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domingo, 18 de diciembre de 2016

Caricaturas



Caricaturista
Sustantivo masculino-femenino, persona que dibuja caricaturas.



         Eduardo Galeano                         
                                    3 de septiembre de 1940, Montevideo, Uruguay
                                                13 de abril de 2015, Montevideo, Uruguay


sábado, 17 de diciembre de 2016

Hoy invito a…



Alejandro López Andrada

     Presenta,Los perros de la eternidad, en la Biblioteca Viva de Al-Andalús, calle Cuesta del Bailío, Nº 3. En el acto intervendrán: Isabel Ambrosio, Alcaldesa de Córdoba, el periodista Francisco Solano Márquez y Javier Ortega Posadillo, editor de Almuzara. El evento tendrá lugar hoy día 16, a las 19´00 h.


Esto es lo que leemos…

    
     La imagen de una mujer muerta en un lago y la de un hombre que cae desmadejado, justo al pie de la tumba en la que entierran a su padre, hilan una trama en la que el tiempo se acorta y estira como un acordeón. Envuelta en una intrigante y poética atmósfera, Alejandro López Andrada -autor de El Libro de las Aguas y uno de los escritores españoles más laureados de las últimas décadas- aborda la historia de un hombre recluido en la habitación de un hospital que va desgranando los momentos vividos en una hermosa ciudad del sur, ahondando a la vez en sus recuerdos de infancia, transcurrida en los años del tardofranquismo, en el ambiente hosco de un poblado minero al que ha de regresar para cuidar de su padre; circunstancias que harán revivir en el protagonista experiencias lejanas junto a curiosos personajes. Esa contraposición entre el mundo rural hoy casi extinguido y una sociedad urbana herida por el desencanto de una crisis no sólo económica, sino también ideológica y moral, es una de las muchas cualidades de esta bellísima novela, en la que se funden la emoción, la ternura, el olvido y la pena, el odio y el amor.
      Trufada de hermosas imágenes, con pasajes de sobrecogedora belleza, Los perros de la eternidad viene a refrendar la maestría de un autor que ha sabido forjar un universo narrativo propio, de una plasticidad nada común.
 

La novela

OVAS


Antes de entrar aquí ya estaba muerto. Eso, al menos, dijeron quienes intentaron reanimarme y, después de varios minutos infructuosos, me alzaron del barro y, subiéndome en un coche, me trasladaron con celeridad al hospital. A esa hora, recuerdo, comenzaba a oscure­cer, y aunque la ciudad no quedaba lejos, me pareció que el viaje no acababa nunca. Cuando uno se muere el tiempo se hace elástico, adquiere de pronto una sutil profundidad en la que el alma se va descomponiendo y la conciencia cambia de color: lo que antes era azul se va tornando opaco, y la realidad adquiere un tono gris.
       Todo ocurrió en cuestión de segundos, y aunque llevo varios días hospitalizado, a pesar del zumbido que aún silba entre mis sienes y la rigidez que me man­tiene inmóvil, recuerdo lo que pasó con nitidez: aquel latigazo violeta en mi cerebro y el sol dando vueltas, girando frente a mí como el canjilón de una noria ya oxidada que agita en la tarde el viento de poniente. No olvidaré jamás esa sensación. Yo estaba asistiendo al entierro de mi padre, rodeado de mi hijo y algunos familiares que habían venido de lejos a acompañar­nos, y me hallaba cansado, en un estado deplorable, deseando que todo pasara cuanto antes, afectado por las circunstancias familiares que en los últimos días había tenido que afrontar, cuando experimenté un dolor muy extraño. Enseguida, intuí que algo no iba bien. Observé a lo lejos las ascuas del crepúsculo, como si el cielo estuviera desangrándose tras la última tapia del viejo camposanto. Luego sentí un profundo olor de ovas que me trasladó a una escena de mi vida que no he superado ni superaré jamás.
       Fue justo en ese momento, no lo olvido, cuando noté que empezó a faltarme el aire. Apenas aspiré aquel eflu­vio verdinegro, algo se fracturó dentro de mí y volvió a mi interior, nítida, una imagen que intento olvidar desde hace muchos años, desde que tengo uso de razón: mi madre tendida, ahogada entre los juncos, flotando en las ovas del atardecer. Observé su cabello largo, des­teñido, su rostro deforme, ya irreconocible, abotargado y roto por el sol.
       De manera súbita retrocedí en el tiempo y, durante unos segundos, volví a instalarme allí.
Vi gente corriendo de un lado para otro, varios perros ladrando cerca de la orilla, números de la bene­mérita, tricornios, la voz seca del juez, hiriente como un rayo, ordenando extraer el cadáver de las aguas, y muchísimas lágrimas, y gritos desolados estrangulando la ocre oscuridad que empezaba a caer ese atardecer de mayo del año 1964 —cinco días después de mi primera comunión— alrededor del lago Marigómez, ubicado cerca del sitio en que nací y viví los años primeros de mi vida: un poblado minero al que tuve que volver, aunque lo aborrecía desde siempre, hace sólo unos meses, con­tra mi voluntad.


Breve biografía
Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, 1957) comenzó a escribir muy joven y hasta la fecha ha publicado poemarios como “El Valle de los Tristes” (1985), “La tumba del arco iris” (1994), “Los pájaros del frío” (2000), “La tierra en sombra” (2008) y “Las voces derrotadas” (2011), y recibido premios como el Nacional San Juan de la Cruz, Iberoamericano Rafael Alberti, José Hierro, el Andalucía de la Crítica, el Fray Luis de León y el Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”, entre otros. Ha escrito asimismo poesía infantil, tres ensayos narrativos sobre la desaparición del mundo rural y once novelas, una de las cuales, “El libro de las aguas” (2007), fue adaptada al cine por Antonio Giménez-Rico. Tras “El jardín vertical” (2015) y "Entre zarzas y asfalto" (Berenice, 2016), resulta ganador del Premio Jaén de Novela, uno de los más prestigiosos del país, gracias a "Los perros de la eternidad". Hijo Predilecto de su localidad natal, en 2007 se dio su nombre a una plaza de la misma ("Plaza de Alejandro López Andrada"); en ella se encuentra la casa donde nació.


 

viernes, 16 de diciembre de 2016

Terenci Moix



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BEAUTIFUL TERENCI

           
       Terenci Moix (Barcelona, 1942-2003) encarnó mejor que nadie esa especie de hombre de letras y figura tan entrañable como popular que, a muchos ajenos a la literatura, sorprendió la temprana desaparición del escritor catalán. Terenci fue alguien que con sus historias nos transportó a las orillas del Nilo o nos sumergió en la magia del mítico mundo del cine, dos temas que tanto le apasionaron en su vida y le interesaron hasta el punto de que contribuyeron a ser su razón de existir. Desde No digas que fue un sueño (1986), El sueño de Alejandría (1988), Venus Bonaparte (1994) o su última entrega El arpista ciego (2002), el resto de su producción de divide entre una amplia visión del mundo clásico y el relato de la sociedad española que retrató, magistralmente, en los volúmenes de sus memorias El peso de la paja, reunidas en El cine de los sábados (1990), El beso de Peter Pan (1993) y Extraño en el paraíso (1998).
       Ahora se publica, en un único volumen, la totalidad de su narrativa más breve que incluye «La torre de los vicios capitales (1968)», «Asesinar con el amor (1979)», «La caída del imperio sodomita y otras historias herejes (1976)», además de, «La gala», un texto inédito. Tres colecciones que, según Pere Gimferrer, autor del prólogo a la edición, se convierten en una muestra del pirotécnico más brillante de la narrativa catalana contemporánea, porque muestran  su trágica e irónica visión de la España y el mundo de la época, los 60, incluida la guerra del Vietnam y el período terminal de la autocracia y la transición española; es decir, ese innegable paso de la tragedia a la tragicomedia. La recuperación de estos textos nos devuelven a un Terenci valiente en su vindicación de una homosexualidad llevada a cabo por el escritor hasta en su propia literatura; cabe así, pues, una lectura histórica de los textos que dista mucho de la originalidad del resto de su obra pero que pone de manifiesto esa actitud irreverente, paródica, en torno a ese homoerotismo desenfrenado que se percibe en su segundo libro de relatos, La caída del imperio sodomita y otras historias herejes. Muy diferente resulta, La torre de los vicios capitales, original en su estructura,  perfectamente ambientada, pero sobre todo ya se percibe ese interés del escritor por una antigüedad a la que posteriormente le sacaría mucha partida, es decir, sus míticos viajes a civilizaciones antiguas y su fascinación por una moral iconoclasta. La novela corta, La gala, muestra esa mágica atmósfera en torno al mundo del celuloide y, sobre todo, censura los festivales de cine y en cuya mente, intuimos, estaba el hoy clásico de San Sebastián, para el autor.








CUENTOS COMPLETOS
Terenci Moix
Barcelona, Seix Barral, 2003

jueves, 15 de diciembre de 2016

Justo Navarro



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F de FERRATER
       ¿Qué impulsa a un narrador como Justo Navarro (Granada, 1953) a escribir sobre un personaje como Gabriel Ferrater? Indiscutiblemente el atractivo de una singular biografía, es decir,  la memoria de ese poeta, traductor de Hammett, crítico literario y hombre culto que un buen día prometió poner fin a su vida antes de cumplir los 50 años. Semejante osadía sirve al novelista granadino para realizar una semblanza cuya prosa se diluye entre lo narrativo y lo ensayístico, principal acierto, entre otros, de esta monografía.  Para F. (2003) Justo Navarro ha dispuesto de una amplia selección de textos y de datos que le hubieran permitido realizar una modesta biografía al uso, pero la exclusión, la selección y sobre todo el tratamiento narrativo dados consiguen que el lector sea capaz de ver en el personaje una ficción que se asemeja a la realidad vivida por el verdadero protagonista. Quizá por esto, el lector considerará que el personaje creado tiene mucho que ver con el ser de una existencia real aunque la facilidad con que el narrador ha dispuesto su historia nos permite comparar sin esa necesidad de dependencia que se le supone al relato.
               Justo Navarro ha gozado de la libertad que le permite la literatura para esbozar  una serie de calas en la vida de un personaje que vive su propia existencia con los vaivenes que la memoria le permiten. Así asistimos desde las primeras páginas a la declaración de intenciones de una historia de ficción que comienza tan literariamente como acaba «Hubo una vez un hombre que a los treinta y cinco años prometió no vivir más de cincuenta» Y esas informaciones proporcionadas a lo largo del relato, los datos, la imagen, tanto de hombre culto como de amante que nos proporciona la historia, se rematan con ese sentido de intemporalidad «alcanzado a un mes de cumplir cincuenta años. Y así, veinte días antes de los cincuenta, cumplió lo que prometió una vez...». La ficción logra mezclarse con la realidad en semejante simbiosis que proporcionan al mismo tiempo el enigma de toda una existencia y la validez que se le supone a la literatura, es decir, como ese lugar donde personajes y lugares imaginarios tienen la facultad de convertirse en verdaderos. Sólo así la ficción se sustenta por sí misma y por aquellas preguntas que como lectores nunca acabamos de contestarnos.

  



F.
Justo Navarro
Anagrama, Barcelona, 2003

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Evelyne López Campillo



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Evelyne López Campillo

LA INVENCIÓN DE MERLÍN
              

   El personaje de Merlín procede de la tradición oral celta, concretamente del País de Gales, y de aquellos poemas que aludían a un personaje llamado Myrddin y cuyos hechos pueden remontarse en el tiempo hasta épocas remotas. Pertenece al mundo de los bardos, muy numerosos en la tradición galesa, aunque entre todos sobresalen los nombres de Aneirin, Taliesin y Myrddin. Este último ha sido localizado, geográficamente, en la frontera entre la actual Escocia e Inglaterra, en lo que se ha denominado el Northumberland-Cumbria, señalando algunos vestigios muy cerca de Greenhead, entre las ciudades de Carlisle y Newcastle.
    Evelyne López Campillo realiza, con El Mago Merlín. Biografía (2002), un repaso de la tradición acerca de la invención del mito y del personaje, sobre todo por lo de su atracción misteriosa a lo largo de los siglos. Durante la Edad Media fue un personaje muy popular y en los últimos años del siglo XX, los estudios sobre el mago han experimentado un creciente interés. La tradición relaciona el mitológico Mercurio celta con aspecto humano, hasta el punto de transformarse, en un anciano sabio de fabuloso poder y ciencia. Vivió hacia el siglo VI en las montañas de Escocia, fue amigo de los príncipes bretones en su lucha contra los invasores bárbaros y, posteriormente, amigo y defensor del Rey Arturo, a quien le sugiere la institución de la Caballería y de la Tabla Redonda. Merlín; como señala la autora de la documentada biografía, el mito se convierte en una mezcla de elementos que se encuentran en numerosos textos, de épocas distintas y hay quien le ha añadido, con el paso del tiempo, rasgos imaginarios que hacen más interesante al personaje porque, además, se presta a ese juego de equívocos. Es Merlín un ser lo suficientemente raro, ambiguo y complejo como para acoger muchas interpretaciones y hacer que cada lector disfrute con la más adecuada. Con esa condición de viejo sabio nos permite fantasear y vivir regiones inexploradas de nuestra infancia, pero también con el paso del tiempo se presta a una reflexión que desembocará en nuestra propia senectud. Las dimensiones de su fama escapa a estudiosos de todos los tiempos, la bibliografía que acompaña a este libro singular es buena muestra de ello, pero baste recordar, como lo hace Evelyne López, que Rabelais, en el Renacimiento francés, muestra a Merlín como el encargado de dar vida a los padres de Gargantua, Gargamelle y Grandgousier; y de la misma manera, Cervantes evoca, en sus obras, una y otra vez, a tan singular personaje.                                                                                                                                                                                           







EL MAGO MERLÍN. BIOGRAFÍA
Evelyne López Campillo
Madrid, Páginas de Espuma, 2002

martes, 13 de diciembre de 2016

Hoy invito a...

Leons Briedis



viejo centauro

los rayos del sol
caen oblicuos sobre sus arrugadas mejillas
y se ponen más allá del horizonte

hace tiempo que su cueva
al pie del Monte Pelión                           
no es visitada ya por gente
ni héroes ni dioses

la última cuerda se ha quebrado
en su lira, cuyo sonido antaño curaba
lo incurable

¿qué contempla ahora
el inmortal célibe,
el caballo,
mientras su barba se expande sobre su pecho
como un arroyo por la montaña?

¿será que él,
como manda la costumbre,
se convertirá en víctima de su propio discípulo?

mientras sus herraduras se alejan lentamente en la noche
reverberando el sonido hueco en los abismos del desfiladero
cual olvido
 

la casa del arcoíris

¡qué gris
es la casa del arcoíris!
gélida y descuidada
con polvo acumulado
en espesas capas de niebla
que impiden dar un paso
sin patear nubes opresivas
que nunca se disuelven
por todos los rincones
cuelgan telarañas
incluso cuando Dios pasó
y acercó su curiosa nariz a la ventana
comenzó a estornudar terriblemente
¡oh no!
oscuro y sofocante como en el establo
y en el medio solitaria
una rueca
y encasquillado en su huso,
agitándose como un murciélago por la corriente,
un rizado pelo de siete colores
de la blanca cabeza
de un ángel
a punto de dormir
 



     Leons Briedis (1949), nacido en Madona, Letonia. Estudió Filología en la Universidad Estatal de Letonia (1968-70), Filología Románica en la Universidad de Kishinev (Chisinau, República de Moldavia (1972-1974), y Teoría de la Traducción en el Instituto de literatura Máximo Gorky de Moscú (1977-1979).
  Es poeta, novelista, ensayista, crítico literario y editor, traductor de prosa y poesía del Latín, Ruso, Inglés y de otras muchas lenguas románicas, como el Rumano, Español, Italiano, Portugués, Catalán… Hasta ahora, ha publicado 41 libros originales (poemas, prosa, ensayos, libros para niños), así como 57 libros de traducciones.



   La editorial madrileña Trifaldi inaugura una nueva colección de poesía, Ay del Seis. 
  El primer título, El mensajero tardío, del poeta letón.


lunes, 12 de diciembre de 2016

Desayuno con diamantes, 91



Camilo José Cela, un autor carpetovetónico
     Fue un escritor único. Estilista, burlón y polémico como pocos, funció su vida y su obra literaria, que permanece fresca y vigente.

 
       Camilo José Cela ha sido una de las figuras imprescindibles de las letras españolas del pasado siglo XX, y uno de sus escritores más prolíficos: novela, cuentos, fábulas, memorias, poesía, teatro, libros de viajes, artículos, apuntes carpetovetónicos, tratados lexicográficos y adaptaciones de obras y traducciones, completan su legado. El hispanista Antonio Vilanova consideraba a “Camilo José Cela el creador del nuevo realismo español, fruto de una reacción paródica y burlesca contra la falta de sentido de la realidad de la literatura altisonante y jactanciosa del momento vivido por la Generación del 36. (…) Carente, en sus inicios, de verdadero alcance y significación sociológicos (…) posteriormente, su visión esencialmente pesimista y negativa de la existencia española dará paso a una preocupación humana y social que señala el comienzo de una nueva época en la novela española de posguerra”.
              
Biografía
       Camilo José Cela Trulock nació en Iria Flavia, Padrón, A Coruña, el 11 de mayo de 1916, no consiguió terminar ninguna de las tres carreras universitarias emprendidas: Derecho, Medicina y Filosofía y Letras. Fue torero, soldado, poeta, periodista, funcionario, viajero incansable, consiguió dedicarse a su vocación nacida con sus primeros versos y un libro de poemas que publicó en 1936: Pisando la dudosa luz del día, texto al que nadie hizo caso, hasta que tras la guerra se dedicara a la narrativa e irrumpiera con un libro que le depararía toda clase de suerte y fortuna: La familia de Pascual Duarte (1942) que, junto a Nada (1945) de Carmen Laforet, inauguraba una nueva etapa en la novela española. Desde entonces se dedica a escribir y a viajar, durante el verano del 46 recorre La Alcarria, experiencia que publicará: Viaje a La Alcarria y El cancionero de la Alcarria, 1948. Mientras prepara su versión definitiva de La Colmena que aparecerá en 1951, en Buenos Aires. La censura española prohíbe la novela y es expulsado de la Asociación de la Prensa. Viaja por Chile y Argentina, medita sobre la posibilidad de permanecer en este último país donde su obra es bien acogida. En 1953 una nueva obra sorprende por el lirismo de sus páginas, Mrs. Caldwell habla con su hijo. Viaja de nuevo por América y en Caracas se le propone escribir una novela de tema venezolano. A su vuelta a España fija su residencia en Palma de Mallorca, será en 1954, y La Catira aparece 1955. Un año después comienza a publicar Papeles de Son Armadans, una singular revista independiente que acogerá a los principales autores del país y del exilio, poetas y novelistas, pintores e ilustradores, filósofos y  pensadores en libertad, hasta que en 1979 desapareció, tras veintitrés años al servicio de la cultura española. El 26 de mayo de 1957 ingresa en la Real Academia Española con un discurso sobre la obra literaria del pintor Solana. En la década de los 60 su actividad se multiplica con nuevas publicaciones: libros de cuentos, ensayos y memorias. Nuevas entregas de viajes: Viaje al Pirineo de Lérida (1965), Madrid (1965), Vagabundo por Castilla (1965) y Páginas de geografía errabunda (1965), nuevos viajes por estados Unidos que darán fruto a Viaje a U.S.A (1967). Entre 1968 y 1971 publica su Diccionario Secreto y algunas de sus obras fundamentales, San Camilo, 1936 (1969), Oficio de tinieblas, 5 (1973), Mazurca para dos muertos (1983).
       Durante los días 5 al 14 de junio de 1985, Cela se embarca en un Nuevo viaje a la Alcarria (1986), ahora en un lujoso Rolls-Royce. Esta aventura se convierte en otro libro lírico, emotivo, de una sencillez impresionante que cala, como la anterior, en el corazón, por su prosa sencilla en apariencia, anotada en el camino, trascrito en el orden en que se realizó el viaje. Aparece Cristo versus Arizona (1988), y año más tarde, tras la concesión del Nobel, se suceden los homenajes a su persona y a su obra. La cruz de San Andrés fue Premio Planeta en 1994, y en 1999 publicó su novela sobre la Galicia marinera titularía Madera de boj.



La forja de un escritor
       Adolfo Sotelo Vázquez afirma que el universo de donde proceden los artículos del volumen La forja de un escritor (Fundación Banco Santander, 2016), “alumbra la obra creativa de Cela, a la par que contiene semillas de lo que el maestro Darío Villanueva llamó el otro Cela, es decir, el filólogo, geógrafo, pensador del oficio literario e incansable editor de revistas”. La edición divide los artículos publicados por Cela entre 1943 y 1952, “Experiencias vitales”, que formarían parte de su posterior libro de memorias, La rosa “El escritor y la escritura”, reflexiones de una madurez publicadas originariamente en Papeles de Son Armadans y muestra su preocupación por la responsabilidad social del escritor; “se trata, como afirma Sotelo Vázquez, de una ética-estética de los años en que se anda fraguando su personalidad y su obra; y un tercer y último apartado, “La pintura y otras artes”, se concreta en su acercamiento a una vocación no cumplida, al talento del joven Cela para definir la naturaleza de la producción de una docena de pintores y para adelantar una de las líneas maestras de Papeles de Son Armadans, su interdisciplinariedad, porque a lo largo de los años, Papeles, dedicó extraordinarios a Picasso, Miró, Tápies, Solana, o el grupo El Paso.
       Lo curioso de esta selección, esa imagen que Cela ya entonces proyectaba y que con los años lo confirmarían como el más importante escritor del siglo XX, cuando allá por 1957 ya afirmaba, “Nadie sabe —nadie supo jamás—si es bueno o malo esto de detenerse, volver la vista y reparar, medio nostálgica y medio resignadamente, el calendario del tiempo que hemos ido quemando”. 

De La familia de Pascual Duarte a La Colmena
       A punto de cumplirse sesenta y cinco años de la publicación de La familia de Pascual Duarte sería justo separar los valores ocasionales que la novela pudo contener en la época, de esos transitorios que pudieran verse como más auténticos y duraderos. Importante que la novela arrancase de una acción bronca, repleta de violencia y desgarro, o empleara un lenguaje crudo que sonó entonces ensordecedor porque hablaba de unas realidades que no podían nombrarse. La crítica acuñó pronto el término de «tremendismo» para calificar la novela, un hecho que tuvo admiradores y detractores que se dieron cuenta como Cela tan sólo había reinventado el término que había aparecido en la literatura española de entreguerras. En la novela se muestra esa rara habilidad del autor para describir la realidad humana, la escenografía violenta de una sociedad que ha caracterizado a buena parte de su obra. Sus siguientes obras, Pabellón de reposo (1943), describe la tremenda aventura de morirse, Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944), resucita la actualidad de un género, hasta llegar a La Colmena (1951), una obra sinfónica, sin protagonistas ni personajes destacados, todos forman un conjunto. La novela refleja el panorama de la vida española que se concreta en el Madrid de los primeros años de posguerra y contiene, por este motivo, una ambición desmesurada. La Colmena sabe a poco una vez leída, ninguno de sus personajes tiene entidad como para que los lectores podamos intimar con él: son bocetos, siluetas sugerentes que se cargan de vida a medida que avanzamos en sus páginas, algo que el autor manifiestamente no se propuso desarrollar puesto que, como si de una auténtica colmena se tratara, Cela tan solo muestra el esquema.

De San Camilo, 1936 a Oficio de tinieblas, 5
       Cuando aparece San Camilo, 1936, en 1969, la crítica ya había hablado del costumbrismo de Cela, incluso del fragmentarismo de algunas obras publicadas en la misma década, Gavilla de fábulas sin amor (1962), Toreo de salón (1963), Once cuentos de fútbol (1963), Izas, rabizas y colipoterras (1964), pero sobre todo en esta novela el escritor se enfrenta al joven que celebra su onomástica precisamente la víspera de 1936 y, en realidad, está haciendo el relato de toda una generación en beneficio de otras muchas posteriores. En 1973 apareció Oficio de tinieblas, 5, en realidad, una obra compuesta de 1.194 párrafos sin punto alguno, de diverso contenido y estructura. Cela retrata la muerte, una muerte domesticada que se adentra en el ánimo de las personas con toda naturalidad, y lleva a pensar en ella como si de un espectáculo de autocomplacencia se tratara. Es, por consiguiente, una visión escatológica en el sentido cristiano del término y de ese otro sentido de la ultratumba, conceptos lo suficientemente ensayados como para poder ofrecer una resignación total. «Una purga del corazón», señaló el propio Cela ante ese juicio final por cuyo tribunal pasan todas las miserias de este mundo.           

De Mazurca para dos muertos a Madera de boj    
       Tras una década de silencio narrativo, Mazurca para dos muertos (1983) reavivó el panorama literario en torno a la figura del escritor gallego, porque con esta nueva novela la lengua castellano-galaica alcanza las cotas más altas del idioma español. De nuevo Cela salpica su obra de barbarie, violencia física, sexualidad y muerte. El escenario el medio rural, concretado en los límites de las provincias de Orense, Pontevedra y Lugo con frecuentes incursiones en A Coruña y como telón de fondo, la violencia que recuerda a su primera obra La familia de Pascual Duarte. Sobresale en Mazurca el virtuosismo léxico y sintáctico, mezcla que se acopla para dar el tono a una narración que precisa impulsos significativos y brillantes. A lo largo de sus páginas desfilan los fantasmas familiares de muchos de los españoles del pasado, quizá porque en realidad el escritor retrata la envidia, la rivalidad, la mezquindad que se convierte en el odio que termina por destruir la especie humana. Tal vez Cristo versus Arizona (1988) sea una novela de más difícil clasificación que las anteriores, quizá por el espacio elegido por el escritor: el duelo en el OK Corral, entre los años 1880 y 1920, cuarenta años en la vida del lejano Oeste americano, con alusiones que no resultan familiares. La cruz de San Andrés, obtenía en 1994 el Premio Planeta, y esta nueva novela cuenta la historia del suicidio colectivo de toda una secta. Y la esperada Madera de boj, en 1999, el testamento literario del autor desaparecido y que, de alguna manera, cierra su trilogía de Galicia. Sacristanes, hombres lobo, alucinados, pescadores de sardinas y cazadores de ballenas, sordomudos, suicidas, curanderas, fornicadores, sirenas, y vírgenes, en realidad toda una galería de vidas y de andanzas que se desenvuelven en un ir y venir por los territorios de lo que se conoce como el fin del mundo, es decir, el Finis Terrae, que se localiza en la Costa de la Muerte gallega, un lugar que da fe por los numerosos naufragios ocurridos durante los últimos cien años.


Adiós al gallego y su cuadrilla
       Tal vez nadie como Camilo José Cela supo instalarse entre las páginas de sus libros como el mejor de los personajes, nadie supo ingresar desde un aspecto tan carpetovetónico en la Academia, ajustar la lengua desde su escaño de Senador por designación Real, salpicar nuestro idioma de diversas enciclopedias y contribuir a la expansión de nuestra lengua por el mundo. Cela proporciona esa estela que dejan los grandes hombres cuando lo son y ahora, que ha dejado de ocasionar no pocas polémicas, a los estudiosos de la literatura y a los lectores, en definitiva, nos corresponde calibrar su amplio legado literario. Los nombres de la narrativa contemporánea están vinculados a la obra de este gallego universal cuya provocación y genialidad queda patente. A Cela se le ha admirado tanto por su carácter como por su literatura; se lee a Cela o se le rechaza y se hace por unos sentimientos encontrados, o tal vez más que por unos razonamientos, sean estos verdaderos o falsos. La muerte siempre nos sorprende, la muerte de un escritor lo convierte en un ser inmortal. La historia de la literatura española está plagada de nombres inmortales, de quienes traspasan la barrera de lo esencialmente físico para, a través, de su obra  convertirse en clásicos sobre los que siempre se vuelve. La historia de la literatura es ingrata y olvida e ignora a sus más genuinos representantes. La muerte de Camilo José Cela el 17 de enero de 2002 no fue una muerte anunciada porque desde algunos años antes se había convertido es un escritor inmortal. Su adiós fue la constatación de que su obra pertenece a la Historia de la Literatura, esa que se escribe con mayúscula, otra cosa será su vida y cuanto se cuenta de ella, su discutida biografía, sus polémicas declaraciones y actuaciones en prensa y televisión, sus improvisadas actuaciones y manifestaciones en contra de esto o aquello. El premio Príncipe de Asturias en 1987, la concesión del Nobel en 1989 y, definitivamente, el Cervantes en 1995, lo consagraron como el escritor español vivo más representativo del siglo XX. Su narrativa cubre ampliamente el panorama novelístico de los últimos cien años, tras una dolorosa guerra civil y el panorama desolador de los 40 y 50. Cela se convertiría con el paso de los años en la autoafirmación de la literatura en su sentido más literal. Setenta años de ejercicio avalan toda una vida dedicada al noble arte de hilvanar las letras, quizá por eso nunca ha parecido extraño que en los escaparates de las librerías casi siempre apareciera algún que otro libro del novelista gallego, ya fuera reedición o novedad. Desde siempre se ocupó de fabricar una identidad, característica propia conque siempre trató de fundir los términos de literatura y vida en un sólo concepto que desembocaría, con el paso de los años, en un costumbrismo tan variado y rico, tan característico de la producción celiana.