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miércoles, 6 de enero de 2016

Washington Irving


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Rip van Winkle 


   La editorial madrileña, Nórdica, nos propone para estos días de Halloween, o mejor de brujas y de miedo, un relato clásico, Rip van Winkle, de Washington Irving.



     La historia de Rip van Winkle un colono neerlandés figura en uno de los papeles encontrados del difunto historiador, Diedrich Knickerbocker, autor de Historia de Nueva York desde el principio del mundo hasta el final de  la dinastía holandesa, que Washington Irving publicó en 1809; en ella se recrea la vida acomodada y placentera de los neerlandeses en sus casas de campo y a la sombra de los sicomoro; las leyendas de estas gentes que Knickerbocker aportó ala historia de la Independencia norteamericana son abundantes, y sobresalen las de burgueses y su relación sus mujeres, emigrantes afincados en torno al río Hudson y las montañas Kaatskill, lugar que originariamente se denominó Nuevos Países Bajos, y sobre todo de la ciudad de Nueva Ámsterdam, mucho antes de convertirse en Nueva York. 



Van Winkle

     Publicado en 1819, se considera como el primer cuento de la literatura norteamericana. Ambientado en los días previos a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, narra la historia de un aldeano de ascendencia holandesa que escapa de su esposa, que le regañaba continuamente por irse al bosque y por no trabajar nunca. Así, un día, tras varias aventuras, se sienta bajo la sombra de un árbol y se queda dormido. Pero al despertar el mundo que conocía había cambiado y ya casi no lo reconocía.
El relato sigue muy presente en la cultura de Estados Unidos y, de hecho, la historia se sigue contando entre los niños, que aún disfrutan con la leyenda del viejo Rip van Winkle.

El autor
Washington Irving publicó dos de sus historias más conocidas  en el Libro de esbozos (1820), también traducido por Libro de apuntes, donde reúne ensayos y cuentos históricos, mezclando, además, a la manera típica de la época, prosa breve descriptiva, reflexiva y narrativa sin delimitaciones genéricas. Los cuentos son “Rip van Winkle” y “La leyenda de Sleepy Hollow”, que trasladaban el material folclórico europeo a las colonias holandesas del valle del Hudson y combinaban un colorido local popular y de época con elementos humorísticos. Además, con la figura de Rip van Winkle, que huye de su pendenciera mujer, se sume en un sueño de veinte años en las montañas y regresa a su pueblo natal, completamente transformado tras la Independencia, creó un prototipo de antihéroe americano.
Con el bosquejo de la forma narrativa breve, Irving ofreció el primer modelo del género cuento, que luego sería desarrollado por Hawthorne y Poe, adquiriendo una importancia primordial en la literatura americana. Durante su vida, fue mentor de autores importantes como Nathaniel Hawthorne, o Henry Wadsworth Longfellow; muchos jóvenes escritores se acercaban a su casa para buscar consejo. Uno de ellos fue precisamente Edgar Allan Poe.

La ilustradora
Noemí Villamuza (Palencia, 1971) pinta desde su infancia así que se fue a Salamanca a estudiar Bellas Artes. Vive en Barcelona y trabaja como ilustradora y profesora de futuros ilustradores. En Nórdica había publicado anteriormente, El capote, ABCdario y Hermanita y hermanito. En 2007 recibió el Premio Junceda por las ilustraciones de El festín de Babette.










Washington Irving; Rip van Winkle; traducción de Enrique Maldonado; ilustrs., de Noemí Villamuza; Madrid, Nórdica, 2015; 76 págs.


martes, 5 de enero de 2016

María Parr



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Tania, la pelirroja
Lecturas recomendables para estos días fríos de Invierno.



   La Editorial Nørdica se aventura en una colección de literatura infantil, e inicia la misma con la obra de una joven noruega, María Parr (1981), que publicó su primer libro en 2005, y consiguió Premio Brage, en 2009, por Tania Val de Lumbre, que ahora traduce y edita magistralmente la editorial madrileña.

   Literatura infantil
Escuchar un sinfín de historias, disfrutar con numerosos álbumes, quedarnos perplejos ante unas buenas ilustraciones o discurrir actividades que ilusionen a los niños en la lectura y estimulen su aprendizaje, todo eso, y algo más debería servir para definir, ¿qué es la Literatura infantil? Y como señala, Bernardo Atxaga, “Al hablar de literatura infantil, el peso de la balanza debería recaer en el primer término de la expresión, en el aspecto estrictamente literario. De lo contrario, si se comienza a separar terrenos, si se considera que el adjetivo infantil pesa más que todo lo demás y que escribir para niños es algo totalmente específico, entonces mal asunto”.
La literatura infantil se mueve en un difícil equilibrio entre lo literario, que ha de ser lo sustancial, y la necesaria adecuación al lector/a, pero no olvidemos nunca debe ser literatura. Dar respuesta a las necesidades del público infantil y tener en cuenta su particular estadio evolutivo definen y condicionan a la vez la naturaleza de esta literatura



Argumento
        Tania vive en un valle nevado en el que suena un violín y su mejor amigo tiene 74 años, se llama Gunnvald. Su peor enemigo es Klaus Hagen, un hombre sin sentido del humor, que regenta un camping que no admite mascotas, niños o ruidos. Pero Tania no se aburre nunca, un día casi hace un salto mortal con los esquís y acaba pareciendo una gominola entre la blancura del paisaje; otro día, atropella a un cartero y llueve correo del cielo; y otro es protagonista de la famosa gesta de conducir un trineo con volante. Gunnvald recibe un día una extraña carta, y Tania debe salir con su trineo en busca de tabaco para su amigo. Será entonces cuando descubre la existencia de una extraña Anna Zimmermann, calificada por algunos de los vecinos de Val de Lumbre, como la bruja. Es así como Tania observa que la vida de los adultos también está repleta de incertidumbres, de decepciones y sinsabores que se mezclan, casi sin saberlo, con las lealtades, las buenas relaciones y el deseo de entenderse y quererse.
La lectura de Tania Val de Lumbre resulta de lo más ameno y entrañable, y de vez en cuando arranca a pequeños o mayores, alguna que otra sonrisa; y a medida, que se avanza, al hilo de todo cuanto le ocurre a Tania, su familia y sus amigos, el lector quiere conocer más a fondo la vida de todos estos singulares personajes y cuanto ocurre en aquel maravilloso valle.

La edición
El libro muy bien editado, está traducido por Cristina Gómez-Baggethun e ilustrado por Zuzanna Celej, polaca afincada en Barcelona. Es Licenciada en Bellas Artes por la universidad de Barcelona, se dedica a la ilustración, principalmente la ilustración editorial, aunque también ha trabajado bastantes años en el ámbito de la fotografía artística y el grabado. Ha ilustrado cuentos de autores como Jacinto Benavente, los Hermanos Grimm, Andersen o Alan Poe, relatos de algunos escritores menos conocidos pero igualmente luminosos, textos propios, y cubiertas de algunos famosos libros.










María Parr; Tania Val de Lumbre; Madrid, Nørdica, 2015; 236 págs. (Col. Nørdica Infantil).


lunes, 4 de enero de 2016

Desayuno con diamantes, 68



EL SILENCIO ROTO DE CARMEN LAFORET*
   Desaparece Carmen Laforet (1921-2004) la voz intimista de la narrativa española de posguerra.



     A lo largo de las primeras décadas de la posguerra española y hasta bien entrado el régimen franquista, una serie interesante de generaciones de escritoras se dieron a conocer en el panorama narrativo editorial. El fenómeno «novela escrita por mujeres» fue iniciado por Carmen Laforet, una joven barcelonesa que en 1944 obtenía el Nadal por su primera novela, Nada. Nuevos nombres se sucederán a lo largo de la década y las siguientes hasta 1960: Memorias de Leticia Valle (1946), de Rosa Chacel, Cinco sombras (1946), de Eulalia Galbarriato, Los Abel (1948), de Ana María Matute, Nina (1949), de Susana March, Montse de Sancha (1950), de Mercedes Fórmica, Viento del norte(1950), de Elena Quiroga, Caza menor (1951), de Elena Soriano, Nosotros los Rivero (1952), de Dolores Medio, Siempre en capilla (1954), de Luisa Forellad, Duermen bajo las aguas (1955), de Carmen Kurtz, El balneario (1955), de Carmen Martín Gaite, Primera mañana, última mañana (1955), de Mercedes Salisachs, Los que se fueron (1957), de Concha Castroviejo. Dos narradoras excelentes seguirían a lo largo de la década de los 60 dominando el panorama literario, Ana María Matute y Carmen Laforet.

Una revelación
    La aparición de La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, representa dentro de la denominada generación del 36, la revelación de los jóvenes aprendices del 98 y por consiguiente, la continuidad de una narrativa de la España negra de principios de siglo; sin embargo, la publicación de Nada (1944), de Carmen Laforet ofrece esa otra visión de la primera generación de la posguerra que ofrece otra sensibilidad para abordar los temas de una vida cotidiana y vulgar de la clase media.  La joven Carmen Laforet, nacida en Barcelona el 21 de septiembre de 1921 y fallecida en Madrid, el 28 de febrero de 2004, recrea con su novela el  marco urbano una sociedad pequeño burguesa, anónima y multitudinaria, donde una pequeña heroína, tan soñadora como rebelde, se enfrenta a una existencia mediocre y gris, como la época. Andrea simboliza, junto a su autora, esa nueva generación que ha despertado entre el final de la guerra civil española y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, con una urgente vocación de vivir, por encima de todo. La adolescente vive con cierta angustia y desolación un presente real que se va alejando de ese otro dato  histórico que es la pasada contienda. Se trata de una visión psicológica de la vida de una adolescente que se enfrenta a un mundo marcado por el horror y la muerte pero que sobrevive por la ilusión y el deseo de volver a empezar. La novela se sostiene sesenta años más tarde porque aún persiste entre sus páginas ese vehemente deseo de libertad y el contraste que la joven Andrea percibe tras la revelación de un mundo nuevo cargado del desengaño proyectado sobre sus anhelos y sus deseos. Nada se convirtió en un fenómeno editorial que llegó a su tercera edición en 1945 y dos más en 1946 y desde entonces no ha dejado de reimprimirse. En 1952 Laforet publica La isla y los demonios, su segunda novela, relato donde persiste esa toma de conciencia mitificadora entre la realidad y la desmitificación de esa otra realidad interior. Ambientada en las islas Canarias, recrea ahora un mundo más alejado que el de Nada, volviendo a la niñez, el paso a la adolescencia, hasta la edad adulta.  Iglesias Laguna habla de esta novela como si se tratara de un evidente antecedente de Nada. Marta, la protagonista es la misma Andrea, aunque unos años más joven. La guerra civil aquí es un simple telón de fondo que pone una nota ingrata en la vida paradisíaca del archipiélago canario. Marta se libera del amor que siente por el pintor que ama y se marcha a Barcelona, donde se transforma en la joven Andrea. La novela está escrita con una gran economía de lenguaje y una excelente ambientación. En 1955 publica La mujer nueva, su vuelta a la fe religiosa perdida por la decepción de un futuro inmediato. Juan Luis Alborg en el vol. I de su Hora actual de la novela española (1958) califica esta novela como si de un mayor empeño se tratara en la narradora, no obstante, afirma «no añade nuevos aspectos al panorama novelístico de la autora. Paulina, la heroína, sigue estando en la línea de Andrea y de Marta, pero convertida ya en fruto logrado de mujer, enredada en la aventura de sus amores que son intensos y dramáticos (...) esta Paulina puede considerarse asimismo como el tercer capítulo de la vida de una misma mujer». Con esta novela Carmen Laforet cierra ese ciclo inicial de aprendizaje y de búsqueda de una identidad para adentrarse, en la década de los 60 en un nuevo proyecto narrativo que tendría el título original de Tres pasos fuera del tiempo y que iba a estar integrada por las novelas, La insolación (1963), Al volver la esquina, novela inédita hasta el momento que Destino, su editorial desde siempre, editará en los próximos meses y Jaque mate, texto desaparecido y del que se cree existen bastantes páginas en un maleta perdida en Roma.. Después publicó Paralelo 35 (1967), La muerte (1952), La llamada (1954), La niña y otros relatos (1970) y los libros de ensayos, Gran Canaria (1961) y Mi primer viaje a U.S.A. (1981).



Intimismo
       De «Realismo intimista» tildaba Antonio Iglesias Laguna la obra de Carmen Laforet en Treinta años de novela española (1970) y señala como Nada muestra «la angustia, la repulsa instintiva, irrazonada y feminísima de un montón de cosas en el momento peor de los años del hambre» Añade que, en realidad, la autora pretendía una descripción dolorosa de la frustración de unos ideales, mezcla de miedo a la vida e ilusiones románticas, desfiguradas por una carga tremendista, Insiste en las influencias de Laforet, ciertos autores extranjeros que ella había leído en la época: las hermanas Brönte, Austen, de la Roche... En Nada no pasa nada; pero uno, al leerla, se empapa de su atmósfera turbia, acongojante, de su clima de soledad y malos sueños, del temor a un sentido monstruoso oculto en las vulgaridades cotidianas. Andrea, introvertida y deseosa de vivir, va de acá para allá, convive con seres anormales, deambulas por las avenidas e Barcelona, se adentra en el barrio chino y llega a considerar aceptables a tipos que no lo son». Con respecto a La insolación (1963), Iglesias Laguna afirma que «peca de artificiosa, se advierte en ella la busca de un camino nuevo aún no encontrado (...) Laforet es novelista de un solo personaje y la Adela de esta novela repite, azucaradamente, la efigie de sus hermanas mayores. El dramatismo aparente no cuaja en ningún momento, la rebeldía queda en retórica. La novelista distrae pero no emociona, crea tipos intercambiables cortados por el mismo patrón». 
     En 1966 el hispanista David William Foster escribía acerca de Nada que «No podemos estar seguros de si el tiempo tratará bien a esta novela, aunque la mayoría de los críticos están de acuerdo en que está bien escrita y bien construida (...) El romance es una forma de la novela difícil de escribir de manera convincente en nuestra edad, y la novela de Carmen Laforet será uno de los escasos ejemplos del romance en la novela española contemporánea (...) A pesar de unas referencias poco convincentes al tremendismo y al existencialismo, no se ha establecido ningún lazo fuerte entre Nada y las otras novelas de la vanguardia. La novela que ganó el Premio Nadal en 1944 viene a constituir un caso aislado. Este hecho y sus obvios méritos intrínsecos le garantizan un lugar predominante en el estudio de las formas que ha tomado la novela española de su generación». Sigue siendo la novela más traducida de nuestro idioma tras El Quijote y La familia de Pascual Duarte.




APARTE

 Carmen Laforet fue una observadora excepcional de sus propias experiencias, aunque llega a caer en sorprendentes ingenuidades cuando pretende transcribir una realidad que le es ajena—afirma Manuel García Viñó en su obra Novela española actual (1967). El armazón de la novela se resiente, la fórmula queda al descubierto y el estilo brioso y expresivo, propio de sus primeras obras, desaparece». En cuanto a la génesis de sus obras principales, la misma autora señalaba como «La idea de la novela Nada vino del choque experimentado por mi sensibilidad al llegar desde el mundo amable y pacífico de las islas Canarias a Barcelona, en septiembre de 1939, recién terminada la guerra española (...), en cuanto a La isla y los demonios, su tema principal, aquello que me impulsó a escribirla, fue un peso que estaba en mí hacía muchos años: el encanto pánico, especial, luminoso que yo viví en mi adolescencia en la tierra de la isla de Gran Canaria y el hecho humano que motivó la temática de La mujer nueva fue mi propia conversión en diciembre de 1951 a la fe católica».

*Carmen Laforet fallecía el 28 de febrero de 2004.


domingo, 3 de enero de 2016

Caricaturas


     La técnica de la cual se sirve la caricatura será entonces agrandar aquellos rasgos más salientes de una persona (labios, ojos, nariz, patillas, cabello) y exagerarlos al máximo para causar comicidad o la representación de algún defecto moral.


sábado, 2 de enero de 2016

Entramos en un Nuevo Año

     Eso que dicen...; no sabemos si será bueno o malo, sin duda, será, al menos, diferente.

viernes, 1 de enero de 2016

Almudena Grandes



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CASTILLOS DE CARTÓN



     Cuando esta historia ocurre España tenía veinte años, Madrid tenía veinte años y la protagonista de la novela, también, tenía veinte años y conservaba en el recuerdo un pasado oscuro, vivía un presente luminoso y había escogido la dirección correcta hacia un futuro lleno de esperanza. Con semejantes ingredientes narrativos, Almudena Grandes (Madrid, 1960), construye, una vez más, la historia personal de una generación y, también, relata su desencanto, el final de una época de juventud y una valiente actitud ante la vida pero, sobre todo, realiza el retrato parcial de una sociedad inmersa en los años de la transición democrática vista desde la mirada de una juventud prometedora.
    La madrileña Almudena Grandes nos tiene acostumbrados a realizar una minuciosa exploración en la psicología de sus personajes, siguiendo los modelos de un realismo convencional y las experiencias de vividas por sus criaturas o una visión sentimental de la mujer y de sus propios naufragios. En Castillos de cartón (2004), Almudena Grandes, novela, una vez más, un atormentado laberinto de pasiones vivido por tres jóvenes estudiantes de Bellas Artes y en el triángulo amoroso a que, por su amistad, se ven envueltos en los años de la liberación, de la bohemia y de la movida, en el Madrid de los ochenta. Los tres jóvenes, María José, Jaime y Marcos, con cualidades desiguales, compartirán unas experiencias envueltas en sexo y en amor, además, de la ambición de llegar a ser grandes pintores de talento en el futuro. Los celos amorosos y profesionales hacen que el trío, pese a todo lo vivido, se separe una vez concluida su  su formación universitaria tras una intensa relación. Tras una inocencia perdida dejan atrás un vínculo sustentado, en la época, por una utópica liberación social y sexual.
   La narración comienza en el presente cuando Jose, veinte años después, recibe la llamada de Jaime, comunicándole el suicidio de Marcos, el único que con el tiempo consiguió ser un afamado artista. Durante el día de la noticia y en la mañana del entierro, Jose, revivirá en cuatro capítulos esenciales, el pasado amoroso de los tres amantes que, a sus veinte años, compartieron ambiciones, sexo y drogas. Surge así un relato bien estructurado que, partiendo en cada capítulo del guarismo tres, desarrolla lo que su protagonista femenina ha vivido íntimamente junto a sus oponentes masculinos, desmontando, eso sí, a lo largo de su relato, esos castillos de cartón que supusieron el declive de todas sus ilusiones. Almudena Grandes ofrece los destellos de una felicidad tan intensa como frágil, la complicidad excluyente propia del sexo, la frustración artística y personal de sus personajes y tal vez la de toda una generación, para reafirmar, una vez más, que llegamos a un presente que sólo nos devuelve la añoranza de una rememoración. 









CASTILLOS DE CARTÓN
Almudena Grandes
Tusquets, Barcelona, 2004
               


jueves, 31 de diciembre de 2015

Hoy invito a…


Flor Canosa


     El 5 de octubre de 2015 un jurado conformado por Solange Rodríguez Pappe, Pedro Medina León, Fernando Barrientos y Salvador Luis otorgó el II Premio Equis de Novela Contemporánea a Lolas, de la escritora argentina Flor Canosa.


 

LOLAS
Una plástica historia de amor

Capítulo 1
La palabra seno tiene al menos once definiciones.
Es una función matemática, es la relación entre uno de los catetos y la hipotenusa, es el espacio entre las bóvedas arquitectónicas, la parte interna de alguna cosa, un golfo que se interna en el mar, una concavidad, y es, claro, una teta.
Todos los mamíferos tenemos tetas que cumplen diferentes funciones. La función que cumplen las mías es complicarme la vida.
Hoy se cumplen tres años del día en que se pudrió todo. En realidad ya sabemos cómo es el proceso de descomposición de las cosas. Primero maduran y después, si las dejamos como están, se pudren. Lo mismo sucede con las relaciones. O, al menos, con la mía.
No pienso contar todo el proceso porque fue tan aburrido como los últimos años de la relación. Y no es por vanagloriarme de mi humildad ni nada, pero solo me quedé (casi literalmente) con lo puesto, y el monoambiente. El monoambiente fue una “inversión” de mi marido cuando le sobró un vuelto. Es antiguo pero sin glamour. Mejor dicho, es viejo. No está bien ubicado, no es luminoso, ni amplio, ni siquiera simpático. Es la pesadilla de los bienes raíces. Es mi hogar.
No puedo decir que haya sido una chica independiente. No tenía motivos para serlo y no lo fui. Tenía todo. Casa, jardín, perro, auto. Por suerte no tuve hijo, porque no quiero ni imaginar la cláusula mefistofélica que hubiera sufrido en caso de maternidad. Mi falta de independencia fue la causante de que mi matrimonio se extendiera más allá de los confines de lo tolerable. Mi matrimonio era un yogurt abierto en el fondo de la heladera, vencido hace años, maloliente al extremo que no me atrevía a tirarlo, a tocarlo siquiera.
Pero bien sabemos que la discusión insignificante de todos los días, sea por la bombacha colgada en la canilla de la ducha, por los pelos de la barba siempre alrededor de la pileta, por el exceso de sal en una comida o por la tapa del inodoro, ha llevado a las civilizaciones más sabias a su propia destrucción. Si ellas perecieron por estupideces, cómo nosotros no íbamos a terminar implosionados, ahogados en nuestra bilis.
¿Qué es el amor? Sin duda no es dormir todos los días junto a alguien ni darse un beso insípido antes de salir ni cenar elogiando una comida ruin a la que ni siquiera le sentís el sabor,  pensando en el almuerzo del día siguiente. Ni siquiera es tener buen sexo. El buen sexo lo venden en cualquier tienda, o viene hecho a mano. El buen sexo es el recuerdo de una revolcada que con el tiempo se vuelve más mítica de lo que realmente fue. El buen sexo no existe. Entonces, el amor no sé qué será. Porque las cosas cotidianas no son amor, son trámites. Creo que es lo que sentí por otro antes de casarme con este. Es ese revoltijo en las tripas. Es mirarlo lavarse los dientes y morirse de ternura. Quizás eso solo puede sentirse a los diecisiete años y pasados los treinta amor sea llegar juntos no al orgasmo sino a fin de mes.


     Flor Canosa, narradora y guionista argentina. Es egresada de las carreras de Guion y Montaje de la Escuela Nacional de Cine y Artes Visuales de Argentina. Se desempeña desde hace doce años como profesora en la Universidad de Buenos Aires. Trabajó también en varios proyectos de canales de televisión de su país y Latinoamérica, y es colaboradora autoral de la película independiente Daemonium.




 








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