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viernes, 17 de febrero de 2017

J. M. Coetze



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MEMORIA DE UN ESCRITOR

       Calificado de elusivo y genial J. M. Coetze (Ciudad del Cabo, Suráfrica, 1940), Premio Nobel de Literatura, 2003, realiza desde hace años una intensa labor crítica en el New York Review of Books. En Costas extrañas (2004) reunía sus críticas de 1986 a 1999, novelas y personajes inolvidables que le hicieron soñar —según Juan Bonilla—, la auténtica memoria de un escritor. Mecanismos internos. Ensayos 2000-2005 (2009) contiene, como el subtítulo sugiere, textos extremadamente extensos, aunque incorpora otros breves. Coetzee repite, en sus veintiún ensayos, esquema formal y plantea su análisis en tres planos distintos, con amplias perspectivas que subrayan una cuidada visión de algunos mitos de la literatura universal, aunque no deben esperarse grandes descubrimientos, sino anotaciones personales que fluyen con cierta claridad. El primer enfoque es descriptivo, refiere parte de la vida del escritor estudiado,  sobresale la trama del libro seleccionado que nunca suple lo escrito anteriormente sobre el texto; un segundo, quizá más crítico e incisivo, en ocasiones excesivamente detallado, obsesivo desde el punto de vista literario y poco edificante; y el último, tal vez menos afortunado para el lector español, el plano de la traducción que al autor le parece lo más interesante, motivo esencial de su examen, aunque hay que decir en favor del sudafricano que estudia la nueva versión en cuestión, y la coteja con el original para denostar o alabar exageradamente la labor traductora, siempre en habla inglesa por supuesto. En ocasiones, siendo más incisivo, contrasta palabras, parafrasea oraciones, revisa antiguos párrafos, y ensalza los recientes aciertos motivo de su reflexión.
       En Mecanismos internos existe una interrelación entre algunos autores analizados que responde, en gran medida, a ese lugar que como individuos ocuparon en la literatura. Califica a Italo Svevo, como paradigma de esos profundos dolores de cabeza sufridos por los traductores acerca del título de sus libros, Robert Walser, inventor del «sistema lápiz» o «método lápiz», implica algo más que el mero uso de ese útil de escritura, resume la obra de Robert Musil como ese registro gradual del enfrentamiento entre un hombre inteligente y la época que consideró como execrable, considera al menos interesado en el género novela al filósofo Walter Benjamin, subraya que Bruno Schulz fue el artista visual más dotado de su generación, cuyas ficciones pertenecen al mismo universo, es decir, al expresionismo o la comedia sardónica, destaca la nostalgia por el pasado perdido de Joseph Roth, su preocupación por un futuro sin hogar, núcleo de su obra, y le resulta inexplicable el interés por Sándor Márai (valorado en España) para quien resulta un simple cronista de los años 40. Nacidos en Europa, todos  padecieron los trastornos de la Primera Guerra Mundial, incluso las secuelas del nazismo, en la Segunda. Un segundo grupo, menos numeroso, convivió en ese período de crisis profunda europea: Paul Celan, Günter Grass y Hugo Claus, en los tres casos, escritura y pensamiento se unen a través de unos hilos secretos que desvela la vida de cada individuo, indica cómo escribe, incluso qué piensa, caso de Celan cuya poesía es un diálogo heideggeriano, o Grass que observa los niveles de la sociedad alemana con una agudeza extrema, con una capacidad más allá de la psique nacional, y el belga Hugo Claus, calificado como el mejor poeta político, en un sentido estricto. No menos curiosa, la turbulenta sexualidad de Walt Whitman.
       En la segunda mitad del libro, los autores estudiados desde perspectivas distintas son Graham Greene, las primeras novelas de Saul Bellow, la conjura de Philip Roth y los Nobel, García Márquez, Nadine Gordimer y V.S. Naipaul. Sorprenden sus opiniones sobre El amor en los tiempos del cólera (1985) o Memoria de mis putas tristes (2004), aunque califica a Crónica de una muerte anunciada (1981) de narración compacta y cautivante al mismo tiempo, deslumbrante clase magistral de cómo construir múltiples historias. Mecanismos internos puede resumirse como un tratado en partes de la literatura biográfica, de la imbricación de estilo y vida, y para una valoración total añade los nombres de, Beckett, Faulkner, Sebald y Miller, donde se descubren nuevos mecanismos con ánimo de aprendizaje.







J.M.Coetzee; Mecanismos internos. Ensayos 2000-2006; Barcelona, Mondadori, 2009; 322 págs.

jueves, 16 de febrero de 2017

Harold Bloom



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EL FESTÍN DEL CUENTO

        Aldous Huxley escribió que la cultura no deriva de la lectura de libros, sino de la exhaustiva e intensa actitud con que nos acerquemos a un buen texto y del provecho que hagamos del mismo. De un título tan efectista como equívoco, Cuentos y cuentistas. El canon del cuento (2009), Harold Bloom (Nueva York, 1930), un autor tan arbitrario como abrumador y culto, inspirador del afortunado término hace unas décadas, establece con esta recopilación, y desde el punto de vista de la crítica erudita, casi como en un patrón común y único, dos de las tradiciones en que se basan la mayoría de los autores convocados en este libro, la chejoviana y su búsqueda de esa verdad total en lo humano, o la kafkiana cuya capacidad de invención y originalidad se traduce en objetivo de vida. A partir de estas premisas, la lista no deja de resultar tan efectista como sorprendente: treinta y nueve ejemplos, cuya literatura breve se relaciona como si de un auténtico milagro se tratara. No obstante, para Bloom la ambigüedad del género es algo tan obvio que, tal vez, ya nunca se resuelva, sobre todo cuando se emplea el término canon, referido exclusivamente a cuestiones literarias. En un aspecto acierta el crítico estadounidense cuando afirma que la función de la crítica consiste, precisamente, en la labor de reconocimiento y apreciación que mezcla de una forma consciente un particular análisis y añade una valoración. En los 90 nos legó El canon de la literatura occidental (1994), una ambiciosa obra que abarca siete siglos de literatura, desde Dante (1265-1321) hasta Samuel Beckett (1906-1989), donde inicialmente explica el significado de «canon» y cómo se construye. Pero el papel que Bloom concede a la estética en el terreno literario es muy superior al de la búsqueda del compromiso social, hasta el punto de llegar a una afirmación que suscita, siempre, cierta polémica, «el estudio de la literatura no salvará a nadie».
        La sombra de Shakespeare, a quien el crítico ha dedicado parte de su vida y considera la cúspide en toda la historia de la literatura, sigue planeando sobre una obra como El canon del cuento, un libro que, según el editor del volumen, forma parte de la Bloom´s Literary Criticism, la monumental colección de crítica literaria en seis volúmenes, reunida tras veinte años de trabajo, y referencia inequívoca de la interpretación literaria contemporánea. Como en ocasiones anteriores se ordenan, una vez más, los mejores cuentistas de la historia, propósito que para nada acercará unos nombres a los gustos de la mayoría de los lectores del género, entre otras cosas porque cualquier enumeración puede resultar equívoca y en el caso de Cuentos y cuentistas ocurre, porque se analizan y critican, en un aventurado recorrido cronológico, doscientos años de obras y autores, desde el ruso Alexander Pushkin (1799-1837) al norteamericano Raymond Carver (1938-1988), y entre ambos algunos ejemplos no exentos de polémica: Lewis Carroll, Thomas Mann, James Joyce o Shirley Jackson; dedica, además, apenas una página a algunos de los más significativos, un mero apunte sin apenas aparato crítico alguno, aunque el resto de ensayos, sin embargo, constituyen el ejemplo de una excelente visión de crítica analítica.
        La cuota en español la sustentan Borges y Cortázar, la alemana Kafka, la francesa Maupassant, Calvino la italiana, proliferan los rusos, Pushkin, Turgeniev, Gogol, Babel, y Chejov y abundan los de habla inglesa, Poe, Melville, Twain, Faulkner, Hemingway, Cheever, Ozick Updike, Carver; otras lenguas están representadas por Hans Christian Andersen, cuya  visión original proviene, según Bloom, del folclore porque desde su juventud sostuvo la máxima nietzscheniana de separar origen y objetivo en la vida, algo que no le produjo muchas satisfacciones, pero sí una extraordinaria calidad literaria. Del danés destaca «La sirenita», «Los cisnes salvajes», «La reina de las nieves», «Los zapatos rojos», «La sombra» y «Tía Dolor de Muelas». Cuentos y cuentistas, no deja ser un libro curioso, útil fragmentariamente, aunque bibliográficamente escaso en referencias y traducciones al castellano de muchos de los convocados al festín del cuento.







Harold Bloom; Cuentos y cuentistas. El canon del cuento; Madrid, Páginas de Espuma, 2009; 322 págs.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Juan Eslava Galán



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TENGO UNA VACA LECHERA
                               
       Un libro como Los años del miedo (2008) habría que leerlo sin el menor atisbo de rencor o de acidez en el estómago, con una dosis suficiente de buen humor, con la perspectiva histórica que nos ofrecen sus páginas, y dispuestos a una batería de sonrisas y carcajadas, demostrando la paciencia y sabiduría oportunas para enmarcar el conjunto como si de una de las más ricas muestras del anecdotario español se tratara. Un mágico viaje por un túnel del tiempo, con parada en una difícil postguerra, en esos años que se prolongarían hasta bien entrada la década de los 50, como señala, Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948), cuando, en este país, se acabaron las restricciones eléctricas y desaparecieron las cartillas de racionamiento. Sin olvidar su antecedente más inmediato, Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie (2005).
       Una serie de personajes imaginarios que irán apareciendo a lo largo de sus páginas, Teófilo González, Chato Puertas, Nemesio Leñador o Casilda Ronzal Abrojo, nos permiten reconstruir la vida de muchos de los españoles de la época, y aunque no es un libro de ficción, por la estructura y el carácter del mismo, el lector se sumerge en su lectura, saltando de capítulo en capítulo, titulados con la letra de los significativos chascarrillos del folklore español, «Soy un pobre presidiario», «Falangistas, militares, curas» «Éramos pocos y parió la abuela», «Cocidito madrileño», «Si no sabes torear para que te metes», hasta un categórico, «Termina el hambre», y un proverbial remate: «Franco apaga la lucecita de El Pardo y se va a dormir satisfecho, con la conciencia tranquila. En España empieza a amanecer», que da pie a un epílogo, donde personajes y hechos, reales y de ficción, se mezclan para una definitiva reconciliación nacional.


       En las más de 550 páginas del libro, Eslava Galán no deja títere con cabeza y ensaya, en una magistral síntesis tanto histórica como social, los  primeros y más cruentos años de la dictadura, desde 1939, con la entrada triunfal de Franco, el Día de la Victoria, en la capital de España, hasta 1952, cuando se acaban, al menos oficialmente, el hambre de los pobres y las restricciones de agua, de electricidad y llega, de la mano americana, el libre comercio a nuestro país. Los años del miedo ofrece la síntesis de una larga postguerra con abundantes datos, contrastados con notas, documentos e inolvidables ilustraciones de época. Lo mejor de este libro es la parte humana, la maravillosa capacidad de la gente corriente para reconstruir sus vidas, además de ofrecer ese riquísimo acerbo de sabiduría popular con que hacer frente a tan dura situación. Mientras, se vive en una asfixiante persecución política, con la presión y la represión sexual de la iglesia católica, o se respira con el estraperlo, ejemplo de la mejor tradición picaresca e influencia social donde prima la hipocresía. Prevalece el sentimiento del miedo: en vencidos y en vencedores, con la sombra permanente de un Estado omnipotente y de un Caudillo represor, quizá el personaje más exiguo del relato, alguien de quien Eslava se permite un amplio retrato con matices que oscilan entre la admiración de un hombrecillo no dotado para la política, aunque con la capacidad necesaria para sobrevivir durante cuarenta años a todo tipo de adversidades: desde su famosa entrevista en Hendaya con Hitler, salir ileso en un fallido atentado o las, siempre, esquivas explicaciones al heredero Don Juan de Borbón, y sus aspiraciones fallidas para volver al trono.







Juan Eslava Galán, Los años del miedo; Barcelona, Planeta, 2008; 552 págs.

martes, 14 de febrero de 2017

Pablo de Santis



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INSÓLITA BABEL
                      
        Los rascacielos, catedrales del presente, resumen los conocimientos y ambiciones de toda una época, así lo manifiesta el joven arquitecto Balestri a su amigo Oskar Pollak, un experto en arte, quien declaraba, a su vez, que aquellos edificios no eran sino una colección de espacios vacíos. En realidad, este personaje, reconocible por su amistad con Kafka, y cuya sombra se extenderá a lo largo de toda la novela, bucea en las cosas desde esa perspectiva errática que las origina, con una visión de carácter microscópico, escudriñando secretos, explorando escondites, indagando en los recovecos de todas las cosas.        
        La historia del arquitecto Silvio Balestri es la de un anhelo imposible: la construcción del mayor rascacielos que diera una respuesta arquitectónica al mito de la torre de Babel. Es así como La sexta lámpara (2008) se convierte en la novela más ambigua, amarga y extraña de cuantas ha escrito hasta el momento Pablo de Santis (Buenos Aires, 1963), autor de El calígrafo de Voltaire (2001) y El enigma de París (2007), dueño del talante festivo y lúdico de la prosa de Borges y de Bioy Casares, heredero de una tradición literaria que desacraliza lo policial o la ciencia-ficción aunque apuesta por un artificio verbal especulativo, aparentemente casual que impone la asociación, como bien se muestra en algunos episodios de esta deslumbrante novela. Mientras miles de jóvenes mueren en los campos de batalla en una devastada Europa de 1915, el joven arquitecto abandona Roma, viaja a bordo del Aquitania rumbo a Nueva York, la ciudad de los rascacielos y de sus sueños, para concebir el proyecto de su vida, el Zigurat, el complejo que reúna en un solo ejemplo, todas las torres de la isla de Manhattan, capaz de proyectar, según sus teorías, una arquitectura llena de significados. Su talento se verá muy pronto recompensado, asciende en la compañía que realiza todos los grandes edificios de Nueva York, pero se enfrentará al Club de las Seis Lámparas, secta secreta que impone sus reglas y criterios sobre estas construcciones. Moran, Morley y, sobre todo, Mactran, se unirán al proyecto, aunque tanto el arquitecto como los socios descubrirán que, cada vez que planean su ejecución, surge una complicación que modifica planos, rechaza lugares para su ejecución o se vislumbran problemas económicos. Una suerte de conspiración atenaza esta historia de ficción arquitectónica porque su realidad física va más allá de las leyes elementales del arte de construir. Balestri triunfará, a lo largo de los años, en aspectos teóricos porque, entre otras cosas, ha conocido a Caylus, dueño de un museo donde se exhiben todas las maquetas de construcciones fracasadas, y quien remitirá los escritos de su protegido a revistas especializadas y mantendrá correspondencia con colegas del mundo que pronto harán circular sus teorías por la vieja Europa. Paralelamente, su vida personal se mueve por las mismas premisas que sus teorías: la joven Greta Zolla que había conocido durante la travesía, Ana, su amante, y posteriormente Vera, las tres mujeres de su vida, parecen haber perdido la significación de su existencia en medio de una ciudad impersonal. Aún así, Balestri se propone levantar su Zigurat con la dignidad que debe irradiar un edificio, con la capacidad racional de envejecer con el paso de los años.
        La novela, construida cual un edificio en 100 capítulos breves, está ambientada en los albores del XX, evidencia la gran crisis y el significado de la arquitectura en el contexto del nazismo, y su significado tras la Segunda Guerra Mundial. En realidad, en La sexta lámpara, toda la historia, incluidos sus personajes, parecen nacer de una quimera, siguiendo esa condición kafkiana que afirmaba que todo libro debería ser un auténtico sueño.  




La sexta lámpara; Pablo de Santis; Destino, 2008; 283 págs.

lunes, 13 de febrero de 2017

Desayuno con diamantes, 98



GABO UNIVERSAL


       Una biografía resume un proyecto de vida, aquello que uno marca para su propia existencia, la elección de una dirección, la exclusión de otras; en cierta medida, un propósito de estilo, el camino para alcanzar una meta. Esta reflexión inicial interpreta, sin duda, la voluntad de Gerald Martin (Londres, 1994), autor de la más completa aproximación biográfica del creador de Macondo, el colombiano más universal de la historia de la literatura del siglo XX. El mismo título, Gabriel García Márquez. Una vida (2009), oculta y simplifica esa abundancia de datos que solo la escuela anglosajona es capaz de reunir: borradores y notas, papeles diversos, testimonios propios y ajenos, un rico anecdotario de amigos y compañeros de profesión que exceden los límites deseados por el biografiado.
       Gabriel García Márquez es un auténtico mago, cuya literatura, que cubre la segunda mitad del siglo XX, resulta hoy imprescindible. Abordar la personalidad del colombiano desde su infancia, su azarosa juventud, sus comienzos periodísticos y primeros pasos literarios, señalar las veleidades políticas generadas por su personalidad con no pocos problemas e incomodidades a escala internacional, luces y sombras de compromisos ideológicos, supone un arriesgado resultado final. Martin ha empleado diecisiete años para escribir sobre «Gabo», un resumen de más de 2.000 folios y 6.000 notas. Las 760 páginas resultantes ofrecen la más completa biografía del premio Nobel. Dividida en tres amplios apartados, el primero y más esclarecedor, cuenta sus antecedentes familiares, completa nuestra visión sobre su primitiva magia narrativa y posterior dedicación: el biógrafo mezcla los datos de su investigación con el relato de la propia historia de Colombia, anticipándose al marco literario que vivirá el joven Gabito, ordena y esclarece sus orígenes, insiste en los paisajes caribeños de Barranquilla, Ciénaga, Riohacha o Sucre, destinos violentos donde situar algunas de sus novelas, La mala hora, El coronel no tiene quien le escriba o La crónica de una muerte anunciada, para volver siempre a Aracataca, a la casa familiar que se reconstruye en abundantes pasajes de la obra del narrador. Descubrimos el relato de una infancia difícil, alejado de sus padres, vivida con sus abuelos: el Coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes, en un pueblo perdido durante la fiebre bananera y que forjaría, de alguna manera, el carácter del futuro escritor. Su época de joven estudiante universitario con el «Bogotazo», las primeras historias publicadas en El Espectador durante 1947, o ese otro camino periodístico que iniciaría en Cartagena, el encuentro con el grupo bohemio de Barranquilla, regentado por el catalán Ramón Vinyes, convertido en el viejo y sabio librero de Cien años de soledad. El viaje mágico con Luisa, su madre, cruzando la Ciénaga hasta Aracataca, ofrecería al joven García Márquez su regreso a un pasado adornado de una plasticidad asombrosa y, para el futuro, una vuelta a la infancia, cuyo valor literario quedaría plasmado para siempre. Su noviazgo con Mercedes Barcha, a quien conocería con apenas nueve años, encuentro fechado entre 1941 y 1942, o la noticia del rotundo fracaso de la publicación de La hojarasca, y de vuelta a Cartagena, su amistad de por vida con el poeta, viajero y ejecutivo Álvaro Mutis.
       El descubrimiento de Europa se inicia en París, en una breve escala, desde donde inicia un periplo por Suiza, Italia, Austria, Checoslovaquia, Polonia, y vuelta a la capital del Sena, donde permanecería dos años e intimó con Plinio Apuleyo Mendoza, con quien había coincidido en Bogotá, en 1948. De las vidas de cualquier hombre: la pública, la privada y la secreta, el biógrafo Martin, revela aspectos interesantes de la última: su relación parisina con Tachia y la profunda huella dejada por la española, así como su fascinación y favorable impresión por la Unión Soviética durante la primavera de 1957. Este mismo año vuelve a Hispanoamérica, se instala en Venezuela, se casa, un año más tarde, con Mercedes Barcha, informa sobre golpe de estado en Caracas, y sobre los primeros días de la revolución castrista en Cuba. Más tarde su amistad con Fidel, su Escuela de Cine o sus inoportunas preocupaciones sobre Colombia. Primeros libros, hasta que en 1965 iniciaría su novela más famosa, Cien años de soledad, que publicaría en junio de 1967, convirtiéndolo en un autor de fama internacional.  
       Esta biografía nos descubre algunas de las otras vidas de Gabo, fundamentalmente la secreta. Cronológicamente llega hasta los últimos años, incluidas las dos enfermedades que, de alguna manera, han revalorizado su visión sobre la violencia, la vejez, la muerte o el amor que, como parafraseamos, le han acompañado desde su infancia misma.





Gerald Martin, Gabriel García Márquez. Una vida; Madrid, Debate, 2009; 762 págs.

domingo, 12 de febrero de 2017

Caricaturas



Marcel Proust, visto por…



                                                                   Lehel Kóvacs ©

sábado, 11 de febrero de 2017

Luis Landero



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MUNDOS DE PAPEL            
        Luis Landero (Albuquerque, Badajoz, 1948) crea relatos con un extremado sabor clásico y de un alcance intemporal. Ocurría en Juegos de la edad tardía (1989) que ya reflejaba el gusto por contar. Recordemos, una vez más, que la novela se entiende como un juego artístico, un artificio verbal, un conjunto de ideas, con una determinada disposición de elementos, la historia que un narrador presenta, con las posibilidades de hacerla creíble y mostrar su imagen del mundo; lo demás, resulta un espejismo para justificar una obra desmesurada. La narrativa de Landero apunta desde sus primeras líneas a un sistema literario que, de alguna manera, alimenta un espacio particular, una difícil convivencia entre lo fantástico o lo soñado, lo real y lo cotidiano, un juego que mezcla vida y literatura. En Hoy, Júpiter (2007), su última y esperada entrega, se reconocen algunas de esas constantes ensayadas: la idea del doble o la literatura dentro de la literatura. Dos novelas componen, en realidad, esta nueva apuesta del extremeño: la historia de Dámaso Méndez, ambientada en un espacio rural, aunque con esa indeterminación localista que supone una geográfica sin especificar, ejecutada con todos los elementos a su alcance y con el acertado sentido último que quiere darle a su historia: el odio, convertido en venganza a lo largo de esta ficción. En realidad, la crónica de una rivalidad, padre e hijo; un relato plagado de silencios que el lector disfruta porque, a través de ellos, discurre la vida del niño que nunca sabe cómo agradar al padre, pero vive en sus ensoñaciones y descubrirá la angustia cuando aparece en escena Bernardo, ¿el triunfador?, con el que experimentará otras sensaciones; en realidad, un héroe absurdo, un fracasado esencial, eje secundario de todo el argumento, consecuencia final de una disipada vida. Y de otra, la historia de Tomás Montejo, un joven profesor de instituto, intelectual con numerosas aspiraciones en su existencia personal que, un día, ensimismado en su espacio académico, descubre a Marta, una lolita, con la que vivirá un amor maduro y, una vez cubierta esta etapa de su vida, se encaminará a buscar esa otra realidad que pueda convertir en una novela.
        Landero maneja con habilidad su relato, el de Dámaso Méndez con mayor soltura, profundizando en la condición humana, con evidentes resonancias bíblicas, aunque uno y otro protagonista, con hermosos ejemplos de personajes secundarios, desarrollan buena parte de su vida en capítulos pares e impares, y así la doble historia de Dámaso y Tomás corre parela, aunque con propósitos distintos, para que, una vez desarrollada esta inmersión vital, se produzca el encuentro final, cuando ambos personajes se cuenten sus propias vidas, quizá para aligerar las desdichas mutuas, como afirma Tomás. Y surge porque, ambos personajes, se conocen en una apasionante búsqueda en la que Dámaso se verá auxiliado por su joven amigo para justificarse y, Tomás, de alguna manera, también, para poner en orden esos papeles que ha ido acumulando en carpetas y forman parte de su yo más personal. Aunque, como señala en las últimas páginas, comparada su existencia con la de Dámaso, con un aura trágica y novelesca, la suya le parece entonces un mal folletín o un drama grotesco donde los personajes parecen títeres carentes de verdad.
        El odio, que se extiende por toda la novela, es una de esas interesantes pasiones,  prohibidas pero muy literarias, que nadie se atreve a proclamar y, cuando esto ocurre, la única salida posible de escapar es, la venganza o la purificación. Un fondo de tristeza y de melancolía recorre el relato que no está exento de cierta ironía y de cierto humor trágico, como el que se percibe al recomponer la vida poliédrica del desafortunado Berny Pérez, en realidad, un impostor con una determinada causa que, como no es inteligente, no aprovecha, motivo y consecuencia, además de la trágica existencia del personaje Dámaso Méndez. Y para terminar el relato, una acumulación de elementos que permiten reafirmarnos en la presencia de esa parodia de la que se sirve Landero para hilvanar toda su trama.








Luis Landero, Hoy, Júpiter; Barcelona, Tusquets, 2007; 400 págs.