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sábado, 7 de diciembre de 2019

Sabías que...




     “Utiliza tu imaginación, no para asustarte, sino para inspirarte a lograr lo inimaginable”.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Curiosidades navideñas


El origen del árbol de Navidad

       Uno de los elementos que no suele faltar en casi ningún hogar, comercio o plaza principal de una población es el típico árbol de Navidad, decorado con sus guirnaldas, bolas y luces.
       Hay varias teorías sobre cuál es el origen de este elemento tan significativo de la Navidad, pero la mayoría de expertos apuntan a que es la consecuencia de una antiquísima tradición que realizaban los Celtas, quienes con la llegada del solsticio de invierno realizaban una ofrenda a Frey (dios del Sol y la fertilidad), adornando un árbol al que denominaban Idrasil (Árbol del Universo). 


       Parece ser que en el siglo VIII, el religioso Bonifacio (canonizado en santo tras su muerte en el año 754) fue enviado por el papa Gregorio II a evangelizar los países de Centroeuropa y al llegar a Alemania se encontró con la antigua tradición celta y la reconvirtió en una costumbre cristiana, decorando y dedicando un árbol al natalicio del Mesías.
       Pero todavía tendría que pasar algo más de un milenio para que el árbol de Navidad (tal y como lo conocemos hoy en día) se popularizase y fue a partir de 1840, cuando la Reina Victoria del Reino Unido contrajo matrimonio con el príncipe alemán Alberto de Sajonia, quien llevó hasta Inglaterra la costumbre de adornar un árbol.
       Se podría decir que la Reina Victoria y su familia fueron unos auténticos ‘influencers’ de su época, ya que toda aquellas costumbres que realizaban acababan siendo copiadas por el resto de ciudadanos británicos y por otras casas reales europeas.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Hoy tomo café con…


Hoy tomo café con…

Leticia Sánchez Ruiz, “Mis historias son como muñecas rusas o como juegos de cajas chinas: unas contienen otras”.




       Leticia Sánchez Ruiz (Oviedo, 1980) es una escritora, periodista y profesora de narrativa. Ha ganado el Premio Tétrada Literaria de Novela Corta 2004 por El precio del tiempo, el IX Premio Internacional de Novela Emilio Alarcos por Los libros luciérnaga y el XVI Premio Ateneo Joven de Sevilla por El gran juego. Toda su obra ha sido traducida al italiano. En 2018, la compañía El Callejón del Gato llevó a escena su obra de teatro Hermanas Su novela más reciente, Cuando es invierno en el mar del Norte (Pez de Plata, 2019), es un auténtico thriller donde “el cadáver de Antonio Trigo aparece en una playa cercana a la tormentosa e inaccesible Isla de Or, en cuya cima se levantaba un antiguo manicomio”.

       Usted ha escrito que es incapaz de seguir las reglas del cualquier género ¿por eso Cuando es invierno en el mar del norte (2019) es una propuesta diferente?
       No sé si ser incapaz de seguir las reglas de un género es una virtud o un defecto, pero no puedo evitarlo. Por ejemplo, en una larga e interesantísima entrevista a los componentes de la sección de Análisis y Comportamiento Delictivo, en la que contaban cosas verdaderamente alucinantes, lo que más me interesó fue que cada noche quitaban las fotos sangrientas del corcho porque iban los del servicio de limpieza y les obligaba la Ley. Mi imaginación se disparó en el acto. Me gustan estos choques de mundos, estos choques de género. Y escribo sobre ellos.

       Permítame una curiosa pregunta, ¿concibe usted sus historias siempre dentro de otras historias?
       Siempre. Mis historias son como muñecas rusas o como juegos de cajas chinas: unas contienen otras. Aunque haya una trama principal, se van cruzando pequeñas tramas, personajes secundarios, relatos paralelos… Una historia, para mí, siempre es la suma de muchas historias.

       Es obvio que esta nueva novela no persigue un único fin del tipo policíaco o  thriller, ¿quizá porque su literatura quiere ser diferente?
       Decía Muñoz Molina que no siempre se escribe lo que se quiere, sino lo que se puede, en el sentido de que somos esclavos de nuestras historias. No es que quiera ser diferente, es que no me sale escribir otra cosa. Siempre escribo sobre mi mundo interior, y en éste es mucho más habitual una investigadora tan peculiar como Dora que alguien como el comisario Montalbano.

       ¿Qué novedad ofrece la perspectiva de dos narradores?
       En la vida real casi nunca podemos ser testigos de las diferentes partes de una historia, ya que s estamos en uno u otro lado. Pero en la literatura sí. Y esto es lo que pretendía transmitir. Por una parte, tratar de entender quien era la víctima y qué circunstancias le llevaron a la muerte, y, por otra, quién es el asesino y por qué llegó a matar a Antonio Trigo. Y no sólo eso: también quería mostrar cómo este crimen afecta a Dora, alguien totalmente ajena a él que se ve accidentalmente involucrada con el caso, y a Guillermo, que está metido de lleno porque tanto él como su familia son sospechosos. Una misma chispa que puede provocar varios incendios. 

       ¿El inspector y la familia Larfeuil forman parte de un relato canonizado como policíaco o detectivesco?
       Sí y no. Por una parte es un relato detectivesco canónico, una especie de Cluedo: once personajes encerrados en una isla y uno de ellos es el asesino. Averigua quién, cómo y por qué. Pero también es cierto que, en este caso, y a diferencia de lo que es normal en el género, el inspector es el que menos pinta y lo que más importa es cómo se puede sentir una persona al saber que en su familia se ha cometido un asesinato. Las sospechas, la incertidumbre, la incredulidad y los verdaderos afectos acaban pesando más que la trama en sí. 



       ¿Qué aporta Dora desde su visión periodística al relato?
       Dora es periodista, sí, pero periodista cultural. Yo también lo soy, y un día, que estaba sola en la redacción, me mandaron cubrir un homicidio. Aquello me espantó, porque no tenía la más remota idea de qué hacer, ni siquiera por dónde empezar. Por fortuna, llegó otro compañero, que sí cubría Sucesos, y le mandaron a él. Pero aquel pavor siguió en mí. Desde entonces no dejé de preguntarme cómo investigaría un asesinato. La respuesta es que como cualquier otra persona sin ningún conocimiento ni formación en homicidios: siguiendo las noticias de los periódicos, tratando de hallar pistas en ellos, acudiendo al bar donde paraba la víctima… Y eso es lo que hace Dora. Aunque, finalmente, su trabajo de periodista, aunque sea cultural, sí acaba ayudándola.

       Una vez más, y tras, Los libros luciérnaga (2009) y El gran juego (2011), ¿sus personajes son muy importantes?
       Una vez una lectora me dijo que cuando terminaba mis libros se acordaba de vez en cuando de mis personajes como si fuera personas que había conocido y se preguntaba qué sería de ellos. Bailé de alegría, claro. Literariamente, no hay nada que valore más que a los personajes.

       ¿Quizá por eso la trama misma son, en realidad, esos personajes?
       Claro. La trama es en realidad saber qué ocurre en los corazones agujereados de Dora y de Antonio Trigo, cuáles son las verdaderas relaciones entre los miembros de la familia Larfeuil y cuál es la historia de cada uno. La verdadera trama es cada uno de estos personajes preguntándose hasta qué punto conocen a las personas que les rodean. 

       El hecho que Dora será una periodista cultural en paro ¿es un guiño a la situación laboral actual?
       La prensa ha sido azotada por una triple crisis: la económica, la social y la tecnológica. Hasta hace nada estábamos muy perdidos: lo que sabíamos ya no servía, pero tampoco sabíamos qué podía servir. Lo viejo no acaba de morir ni lo nuevo de llegar. Es muy duro verse en esa situación, sin saber a dónde tirar. Y en esa situación se encuentra Dora. Encima, que se dedique a Cultura, ni ayuda ahora ni ha ayudado nunca.

       Cuando el lector cierre su libro, una vez leído, ¿pensará en Agatha Christie, o ha ido usted un poco más allá?
       Es, sin duda, un homenaje a las novelas de mi querida Agatha Christie, pero también es una novela mía, y hay mucha introspección y mucha reflexión acerca de circunstancias que, de una forma u otra, a todos nos ha tocado vivir. Al final de la novela mis personajes responden a una pregunta que flota durante todo el libro. Mi intención no es que esa respuesta sea la definitiva, sino poner el dedo en la llaga, que los lectores también se hagan esa pregunta y lleguen a sus propias conclusiones. 
       ¿Un verso puede inspirar toda una novela?
       En mi caso lo fue. Tenía muchas piezas sueltas sobre las que quería escribir ( la vida de alguien que cambia al encontrar un cadáver, una familia entera sospechosa de asesinato, un hombre que desaparece sin dejar rastro y sin que sus allegados entiendan nada, todos los sospechosos de un crimen juntos en la misma habitación…) y no sabía cómo encajarla. Entonces llegó a mí el primer verso del poema ‘Canción de invierno y de verano’, de Ángel González: Cuando es invierno en el mar del Norte, es verano en Valparaíso. Entonces supe de qué quería escribir; de los dos lados.

       ¿Nuestra vida sigue estando marcada por las miserias humanas, los celos, la melancolía y el miedo en un marcado encierro, tanto interior como exterior?
       Es así desde los griegos, y probablemente desde antes, aunque no está registrado. Y lo sigue siendo, sí. En el fondo, y por mucho que tratemos de adornarlo, todo aislamiento voluntario es una huida.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Curiosidades navideñas


El origen de las tarjetas navideñas
       



     Hoy en día la mayoría de nosotros nos felicitamos las fiestas enviándonos mensajes de whatsapp o dejando alguna nota junto a una imagen o GIF a través de nuestras redes sociales, pero hasta hace prácticamente una década lo propio era hacerlo enviando por correo postal una tarjeta navideña.
       Esta costumbre se estuvo llevando a cabo durante algo más de un siglo y medio, aunque cabe destacar que durante los primeros cincuenta años fue algo realizado exclusivamente por las clases más pudientes de la sociedad.
       Las tarjetas navideñas fueron inventadas en 1843 por sir Henry Cole, quien encargó a su amigo, el ilustrador John Calcott Horsley, que le dibujara y pintara estampa típicamente navideña, con el propósito de encargar a una imprenta que le hiciera varias copias y, posteriormente, escribir en ellas unos breves deseos de felicidad, firmarlas y enviarlas por correo a familiares y amigos.
       La postal navideña realizada por el dibujante representaba a una familia que brindaba por sus amigos ausentes. Como llegó a imprimir más tarjetas de las que necesitaba, vendió las restantes al precio de un chelín. La idea de Henry Cole pareció gustar a algunos sectores de la aristocracia británica que imitaron en los años posteriores la idea. Para 1862 ya se imprimían tarjetas navideñas de serie, convirtiéndose en un rotundo éxito. En 1893 la costumbre recibió la confirmación real cuando la Reina Victoria encargó 1.000 tarjetas a una imprenta y felicitó con ellas a todas las Casa Reales, aristócratas y personas afines a la monarquía británica. A partir de ahí la popularización de las mismas fue total, convirtiéndose en una de las costumbres que más personas realizaban al acercarse las navidades.


martes, 3 de diciembre de 2019

Patricia Esteban Erlés


… me gusta                    
            OSCURO INTERIOR


              
       La buena literatura permite a los lectores que, desde una primera mirada, se intuya la madurez en sus textos, solo entonces se descubre que el escritor ha revisado, de una manera minuciosa, un adjetivo que aquilata con mayor maestría un sujeto, provoca ese instante de una atmósfera ambigua, un temblor que estremece todos y cada uno de los relatos de una colección de cuentos, como Manderley en venta y otros cuentos (2019) que, con el paso de los años se reimprime, y sigue guardando el aroma de la primera impresión, nos deja el habitual goce del trato cercano, nos provoca las pesadillas que inquietan nuestro sueño, y nos despiertan cuando ese afilado cuchillo parece arrancarnos la vida.
       Las historias que uno encuentra en un libro de cuentos se ambientan en un extraño escenario interior, convertido por la magia narrativa en un paraíso, un lugar que sirve a los enamorados como el paradigma para desarrollar sus historias de amor, aunque cualquier otro concepto como la ruindad se convierta, al mismo tiempo, en ese ambiente hostil del que los personajes de Patricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972) desearían escapar. Al curioso lector no dejarán de sorprenderle que muchas de las historias que contiene Manderley en venta y otros cuentos (2019) propicien relaciones duales que incluyen infidelidades, o esas deliberadas comunicaciones inequívocas, porque su narrativa se mueve en el espacio cotidiano en el que entretejen sus vidas sus personajes protagonistas. Con esa dualidad, nos referimos a la realidad descrita por el narrador, y esa otra que el escritor le otorga con su pluma que le confiere un nuevo espacio y propicia un nuevo sentido. Quizá por eso, un profundo sentimiento de culpabilidad invade las historias que cuenta Esteban Erlés, puesto que, como el propio título indica, todo está en venta.
       En ocasiones, para cimentar esa perspectiva literaria, una trama secreta envuelve las historias de estos doce relatos que, por añadidura, se convierte en otra de sus características, un espacio cómplice con lo narrado, otra posibilidad abierta a esas relaciones amorosas descritas, o cerrado cuando llega la ruptura y todo se vuelve extraño alrededor, entonces entrevemos en sus páginas: camas abandonas, armarios vacíos, o un profundo silencio. Las posibilidades que abre esta recopilación son infinitas, tras su lectura podemos seguir indagando en esas otras oportunidades que ofrecen estos cuentos porque muchos de ellos contienen una trama enigmática entre las cuatro paredes donde se desarrollan. La variedad también está servida porque el relato que abre el libro, “Una y otra”, es un claro ejemplo de ironía, de cinismo pese a que recrea una atmósfera un tanto absorbente y uno no deja de carcajearse con las fantasías sexuales masculinas expuestas, y aún más con las femeninas; al mismo tiempo, Esteban Erlés es capaz de recrear otras épocas, así en “Cantalobos” se cuenta una historia de amor en un sanatorio mental de la posguerra española, o recurre a los fantasmas del pasado infantil en un cuento ejecutado de una forma preciosa y magistral, “Historia de una breve alma en pena” que, indiscutiblemente, forma parte de la mejor literatura, aquella que se escribe despojada de lo superfluo, y de complacencias estéticas. En Manderley en venta la vida en el interior se muestra como ese personaje importante, silencioso y constante, presencia inequívoca de todo lo vivido. Tras su lectura, tal vez, nunca podamos volver a Manderley, pero esa será otra historia a contar.








MANDERLEY EN VENTA Y OTROS CUENTOS
Patricia Esteban Erlés
Madrid, Páginas de Espuma, 2019