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domingo, 3 de marzo de 2019

Hoy tomo café con...


Isabel Abenia
       “En Delfos, el centro del mundo griego, cuyo oráculo predice el futuro, la pequeña Berenice es llevada a la enigmática vivienda de la sibila”.
       Ediciones B publica la última novela de la zaragozana Isabel Abenia que titula, La última sibila.
        
     Isabel Abenia (Zaragoza, 1969) es licenciada en Derecho y ha cursado estudios de Arte e Historia Medieval. Ha publicado las novelas, El alquimista holandés (2008) y Erik, el godo (2015). Y acaba de entregar a sus lectores, La última sibila (Ediciones B, 2018), que recrea el mundo de Delfos en el ocaso de la Grecia clásica. La pequeña Berenice llega a la enigmática vivienda de la sibila para iniciar su aprendizaje. En ese fascinante lugar, lejos de su madre, convivirá con otras sacerdotisas e irá adquiriendo conocimientos, no exclusivamente de gramática o de filosofía que imparte el sabio Plutarco, sino otros tipo mucho más profundo, si cabe: la propia Pitia, la gran pitonisa, la entrenará para que logre controlar sus emociones e incremente sus dones adivinatorios, y pueda sobrevivir en un universo femenino lleno de belleza y sabiduría, aunque también donde abundan las pasiones y las envidia. La joven se dará cuenta de que, en ese particular escenario, están ocurriendo hechos de difícil explicación que desembocarán en muertes violentas que junto a otras hermanas sibilas deberá resolver.



¿De dónde procede su relación con la literatura histórica?
       De la adolescencia. Le cogí el gusto muy pronto y poco a poco fui enganchándome hasta que llegó a ser una adicción, destacaría el impacto que tuvieron en mí las obras de Robert Graves y El nombre de la rosa de Umberto Eco, nunca me he librado de la influencia de ambos autores y los releo a menudo. 

¿Hablamos de rigor histórico y de ficción narrativa en sus novelas? 
       Tanto uno como otra son muy importantes, hay que manejar ambos y encontrar la fórmula para mezclarlos sin que ninguno de los dos salga perjudicado. Una documentación rigurosa y un estilo literario cuidado son las claves para lograr una buena obra histórica, pero no debemos olvidar que la novela es un género de ficción, por lo tanto hay que desarrollar argumentos entretenidos y plasmar personajes fuertes y atrayentes para que el lector disfrute aprendiendo. Son muchos los ingredientes a tener en cuenta y todos pesan por igual.

El alquimista holandés (2008) recrea la figura de El Bosco, ¿por qué una novela sobre un pintor?
       Porque es mi artista favorito y también soy pintora, o lo fui, ya que ahora la literatura ocupa todo mi tiempo. Además, se sabe muy poco sobre su vida y eso me estimuló para investigar más a fondo. Me gustan los retos y hablar de épocas o personajes que no sean muy recurrentes dentro de la novela histórica. La verdad es que disfruté muchísimo escribiéndola, documentándome y viajando a su ciudad natal para recabar información; fue apasionante.  

Erik, el godo (2015) ¿quiere ser algo más de ese período visigótico de Zaragoza?
       La atracción por la época visigoda me viene por lo comentado anteriormente, ya que la alta Edad Media es un momento de nuestra historia muy poco conocido. En esos siglos, Zaragoza era una de las ciudades principales del reino y hubo en ella personajes de una relevancia excepcional, sobre todo a nivel cultural. De nuevo me maravillé con lo que iba descubriendo y tardé más de tres años en acabar la novela porque no encontraba forma de terminar con la documentación, quería saber todo lo sucedido desde mediados del siglo VII a principios del VIII, hasta que decidí que debía finalizar mi investigación o no acabaría jamás. Creo que no existe ninguna otra novela que se desarrolle en Zaragoza durante el periodo visigodo.  



¿Los saltos en el período histórico para escribir sus novelas son determinantes para usted?
       Mucho, me resulta imposible escribir sobre la organización social, religiosa o económica de un momento histórico sin describir su origen, sin hablar del porqué de las realidades que se viven en una determinada época. Como ya he dicho, las respuestas a múltiples preguntas se encuentran en el pasado, la causa de las conductas de una civilización se halla en los tiempos precedentes a ella.    

¿Y ahora, La última sibila (2018), recrea el mundo clásico griego de Delfos?
       El mundo clásico me resulta muy seductor, y puede decirse que la idea de escribir sobre Delfos concretamente permanecía latente desde hace tiempo. La primera vez que fui a Roma, cuando era muy joven, me gustó tanto la figura de la sibila de Delfos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina que compré un póster de la imagen en la librería de los Museos Vaticanos, lo enmarqué y lo colgué en mi habitación; llevo viéndolo más de media vida. Un día comencé a indagar más profundamente el papel de este personaje en el mundo mediterráneo a través de los siglos y me sorprendió su importancia. El funcionamiento del oráculo, el protagonismo de la mujer como sacerdotisa principal y la transición del paganismo al cristianismo me parecieron temas muy atractivos para crear un argumento novelístico.    

La historia de una niña, Berenice, obligada a abrirse camino en el mundo adulto, ¿rinde culto al mundo hostil de la mujer entonces y ahora?
       Así es, las mujeres lo hemos tenido siempre muy difícil porque el sistema patriarcal nos ha mantenido encerradas. El hecho de que unas mujeres, las sibilas, fuesen figuras tan sobresalientes a nivel religioso y político me llamó poderosamente la atención. Como siempre había que escarbar en el pasado para encontrar la respuesta, y descubrí que esta figura consultiva derivaba de las poderosas reinas y sacerdotisas asesoras de épocas remotas, tiempos de matrilinaje, de un posible matriarcado o de una mayor relevancia femenina en civilizaciones antiquísimas. Aunque en el siglo II las mujeres ya han dejado de participar en muchos asuntos civiles, todavía quedan ciertos resquicios de su pretérita importancia, y el oráculo es uno de ellos. Berenice es joven e inocente y, como bien dices, tiene que luchar en un mundo hostil y en un universo claustrofóbico para intentar sobrevivir y prosperar dentro de la compleja institución en la que la han metido contra su voluntad.  

¿Es quizá su novela más feminista?
       Me dicen que en todas mis novelas destacan los personajes femeninos fuertes y valientes, y no sé si lo hago conscientemente pero lo cierto es que me gustan las mujeres así. Puede decirse que La última sibila es una obra feminista porque la mayoría de sus protagonistas son mujeres, cosa bastante complicada y poco usual en una novela histórica, y también porque hablo de sus problemas dentro de la sociedad y plasmo la visión del mundo desde sus ojos.    

La última sibila es mucho más, envidias, odios, amor, intriga, incluso cierto aire de relato negro, ¿por qué?
       Las clasificaciones de las novelas no siempre me parecen apropiadas, la existencia humana tiene momentos de todo tipo y yo retrato vidas. La última sibila puede, indudablemente, calificarse de histórica porque su argumento se ubica en una época concreta, hay personajes reales, y detrás hay mucha documentación que avala su historicidad; pero también consideré necesario añadir la emoción de la novela negra, la magia de la novela fantástica o mitológica y las pasiones de la novela romántica. Cuando escribo no quiero barreras y tampoco puedo limitar a mis personajes para que se muevan dentro de un solo ámbito, es el conjunto de sus actos lo que consigue que sean creíbles.   

    
 
El personaje de Plutarco ofrece esa perfecta relación entre ficción e Historia, ¿o acaso es un personaje más?
       Plutarco tiene un enorme protagonismo dentro de la obra, es uno de mis filósofos favoritos y una de las razones de que los hechos de mi novela se desarrollen durante el siglo II, ya que fue sacerdote de Delfos durante las dos primeras décadas. Quería hablar de este personaje insigne y tan especial para su tiempo, un hombre con unas ideas tan avanzadas en cuanto a la mujer, la psicología y la educación, que más bien parece un habitante de nuestra centuria.  

¿La última sibila quiere dejar constancia del final de una época clásica y el comienzo de una nueva época que avanza?
       Sí, las épocas de cambio son muy interesantes de relatar, y el siglo II fue el momento en que el Imperio romano comenzó a darse cuenta de que tenía un problema grave con el cristianismo. La carta de Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, al emperador Trajano es prueba palpable de ello.

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