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viernes, 8 de marzo de 2019

Ante el cierre de la revista Mercurio




      





 En la Asociación de Periodistas Culturales de Andalucía “José María Bernáldez” hemos conocido el inminente cierre de la Revista Mercurio, editada por la Fundación José Manuel Lara, con el apoyo del Grupo Planeta. Cierre que nos parece inexplicable, dada la importante labor de fomento de la lectura que realiza desde su creación y, especialmente desde que la Fundación Lara la convirtió en una revista de información y difusión de la lectura de distribución nacional. Su presencia gratuita en librerías y espacios culturales de todo el país se ha hecho imprescindible para los miles de lectores que esperan mensualmente su cuidada edición. Una labor por la que, a modo de “vacuna” contra su cierre, debería recibir en 2019 el Premio Nacional de Fomento de la Lectura, que concede el Ministerio de Cultura. En sus más de 20 años de trayectoria se ha convertido en una referencia de calidad, variedad e independencia, imprescindible para seguir la actualidad literaria nacional, contando para ello con las mejores firmas del país, tanto de la crítica literaria, como del periodismo cultural o del propio ámbito de la creación literaria. De ahí que, mediante este escrito reivindiquemos la labor que realiza la Revista Mercurio y su irremplazable promoción de la lectura, la literatura y, en general, de la divulgación del conocimiento, por lo que solicitamos a sus responsables su continuidad. Con ese objetivo, conseguir que continúe con su labor de fomento de la lectura por muchos años más, pedimos a todos los interesados que distribuyan esta carta a quienes se puedan sentir afectados por su anunciada desaparición (autores, periodistas, lectores…) para que manifiesten su apoyo enviando un correo electrónico a la dirección de la Asociación, periodistasculturalesand@gmail.com, con el texto “Quiero seguir leyendo la Revista Mercurio”.
       Asociación de Periodistas Culturales de Andalucía "José María Bernáldez".

jueves, 7 de marzo de 2019

Álvaro Pombo


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LOA DE LA MALDAD   

       El hallazgo de una identidad propia, la grácil disolución de lo real, o esos ecos de una posible alineación sustentan las claves de la narrativa de Álvaro Pombo (Santander, 1939). Añadamos una reflexión sobre la realidad, la irrupción de fuerzas exteriores que provocan aspectos irreales, problemas de personalidad, con la soledad o el desequilibrio como telón de fondo, el poder sobre las personas y la verdad cuestionada: lo subjetivo/ lo objetivo, y un posible desdoblamiento; una sexualidad vivida a través de la ensoñación, profundas meditaciones filosóficas que, de alguna manera, sintetizan una rica gama de quiebros irónicos en muchos de los personajes creados por el santanderino. De los diálogos, característicos de sus historias, surgen auténticas tragicomedias de constantes giros en torno a la identidad y su problemática de fondo; poco importa que intentemos definirlos, forman parte de un estado de penumbra psicológica, de sus vivencias con lo real se traduce la realidad misma, casi todos reducen su personalidad al equívoco, a una ambigüedad constante, como si todo estuviera compuesto al revés, hecho que obliga al lector a una continua pregunta, o a indagar en la complejidad de sus relaciones.
       Retrato del vizconde en invierno (2018) reúne características ensayadas anteriormente por el narrador, y centra su mirada sobre la figura de un intelectual, Horacio vizconde  de la Granja, un octogenario viudo que ha liderado todo ese proceso de pensamiento de la Transición española, y que al filo de su cumpleaños se resiste a aceptar su senectud. Curioso quiebro en la temática que añadir al acervo de Pombo: la vejez, y el evidente relevo biológico, aunque en muchas de las páginas de esta novela se subraye el sentido de la decrepitud, desarrollado en sus mejores momentos, una auténtica tragedia clásica donde se ejecuta la idea de la maldad, o de quien necesita el mal para sentirse vivo. El protagonista, aún guapo y elegante, convive con sus hijos Miriam y Aarón, en un espléndido ático. El hijo, también escritor, acaba de ganar el Premio Nadal con Espalter, una emotiva elegía descriptiva sobre la muerte de su madre Elena, en la que el vizconde carece de papel alguno. A ese núcleo de personajes se añaden los amantes del padre e hijo, Lola Rivas, veinte años menor y el joven Lucas Muñoz, que funcionarán a lo largo del relato como reflejos de las insuficiencias y las tensiones familiares. Un pequeño círculo externo de personajes completa esa función, el cura Ildefonso y su hermana Isa, tan irritantes como cómicos caracterizados en un grotesco catolicismo franquista. Todos en una caja de resonancia de ese siniestro concepto del alma de Horacio en que se ha convertido su vida actual, y que Lola y Aarón intentarán salvar en el retrato al óleo que le regalarán para su cumpleaños, pintado durante el invierno, una celebración coral que se convierte en la imagen de una decadente e icónica aristocracia.
       Retrato del vizconde en invierno se sintetiza como una ostentosa afirmación de poder: la del vizconde, que sustenta con su inteligencia, pero no oculta la debilidad de un cuerpo que quiere sobrevivir a toda costa, incluso matando, como muestra del ejercicio último de vindicación frente a su muerte lenta, en una vejez nunca aceptada que Pombo resuelve en soberbias imágenes no exentas de algunas crueldades, como verificación de una excelente tragedia.


                       RETRATO DEL VIZCONDE EN INVIERNO
                                       Álvaro Pombo
                              Barcelona, Destino, 2018


miércoles, 6 de marzo de 2019

A través de las Españas


Sevilla


       Tras unas treinta horas de ferrocarril, se experimenta una vaga necesidad de estirarse o de sumergirse; una vez en el hotel, comienza el aseo. En principio, el solo nombre de Sevilla inspira al viajero un sentimiento de respeto y de admiración. ¡Aquí está esta célebre ciudad, tanto por sus fastos pasados como por su presente! Apenas deposito mi equipaje mediante algunas monedas de vil metal, me lanzo hacia un barbero de la capital, con el fin de honrar el famoso recuerdo; Rossini me domina por entero. Entro en un establecimiento. El dueño daba vueltas a su sem­piterno cigarro, lanza una mirada de desconfianza sobre el intruso y me recibe con mal talante. Habituado en mis viajes a encontrarme gente de todo tipo de caracteres y de todos los temperamentos, me siento y espero. Mi perso­naje deambula alrededor de mí con el aire de quien quisiera saber a quién tiene el honor de hablar. Al fin, rompiendo el silencio, me pregunta: "¿Usted es extranjero? - Sí, señor. -¿Usted es francés? - No, señor."
       Hay una pausa embarazosa en la que el barbero de la Sevilla moderna reflexiona y busca entre sus recuerdos cuál debe ser la nación a la que pertenece un extranjero que no es francés. Así que decido liberar a mi locuaz bar­bero de su duda: "Soy suizo". Entonces su rostro se ilu­mina. "Buen país, pueblo sabio, buenos ayuntamientos." Lo que más sorprende a estas buenas gentes es que existan países en los que hay buenos gobiernos municipales, prueba evidente de que es la primera reforma que demandan para ellos. Nuestro barbero sevillano no se avendría a servir a un conde de Almaviva. Es un excelente republicano que me cuenta, como si tal cosa, cómo el 4 de enero la población de Sevilla no ha cedido ante el gobierno porque se temía una trampa. Se podría haber traído a las tropas, pero esto no se consideró, ya que el movimiento no se tuvo por algo serio, y se espera que las personas que están en el poder cometan un sacrilegio contra las libertades para revolverse; mientras tanto se les dejará salir así del compromiso. Esta perorata es todo el sistema del sur de España, región profundamente republicana, pero dispuesta a justificar a las personas en el poder. Salí de casa del barbero, provisto de su afecto como por otra parte lo había tenido del exdiputa­do a cortes. Me pidió por favor que volviera a verlo porque quería presentarme a algunos de sus colegas, republicanos convencidos y partidarios de Castelar. Estos barberos de Sevilla son todos como éste. Así que habría que recorrer toda la ciudad, la provincia, para encontrar al alegre Fíga­ro que tan bien secundaba el conde de Almaviva. El ferro­carril y la República lo cambian todo.
       Sevilla es una espléndida ciudad que se extiende a ambas orillas del Guadalquivir. En la orilla derecha está el barrio de Triana, villa moruna con pequeñas casas de un piso, blanqueadas con cal, pobladas de familias de es­tos célebres gitanos de los que tanto se habla. Su belle­za está reconocida y consagrada, y sin embargo lo único que veo son muchachas amarillentas, mujeres ancianas bastante feas, pero con ojos de ensueño. Pero aquí, entre estas ruinas moras, al pie de estas mezquitas con arabes­cos cargados de años, se desarrolla la vida original de un pueblo exótico. Las jóvenes tienen el aire entre atrevido y orgulloso, maldición para el extranjero que se adentra en sus dominios, las navajas están afiladas y los tempera­mentos ardientes. Se juega y se canta acompañándose de la guitarra; en este barrio el gitano es el rey bajo el cielo azul, nadie viene a estorbarle, y por la noche apenas se es­cucha a través del Guadalquivir la voz lastimera del sereno que da las horas. La Sevilla de la margen izquierda del Guadalquivir es la Sevilla poética, la que da nombre a las historias de escalas de cuerdas en Don Juan; sus casas son bajas, de uno o dos pisos, adornadas con balcones y mira­dores llenos de flores; es aquí donde las sevillanas pasan el día, flores recién cortadas en el cabello, mirando hacia la calle a los jóvenes que pasan y que levantan los ojos hacia la novia. El novio es el hombre de sus pensamientos. Este flirteo dura mucho tiempo, ya que las sevillanas son orgullosas y sabias, fieles hasta la tumba, y quieren poner a su amante a prueba. Así que, tras años de este cortejo, la sevillana pasa a pertenecer a su amante; si el padre y la madre están de acuerdo, el matrimonio será cosa hecha, si no surgen complicaciones familiares. Y ahora veamos el aspecto de Sevilla. Todas las casas disponen de un patio en el que borbotea una fuente, un chorro de agua rodeado de umbelíferas; entrando hacia el interior de la ciudad encon­tramos la gran catedral, y un amasijo de las construcciones más originales del mundo. Desde la torre de la Giralda, planea la vista sobre esta gran ciudad tan singular y curiosa.





A través de las Españas; Auguste Meylan; Introducción, traducción y notas de Máximo Higuera Molero; Madrid, Trifaldi, 2018.


martes, 5 de marzo de 2019

Efemérides literarias, marzo.


EFEMÉRIDES LITERARIAS/ CENTENARIOS DE 2019

 


  06 de marzo de 1619, nace Cyrano de Bergerac, escritor francés.
13 de marzo de 1919, muere Fricis Barda, poeta letón.
   23 de marzo de 1819, muere August von Kotzebue, dramaturgo alemán.
24 de marzo de 1919, nace Lawrence Ferlinghetti, poeta y editor norteamericano.
   27 de marzo de 1919, nace Vicente Gaos, poeta español.
28 de marzo de 1919, nace Alain Bosquet, literato francés.