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domingo, 25 de julio de 2021

Menchu Gutiérrez

 

Un juego de dobles

 

                    

       La nueva novela de de Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957), La mitad de la casa (2021), es un relato que cuenta el regreso de su protagonista a un espacio donde la memoria emerge entre el desasosiego y la intensidad de una profunda intuición, aunque a medida que avanzamos en su lectura una parte desconocida va surgiendo en el proceso de la escritura, aunque sin esos otros elementos de encuentro, de sorpresa, incluso otras formas de manifestaciones no podría progresar esta historia que se convierte en un brillante desafío que la narradora afronta con extraordinaria atención al detalle, la fuerza de la voz y los muchos silencios; un regreso para contar un encuentro repleto de sensualidades, y se añade el valor de un acertado y preciso lenguaje aunque, una vez más, será el tiempo un ejercicio doloroso, tan veraz como revelador de la esencia humana, inherente de cuanto se nos cuenta porque la protagonista no sabe si ha llegado a una casa para guardar un secreto, o quizá para abrir el cofre en el que duermen muchos de sus recuerdos, consciente de que esa memoria tiene muchos pliegues, algunos de tanta profundidad y calaje que pueden confundirse con el concepto negativo que supone la muerte; y una casa, de eso es consciente, es casi una extensión de uno mismo, un organismo vivo que reacciona como una criatura de sangre caliente, y por ese y no otro motivo, algunos espacios nos acogen, otros nos repelen, evidencias que van modelando toda una vida.

       La protagonista transitará por su infancia a través de los objetos y de las situaciones en su casa familiar, evocará recuerdos, sensaciones y emociones intensas que se desgranarán página tras página, y aunque la forma expuesta sea una novela, las imágenes que construye la autora encierran un hondo trasfondo poético. Descubrimos un espejo, una agenda de teléfonos o un estanque, un puente que la narradora cruza para visitar ese territorio de fantasmas y ensoñaciones que en sus muchas duermevelas invoca la memoria. Resulta inevitable acudir a la imagen del tiempo pasado y de la inmovilidad de los recuerdos, inmutables, vivos y dolorosos para que así intentemos entender y asumir quiénes somos. Cada estancia, bajo la mirada de una niña, es afrontada ahora por una adulta en su viaje a través del tiempo y del espacio. Cada objeto emprende un trayecto desde el exterior al interior anímico de la visitante, todo se percibe en esa mitad de misterio, o reconocido detalle: un antiguo mueble bar, antes un castillo con puente levadizo, espejos que inician un viaje al infinito, un teléfono mudo que encierra palabras ocultas, ese dedal compartido a través de generaciones la llevará al pasado en familia, un columpio, un reloj parado, tamizado por el latido que encierran los objetos y mediante el que Menchu Gutiérrez crea una historia profunda y sincera a los ojos del lector.

       La mitad de la casa se convierte en un ejercicio literario profundo, intenso, crea un cálido ambiente de nuestro pasado que sirve para comprender nuestro presente.

 


 

 

La mitad de la casa

Menchu Gutiérrez

Madrid, Siruela, 2021

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