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martes, 22 de noviembre de 2016

Javier Reverte



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TRILOGÍA DEL DOLOR


       Javier Reverte (Madrid, 1944) reparte su pasión viajera con la literatura o quizá la pasión de su curiosidad con la narración de sus aventuras. Quizá haya que ver en su prosa el deseo de que su ficción se concrete en la mirada atenta de una realidad comprometida. Este trotamundos moderno ha conseguido el éxito, del público, con sus últimos libros de viajes, El sueño de África (1996), Vagabundo en África (1998) y El corazón de Ulises (1999), aunque anteriormente había ensayado el género narrativo en novelas como El penúltimo día (1981), Sinfonía bárbara (1983), Lord Paco (1985), Campos de fresa para siempre (1987), La dama del abismo (1988) y recientemente, Todos los sueños del mundo (1999). Las tres novelas que ahora se reeditan bajo un sólo título común Trilogía de Centroamérica (2000) habían aparecido, por separado, en distintas épocas de su vida y cuando el autor pretendía abrirse camino como una novelista documental. Los relatos en cuestión, de variada suerte entonces, son Los dioses bajo la lluvia (1986), crónica de la Nicaragua sandinista; El aroma del copal (1988), la Guatemala del genocidio indio; y El hombre de la guerra (1994), situada en una Honduras de incertidumbre. Datos de veracidad manifiesta, descripciones casi de cartógrafo, con una excelente ambientación, una profusa documentación histórica que, pese al paso del tiempo, sigue siendo útil y, sobre todo, una excelente ficción completan la visión que el joven reportero quiere transmitir a sus lectores, dotando a estas historias de situaciones y de personajes que ofrezcan el sentido trascendente de una crónica pero con pleno sentido literario. Hay, efectivamente, algo de crónica, como señala Reverte en el prólogo escrito para esta edición, y también algo de viaje, pero se auxilió de la ficción para dar mayor vigor y hondura a lo relatado. Estas historias se convierten en un paradigma para expresar una idea y sobre todo una intención
       En realidad, los tres textos de Reverte, dueño absoluto ya de un método de conocimiento para cuanto ve y acerca de lo que escribe, son relatos autónomos que el lector bien puede leer en función de su interés por una u otra causa. Aunque, en realidad, por los tres se extiende la crónica de la soledad del alma humana, de sus miserias, incluida el hambre y la guerra, el dolor y la muerte. Están contadas en tercera persona, con abundantes diálogos que favorecen una reposada lectura, mientras el narrador, desocupado de la tarea de la descripción psicológica de sus personajes, se recrea en el paisaje, el ambiente, la atmósfera, para demostrar su admiración o devoción por una causa y para señalar que el infierno, definitivamente, se encuentra en la tierra. Unos relatos que siguen tan vigentes como hace unos años. Estas historias nos devuelven una manera de sentir, de advertir una forma de vida diferente, propio de esas imágenes que nos asaltan cada día en las noticias de las tres y de las nueve, y también es otra forma de equiparar el alma humana, como de una abnegación absoluta, cuando los códigos sociales y morales están hoy en plena decadencia. Quizá por todo esto las historias de Reverte terminen mal, porque desde hace ya algún tiempo, estos seres, han renunciado a la felicidad y en los pueblos en los que habitan las tiranías niegan todo tipo de oportunidad.






TRILOGÍA DE CENTROAMÉRICA
Javier Reverte
Plaza & Janés, Barcelona, 2000

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