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martes, 14 de febrero de 2017

Pablo de Santis



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INSÓLITA BABEL
                      
        Los rascacielos, catedrales del presente, resumen los conocimientos y ambiciones de toda una época, así lo manifiesta el joven arquitecto Balestri a su amigo Oskar Pollak, un experto en arte, quien declaraba, a su vez, que aquellos edificios no eran sino una colección de espacios vacíos. En realidad, este personaje, reconocible por su amistad con Kafka, y cuya sombra se extenderá a lo largo de toda la novela, bucea en las cosas desde esa perspectiva errática que las origina, con una visión de carácter microscópico, escudriñando secretos, explorando escondites, indagando en los recovecos de todas las cosas.        
        La historia del arquitecto Silvio Balestri es la de un anhelo imposible: la construcción del mayor rascacielos que diera una respuesta arquitectónica al mito de la torre de Babel. Es así como La sexta lámpara (2008) se convierte en la novela más ambigua, amarga y extraña de cuantas ha escrito hasta el momento Pablo de Santis (Buenos Aires, 1963), autor de El calígrafo de Voltaire (2001) y El enigma de París (2007), dueño del talante festivo y lúdico de la prosa de Borges y de Bioy Casares, heredero de una tradición literaria que desacraliza lo policial o la ciencia-ficción aunque apuesta por un artificio verbal especulativo, aparentemente casual que impone la asociación, como bien se muestra en algunos episodios de esta deslumbrante novela. Mientras miles de jóvenes mueren en los campos de batalla en una devastada Europa de 1915, el joven arquitecto abandona Roma, viaja a bordo del Aquitania rumbo a Nueva York, la ciudad de los rascacielos y de sus sueños, para concebir el proyecto de su vida, el Zigurat, el complejo que reúna en un solo ejemplo, todas las torres de la isla de Manhattan, capaz de proyectar, según sus teorías, una arquitectura llena de significados. Su talento se verá muy pronto recompensado, asciende en la compañía que realiza todos los grandes edificios de Nueva York, pero se enfrentará al Club de las Seis Lámparas, secta secreta que impone sus reglas y criterios sobre estas construcciones. Moran, Morley y, sobre todo, Mactran, se unirán al proyecto, aunque tanto el arquitecto como los socios descubrirán que, cada vez que planean su ejecución, surge una complicación que modifica planos, rechaza lugares para su ejecución o se vislumbran problemas económicos. Una suerte de conspiración atenaza esta historia de ficción arquitectónica porque su realidad física va más allá de las leyes elementales del arte de construir. Balestri triunfará, a lo largo de los años, en aspectos teóricos porque, entre otras cosas, ha conocido a Caylus, dueño de un museo donde se exhiben todas las maquetas de construcciones fracasadas, y quien remitirá los escritos de su protegido a revistas especializadas y mantendrá correspondencia con colegas del mundo que pronto harán circular sus teorías por la vieja Europa. Paralelamente, su vida personal se mueve por las mismas premisas que sus teorías: la joven Greta Zolla que había conocido durante la travesía, Ana, su amante, y posteriormente Vera, las tres mujeres de su vida, parecen haber perdido la significación de su existencia en medio de una ciudad impersonal. Aún así, Balestri se propone levantar su Zigurat con la dignidad que debe irradiar un edificio, con la capacidad racional de envejecer con el paso de los años.
        La novela, construida cual un edificio en 100 capítulos breves, está ambientada en los albores del XX, evidencia la gran crisis y el significado de la arquitectura en el contexto del nazismo, y su significado tras la Segunda Guerra Mundial. En realidad, en La sexta lámpara, toda la historia, incluidos sus personajes, parecen nacer de una quimera, siguiendo esa condición kafkiana que afirmaba que todo libro debería ser un auténtico sueño.  




La sexta lámpara; Pablo de Santis; Destino, 2008; 283 págs.

lunes, 13 de febrero de 2017

Desayuno con diamantes, 98



GABO UNIVERSAL


       Una biografía resume un proyecto de vida, aquello que uno marca para su propia existencia, la elección de una dirección, la exclusión de otras; en cierta medida, un propósito de estilo, el camino para alcanzar una meta. Esta reflexión inicial interpreta, sin duda, la voluntad de Gerald Martin (Londres, 1994), autor de la más completa aproximación biográfica del creador de Macondo, el colombiano más universal de la historia de la literatura del siglo XX. El mismo título, Gabriel García Márquez. Una vida (2009), oculta y simplifica esa abundancia de datos que solo la escuela anglosajona es capaz de reunir: borradores y notas, papeles diversos, testimonios propios y ajenos, un rico anecdotario de amigos y compañeros de profesión que exceden los límites deseados por el biografiado.
       Gabriel García Márquez es un auténtico mago, cuya literatura, que cubre la segunda mitad del siglo XX, resulta hoy imprescindible. Abordar la personalidad del colombiano desde su infancia, su azarosa juventud, sus comienzos periodísticos y primeros pasos literarios, señalar las veleidades políticas generadas por su personalidad con no pocos problemas e incomodidades a escala internacional, luces y sombras de compromisos ideológicos, supone un arriesgado resultado final. Martin ha empleado diecisiete años para escribir sobre «Gabo», un resumen de más de 2.000 folios y 6.000 notas. Las 760 páginas resultantes ofrecen la más completa biografía del premio Nobel. Dividida en tres amplios apartados, el primero y más esclarecedor, cuenta sus antecedentes familiares, completa nuestra visión sobre su primitiva magia narrativa y posterior dedicación: el biógrafo mezcla los datos de su investigación con el relato de la propia historia de Colombia, anticipándose al marco literario que vivirá el joven Gabito, ordena y esclarece sus orígenes, insiste en los paisajes caribeños de Barranquilla, Ciénaga, Riohacha o Sucre, destinos violentos donde situar algunas de sus novelas, La mala hora, El coronel no tiene quien le escriba o La crónica de una muerte anunciada, para volver siempre a Aracataca, a la casa familiar que se reconstruye en abundantes pasajes de la obra del narrador. Descubrimos el relato de una infancia difícil, alejado de sus padres, vivida con sus abuelos: el Coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes, en un pueblo perdido durante la fiebre bananera y que forjaría, de alguna manera, el carácter del futuro escritor. Su época de joven estudiante universitario con el «Bogotazo», las primeras historias publicadas en El Espectador durante 1947, o ese otro camino periodístico que iniciaría en Cartagena, el encuentro con el grupo bohemio de Barranquilla, regentado por el catalán Ramón Vinyes, convertido en el viejo y sabio librero de Cien años de soledad. El viaje mágico con Luisa, su madre, cruzando la Ciénaga hasta Aracataca, ofrecería al joven García Márquez su regreso a un pasado adornado de una plasticidad asombrosa y, para el futuro, una vuelta a la infancia, cuyo valor literario quedaría plasmado para siempre. Su noviazgo con Mercedes Barcha, a quien conocería con apenas nueve años, encuentro fechado entre 1941 y 1942, o la noticia del rotundo fracaso de la publicación de La hojarasca, y de vuelta a Cartagena, su amistad de por vida con el poeta, viajero y ejecutivo Álvaro Mutis.
       El descubrimiento de Europa se inicia en París, en una breve escala, desde donde inicia un periplo por Suiza, Italia, Austria, Checoslovaquia, Polonia, y vuelta a la capital del Sena, donde permanecería dos años e intimó con Plinio Apuleyo Mendoza, con quien había coincidido en Bogotá, en 1948. De las vidas de cualquier hombre: la pública, la privada y la secreta, el biógrafo Martin, revela aspectos interesantes de la última: su relación parisina con Tachia y la profunda huella dejada por la española, así como su fascinación y favorable impresión por la Unión Soviética durante la primavera de 1957. Este mismo año vuelve a Hispanoamérica, se instala en Venezuela, se casa, un año más tarde, con Mercedes Barcha, informa sobre golpe de estado en Caracas, y sobre los primeros días de la revolución castrista en Cuba. Más tarde su amistad con Fidel, su Escuela de Cine o sus inoportunas preocupaciones sobre Colombia. Primeros libros, hasta que en 1965 iniciaría su novela más famosa, Cien años de soledad, que publicaría en junio de 1967, convirtiéndolo en un autor de fama internacional.  
       Esta biografía nos descubre algunas de las otras vidas de Gabo, fundamentalmente la secreta. Cronológicamente llega hasta los últimos años, incluidas las dos enfermedades que, de alguna manera, han revalorizado su visión sobre la violencia, la vejez, la muerte o el amor que, como parafraseamos, le han acompañado desde su infancia misma.





Gerald Martin, Gabriel García Márquez. Una vida; Madrid, Debate, 2009; 762 págs.

domingo, 12 de febrero de 2017

Caricaturas



Marcel Proust, visto por…



                                                                   Lehel Kóvacs ©

sábado, 11 de febrero de 2017

Luis Landero



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MUNDOS DE PAPEL            
        Luis Landero (Albuquerque, Badajoz, 1948) crea relatos con un extremado sabor clásico y de un alcance intemporal. Ocurría en Juegos de la edad tardía (1989) que ya reflejaba el gusto por contar. Recordemos, una vez más, que la novela se entiende como un juego artístico, un artificio verbal, un conjunto de ideas, con una determinada disposición de elementos, la historia que un narrador presenta, con las posibilidades de hacerla creíble y mostrar su imagen del mundo; lo demás, resulta un espejismo para justificar una obra desmesurada. La narrativa de Landero apunta desde sus primeras líneas a un sistema literario que, de alguna manera, alimenta un espacio particular, una difícil convivencia entre lo fantástico o lo soñado, lo real y lo cotidiano, un juego que mezcla vida y literatura. En Hoy, Júpiter (2007), su última y esperada entrega, se reconocen algunas de esas constantes ensayadas: la idea del doble o la literatura dentro de la literatura. Dos novelas componen, en realidad, esta nueva apuesta del extremeño: la historia de Dámaso Méndez, ambientada en un espacio rural, aunque con esa indeterminación localista que supone una geográfica sin especificar, ejecutada con todos los elementos a su alcance y con el acertado sentido último que quiere darle a su historia: el odio, convertido en venganza a lo largo de esta ficción. En realidad, la crónica de una rivalidad, padre e hijo; un relato plagado de silencios que el lector disfruta porque, a través de ellos, discurre la vida del niño que nunca sabe cómo agradar al padre, pero vive en sus ensoñaciones y descubrirá la angustia cuando aparece en escena Bernardo, ¿el triunfador?, con el que experimentará otras sensaciones; en realidad, un héroe absurdo, un fracasado esencial, eje secundario de todo el argumento, consecuencia final de una disipada vida. Y de otra, la historia de Tomás Montejo, un joven profesor de instituto, intelectual con numerosas aspiraciones en su existencia personal que, un día, ensimismado en su espacio académico, descubre a Marta, una lolita, con la que vivirá un amor maduro y, una vez cubierta esta etapa de su vida, se encaminará a buscar esa otra realidad que pueda convertir en una novela.
        Landero maneja con habilidad su relato, el de Dámaso Méndez con mayor soltura, profundizando en la condición humana, con evidentes resonancias bíblicas, aunque uno y otro protagonista, con hermosos ejemplos de personajes secundarios, desarrollan buena parte de su vida en capítulos pares e impares, y así la doble historia de Dámaso y Tomás corre parela, aunque con propósitos distintos, para que, una vez desarrollada esta inmersión vital, se produzca el encuentro final, cuando ambos personajes se cuenten sus propias vidas, quizá para aligerar las desdichas mutuas, como afirma Tomás. Y surge porque, ambos personajes, se conocen en una apasionante búsqueda en la que Dámaso se verá auxiliado por su joven amigo para justificarse y, Tomás, de alguna manera, también, para poner en orden esos papeles que ha ido acumulando en carpetas y forman parte de su yo más personal. Aunque, como señala en las últimas páginas, comparada su existencia con la de Dámaso, con un aura trágica y novelesca, la suya le parece entonces un mal folletín o un drama grotesco donde los personajes parecen títeres carentes de verdad.
        El odio, que se extiende por toda la novela, es una de esas interesantes pasiones,  prohibidas pero muy literarias, que nadie se atreve a proclamar y, cuando esto ocurre, la única salida posible de escapar es, la venganza o la purificación. Un fondo de tristeza y de melancolía recorre el relato que no está exento de cierta ironía y de cierto humor trágico, como el que se percibe al recomponer la vida poliédrica del desafortunado Berny Pérez, en realidad, un impostor con una determinada causa que, como no es inteligente, no aprovecha, motivo y consecuencia, además de la trágica existencia del personaje Dámaso Méndez. Y para terminar el relato, una acumulación de elementos que permiten reafirmarnos en la presencia de esa parodia de la que se sirve Landero para hilvanar toda su trama.








Luis Landero, Hoy, Júpiter; Barcelona, Tusquets, 2007; 400 págs.

viernes, 10 de febrero de 2017

Utagawa Kuniyoshi




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Utagawa Kuniyoshi

 

La lealtad y el valor de los samuráis de Akó


    Los 47 Rōnin, es una guía ilustrada de samuráis de Utagawa Kuniyoshi para disfrutar

   La editorial Quaterni, se esfuerza en su empeño de ofrecer libros imprescindibles de la literatura japonesa. Y en estos días llega a las librerías una preciosidad que se titula, Los 47 Rōnin. Guía ilustrada de samuráis.

La leyenda

       La leyenda de Los 47 Rōnin comienza en el siglo XVIII, cuando un grupo de samuráis se ven obligados a convertirse en  rōnin (samurái sin señor) tras el suicidio de su señor. Takumi no Kami ha ofendido a Kotsuke no Suke, maestro de protocolo del shogun, siendo condenado a morir practicándose el conocido suicido ritual del seppuku. Y es ahí donde sus fieles samurái, los 47, convertidos ahora en rōnin  juran vengar su muerte. Aquí encontraremos la historia de estos valientes y conoceremos las virtudes del bushido: lealtad, honestidad, respeto, coraje, benevolencia y honor.
      
       Tras la venganza, los 47 samuráis se entregaron a la justicia. El shogun Tokugawa, impresionado por la lealtad de los 47 rōnin, tuvo que tomar una difícil decisión, ya que, aunque los samuráis habían actuado por honor, la ley le ordenaba sentenciar a muerte a los 47, por lo que tras muchos días de deliberaciones, Tsunayoshi ordenó que Ôishi y sus 45 hombres fueran ejecutados como guerreros honorables mediante el gran honor de morir por seppuku y no como vulgares criminales.


       El rōnin número 47, el más joven, se le libró de la pena y se le permitió regresar con su familia. El 4 de febrero de 1703, Ōishi y los otros 45 rōnin cumplieron con la orden y se suicidaron mediante seppuku. Tras su muerte, fueron enterrados en el templo Sengaku-ji, en Edo (la actual Tokio), junto a su señor.

Guía ilustrada

       La historia completa de estos valerosos guerreros pude leerse en la edición de Quaterni, además del “Prefacio” del Barón Algernon Bertram Freeman Mitford, que había publicado su libro, Tales of Old Japan, en 1871. Pero lo realmente impresionante, son las 51 láminas que acompañan al texto, realizadas por el experto en ukiyo-e (técnica de impresión en madera) Utagawa Kuniyoshi (1798-1861), sus estampas de guerreros, en los que representaba, con un dominio absoluto de los efectos dramáticos, episodios heroicos de la historia japonesa, como en este caso la leyenda de los rōnin, probablemente como reacción ante la pérdida del arte japonés al aumentar los contactos con Occidente. El libro incluye la lista de los personajes protagonistas de la historia, y en muchos casos su breve biografía.
       Sin duda alguna, un libro para disfrutar no sólo con su lectura y perfecto para leer y volver a releer muchas veces, sino para admirar el difícil arte de la impresión en madera.







Utagawa Kuniyoshi,  Los 47 Rōnin. Guía ilustrada de samuráis; trad., de Juan Jiménez Ruiz de Salazar; Madrid, Quaterni, 2017; 51 láms., 144 págs.


jueves, 9 de febrero de 2017

Hoy invito a…



Antonio Tejedor García


El secreto de las beguinas

       El beguinato belga tuvo su origen alrededor del siglo XII como un movimiento religioso femenino autónomo, quizás provocado por el desequilibrio de sexos en la época de las cruzadas, de las que muchos hombres no regresaron. Algunos dejaban allí a sus mujeres como refugio seguro. Las beguinas fundamentalmente se dedicaban a cuidar enfermos y desvalidos, vivían por sí mismas de su trabajo (en la novela, una de sus ocupaciones es la lana) y entre ellas tampoco faltaron artistas. En plena edad media, ser mujer e independiente del hombre y de la iglesia solo podía traer malas consecuencias: ¿resulta extraño que apareciera la tristemente todopoderosa ¿Santa? Inquisición?
       A partir de ahí comienza Pedro M. Domene las pesquisas sobre el beguinato de la ciudad de Brujas, entonces bajo el dominio español y de los famosos tercios de Flandes. Hay una perfecta descripción de cómo vivían en la edad media estas mujeres, sus celdas, sus labores y el entorno social y político que las rodeaba. La novela está estructurada sobre tres ejes que discurren en paralelo a lo largo de la narración: el juicio de la Inquisición, la investigación moderna  de los hechos acaecidos entonces por dos estudiantes y la vida de las beguinas.
       El punto de inicio es la entrega misteriosa de una dama por parte de su marido en el beguinato. A él van también heridos de la guerra y esa independencia de la jerarquía y la muerte de soldados de los Tercios que eran atendidos por ellas refuerza el interés de la Inquisición por acabar con una institución molesta. Todo ello envuelto en un halo de misterio tras el que se esconden algunas prácticas al parecer poco ortodoxas de las beguinas, comandadas por la Gran Dama.
Novela histórica escrita con fluidez y de fácil lectura que nos permite conocer una época convulsa, llena de recelos históricos, de sombras y misterios. Una época en la que las armas y la religión marcaban la vida y la muerte de las personas con independencia de su inocencia o culpabilidad y que con tanta nitidez nos hace ver Pedro M. Domene en El misterio de las beguinas.

                                                                       Publicado en :
                                                                                             http://lagartosquebrada.blogspot.com.es/





  







Madrid, Trifaldi, 2016.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Jesús Sánchez Adalid



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DE CIVITATE
       
        El hombre siente curiosidad por su pasado y cuando un narrador mezcla ficción y documentación ofrece, a ese curioso lector, la posibilidad de abogar por un género literario delimitado, un concepto que desde el XIX viene otorgando credibilidad a un subgénero: la novela histórica. Ocurrió en este país en la década de los ochenta, cuando se ofrecía un renovado interés por recuperar la narratividad en una época de negación absoluta sobre cualquier realidad pasada; en nuestros días, se vuelve la vista a la majestuosidad de la Edad Media, la Reconquista, la fundación de algunos reinados, sus guerras contra el invasor o las diferentes visiones sobre Al-Andalus.
        El alma de la ciudad, XII Premio de Novela Fernando Lara 2007, de Jesús Sánchez Adalid (Don Benito, Badajoz, 1962), autor, entre otras, de La luz del oriente (2000), El mozárabe (2001) o El cautivo (2004), es una novela histórica o al menos un relato con un excelente decorado que da cuenta, en una primera lectura, de los peligros morales y físicos de toda una vida, la de Blasco Jiménez, su protagonista, cuando al final de su existencia, a modo de expiación, recompone el devenir de sus días mientras viaja, junto a otros cuatro peregrinos, camino de Santiago. Esta posible interpretación se concreta en una asombrosa caracterización de quienes acompañan al afligido arcediano: un fraile anónimo, el joven miembro de una orden de caballería, un mercader y un adolescente; la otra, determina ese complejo proceso documental que transcurre entre los siglos XII y XIII, el reinado de Alfonso VIII, las campañas del monarca castellano, las repoblaciones de sus fronteras con el moro y noticias sobre Ávila, Toledo, Sevilla o la fundación, argumento de la novela, de Ambrosía, la actual Plasencia, villa de larga tradición histórica, sueño, sobre todo, de don Bricio, personaje que buscará su personal De civitate Dei, un legado que proyectará en su mejor creación: el joven Blasco Jiménez, dueño de una dilatada vida llena de aciertos y de equívocos, de luces y de sombras, actitudes que solo al final del relato cobrarán sentido, cuando él mismo dé cuenta de su ambición, comparable a la de su mentor, incluidos  episodios de un desaforado amor por Eudoxia o el relato del sabio magisterio de su amigo musulmán, Abasud al-Waquil, realidades que otorgan a El alma de la ciudad la dimensión definitiva de auténtico relato de ficción.
        Tratado de la vida cotidiana porque, las formas, las relaciones humanas, las costumbres o el pensamiento, se proyectan hasta nuestros días. Sobresale el tratamiento del tiempo, elemento de fondo, con ese profundo respeto por la cronología, aunque simbólicamente ensayado porque asistimos a un tempus histórico y a otro como experiencia vital de algunos personajes que al final completan la trama contada por el narrador, ese misterioso concepto de alcance espiritual que se vislumbra tras el propio fracaso de Blasco, el dolor y sufrimiento manifiestos en su existencia, el posterior reconocimiento de sus pecados y la redención de los mismos, cuando su alma se identifique con la de sus compañeros de viaje, como le muestra el fraile anónimo; su visión despreocupada por los grandes ideales y ejercida como héroe emprendedor, identificada ahora en el joven de la orden de caballería, incluso su terrenal preocupación, práctica y cotidiana, por vivir sin problemas que encarnará el mercader y, finalmente, la visión última de su propia adolescencia, con la simplicidad e ingenuidad que descubre en el adolescente Ludwin Marcial, único acompañante a quien se le otorga un nombre, inicio e inesperado ejemplo de volver a vivir el peligro de un nuevo comienzo.







Jesús Sánchez Adalid, El alma de la ciudad; Barcelona, Planeta, 2007.