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viernes, 30 de agosto de 2019

Cuaderno en blanco, agosto


Cuaderno en blanco




      Cada año este mes sigue alimentando una extraña sensación, quizá porque parece que todo se quiebra en ese quehacer diario y poco importa que sea la primera o segunda semana, la quincena o esos días que anuncian un otoño cercano. Es el mes que la gente utiliza para sus vacaciones y cuando parece que todo se pierde, sin duda por en el ánimo está esa parada forzosa que suponen, al menos, algunos días de este mes de calculado retiro.
       Una recomendación para estos días, la novela increíble, de profundos y humanos sentimientos que me descubre a Elizabeth Crook, y que Siruela publica, La encrucijada del roble, un western con todos sus ingredientes, buenos malos, indios, vaqueros, naturaleza salvaje y heroísmo.
       Otras lecturas han ido completando los días de calor y asfixia que se suman a una buen cosecha, los cuentos de Yanina Rosenberg, la prosa ajustada de Juan Manuel Gil, y la siempre elegante relectura de Memorias de Adriano, de Yourcenar.
       El resto de días queda para ese recuento incompleto de un mes donde no ocurre apenas nada, o quizá porque no debe ser nada memorable salvo el paso de los días que darán entrada a un otoño diferente, más activo y repleto de sorpresas cotidianas.





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