y, por consiguiente, de una mejor atención al género,
entendiéndolo como cuento literario, de tan arraigada tradición en nuestro
país. Revistas y diarios empezaron a incorporar páginas literarias y a
disputarse, en principio, las firmas de los escritores supervivientes de
generaciones anteriores, pero no dejaron de incorporar los nombres de los
jóvenes valores. A este hecho se unió pronto la creación de nuevas editoriales
que crearon para sus fondos, colecciones de libros de cuentos, un hecho que provenía
en su mayoría de otro fenómeno de la época, la creación de premios en esa
modalidad literaria: Leopoldo Alas, Sésamo, Juventud, Café Gijón, por
citar algunos de renombre.
La segunda mitad de la década de los 50,
de aires nuevos, se reforzaba con los nuevos valores que en esos primeros años
habían dejado constatado el ensayo de nuevas fórmulas en una narrativa de corte
socializante, caracterizada por un marcado realismo expresionista y que había
incorporado a los jóvenes Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile, Daniel Sueiro, Ana
María Matute, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Jorge Ferrer
Vidal, Carmen Martín Gaite o Josefina Rodríguez. Los bautizados,
posteriormente, como «niños de la guerra» cuya primera obra narrativa se
inscribe en la estructura de la narrativa breve. A esta generación que, ya
entrada la década de los 60,
ha conseguido hacerse un camino en el difícil panorama
narrativo español, y empiezan a cuestionarse el hecho literario como una
auténtica actitud ante la vida y, en la mayoría de los casos, se enfrentan a
empresas mayores: sobre todo, la novela. Pero pronto va a aparecer una nueva
generación, más joven y algo más alejada del impacto de la guerra civil, una
temática que, por otra parte, empieza a desaparecer de las obras; estos jóvenes
aspiran a escribir historias que estén sincronizadas con las tendencias que
imperan en Europa y en el resto del mundo. Esta generación encontrará más
dificultades en su camino, sobre todo aquellos que inician su vocación
literaria en el cuento; pero destacarán en un esfuerzo común por entregarse a una experimentación de
temática y técnica diferentes que conlleve, por consiguiente, nuevas formas de
expresión literaria, ensayadas sobre todo en la narrativa breve y que más tarde
trasladarán a la novela, un género con
el que, en esta década, quedarán mejor expresadas sus pretensiones. Son los
autores que durante las últimas décadas se han encontrado en la plenitud de su
vida literaria, con una importante obra narrativa a sus espaldas, aunque en algunos
casos, lamentablemente, hayan desaparecido del panorama literario. Esta
generación está formada por Fernando Quiñones, Manuel San Martín, Daniel
Sueiro, Jorge Cela Trulock, Ramón Nieto, Luis Goytisolo, José María Sanjuán,
Enrique Cerdán Tato, Antonio
Martínez Menchén, Francisco Izquierdo, Ricardo Domenech,
Félix Grande, Andrés Berlanga y Jesús Torbado, todos nacidos entre 1927 y 1943.
Francisco Izquierdo (Granada, 7 de abril
de 1927- Madrid, 3 de septiembre de 2004) pertenece por adscripción temática y
formal a la generación más joven de la postguerra, que se iniciará en
literatura con trabajos publicados, inicialmente, en periódicos y revistas de
provincias, para después acceder a los grandes medios de comunicación y a esas editoriales regentadas, en ocasiones, por compañeros que
incluirán entre sus colecciones esos valores en alza. Los primeros relatos de
Francisco Izquierdo aparecerán en una revista de su ciudad natal, Diálogo,
entre los años 1951 y 1952. Su primer cuento fuera del ámbito local o regional,
lo publica en Madrid en 1953 y lleva por título «Un hombre de tierra roja».
Envuelto en esa corriente de aires nuevos que propició en estos maños una
narrativa extensa, el granadino que, junto a sus compañeros de generación, no
fue ajeno al hecho, publicó en la década de los 60 dos novelas, La misión
del hielo (Madrid, 1963) y El lince y la trama (Madrid, 1964),
cuando un autor como Luis Goytisolo había
publicado Las afueras (1958), Daniel Sueiro Fuera de juego
(1959) o Manuel San Martín El borrador (1961).
A mediados de los 60 su narrativa se
decantará por el relato literario y consigue reunir un puñado de cuentos y
cuyos volúmenes se irán abriendo camino en las décadas siguientes. Publica,
inicialmente, Las bestias y otros relatos (Madrid, 1967) y Fiesta de
cuerpo presente (Granada, 1970). Más
adelante, después de un paréntesis dedicado a otras dos de sus grandes
devociones, la pintura y la dirección editorial, publicará, El rumor de dies
irae (Sevilla, 1983) y Crónicas del buen trote (Madrid, 1986).
Finalista en muchos de los premios convocados en esas décadas, estaba incluido
en obras colectivas como Guerrillas civiles de Granada (Granada, 1986) y
Razón de amor (1987). Muchos de sus cuentos han sido recogidos, hace
poco más de una década, en Campo raso (1990), una muestra de su
excelente producción breve.
La narrativa de Francisco Izquierdo tiene
como eje temático, recurrente, al ser humano y lo brutal que conlleva su
existencia misma, llevada ésta, a veces, a extremos insospechables. Predomina
en sus relatos un acusado apunte social, nota que se complementa con una
riqueza expresiva sorprendente. De ahí, quizá, esa aguda visión irónica del
mundo que se entrecruza en sus historias, en las que, por otra parte, se
amalgaman toda una amplia selección de personajes de lo más variopinto,
envueltos en las situaciones literarias más imaginativas que puedan fabularse;
es, el suyo, un mundo de viejos, de niños y de mujeres maltratadas, con quienes muy pronto se sensibiliza
el lector; otras historias reflejan un mundo de gentes marginales, envueltas en
una sociedad, necesariamente, agreste que en ocasiones termina por engullirlos.
Puesto que los materiales son la vida misma, el lector podrá descubrir, en los
relatos de Izquierdo, toda una tipología de seres que ejercen los más variados
oficios, que viven en ciudades, pero que se localizan fundamentalmente en un
ambiente rural; un ojo avizor revisa espacios interiores y exteriores como
reflejo de las múltiples situaciones que un hombre puede vivir a lo largo de su
existencia y a esto hay que añadir las constantes de desgracias, locuras,
frenéticos impulsos y algo de felicidad para esa razón de ser. Un mundo humano
recurrente pero que incluye personajes únicos, cuya especie, por otra parte,
puede estar ya extinguida, criaturas genuinas irrepetibles, localizadas por el
escritor en las zonas más impenetrables del antiguo reino de Granada, una
realidad vivida que, para los lectores, se sitúa en una imaginaria Jandalocia,
un espacio físico, evidentemente, inventado, con habitantes cuyo temperamento va desde la más
absoluta ingenuidad a la más vehemente de las astucias. Sobre ellos se agita un
mundo que, en ocasiones, nos hace recordar al realismo mágico sudamericano,
aunque con presupuestos distintos, que desembocarían en un dramatismo sólo
salvable a través de la inocencia en que se puede vivir en un medio inventado
por el escritor granadino, frente a lo agreste y salvaje que conlleva el propio
medio, puesto que la ley que impera es el de la subsistencia y lo único que
salvará a estas pobres gentes es la voluntad de ese generoso lector que
descargará sobre ellos su firme voluntad de comprensión y de afecto.
Cuatro colecciones originales son las que
ha publicado Francisco Izquierdo hasta el momento, además de una antología que
recoge una amplia selección de su producción breve. Esta es la relación de títulos, así como los
relatos que componen cada una de las colecciones:
1. Las bestias y otros ejemplos;
Madrid, Azur, 1967; 96 págs. Contiene los siguientes cuentos: Los
Felicianos, Soledad de hermosas nubes, Embarazo, Lluvia para maldecir, El
alcudón, El arco de tirar demonios, Toco a muerto con jazz. Lleva, además,
una introducción titulada «A guisa de pruebas», que incluye cuatro historias de
una página cada una. Es, quizá, la obra más significativa de Francisco
Izquierdo porque, desde las primeras páginas de este libro, se percibe esa
humanidad que se extenderá al resto de sus relatos posteriores. Todos tienen
como protagonista al ser humano y lo brutal que puede resultar su existencia,
llevada en muchos casos a extremos insospechados. La soledad y la actitud ante
la vida viene a reforzar el singular perfil que el granadino ha querido dar a
sus seres inventados.
2. Fiesta de
cuerpo presente; Granada, Padre Suárez, 1970; 96 págs; 2ª ed., Madrid,
Azur, 1973. Los cuentos incluidos son: Otro mundo para tío Antonio Manuel,
Introducción al símbolo de la lluvia, Un manantial sucio brota en el
equinoccio, Algo que ya funciona como la muerte, Interior off pantheon as repuilt
in 1834, La cofradía de los cazoleros malvas, En la rambla está el muerto
protestante. El conjunto se caracteriza por un estilo expresionista y,
sobre todo, por mostrar la actitud que mantienen los personajes de estos
cuentos ante la maldad del mundo. Superstición e ironía terminan por
caracterizar estas historias donde la muerte se convierte en el tema-eje de la
mayoría de los relatos y ante la cual sus protagonistas desarrollan sus
instintos más negativos.
3. El rumor de dies irae; Sevilla,
Ediciones Andaluzas, 1983; 244 págs. Contiene los siguientes relatos: Un
cañón de paisano, El éxodo de las hermanas Huelma, Los chirlos mirlos de
Tralarán, La
Talangamandanga, El matorral de la eternidad, La reliquia, El
poyetón, El despelote de Santa Filila, Las visiones de Alonso de Panduro, Fuego
a las siete, Enterrar a los muertos, Despedida de pobre, Algo que ya funciona
como la muerte, En la rambla está muerto el protestante. El libro recibió
el I Premio de Narrativa Andaluza «Blanco White», en 1983, lleva un prólogo de
Antonio Zoilo. Es la colección más extensa, con temas recurrentes de anteriores
colecciones, aunque sobresalen, entre otras, la actitud militarista de todo un
pueblo, la soledad colectiva, el suicidio o la religión. Los cuentos se
localizan, geográficamente, en Jandalocia, el espacio imaginario creado por
Izquierdo.
4. Crónicas del buen trote;
Madrid, El Observatorio, 1986; 102 págs. Contiene los siguientes cuentos: La Vindicta Correfalos,
A la funerala, Como la pulpa del higo, Un singular portento, Al mí molinó. La
temática de estos cuentos es contar, con un finísimo humor, las peripecias del
oficio más antiguo del mundo. Los propios títulos muestran la vena más irónica
del autor así como su melancólica visión de fondo que nos hace sonreír en
muchos de los casos descritos; el autor se muestra solidario con esas mujeres
que se esfuerzan por cumplir su papel en la sociedad y así nos muestra, en
estas páginas, el más clásico de los burdeles que no abre en señaladas fechas
de Semana Santa. La muerte, también está presente, y acompaña a esas singulares
profesionales, o se nos cuenta la venta de una joven a unos viejos verdes, y el
caprichoso «salto del tigre» de un cliente y de sus consecuencias posteriores o
para terminar como un grupo de amigos, debido a su devoción por el arte,
deciden poner su propio prostíbulo y acabarán casándose con sus parroquianas.
5. Campo raso; Granada, Ubago
Editores, 1990; 298 págs. Los cuentos incluidos son: Los Felicianos, Soledad
de hermosas nubes, El alcaudón, Introducción al símbolo de la lluvia, Algo que
ya funciona como la muerte, En la rambla está muerto el protestante, Un cañón
de paisano o Introducción al sábado oessudoeste, El éxodo de las hermanas
Huelma, Los chirlos mirlos de Tralarán, La Talangamandanga,
Enterrar a los muertos, Despedida de pobre, La vindicta Correfalos, A la
funerala, Al mí molinó, Lástima que el talgo sea tan bajito, Operación
chinarral, Sábana Rosa de Lino. Es
una antología que recoge buena parte de los mejores cuentos publicados en sus
anteriores colecciones. Como novedades incluye el relato finalista del Premio
Antonio Machado, de 1982, titulado, Lástima que el talgo sea tan bajito;
Operación Chinarral, publicado en el libro colectivo, Guerrillas civiles
de Granada, 1986 y Sábana Rosa de Lino, aparecido en Razón de
amor, 1987. El prólogo es de Antonio Enrique.
A lo largo de su vida Francisco Izquierdo
ha recogido y escrito sobre toda una suerte de leyendas y especulaciones bajo
una mitológica visión de la vida. En muchos de sus libros insiste el erudito
que de lo que se trata es de plasmar esa otra visión que nos otorga nuestra
existencia alejada de unas señas de identidad, quizá por eso siempre ha
recurrido a curiosidades lugareñas, sucesos inusitados y peregrinos, para
averiguar «no lo que debiera ser
importante, pero sí interesante» y poder esclarecer, desde un punto de vista
particular y potencial, las conjeturas, los datos fingidos o los supuestos que
legitiman todo lo que el saber popular ha aportado a la Historia y a la Literatura, con
mayúsculas. Valga esta modesta aportación de quien desde hace años se muestra
devocionario de un hombre de singular talante que ofrece, entre otras muchas
cosas, con su amistad, lo más valioso que aún nos queda entre los seres humanos.
domingo, 13 de mayo de 2018
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