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lunes, 18 de marzo de 2019

Soledad Puértolas


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RÁFAGAS DE LUZ

  

       Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) ha descrito en sus novelas un mundo contradictorio, firme en apariencia y, sin embargo, quebradizo en muchas de sus actitudes. Permanente y fugaz, detallado y superficial, o tan trivial como profundo, que se localiza en escenarios concretos, casas y reconocidos espacios geográficos, y escudriña las relaciones de sus personajes ente sí, historias contadas durante un largo período de tiempo, de años, personas que son parientes o se aman, aunque por su carácter y descripción siguen siendo recíprocamente ajenas. Describe de manera magistral los grandes y pequeños sucesos de la vida de sus personajes, cuantifica en su narrativa sobre ese universo poblado, exclusivamente, de mujeres como fórmula literaria válida para explorar el mundo interior femenino, y dejar constancia de la fuerza que surge como contrapunto a las reacciones que experimentan las mujeres a lo largo de su existencia en nuestra sociedad actual.
       Después de su séptima colección de cuentos, Chicos y chicas (2016), la narradora zaragozana retorna la novela con Música de ópera (2019) la historia de tres generaciones de una familia, desde los meses previos a la guerra civil hasta los años sesenta, localizada en una ciudad de provincias que se parece a Zaragoza, y relata amistades y negocios familiares, secretos y revelaciones, enamoramientos y desamores, escándalos, incluso muertes que se traducen en suicidios. Puértolas echa mano de todo un material propio de ese equívoco concepto de folletín decimonónico o, incluso de serial radiofónico de época, aunque la narradora tañe con bastante ironía y, de manera muy personal, su visión de la contienda del 36. Lo importante es dejar constancia de los murmullos, de los silencios y de los tabúes que siguieron a los acontecimientos históricos que, en la novela, se filtran en las vivencias personales de sus personajes, sobre todo en la visión de los hijos, el primogénito Justo que pasará los años de guerra escondido en un pueblo del pirineo francés, y Alejo que nada más empezar la contienda se alista en el bando nacional. Soledad Puértolas aporta escasos datos respecto los aspectos bélicos que viven estos personajes, y en esa información incompleta reside la magia de la literatura, una verdad que se complementa con la complejidad de su propia historia, frente a esa simplicidad que podría ofrecer una lectura mucho más política o de abundantes datos históricos.
       Doña Elvira, viuda de Claramunt, incapaz de dirigir las empresas de su difunto marido, comparte esa visión de extrañeza ante la realidad que caracteriza a esta novela. Deja en manos del siniestro administrador Perelada, el despacho de sus bienes. Viajera insaciable, junto a su nuera Anunciada y la joven Valentina, le sorprende la sublevación militar en mitad de un largo viaje por Europa con parada en Salzburgo donde pretende escuchar el Fidelio de Toscanini. Tras un tortuoso regreso, al volver a su cómoda vida burguesa, conocerá la soledad, alejada de sus hijos y recluida en Villa Paulita, mientras la guerra sigue su curso. Acompañada por la música de ópera de la gramola y el melancólico Chopin, la vieja dama se olvidará de los asuntos terrenales y escribe cartas a una amiga muerta con la intención de preservar en esos manuscritos un mundo propio al que no quiere dejar de pertenecer.
       En esta novela no son decisivos los conceptos o las categorías, sino los estados de ánimo de las tres protagonistas, una privilegiada doña Elvira, la huérfana y quebradiza Valentina, y la joven Alba, cuya inocencia se asoma a una nueva vida; actitudes y existencias que determinarán la atmósfera de esta sucesión de historias familiares, aunque algunos de los sucesos contados resulten triviales, esa vida cómoda, los viajes y la música, las tardes de café y las visitas de las amigas, determinados por ese curioso atractivo a que nos asoma su autora. Eso nos queda de las historias de Soledad Puértolas, no acciones intrigantes cuya tensión nos depararían quebraderos de cabeza, ni desgarros personales o juegos con forma literaria, sino una atmósfera en muchos casos muy reconocible.

                     






MÚSICA DE ÓPERA
Soledad Puértolas
Barcelona, Anagrama, 2019. 276 páginas


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