ZELDA
Y SCOTT FITZGERALD AL OTRO LADO DEL PARAÍSO
Considerada la pareja perfecta de la «era
del jazz», Zelda Sayre y Francis Scott Fitzgerald, rebosaron talento y
hermosura, ambición y proyectos, y encarnaron el sueño americano de riqueza y
felicidad. El libro Zelda y Francis Scott Fitgerald, de
Kyra Stromberg que acaba de editar Muchnik (2001), recoge la relación que
vivieron ambos, una historia de amor que al final se convirtió en un infierno.
Lo curioso de esta historia real entre
Scott Fitzgerald y Zelda Sayre es que ambos la vivieron como si de una novela
se tratase, una relación en la que los protagonistas se convierten en modelo y
retrato al mismo tiempo de toda una época, producto de su propia invención. Y
estas vivencias en medio de una «nueva literatura» que no sólo llevó a cabo el
propio Fitzgerald en sus novelas y relatos, sino toda una generación de
escritores de los años veinte. La atracción que ejerció esta pareja sobre sus
contemporáneos fue realmente increíble. Muy pronto fueron reconocidos en los
personajes inventados de sus primeras novelas y relatos, se imitó su forma de hablar, actuar, pensar y
comportarse. Era la época de la provocación, de la publicación de las vidas
privadas, la época del coche, el teléfono, el cine y el avión comercial, del
éxito, de la fama, y de la riqueza inmediata. Esta actitud se convirtió muy
pronto en una arrogancia peligrosa, pero el resultado para los Fitzgerald no
fue malo del todo: Scott dejó el legado de cinco grandes novelas y una buena
cantidad de relatos repartidos por revistas y periódicos de la época, además de
varias colecciones, textos de ensayos y una abundantísima correspondencia. El
éxito le proporcionó todo tipo de satisfacciones, aunque al final de los veinte
la crítica vapuleó algunas de sus obras, los treinta estuvieron marcados por su
declive personal para caer en el olvido tras su temprana muerte en 1940. Desde
los años 60 y 70 su biografía y su obra han sido redescubiertas para el gran
público. Zelda, la joven flapper, musa de vivencias y de sus textos,
imprescindible en la relación de ambos, se convirtió, pese a todo, en un
personaje secundario, vista como una relación subordinada al gran escritor.
Escribió durante toda su vida una única novela, una docena de relatos, una obra
de teatro, una serie de artículos y reseñas críticas, además de mantener una
correspondencia con Scott. «Me he casado con la heroína de una mis novelas»,
llegó a declarar el escritor refiriéndose a la figura de la flapper, el
estereotipo de mujer moderna y atrevida que vio en Zelda y que él inventó para
su literatura. Realidad y ficción se mezclaron en la vida de esta singular
mujer que tras muchos años de permanecer a la sombra de su marido, ha visto
como su propia existencia era revalorizada en los años setenta, sobre todo, a
raíz de los trabajos y testimonios de Sara Mayfield, Nancy Milford (1970) y
Broccoli y Kerr (1974).
Los personajes
Francis Scott Fitzgerald, de familia
refinada y cosmopolita, había nacido en septiembre de 1896 en el estado de
Minnesota. Ingresó en la universidad de Princeton y aunque no fue un modelo
universitario si llamó la atención por sus primeras colaboraciones literarias;
la entrada de Estados Unidos en la primera guerra mundial provocó el
alistamiento del joven Scott. Durante su formación militar empezó a trabajar en
lo que sería su primera obra, el retrato del autor y de su generación. Disfrutó
de grandes éxitos desde la publicación de su primera novela: A este lado del
paraíso (1920), a la que siguieron Hermosos y malditos (1922), El
gran Gatsby (1925), su éxito más sonado de crítica. Eliot la calificó como
«el primer paso que ha dado la ficción americana desde Henry James». Su
siguiente obra Tierna es la noche (1934) inició una decadencia que
acusaría el escritor a lo largo de toda la década y cuando en 1940, algo
repuesto, se propuso terminar El último magnate murió dejando la obra
inacabada. Su amigo Edmund Wilson la editaría un año más tarde. Zelda Sayre
nació en el estado de Alabama, concretamente en Montgomery, una ciudad de
tradición y buen gusto. Tenía gran facilidad para expresarse, dibujaba y
pintaba. Dedicó buena parte de su adolescencia al ballet, pero a los diecisiete
años lo abandonó completamente. La joven empezaba a cumplir el tradicional
papel de belle indolente, conforme a los ideales del viejo sur. Los
amigos que la trataron durante estos años y más tarde en Nueva York la retratan
como una persona de mente clara, de rápida capacidad de reacción, perspicaz, de
gusto por la fantasía, incluso por todo lo fantástico. Publicó Resérvame el
vals en 1932, un relato autobiográfico que ofrecía el otro lado de la
novela americana. La vida de una chica americana del profundo Sur antes de la Primera Guerra
Mundial, alguien que más tarde, en los años veinte, queda expuesta, a causa del
extraordinario éxito de su marido, a una vida ostentosa e inestable en ciudades
como Nueva York, París o la
Riviera francesa. Cuando apareció la crítica vio en ella la
obra de una nueva autora. Escribió, además, algunos cuentos, la obra de teatro Scandalabra
numerosas críticas y artículos de periódico, y una abultada correspondencia
con su marido Scott, sobre todo del tiempo que duró su noviazgo.
El encuentro
Zeda Sayre y Scott Fitzgerald se
encontraron, por primera vez, una noche de verano de 1918. Las jovencitas
sureñas se divertían en las noches de baile, y en un sentido más amplio, con
los apuestos jóvenes oficiales que estaban acuartelados en el cercano
campamento Sheridan. Los biógrafos de ambos describen este encuentro como si
del texto de solapa de una novela rosa se tratara. Ella representaba un estilo
de vida sureño que no deseaba más que vivir en la abundancia, ser bella y
admirada, centro de atención de una vida social de continuas excitaciones. Él,
un joven excepcionalmente dotado, egocéntrico y ambicioso que, por encima de
todo, deseaba alcanzar la fama y la riqueza a través de la literatura. ¿Cómo
llegaron a conciliarse las exigencias y esperanzas antagónicas de la futura
pareja—se pregunta Kyra Stromberg en esta apasionante mirada crítica sobre la
vida de ambos? Scott debía alcanzar su meta lo más rápidamente posible; Zelda
debía oficiar de musa y modelo, una fuente inagotable de inspiración,
asegurándole al escritor la tranquilidad y el estimulo necesarios para trabajar
incansablemente, cediéndole ideas y pensamientos, además de sus cartas y
diarios; a cambio, él le ofrecería una vida extraordinaria, llena de clímax,
alejada de una rutina cotidiana. Para ambos el proyecto de vida en el que se
embarcaban les parecía coherente y realista. El 30 de marzo de 1920 Scott envió
un telegrama a Zelda en el que le hablaba de la conveniencia de casarse ese
mismo sábado al mediodía. La joven sureña abandonó por primera el sur
acompañada de su hermana. La boda, efectivamente, se llevó acabo el día
previsto ante un reducido número de invitados. El 7 de abril, el periódico
local Montgomery Advertiser trataba de darle brillo social al evento:
«La señorita Zelda Sayre, la encantadora hija del juez A.D. Sayre y señora, de
Montgomery, y Francis Scott Fitzgerald, hijo de Edward Fitzgerald y señora, de
Minnesota, contrajeron matrimonio en la sacristía de la catedral de St.
Patrick´s el sábado a mediodía. La boda ha sido el feliz desenlace de un
noviazgo que se inició cuando el teniente Fitzgerald se encontraba estacionado
en la Novena División
en Camp Sheridan». A partir de aquí
empieza la leyenda, el mito del sueño americano de riqueza y felicidad.
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