Páginas vistas en total

viernes, 27 de diciembre de 2019

Cuaderno en blanco, diciembre

Cuaderno en blanco
                                
                                                                             Para mi amigo Félix


        
       Los primeros días de este mes, con que finalizamos el año, nos anuncian el invierno, con mañanas y tardes frías, algún chubasco y el proyecto de algunas últimas entregas que se perfilan, de alguna manera, interesantes, como por ejemplo, la única y exclusiva novela de E. E. Cummings, La habitación enorme, una meditada propuesta sobre la I Guerra Mundial en la que un joven poeta sirvió en el servicio de ambulancias. Los días previos a la navidad nos acercan a un pasado familiar de otros tiempos, y otras inquietudes; experimentamos cómo estos días se han ido convirtiendo en muestras inexcusables de consumismo.
       Estos días de grises colores me traen la extraña noticia de una pérdida: acaba de morir mi amigo Félix, con quien viví mis años de infancia y de juventud, allá por los lejanos 1966, 1967, 1968 y los siguientes, en la Alemania de la emigración, hasta principios de la década de los 70, en nuestra ciudad de acogida, Langenfeld, donde se quedó, fundó una familia y siguió sus días hasta hace unas semanas. Félix fue la prolongación de una amistad de juventud en tierra extranjera que vivimos con solidaria hermandad, algo que nos ha seguido uniendo a lo largo de estos cuarenta y cinco años después. Te recordaré, amigo. Nos vemos allá, en ese otro mundo.
       Acabaré el año con otros proyectos de lecturas, un clásico más, Trampa 22, de Joseph Heller, que en esta ocasión centra su acción en la II Guerra Mundial, y debo añadir las recientes, El manuscrito de aire, de Luis García Jambrina, la nueva aventura de un Fernando de Rojas detective, y la historia de amor de Marian Izaguirre, Después de muchos inviernos, que, de alguna manera, cerrarán este espacio lector por este 2019.
       Luego vendrán los días familiares, los villancicos, el árbol de navidad y el pequeño belén. Y ese salto, siempre, vertiginoso a un 2020, repleto, por qué no, de retos y posibilidades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario